lunes, 27 de enero de 2025

Amor de nadie

“Pero a los ciegos no les gustan los sordos

Y un corazón no se endurece porque sí”

La hija del fletero, Patricio Rey

 

 

 

  La primera vez no le dio importancia. Tomó la tarjeta y ni siquiera miró el nombre. La desolación no lo dejaba conectar con nada ni con nadie. La casa era linda, amplia, con muchos ventanales. La agente inmobiliaria recorría la casa, él la seguía y trataba de escucharla. Luego de la segunda recorrida por la casa se dio cuenta porque el precio era bajo: los ventanales estaban mal orientados. El que diseñó la propiedad no había tenido en cuenta el recorrido del sol, por lo cual la iluminación era pobre (a pesar de los grandes ventanales) y la humedad en el ambiente lo confirmaba. Vio que la humedad subía por algunas paredes y supo que también había problemas en la capa aisladora. La agente seguía con la recorrida mientras él hacía un esfuerzo por escucharla. Ni siquiera la belleza de la agente lo sacaba de su ensimismamiento.

   Mientras ella le hablaba de la casa y de  las facilidades para adquirirla, sus pensamientos estaban en otro lugar. Creyó mejor construir su propia casa, a su manera, a su estilo. Pensaba, mientras ella hablaba y le sonreía, en hacer una casa estilo Le Corbusier: minimalista, de trazos gruesos y rígidos, con ventanales como los de la casa visitada pero bien orientados hacia el sol. También pensó en algo estilo Bauhaus. Le gustaba la casa que  MiesVan der Rohe le había hecho a la doctora  Edith Farnsworth en Estados Unidos. Sus pensamientos estaban entre Le Corbusier y Bauhaus. Ella lo acompañó hasta la puerta. Se despidieron. Ella se fue en su auto, él esperó un taxi. Mientras esperaba miró la tarjeta: Inés Suárez, agente inmobiliaria.

 

 

***

 

 

  

Había pasado un año. Todavía despertaba sobresaltado, apretando las manos, creyendo que apretaba sus manos, creyendo que estaba sentado a su lado buscando que mejore. Para él el tiempo no había pasado. Todo se había detenido en las quimioterapias, las recaídas, las internaciones; a veces una semana, a veces meses. Aunque se daba cuenta de que el tiempo se acababa no se rendía a la esperanza de la mejora.

  Los últimos meses habían sido años de días muy largos. Los médicos se habían resignado a que no la dejaría por nada del mundo. Siempre se había sentido afortunado por el ángel que Dios le había puesto en su vida para que su vida tuviera un sentido, un propósito. Ahora no sabía qué sentir cuando pensaba en Dios y por todo lo que ella estaba pasando. Así y todo el amor lo mantuvo firme hasta el día en que tuvieron que dormirla. Si hubiera una ley que le permitiera que lo duerman al lado de ella, esa hubiera sido una buena ley y él hubiera acudido a esa ley para que al dejar este mundo supiera que la justicia podría llegar a ser algo justo. Pero no: ella se durmió y él tuvo que convivir con la angustia, el vacío y la desolación de una existencia despierta.

 

***

 

 

  Ella no le dio importancia la primera vez. La visita a la casa fue una más entre tantas casas que visitaba con clientes. Pero había notado en él algo de sombras, de melancolía, de aislamiento. Por lo general los hombres solos que buscaban casa siempre se le insinuaban, a veces de manera sutil, otras no tanto. Esa primera visita a la casa de los ventanales mal orientados y con humedad él casi no habló. Ni siquiera la miró. Eso la hizo sentir diferente ya que siempre era objeto de miradas, de deseo, de esas sutilezas que todos los hombres que la rodeaban competían por su atención. Ella había desarrollado ciertos artilugios que mantenía a raya a los hombres que ella no quería que estuvieran cerca de sus emociones, de su lado más íntimo, de su corazón.

   Creyó que después de esa primera visita ya no lo volvería a ver. Pero a veces lo que uno cree no es lo que pasa en la realidad.

