miércoles, 24 de abril de 2019

El cuervo

Una mosca se posa

Sobre mis traducciones de Plutarco

Vidas paralelas me trabaja

En el bar de Julio;

El Mercado Municipal

Es más encantador

Llegando a la noche.



El tiempo se arrastra lánguido

Y sé que debo continuar mi  trabajo

En casa.



Al pagarle a Julio

Las empanadas

Y recibir el vuelto

Escucho: "Nunca más"

Como si fuese un chillido.



Miro alrededor

Los parroquianos

Están en su mundo

O yo estoy en el mio

Y solo yo escuché esa voz

De pajarraco.



Salgo al frío cortante y manto obscuro

Del cielo bahiense

Atravieso la Plaza del Sol

Vuelvo a escuchar: "Nunca más"

Definitivamente es un pájaro.



Me introduzco en la profundidad

De o'Higgins; la voz pajarraco

Me guía por la calle.



En cada vidriera

Entre pensamiento y pensamiento

Escucho: "Nunca más"

Entre cada paso

Entre cada respiración fría.



Mis extremidades son conducidas

Por alguna voluntad;

Y yo sigo escuchando:"Nunca más"



La voluntad, quizás del invierno

Me hace doblar en Italia

Y camino los 100 metros hasta Donado.



Es ahí

En esa esquina

De donde procede el:"Nunca más"



La esquina antigua de grandes ventanas

Y bellas molduras

Sobre la cornisa superior

Se encuentra el cuervo.



No es el cuervo de la Iliada

Ni del Antiguo Testamento

No es el cuervo de los vikingos

O esquimales;

No es el cuervo de las

Torres de Londres;

No es el cuervo de Poe

De Esopo, de Dickens, de Ted Hughes, de Galway

Tampoco el de Frost, Lorca o Pasternak:



Este era un cuervo bien argento.



Y se movía de a un lado a otro

Y decía:"Nunca más"



"Nunca más penas ni olvido

Nunca más el otoño gris

Deshojánose por  lo que nunca

Jamás sucedió

Nunca más una lágrima derramada

En los campos de batalla

O los jardines de infantes

Nunca más los amores

No correspondidos

Nunca más amarse a escondidas"



El cuervo declamaba su poesía

Y de sus palabras de pajarraco

Brotaban imágenes lisérgicas

Que teñían parte del edificio

Y del cielo friogris.



Era el cuervo un poeta

Y de los mejores que conocí.



Yo me senté en la vereda

Y maravillado como niño

Por primera vez en un circo

O en un cinematógrafo

Me quedé a escuchar
Lo que este cuervo tenía

Para contarme.



"Nunca más", continuaba

"Nunca más el exilio

De los poetas

O de las mariposas venusinas

Nunca más el sabor del disco solar

Filtrándose por los huesos

Nunca más mentiras

Nunca más violencia

Nunca más amos jugando al esclavo

O militares jugando al amo

O paramilitares jugando al esclavo

Nunca más brujos decretando políticas

De Estado

Nunca más coleccionistas de corbatas

En la presidencia

O bailarinas de cabaret

Nunca más rodrigazos, cordobasos

Blindajes, corralitos o flanazos

Nunca más"..., el cuervo se movía

Como si estuviera en un opera

Y su público fuera multitudinario.

El cuervo se movía con histrionismo

La esquina de Donado e Italia

Era su escenario.



El cuervo siguió su declamación

Por horas

El efecto narcótico de su poesía

Me embriagó y hasta me quitó el frío

De esa espesa  noche de Julio.



Sus palabras me llevaron

Por áridas mesetas de locura poética.

Creo haber dormido por años

En esa vereda.



En la mañana dos oficiales

Me despertaron

Y me subieron al patrullero.



Mi declaración fue fiel a lo vivido

En la madrugada.



La comisaria segunda solo pudo

Retenerme 12 horas.



Al firmar mi libertad

Me entregaron los cordones

El cinto

Y mis traducciones de Plutarco.



Al salir por Berutti y cruzar Undiano

Escuché: "Nunca más"
















El cuervo

Una mosca se posa
Sobre mis traducciones de Plutarco
Vidas paralelas me trabaja
En el bar de Julio;
El Mercado Municipal
Es más encantador
Llegando a la noche.