  Revisando el diario vio su nombre en la sección de artes y espectáculos. Supo que era poeta y que presentaría su próximo libro en el salón blanco de la municipalidad. Mientras leía la nota la asaltaron los recuerdos de la niñez y la juventud. El ritmo voraz de la vida y el trabajo la habían alejado de las letras, del arte, del espectáculo. A veces pasaba días enteros hablando con clientes, visitando propiedades, haciendo tramites en todas las oficinas burocráticas. Almorzaba parada a lado de la fuente que estaba en el patio de luz de la oficina. Llegaba tarde a todos lados. Una o dos veces por semana se encerraba en el baño de la oficina a llorar y después salía esplendida como una gladiadora romana. Cuando vio que su cliente silencioso de sombras se dedicaba a la poesía una pequeña pulsión empezó a crecer en ella.

  Había tenido una relación intensa con la poesía en el pasado. De niña su madre le hizo leer a Alfonsina Storni y su mundo cambió para siempre. Cuando empezó la secundaria una compañera le recomendó a Alejandra Pizarnik. Fueron años de fiebre para ella. Llenaba cuadernos y cuadernos con versos de todo tipo. Vivía, soñaba y respiraba poesía.

  En quinto año conoció al amor de su vida. Supo que era el amor de su vida después de unas cuantas clases. El profesor de literatura de ese año le había enseñado sobre las vanguardias. A ella le fascinó el formalismo ruso. Le fascinó como él recitaba los poemas de Mayakovsky. Su mundo adolescente voló por los aires con el poema Amor. Mientras el profesor lo recitaba e iba recorriendo la clase con la mirada, y cuando la mirada de él pasaba por su mirada, ella creía que ese poema tan hermoso él lo había escogido para ella. Porque ella pensaba y estaba convencida de que él también la amaba y esperaba a las clases para verla. Que los poemas de amor que seleccionaba eran para ella. Porque ella hermosa y le gustaban los animales, como en el poema. Porque ella era el centro de atención de su clase, de su escuela, del barrio, de sus primos, hasta de los amigos de su padre. Soñaba con el día en que él le declaraba su amor, que la tomaba en algún lugar secreto de la escuela y la hacía mujer. Pero el sueño de la adolescente se hizo añicos y la realidad le mostró a su profesor paseando por el parque con otro hombre. Los siguió y vio cómo se besaban a escondidas de las miradas prejuiciosas. Ese día sí se hizo mujer porque la adolescencia había terminado y el dolor y la desilusión le habían mostrado que no todo era como en la ficción. A veces lo que uno cree no pasa en la realidad.

 

***

 

  Le llamó la atención  descubrirla entre el público. La presentación del libro había sido emotiva para él y ya no esperaba más emociones por el resto de la noche, de los días, de la vida. Ella se acercó para que le firme el libro. Mientras lo firmaba ella le preguntó por qué el título del libro: No soy el amor de nadie. Se miraron y sonrieron. Había ocurrido un milagro. Él había sonreído y por un momento las sombras habían desaparecido de su espíritu dando paso a algo de luz. Las ventanas de su corazón también estaban mal orientadas. Fueron por un café y le contó sobre el título del libro.

 

***

 

  

  Al principio todo funcionó de maravilla. Parecía como si los dos hubieran empezado a vivir como si fuera la primera vez. Las salidas, las tardes, los paseos, la intimidad, todo se ejercía con tierna ferocidad. Habían construido una casa estilo Le Corbusier. Habían pactado que si algún día todo terminaba, ese final tendría que ser amistoso. Las carreras de los dos fueron creciendo exponencialmente: eran un binomio perfecto. Sus publicaciones se empezaron a traducir en otros idiomas. Llegaban propuestas para conferencias, charlas en otras ciudades y en otros países. Ella había dejado la agencia para la que había trabajado tantos años y abrió su propia agencia inmobiliaria. No tardó mucho en que los carteles de Inés Suárez Propiedades invadieran la ciudad.

 

***

 

  Al principio no le dio importancia. Él no le había dicho nada pero ella después de un tiempo se había dado cuenta. En la parte de atrás de la casa él había escondido, en una pequeña puerta secreta, las cenizas de su difunta esposa. Él la visitaba, hablaba con ella y lloraba en la fecha de su defunción. Ella, que había creído que las sombras se habían ido para siempre supo en ese momento que no. Y las sombras, los recuerdos, que estaban encerrados en esa pequeña puerta fueron creciendo como una metástasis. Tomaron las habitaciones, el comedor, el baño, las sábanas y de a poco fueron creciendo en ellos dos. Las distancias crecieron en la casa. Casi no se cruzaban y si lo hacían parecían dos desconocidos. Ella volvió a sentir la desilusión que sintió cuando encontró a su profesor de literatura con otro hombre. La casa empezó a olor mal, a tener humedad. Y eso que las ventanas estaban bien orientadas y el sol le daba todo el día.