El tiempo se arrastra lánguido
Y sé que debo continuar mi  trabajo
En casa.

Al pagarle a Julio
Las empanadas
Y recibir el vuelto
Escucho: "Nunca más"
Como si fuese un chillido.

Miro alrededor
Los parroquianos
Están en su mundo
O yo estoy en el mio
Y solo yo escuché esa voz
De pajarraco.

Salgo al frío cortante y manto obscuro
Del cielo bahiense
Atravieso la Plaza del Sol
Vuelvo a escuchar: "Nunca más"
Definitivamente es un pájaro.

Me introduzco en la profundidad
De o'Higgins; la voz pajarraco
Me guía por la calle.

En cada vidriera
Entre pensamiento y pensamiento
Escucho: "Nunca más"
Entre cada paso
Entre cada respiración fría.

Mis extremidades son conducidas
Por alguna voluntad;
Y yo sigo escuchando:"Nunca más"

La voluntad, quizás del invierno
Me hace doblar en Italia
Y camino los 100 metros hasta Donado.

Es ahí
En esa esquina
De donde procede el:"Nunca más"

La esquina antigua de grandes ventanas
Y bellas molduras
Sobre la cornisa superior
Se encuentra el cuervo.

No es el cuervo de la Iliada
Ni del Antiguo Testamento
No es el cuervo de los vikingos
O esquimales;
No es el cuervo de las
Torres de Londres;
No es el cuervo de Poe
De Esopo, de Dickens, de Ted Hughes, de Galway
Tampoco el de Frost, Lorca o Pasternak:

Este era un cuervo bien argento.

Y se movía de a un lado a otro
Y decía:"Nunca más"

"Nunca más penas ni olvido
Nunca más el otoño gris
Deshojánose por  lo que nunca
Jamás sucedió
Nunca más una lágrima derramada
En los campos de batalla
O los jardines de infantes
Nunca más los amores
No correspondidos
Nunca más amarse a escondidas"

El cuervo declamaba su poesía
Y de sus palabras de pajarraco
Brotaban imágenes lisérgicas
Que teñían parte del edificio
Y del cielo friogris.

Era el cuervo un poeta
Y de los mejores que conocí.

Yo me senté en la vereda
Y maravillado como niño
Por primera vez en un circo
O en un cinematógrafo
Me quedé a escuchar
Lo que este cuervo tenía
Para contarme.

"Nunca más", continuaba
"Nunca más el exilio
De los poetas
O de las mariposas venusinas
Nunca más el sabor del disco solar
Filtrándose por los huesos
Nunca más mentiras
Nunca más violencia
Nunca más amos jugando al esclavo
O militares jugando al amo
O paramilitares jugando al esclavo
Nunca más brujos decretando políticas
De Estado
Nunca más coleccionistas de corbatas
En la presidencia
O bailarinas de cabaret
Nunca más rodrigazos, cordobasos
Blindajes, corralitos o flanazos
Nunca más"..., el cuervo se movía
Como si estuviera en un opera
Y su público fuera multitudinario.
El cuervo se movía con histrionismo
La esquina de Donado e Italia
Era su escenario.

El cuervo siguió su declamación
Por horas
El efecto narcótico de su poesía
Me embriagó y hasta me quitó el frío
De esa espesa  noche de Julio.

Sus palabras me llevaron
Por áridas mesetas de locura poética.
Creo haber dormido por años
En esa vereda.

En la mañana dos oficiales
Me despertaron
Y me subieron al patrullero.

Mi declaración fue fiel a lo vivido
En la madrugada.

La comisaria segunda solo pudo
Retenerme 12 horas.

Al firmar mi libertad
Me entregaron los cordones
El cinto
Y mis traducciones de Plutarco.

Al salir por Berutti y cruzar Undiano
Escuché: "Nunca más"







martes, 16 de abril de 2019

¿Qué es el estoicismo?

¿Qué es el estoicismo?

Es sacar la soga del cuello

De un amigo.

Reposarlo en el piso

Besar su frente

Dejarlo ir en paz.



¿Qué es el estoicismo?

Es la primera mañana

De lucidez; el frío

Que corta los pulmones

El espíritu

Que empieza a despertar.



¿Qué es el estoicismo?

Es recorrer la historia

De un país, una cultura

A través de su poesía,

Sus poetas; no confiar

En sus historiadores.



¿Qué es el estoicismo?

Es la piel lacerada por

La sarna.



¿Qué es el estoicismo?

Es alimentarse con comida

En descomposición.



¿Qué es el estoicismo?

Es la desesperación

El miedo

El vacío.



¿Qué es el estoicismo?

Es abstenerse de imprecar a Dios.



¿Qué es el estoicismo?

Es habitar una sociedad

Absurda y hostil

Embrutecida por el Estado

Y sus funcionarios.



¿Qué es el estoicismo?

Es acompañar a un cuerpo

Consumiéndose por el cáncer

Hasta su último aliento.



¿Qué es el estoicismo?

Es enfrentar a la ansiedad

Darle la mano

Y sacarle unos cuantos poemas.



¿Qué es el estoicismo?

Es lo que finjo no saber

No entender.



¿Qué es el estoicismo?

Es hacer dinero con lo que

Descarta la sociedad.



¿Qué es el estoicismo?

Darse cuenta de cómo

Opera el Terrorismo de Estado

A través del narcotráfico.



¿Qué es el estoicismo?

Escribir en un hospital

Velando con el cuerpo

Y el espíritu contracturado.



¿Qué es el estoicismo?

Es amigarse con el diablo

Y la muerte.



¿Qué es el estoicismo?

Es ayudar a un amigo

Y dejarse ayudar por un amigo.



¿Qué es el estoicismo?

Es la primera mañana y la última. Las pasiones, todas. El amor y odio en todas sus formas. El resentimiento que envenena la sangre y la sangre que se limpia a través de la poesía. Un niño que muere de sobredosis y otro que es arrojado por el inodoro. La desidia, el hacinamiento, la muerte recorriendo pasillos. La bala que fractura el cráneo y la sangre que se coagula. Los terrones de tierra golpeando un ataúd.  El próximo amanecer: el próximo poema.



¿Qué es el estoicismo?

Es ordenarse en las palabras

En el lenguaje

Redimirse:

Crearse una mejor versión

De uno: eso es el estoicismo.








¿Qué es el estoicismo?

¿Qué es el estoicismo?
Es sacar la soga del cuello
De un amigo.
Reposarlo en el piso
Besar su frente
Dejarlo ir en paz.

¿Qué es el estoicismo?
Es la primera mañana
De lucidez; el frío
Que corta los pulmones
El espíritu
Que empieza a despertar.

¿Qué es el estoicismo?
Es recorrer la historia
De un país, una cultura
A través de su poesía,
Sus poetas; no confiar
En sus historiadores.

¿Qué es el estoicismo?
Es la piel lacerada por
La sarna.

¿Qué es el estoicismo?
Es alimentarse con comida
En descomposición.

¿Qué es el estoicismo?
Es la desesperación
El miedo
El vacío.

¿Qué es el estoicismo?
Es abstenerse de imprecar a Dios.

¿Qué es el estoicismo?
Es habitar una sociedad
Absurda y hostil
Embrutecida por el Estado
Y sus funcionarios.

¿Qué es el estoicismo?
Es acompañar a un cuerpo
Consumiéndose por el cáncer
Hasta su último aliento.

¿Qué es el estoicismo?
Es enfrentar a la ansiedad
Darle la mano
Y sacarle unos cuantos poemas.

¿Qué es el estoicismo?
Es lo que finjo no saber
No entender.

¿Qué es el estoicismo?
Es hacer dinero con lo que
Descarta la sociedad.

¿Qué es el estoicismo?
Darse cuenta de cómo
Opera el Terrorismo de Estado
A través del narcotráfico.

¿Qué es el estoicismo?
Escribir en un hospital
Velando con el cuerpo
Y el espíritu contracturado.

¿Qué es el estoicismo?
Es amigarse con el diablo
Y la muerte.

¿Qué es el estoicismo?
Es ayudar a un amigo
Y dejarse ayudar por un amigo.

¿Qué es el estoicismo?
Es la primera mañana y la última. Las pasiones, todas. El amor y odio en todas sus formas. El resentimiento que envenena la sangre y la sangre que se limpia a través de la poesía. Un niño que muere de sobredosis y otro que es arrojado por el inodoro. La desidia, el hacinamiento, la muerte recorriendo pasillos. La bala que fractura el cráneo y la sangre que se coagula. Los terrones de tierra golpeando un ataúd.  El próximo amanecer: el próximo poema.