 

***

 

   Luego de hacer la división de bienes ella cayó en una leve depresión. Dejó de ir a la oficina por unas semanas. Tirada en la cama no dejaba de pensar en él, por qué no había funcionado, por qué no había dejado de amar a su esposa, por qué le tocaba todo esto a ella. Volvió a su libros de Storni y de Pizarnik, volvió a sus cuadernos de la adolescencia. Volvió a escribir y volvió con tierna ferocidad.

 

Hicimos la división de bienes

Vos te quedaste con la casa

Yo con la biblioteca.

 

Vos te quedaste con el termo

Yo con la foto

Que nos sacamos en la comarca.

 

Te hartaste de la poesía

Y de Mayakovsy.

 

Te hartaste de la buena iluminación

De la casa

Te hartaste de que todo vaya bien.

 

Lo que el notario no sabía

Cuando firmábamos  los papeles

Era que yo prefería renunciar a todo

Si algo de mí

Quedaba en vos.

 

 Tomó la costumbre de enviarle por carta un poema por semana. Ella también tenía que sacar su oscuridad, su dolor, dejar que la luz vuelva a iluminar cada parte de su ser. Tenía que volver a orientar bien las ventanas de su corazón. Alquiló una casa y adoptó un gato que le puso Sartre. Leía La náusea y la reflexión que más la identificaba era la del martes: Nada. He existido. Así que fue saliendo de su pozo, de su oscuridad,  leyendo, escribiendo, cuidando a su gato. De a poco fue volviendo al trabajo. De a poco fue probando las relaciones con otros hombres pero se dio cuenta de que todavía quedaban sombras por purgar. Podía tener a cualquier hombre que se le antojara. Pero esos hombres no sabían que lo que ellos creían no es lo que pasaba en la realidad. Porque cualquiera puede tener a un hombre, a una mujer, pero eso es superficial, transitorio. Nunca se puede tener a alguien por completo. Ella ya lo había aprendido con su profesor. Lo había aprendido en todas las relaciones que había intentado hasta que lo conoció a él. Creyó que con él finalmente las cosas cambiarían. Pero no. Solo se pude amar una vez en la vida y a una sola persona. La diferencia que ella tenía con él es que él ya había amado a una persona, ella todavía no. Lo intentó, nadie puede decir que no lo intentó. Pero todo resultaba ser una farsa, un simulacro. Y ella lo hacía saber porque después de la intimidad lloraba, pedía que la abrazaran y que la amaran. Y ellos, lo que creían que la podían tener de forma superficial y transitoria,  se asustaban con la palabra amor y huían. Ella volvía a esa tarde en el parque cuando descubrió la desilusión del amor no correspondido.

 

***

 

Limpié los azulejos

Usé el rociador

Que compramos

En la feria vintage.

 

Pusé el cassette

Que escuchábamos

Cuando hacíamos el amor.

 

Traté de que las manchas

No coincidieran con tu rostro.

 

Saqué todo

Absolutamente todo.

 

¿Tu recuerdo?

Tu recuerdo quedó intacto.

 

Tomó la carta y la dejó sobre el escritorio con el resto de las cartas. Se quedó quieto, en silencio. Adentro de la casa luchaba contra los recuerdos de su esposa. En la radio y la televisión eran frecuentes los anuncios de Inés Suárez Propiedades. Lo mismo que en la calle. Todo el día se la pasaba leyendo su nombre. A ella le ocurría lo mismo. Veía su nombre en el diario, entrevistas en la radio y la televisión. Estaban separados pero no podía dejar de verse mutuamente. Los dos estaban llenos de sombras. Los dos no sabían cómo orientar el corazón para que la luz entre para iluminarlos.

 

***

 

Al principio no le había dado importancia. El hombre de sombras silenciosas ya se lo había advertido con el título del libro. No era el amor de nadie y por lo visto ella tampoco. Ahora si le daba importancia.

 Tomó la decisión cuando tuvo que dormir a Sartre. La metástasis en sus pulmones lo deterioró en poco tiempo. Se había cansado de vender casas que ella nunca habitaría. Tenía 38 años y todavía no tenía su casa. Su madre se fue con un viajante cuando ella empezó la universidad y jamás volvió a saber de ella. Su padre se fue a su pueblo natal a morir. No tenía ningún lazo afectivo con ningún ser humano en la ciudad. El nombre de él la perseguía por donde fuera. Ella también se había hartado de todo. Liquidó toda su oficina.  Escribió algunas cartas a la poca gente que estimaba. Volvió al pueblo de su padre y le dejó una carta en su tumba. A su madre también le escribió una carta pero la arrojó al mar.

  Lo último que supo de él lo leyó en el diario en la sala de embarque. La noticia decía que lo habían encontrado gritándole a uno de los carteles de Inés Suárez. Estaba borracho. Colgaba  una soga en el cartel  cuando llegó la policía. Compró una postal en la tienda del aeropuerto y le escribió las últimas líneas. Eligió unos versos de Mayakovsky, del poema  Despedida. Solo le cambió el final

 

Mi corazón

De sentimentalismo se ablanda.

¡Yo quisiera vivir y morir en París!

Si no existiera esta tierra que compartimos.

 

Puso su nombre y dirección en la postal mientras se anunciaba su vuelo por los altoparlantes. Dejó la postal en el buzón. Partió hacia París dejando todas sus sombras.

Solo se llevó de estas tierras las cenizas de su gato.


domingo, 24 de marzo de 2024

Una navidad diferente

 


“Cuando miras largo tiempo a un abismo, también éste mira dentro de ti”

Friedrich Nietzsche

 

 

   Pasó por la puerta principal. En la recepción reconoció a los guardias de seguridad. Se saludaron con leves gestos de cara y miradas. No había mucha activad a esa hora de la madrugada. Varias enfermeras lo reconocieron y no le preguntaron nada. Sabían de sus visitas a esas horas. Lo raro era verlo de día. Terminó de recorrer el pasillo principal, y siguió por las escaleras de la derecha. Siempre era el mismo recorrido, siempre el mismo paisaje: tubos de oxígeno descascarados que se parecían a algunas paredes; camillas, sillas de rueda, bancos de madera. Todo estaba en su lugar. Caminó hasta el final del pasillo. Antes de entrar en la habitación cerró la ventana del pasillo. Entraba una correntada de aire fuerte. Abrió la puerta despacio  para que el chirrido no se escuchara en las otras habitaciones.

   Dejó la puerta entreabierta que para que entrara algo de luz. Se quedó un par de segundos para que sus ojos se acostumbraran a la oscuridad parcial de la habitación. Buscó de memoria la forma difusa de la silla. Fue hasta ella y la tanteó con las manos. La acercó al lado de la cama. El fuelle del respirador artificial subía y bajaba. Se acomodó en la silla.