¿Qué es el estoicismo?
Es ordenarse en las palabras
En el lenguaje
Redimirse:
Crearse una mejor versión
De uno: eso es el estoicismo.



La hamaca de cadenas herrumbradas

Y de madera añeja

Chilla

En cada movimiento.



Es el movimiento

Del péndulo que

Marca cada segmento

De vida que va consumiéndose.



Sé que estás reflexiones

No le interesan

A los niños que juegan

A pocos metros: ellos viven

El presente

No se preocupan por estas

Estupideces mundanas.



Pero yo, aquí, agoto

Mi existencia y mis pocos

Recursos mentales;

Con este objeto cansino

Que me dice que, aunque deje

De hamacarme

Y deje de hacer analogías

Con la muerte: la hamaca

Que se mueve en mi interior

Un día dejará de hacerlo.



Los niños suben a las hamacas

Mientras me alejo. A veces no saber

Es una virtud.

Yo ya estoy condenado

Por el conocimiento.



Escucho el chillar de la hamaca

Espero por el día

En que se calle definitivamente.






La hamaca de cadenas herrumbradas
Y de madera añeja
Chilla
En cada movimiento.

Es el movimiento
Del péndulo que
Marca cada segmento
De vida que va consumiéndose.

Sé que estás reflexiones
No le interesan
A los niños que juegan
A pocos metros: ellos viven
El presente
No se preocupan por estas
Estupideces mundanas.

Pero yo, aquí, agoto
Mi existencia y mis pocos
Recursos mentales;
Con este objeto cansino
Que me dice que, aunque deje
De hamacarme
Y deje de hacer analogías
Con la muerte: la hamaca
Que se mueve en mi interior
Un día dejará de hacerlo.

Los niños suben a las hamacas
Mientras me alejo. A veces no saber
Es una virtud.
Yo ya estoy condenado
Por el conocimiento.

Escucho el chillar de la hamaca
Espero por el día
En que se calle definitivamente.


La lluvia

   En los adoquines vio reflejado un rayo solar que apuntaba a la otra vereda. Al cruzar la calle se cuidó de tocarlo, dio un saltito. Miró por enésima vez el reloj, no quería llegar tarde. Pasó por los puestos de verduras y diarios y no le dio importancia a nada. Solo le faltaban 100 metros para llegar a la estación. Su mano derecha corroboró que la cajita con la alianza estuviera ahí, en el bolsillo de su saco. Antes de entrar a la estación se formaron unas nubes grises que descargaron un par de chaparrones. Ahora sí se apuró un poco más para reguardarse y poder verla cuando bajara del colectivo.

   El reloj en las plataformas indicaban que había llegado 5 minutos antes. Se sentó en una butaca de cemento. La sintió fría. Se levantó y caminó hasta la cafetería. Desde la cafetería se veían los andenes. Se sentó en una mesa para dos. Una camarera se acercó a tomarle el pedido. Pidió una lágrima. Volvió a revisar el bolsillo; podía imaginar su mirada, su sonrisa, su "si", abrasarse y besarse por toda la estación. La lágrima llegó. Él le pidió a la camarera una lapicera. Las ganas de escribir lo tomaron por sorpresa. Algo le decía que ese acto era necesario. La camarera volvió con la lapicera; él bebió un sorbo largo de la lágrima. Lo degustó y tomó un sorbo más corto. La inspiración comenzaba a correrle por las venas. Probó en unos de las margenes de una servilleta si había tinta en la lapicera. Como si una vez comenzada la tarea, él, supiera que no dejaría el trazo hasta acabar.

   

Despierto en una ciudad vacía

Con nubes grises y vacías

Mi corazón está vacío

Y de mi boca caen hilos de sangre.





    Leyó un par de veces el poema hasta que vio que llegaba el ómnibus en el que venía su amada. Plegó la servilleta dejando el dinero del café adentro. Apuró el paso sin dejar de tocar su bolsillo derecho.

    Al verla descender él se siente el hombre más feliz del mundo. Ella desciende, está seria. Él intenta besarla y ella le ofrece la mejilla. Algo anda mal, piensa. Ella se dirige a la baulera a buscar su equipaje. Él intenta tomarla de la mano pero ella no lo deja. Ella toma su valija, extiende la manija y empieza a recorrer los andenes con intención de llagar a la salida y tomar un taxi. Él se siente desorientado. Le pregunta a ella qué le pasa. Ella le informa todo con decisión. Le dice que lo de ellos ya no va más y, agrega, que se está viendo con otro. Él aprieta con fuerza la cajita. Ella le dice que no la llame más ni la busque. Sangre fría corre por sus venas y por las de él llamas ardientes. Tiene un nudo en la garganta; no sabe qué hacer o qué responder. Ella levanta la mano y un taxi acude a trasportarla. El chofer del taxi se baja para ayudarla a acomodar la valija en el baúl. Él observa toda la operación. Está desecho: no deja de apretar la cajita con la alianza. El chofer asciende al vehículo. Ella también y ni siquiera se despide o le dirige una mirada. Mientras el taxi se aleja vuelve a nublarse y esta vez, pareciera, con la intención de descargar toda su furia.

    Pensó en volver por los puestos de verdura y diarios. Creyó conveniente tomar por la avenida, ir a las fondas del puerto, emborracharse y regalarle la alianza a alguna de las prostitutas que transitan por el puerto. "Despierto en una ciudad vacía", recordó el primer verso del poema. La ciudad está vacía sin ella. Nada tiene sentido ya. "Con nubes grises y vacías ", como si el poema se hubiera adelantado, como si él mismo hubiera escrito su futuro. El cielo está gris, seguramente vacío también, a pesar de que pueda arrojar lluvia o ranas. Pensó en las ranas y por los menos sonrió. "Mi corazón está vacío ", se convenció de que el poema había sido profético. Su corazón estaba vacío como la ciudad y las nubes.

   Antes de llegar al puerto el cielo comenzó a descargar. No se preocupó por buscar refugio o caminar más rápido. Cuando estaba cruzando la avenida que daba al puerto algo lo golpeó en la cabeza. Miró en el piso y vio que era una rana. Miró al cielo de inmediato para encontrarse con la sorpresa que del cielo estaban lloviendo ranas. Ahora si apuró el paso. Las ranas seguían cayendo y algunas lo hacían con fuerza. Pocos metros le quedaban para llegar a la primera fonda. Recordó el último verso del poema: "Y de mi boca caen hilos de sangre". Tomó una de las ranas caídas de las nubes grises y vacías; vio como se movían sus extremidades y la mirada fría del batracio, y sin dudarlo le arrancó la cabeza con sus dientes. Entró a la fonda, dejó la cajita con la alianza sobre una mesa, acomodó su abrigo en la silla ante la mirada atónita de la gente que se encontraba en la fonda, que lo miraban asombrados como caían hilos de sangre de su boca.












La lluvia

   En los adoquines vio reflejado un rayo solar que apuntaba a la otra vereda. Al cruzar la calle se cuidó de tocarlo, dio un saltito. Miró por enésima vez el reloj, no quería llegar tarde. Pasó por los puestos de verduras y diarios y no le dio importancia a nada. Solo le faltaban 100 metros para llegar a la estación. Su mano derecha corroboró que la cajita con la alianza estuviera ahí, en el bolsillo de su saco. Antes de entrar a la estación se formaron unas nubes grises que descargaron un par de chaparrones. Ahora sí se apuró un poco más para reguardarse y poder verla cuando bajara del colectivo.
   El reloj en las plataformas indicaban que había llegado 5 minutos antes. Se sentó en una butaca de cemento. La sintió fría. Se levantó y caminó hasta la cafetería. Desde la cafetería se veían los andenes. Se sentó en una mesa para dos. Una camarera se acercó a tomarle el pedido. Pidió una lágrima. Volvió a revisar el bolsillo; podía imaginar su mirada, su sonrisa, su "si", abrasarse y besarse por toda la estación. La lágrima llegó. Él le pidió a la camarera una lapicera. Las ganas de escribir lo tomaron por sorpresa. Algo le decía que ese acto era necesario. La camarera volvió con la lapicera; él bebió un sorbo largo de la lágrima. Lo degustó y tomó un sorbo más corto. La inspiración comenzaba a correrle por las venas. Probó en unos de las margenes de una servilleta si había tinta en la lapicera. Como si una vez comenzada la tarea, él, supiera que no dejaría el trazo hasta acabar.
   