 -Hola viejita,¿cómo estás? Esta noche es navidad, sabés. Hoy me acordé todo el día de vos. Todo el día. Parece como si el tiempo no hubiera pasado nunca. Qué de navidades hemos pasado. La primera que yo me acuerdo es la que el tío Juan se disfrazó de papa Noel. Qué personaje ese tío. Yo me lo creí hasta los 12. Los pibes me decían que eran los padres pero mí existía papa Noel. Es que le salía tan bien al tío Juan. Cómo no le iba a creer. Pobre el tío Juan. No merecía terminar como terminó. Un día de estos voy a ir al cementerio a visitarlo. Le voy a llevar algunas rosas de tu patio. Se va a poner contento el tío. Hizo tanto por nosotros. Vos sabrás mejor que yo. Yo era chico pero ya sabía algunas cosas. Aparte te veía a vos como la luchabas. Así y todo salimos adelante. De todo eso me acordaba hoy. Yendo de barrio en barrio, las mudanzas, los cambios de colegio. Qué manera de andar viejita. Te acordás cuando nos encontraste fumando en el altillo. Es que queríamos ser como los viejos del bar. Viste que fumar te hace ver más grande, más maduro. Creo que fue el Chino que le robó un par de cigarrillos al padre. Él quería ser cantor de tangos como Julio Sosa, decía que el secreto era fumar para que la voz se haga más ronca. Yo nunca le creí pero él insistía con cantar tangos. El Chinito, dios lo tenga en la gloria. Cómo te enojaste cuando nos descubriste. Pero era necesario viejita. Viste como es la vida. Uno a veces se hace malasangre por cada pavada. Pero cuando pasan las cosas bravas se da cuenta de que lo otro era una pavada. No sabés, Camilita ya empezó a caminar. Si la vieras. Menos mal que pudiste disfrutarla. En un par de años más ya va a empezar el jardín. La Lucre ya está mirando los jardines que hay en el barrio. Yo le dijo que espere, que la nena todavía es chiquita, pero viste cómo es la Lucre, se le mete algo en la cabeza y no se lo saca nadie. Ahora anda con la astrología, con las tiradas de cartas. Todas las mujeres del barrio la van a ver. Vamos a ver cuánto le dura. Te acordás que la última vez te contó que quería hacer un curso de cerámica. Lo empezó, pero a los dos meses lo dejó. Vamos a ver cuánto le dura esto de las cartas. Eso sí, ya preparó todo para ir a Mar del Plata. A veces se parece tanto a vos la Lucre. De eso también me acordé hoy, de las vacaciones en Mar del Plata. La primera vez que comí churros fue ahí. Yo lo primero que voy a hacer cuando llegue a Mar del Plata es comprarme una docena de churros. Ella que haga lo que quiera con la nena. Yo con unos mates y una docena de churros soy feliz. Hemos sido felices con menos viejita. Vos me enseñaste eso. Lo material va y viene. Fijate lo que le pasó al Ernesto, estaba en un lugar que no tenía que estar. Viste como están las cosas hoy. Hay tantos subversivos dando vuelta. Dios también lo tenga en la gloria. Cómo pasa la gente por la vida viejita. De tantas cosas me acordé hoy. Cómo uno se acuerda tantos años en un día. A veces pienso tanto que me digo a mí mismo que tengo que dejar de pensar. Pero no puedo, pienso y pienso. Por ejemplo hoy pensaba que si Camilita ya camina hay que estar cada vez más atento. Yo no quiero que le pase nada. Te acordás del nene que se ahogó con el caramelo. Qué tristeza esos días. No se recuperaron más los padres. Creo que se separaron, no se los ve mucho. Yo no quiero que le pase nada a la Camilita. Yo le digo a la Lucre que la mire, que la cuide. Ella hace lo que puede. Es buena la Lucre. A veces nos enojamos pero se nos pasa enseguida. Más ahora con lo del viaje. Está tan entusiasmada. Yo le digo a todo que sí. Todo sea por ella y la Camilita. El otro día revisábamos las fotos y se parece a vos la Camilita cuando eras joven. En las fotos de tu cumpleaños de quince son iguales. Eso también, la Camilita todavía no empezó el jardín y la Lucre ya estaba planeado el cumpleaños de quince. Agarró una lata de galletitas y ya empezó a meter plata para los quince de la Camilita. Yo le decía esperá Lucre, esperá. Justo encontré la foto del finado tío Flore. Le contaba a la Lucre de todos los proyectos que tenía, de lo bien que le iba. Y viste, no es cuando uno quiere, es cuando el de arriba quiere. Creo que ahí me prestó atención la Lucre. Si la mayoría de la gente de las fotos ya son todos finados. Si habremos escuchado cosas que querían hacer. Pero también es lindo tener proyectos. Es lo que le da sentido a la vida. Por eso le digo a todo que sí a la Lucre. Así estamos viejita, estamos bien. En el trabajo las cosas van bien. Ahora estamos trabajando un poco más. Pero dicen que en verano va a aflojar un poco. Como todo, viste. Los que no se van a la costa se quedan. El que puede se va para el sur. Así que hasta marzo vamos a estar tranquilos. Pero ahora está bravo. A veces pasamos las doce horas. Yo termino muerto. Si a veces me despierto a la noche de los calambres que me dan. La lucre dice que tengo que dormir con un corcho abajo de la almohada. Todavía no probé. Es que estamos trabajando tanto viejita, tanto. Es que…es que…esta... Perdonáme viejita, no me quería poner mal delante de vos. Pero viste, uno tiene sus sentimientos. Yo cuando tengo que llorar lloro. Vos también me enseñaste eso. Total, a quién le importa si uno llora. Al fin y al cabo somos todos humamos. Dios nos hizo a todos iguales. Eso es lo que nos enseñaron en catecismo. Bueno viejita, hablando de trabajo me tengo que ir. Que descanses viejita. Feliz navidad.

  Se quedó un rato en silencio. Apretó su mano buscando alguna reacción. Pero hacía meses que no había ninguna. La besó en la frente y al salir de la habitación, al cerrar la puerta, un nudo en la garganta y unas lágrimas lo acompañaron por el pasillo. Salió rápido del edificio. El chofer cuando lo vio puso en marcha el motor. Abrió la puerta, se sentó y le indicó el trayecto. El suboficial siguió las indicaciones.