Despierto en una ciudad vacía
Con nubes grises y vacías
Mi corazón está vacío
Y de mi boca caen hilos de sangre.


    Leyó un par de veces el poema hasta que vio que llegaba el ómnibus en el que venía su amada. Plegó la servilleta dejando el dinero del café adentro. Apuró el paso sin dejar de tocar su bolsillo derecho.
    Al verla descender él se siente el hombre más feliz del mundo. Ella desciende, está seria. Él intenta besarla y ella le ofrece la mejilla. Algo anda mal, piensa. Ella se dirige a la baulera a buscar su equipaje. Él intenta tomarla de la mano pero ella no lo deja. Ella toma su valija, extiende la manija y empieza a recorrer los andenes con intención de llagar a la salida y tomar un taxi. Él se siente desorientado. Le pregunta a ella qué le pasa. Ella le informa todo con decisión. Le dice que lo de ellos ya no va más y, agrega, que se está viendo con otro. Él aprieta con fuerza la cajita. Ella le dice que no la llame más ni la busque. Sangre fría corre por sus venas y por las de él llamas ardientes. Tiene un nudo en la garganta; no sabe qué hacer o qué responder. Ella levanta la mano y un taxi acude a trasportarla. El chofer del taxi se baja para ayudarla a acomodar la valija en el baúl. Él observa toda la operación. Está desecho: no deja de apretar la cajita con la alianza. El chofer asciende al vehículo. Ella también y ni siquiera se despide o le dirige una mirada. Mientras el taxi se aleja vuelve a nublarse y esta vez, pareciera, con la intención de descargar toda su furia.
    Pensó en volver por los puestos de verdura y diarios. Creyó conveniente tomar por la avenida, ir a las fondas del puerto, emborracharse y regalarle la alianza a alguna de las prostitutas que transitan por el puerto. "Despierto en una ciudad vacía", recordó el primer verso del poema. La ciudad está vacía sin ella. Nada tiene sentido ya. "Con nubes grises y vacías ", como si el poema se hubiera adelantado, como si él mismo hubiera escrito su futuro. El cielo está gris, seguramente vacío también, a pesar de que pueda arrojar lluvia o ranas. Pensó en las ranas y por los menos sonrió. "Mi corazón está vacío ", se convenció de que el poema había sido profético. Su corazón estaba vacío como la ciudad y las nubes.
   Antes de llegar al puerto el cielo comenzó a descargar. No se preocupó por buscar refugio o caminar más rápido. Cuando estaba cruzando la avenida que daba al puerto algo lo golpeó en la cabeza. Miró en el piso y vio que era una rana. Miró al cielo de inmediato para encontrarse con la sorpresa que del cielo estaban lloviendo ranas. Ahora si apuró el paso. Las ranas seguían cayendo y algunas lo hacían con fuerza. Pocos metros le quedaban para llegar a la primera fonda. Recordó el último verso del poema: "Y de mi boca caen hilos de sangre". Tomó una de las ranas caídas de las nubes grises y vacías; vio como se movían sus extremidades y la mirada fría del batracio, y sin dudarlo le arrancó la cabeza con sus dientes. Entró a la fonda, dejó la cajita con la alianza sobre una mesa, acomodó su abrigo en la silla ante la mirada atónita de la gente que se encontraba en la fonda, que lo miraban asombrados como caían hilos de sangre de su boca.



martes, 9 de abril de 2019


El estruendo se hace sentir

Todo el mundo corre:

Alguien llama al 911.


Alrededor se agolpa la gente.



Él yace en el suelo

Con el celular en su mano.


No fue un accidente,

El estruendo fue desde su corazón.


Hay mensajes de WhatsApp

Que impactan más fuerte

Que un vehículo.






El estruendo se hace sentir
Todo el mundo corre:
Alguien llama al 911.
Alrededor se agolpa la gente.
Él yace en el suelo
Con el celular en su mano.
No fue un accidente,
El estruendo fue desde su corazón.
Hay mensajes de WhatsApp
Que impactan más fuerte
Que un vehículo.



Lo nuestro duró

Lo que duran dos peces de hielo

En un güisqui on the rocks;

Diría Sabina.



Yo diría que:

Lo nuestro duró

Lo que dura un volante

De una casa financiera

Entregado en mano

Y luego leído

Y luego doblado

Y luego arrojado a un tacho de basura.


Mientras espero 

Pienso.

Mientras pienso

Siento.

Mientras siento 
Respiro.
Mientras respiro
Escribo.
Mientras escribo
Espero.
Mientras espero 
Pienso.
Mientras pienso
Siento.
Mientras siento 
Respiro.
Mientras respiro
Escribo.
Mientras escribo
Espero.
Lo nuestro duró
Lo que duran dos peces de hielo
En un güisqui on the rocks;
Diría Sabina.
Yo diría que:
Lo nuestro duró
Lo que dura un volante
De una casa financiera
Entregado en mano
Y luego leído
Y luego doblado
Y luego arrojado a un tacho de basura.

lunes, 8 de abril de 2019

Me gustan los cafés

Que lavan plata del narcotráfico:



Allí nunca hay gente

La carta siempre está disponible

Nunca hay que esperar

El café siempre es fresco

Hay pasteles de muchas variedades

Y se escucha Lana del Rey.



Me gustan los cafés

Que lavan plata del narcotráfico:



Quizás porque sea

Un misátropo

O un poeta mediocre

Que se refugia en estos cafés

Buscando inspiración

Y siempre fracasa.



Me gustan los cafés

Que lavan plata del narcotráfico:



Todo es de diseño allí

Todo es vintage

Los empleados ganan muy bien

Y los impuestos están al día.



Me gustan los cafés

Que lavan plata del narcotráfico:



Ni siquiera hay moscas

O cucarachas,

Y hay un empleado

Que todo el tiempo

Repasa el piso, las vajillas

Las mesas, los vidrios

El matafuegos, cada una

De las cucharas. En el baño

Nunca hay una gota de orín.



Me gustan los cafés

Que lavan plata del narcotráfico:



Y eso que yo no apoyo

Al narcotráfico

Ni siquiera le agradezco.



Pero en este caso

Haré una excepción:



Le agradezco al narcotráfico

Por este café

Por esta soledad

Por tener a los empleados en blanco

Pagar impuestos al Estado

Y tener muebles de diseño.



Nada más.








Me gustan los cafés
Que lavan plata del narcotráfico:

Allí nunca hay gente
La carta siempre está disponible
Nunca hay que esperar
El café siempre es fresco
Hay pasteles de muchas variedades
Y se escucha Lana del Rey.

Me gustan los cafés
Que lavan plata del narcotráfico:

Quizás porque sea
Un misátropo
O un poeta mediocre
Que se refugia en estos cafés
Buscando inspiración
Y siempre fracasa.

Me gustan los cafés
Que lavan plata del narcotráfico:

Todo es de diseño allí
Todo es vintage
Los empleados ganan muy bien
Y los impuestos están al día.

Me gustan los cafés
Que lavan plata del narcotráfico:

Ni siquiera hay moscas
O cucarachas,
Y hay un empleado
Que todo el tiempo
Repasa el piso, las vajillas
Las mesas, los vidrios
El matafuegos, cada una
De las cucharas. En el baño
Nunca hay una gota de orín.

Me gustan los cafés
Que lavan plata del narcotráfico:

Y eso que yo no apoyo
Al narcotráfico
Ni siquiera le agradezco.

Pero en este caso
Haré una excepción:

Le agradezco al narcotráfico
Por este café
Por esta soledad
Por tener a los empleados en blanco
Pagar impuestos al Estado
Y tener muebles de diseño.

Nada más.



Y es que es tan difícil para mí

Corresponder estos sentimientos

A estas palabras;

Saber qué es, y como es

Y cómo disfrutarlo

Y vivir el amor,

Más cuando me he pasado la vida

Construyendo paredes

Y paredes para aislarme

Del mundo y de las personas:

Creía que no las necesitaba.



Una chica me sonrió

Y lo tomé como una invitación

A no sé qué...

Y pasé muchas noches sin dormir

Comer, llorando

Por no saber conocer a la gente.



Me echaron de un empleo

Y siento que no sirvo para nada.



Confié en la política

Y mi inexperiencia

Me dice que el mundo

No tiene arreglo.



Leí un libro de poesía

Y la creo la cosa más aburrida

Del mundo.



El lenguaje no es lo mio

Todavía me falta experiencia:

Lo mio es el silencio.