  Cruzaron varias calles en silencio hasta que llegaron a la avenida Vélez Sarsfield. Tomaron la avenida y bajaron para el lado de Avellaneda. Al cruzar el puente descendieron por una calle lateral. El chofer dando marcha atrás, trató de acercar lo más que pudo el vehículo a la orilla del riachuelo. El chofer bajó y abrió el baúl. Entre los dos tomaron el primer cuerpo y lo dejaron caer al piso. Con el segundo hicieron lo mismo. Como estaban cerca de la orilla solo hizo falta empujarlos con los pies. Esperaron a que las burbujas de aire estallaran en la superficie. Los dos prendieron cigarrillos. Los dos coincidieron en ir a tomar una café. El auto subió por la calle lateral a la avenida. Las luces del alumbrado público estaban a apagadas, estaba amaneciendo. El auto siguió su trayecto entre la escasa luz. No se sabe si el color del auto era claro, oscuro, o verde oliva.

lunes, 9 de octubre de 2023

Kiosquitos

 



En el 43



Mi abuelo se puso un kiosquito.



 



En el 55



La fusiladora se lo cerró



Por simpatizar con el anarquismo.



 



En el 83 mi viejo retomó la idea



Y puso un maxikiosco.



 



En el 2001 La Libertadora



Le comió el boliche



Y los ahorros en dólares.



 



Yo no quise pagar impuestos



Ni alquileres



Y caminé las calles



Con la mercadería en la mano.



 



Así y todo



Los nietos de la Fusiladora



No dejaron nada  para
los que lukean la calle.



 



Desde el 43 que vienen fundiendo



El kiosquito



Pero te dicen que los que vienen



Lo van a fundir.



 



Miente, miente, que algo quedará.



 



Barato, barato la papa patrona.



 



 



 



 




Kiosquitos

 

En el 43

Mi abuelo se puso un kiosquito.

 

En el 55

La fusiladora se lo cerró

Por simpatizar con el anarquismo.

 

En el 83 mi viejo retomó la idea

Y puso un maxikiosco.

 

En el 2001 La Libertadora

Le comió el boliche

Y los ahorros en dólares.

 

Yo no quise pagar impuestos

Ni alquileres

Y caminé las calles

Con la mercadería en la mano.

 

Así y todo

Los nietos de la Fusiladora

No dejaron nada  para los que lukean la calle.

 

Desde el 43 que vienen fundiendo

El kiosquito

Pero te dicen que los que vienen

Lo van a fundir.

 

Miente, miente, que algo quedará.

 

Barato, barato la papa patrona.

 

 

 

 




África

 

En un hotel
alojamiento



En los gimnasios



En los aeropuertos



En las sinagogas



En una sala de
tortura



En un barco
remolcador



En las Juntas
Militares



En las reuniones
del Terrorismo



En los jardines de
infantes



En los cabarets



En las canchas de
fútbol



En los conciertos
de bandas ochentosas



En la gira
despedida



En Winap



En el Ares



En Spotify



En el wincofón



En la estación
espacial internacional



En los 5
continentes



En la Atlántida



En Bajo Flores



En el Bajo Rondeau



En tu casa



En mi casa



En las casas de
ellos



En los funerales



En los casamientos



En las fiestas de
15



En los bautismos



En navidad



En año nuevo



En las tolderías



En las rancheadas
de Constitución



En la Casa Rosada



En la camioneta de
Ronaldo



En la camioneta de
Messi



En las taquerías



En lo bunkers
narcos



En los volteaderos



En el ascensor



En las duchas



En las camas
transpiradas



En mi subconsciente



En el inconsciente colectivo



En la panadería



En la pinturería



En el taxi



En el uber



En Aspen



En la 100



En este mismo
momento



Suena África de
Toto.



 



I bless the
rains down in Africa



I bless the
rains down in Africa



I bless the
rains down in Africa

África

 

En un hotel alojamiento

En los gimnasios

En los aeropuertos

En las sinagogas

En una sala de tortura

En un barco remolcador

En las Juntas Militares

En las reuniones del Terrorismo

En los jardines de infantes

En los cabarets

En las canchas de fútbol

En los conciertos de bandas ochentosas

En la gira despedida

En Winap

En el Ares

En Spotify

En el wincofón

En la estación espacial internacional

En los 5 continentes

En la Atlántida

En Bajo Flores

En el Bajo Rondeau

En tu casa

En mi casa

En las casas de ellos

En los funerales

En los casamientos

En las fiestas de 15

En los bautismos

En navidad

En año nuevo

En las tolderías

En las rancheadas de Constitución

En la Casa Rosada

En la camioneta de Ronaldo

En la camioneta de Messi

En las taquerías

En lo bunkers narcos

En los volteaderos

En el ascensor

En las duchas

En las camas transpiradas

En mi subconsciente

En el inconsciente colectivo

En la panadería

En la pinturería

En el taxi

En el uber

En Aspen

En la 100

En este mismo momento

Suena África de Toto.

 

I bless the rains down in Africa

I bless the rains down in Africa

I bless the rains down in Africa

miércoles, 14 de junio de 2023

Con inflación

 

Con inflación



La comida aumenta



El alquiler aumenta



La gente deja de
alquilar y de comer



Con inflación



La gente muere de
frío y de hambre.



 



Con inflación



Los perros aúllan a
la luna con fuerza



Rompen las bolsas
de basura con rabia.



 



Con inflación



Los locos aúllan en
las ventanas



La depresión
deprime más



El pánico aumenta



Con inflación las
farmacológicas



Y los psiquiatras
se hacen millonarios.



 



Con inflación



La mercadería
aumenta



La inversión
disminuye



Los trompas
explotan más a sus empleados



Los cuentapropistas
se autoexplotan más.



 



Con inflación la
plata no alcanza



Los sindicalistas
hacen paros



Las fábricas
quiebran



Los chicos no van a
la escuela



Los sindicalistas
cada vez son más gordos



Los obreros más
flacos



Los chicos más
brutos



El cabeza de termo



Se vuelve más termo



Con inflación el político
no deja de afanar.



 



Con inflación



Los muertos no
pueden enterrarse



Y los que se
entierran



Dejan a los deudos
enterrados de deudas.



 



Con inflación



La casa propia es
sueño.



 



Con inflación



El pobre cada vez
es más pobre



El rico cada vez
más pobre



Los políticos inventan
impuestos



Para combatir la
inflación.



 



Con inflación



No alcanza para el
asado



Me das una tirita
de falda



¿Te puedo deber 10
pesos?



Mañana me los
pagas.



 



Con inflación los burgueses
se asustan



Los poetas se
callan



Otros mienten



Pocos dicen la
verdad



El fascismo crece
al ritmo de la inflación.



 



Con inflación



El final del poema debería
estar al final.



 



Con inflación nada
está en su lugar.



 





 

Con inflación

 

Con inflación

La comida aumenta

El alquiler aumenta

La gente deja de alquilar y de comer

Con inflación

La gente muere de frío y de hambre.

 

Con inflación

Los perros aúllan a la luna con fuerza

Rompen las bolsas de basura con rabia.

 

Con inflación

Los locos aúllan en las ventanas

La depresión deprime más

El pánico aumenta

Con inflación las farmacológicas

Y los psiquiatras se hacen millonarios.

 

Con inflación

La mercadería aumenta

La inversión disminuye

Los trompas explotan más a sus empleados

Los cuentapropistas se autoexplotan más.

 

Con inflación la plata no alcanza

Los sindicalistas hacen paros

Las fábricas quiebran

Los chicos no van a la escuela

Los sindicalistas cada vez son más gordos

Los obreros más flacos

Los chicos más brutos

El cabeza de termo

Se vuelve más termo

Con inflación el político no deja de afanar.

 

Con inflación

Los muertos no pueden enterrarse

Y los que se entierran

Dejan a los deudos enterrados de deudas.

 

Con inflación

La casa propia es sueño.

 

Con inflación

El pobre cada vez es más pobre

El rico cada vez más pobre

Los políticos inventan impuestos

Para combatir la inflación.

 

Con inflación

No alcanza para el asado

Me das una tirita de falda

¿Te puedo deber 10 pesos?

Mañana me los pagas.

 

Con inflación los burgueses se asustan

Los poetas se callan

Otros mienten

Pocos dicen la verdad

El fascismo crece al ritmo de la inflación.

 

Con inflación

El final del poema debería estar al final.

 

Con inflación nada está en su lugar.

 



 

Amor de nadie

“Pero a los ciegos no les gustan los sordos Y un corazón no se endurece porque sí” La hija del fletero, Patricio Rey         La ...