Y es que es tan difícil para mí
Corresponder estos sentimientos
A estas palabras;
Saber qué es, y como es
Y cómo disfrutarlo
Y vivir el amor,
Más cuando me he pasado la vida
Construyendo paredes
Y paredes para aislarme
Del mundo y de las personas:
Creía que no las necesitaba.

Una chica me sonrió
Y lo tomé como una invitación
A no sé qué...
Y pasé muchas noches sin dormir
Comer, llorando
Por no saber conocer a la gente.

Me echaron de un empleo
Y siento que no sirvo para nada.

Confié en la política
Y mi inexperiencia
Me dice que el mundo
No tiene arreglo.

Leí un libro de poesía
Y la creo la cosa más aburrida
Del mundo.

El lenguaje no es lo mio
Todavía me falta experiencia:
Lo mio es el silencio.





"Yo los pierdo por un camino de tierra

La lancha no me alcanza, está hecha mierda

Algo se baja y me empieza a correr

Pero no van agarrarme porque sé que hacer"

Una vela, Intoxicados





    De Boedo hasta el Bajo Flores hicimos casi todos los semáforos. Como teníamos un solo devil stick nos turnamos un semáforo cada uno con el Duende. En algunos no pasó nada. En 3 semáforos de la avenida Castañares hicimos para un par de piedras. El Duende dice que ya fue, que pegemos una birra y vayamos directamente a la villa. No se habló más, guardamos la herramienta en la mochila y encaramos duro y parejo por la Castañares con dos birras adentro de una botella de plástico.

   A la mitad de la botella llegamos a Curapaligüe. Cuando la botella se acabó ya estábamos en la Cobos. Enfilamos para el Barrio Rivadavia. Los puesteros de la feria de la Avenida Bonorino estaban volviendo. Había poco fisura en el barrio. Solo nos cruzamos a uno que venía recontra desesperado y le dimos un peso para que se compre un paco. El fisura salió corriendo a la linea a pegar. Nosotros seguimos para adentro bien de la Cobos, a la cancha de los paraguayos. Ahí teníamos una buena linea de faso piola. Pero primero había que atravesar la maraña de pasillos angostos y laberínticos de la villa. Hasta que finalmente llegamos.

   En la cancha había tres peruanos. Uno se adelantó:"Ven causa, ven. Qué andas buscando causa. Habla causa", decía el peruano con entusiasmo. El Duende le pidió dos piedras de faso. El Peruano le hizo señas al otro peruano que sacó las dos piedras de una bolsa de consorcio. Tenían 3. Una para cada droga: cocaína, pasta base y faso. Yo le pagué al peruano y nos pusimos a armar un  faso con la mitad de una de la piedras. Terminado el trámite, lo siguiente fue arrancarlo. Hicimos el camino de vuelta por los pasillos angostos de la Cobos. Nos había quedado unos billetes para tomar una birra en una de las parillas de la Bonorino. Antes de llegar a la parrilla el tronchón había muerto. El tronchón había muerto pero la locura nos devolvió a la vida. Ganamos una mesa en una de las parrillas de Peruanos. Desde adentro se sentía la música peruana y el sabor a pollo frito. Nos atendió un peruano que estaba bastante duro. Mandibuleaba a más no poder. Cuando trajo la birra y contamos la plata vimos que nos sobraba para un par de empanadas. Creo que nunca había comido una empanada tan picante. Lo cual hizo que la cerveza se disfrutara mucho más.

    Mientras yo me había quedado colgado en algún flash; el Duende se armó otro faso con una servilleta. No hay vida más bacan que esto. Sentados en la villa, fumando, escabiando y comiendo las empanadas más picantes del condado. Y así el tiempo pasaba, se iba entre el humo dulce y prensado paraguayo. Y nosotros también nos teníamos que ir. Había que seguir caminando, haciendo semáforos, plata, villa y villa.

   Decidimos encarar por el lado de la avenida Eva Perón. El Duende quería volver por la Castañares pero lo convencí. "Vamos por la Perón que la gorra no anda por esos lados", le dije al Duende mientras ya se estaba quemando lo último del porro."¡La concha de Perón!", dijo el Duende al ver a los dos efectivos de la Brigada que venían de frente con todo esa pinta de brigada que no pueden disimular aunque quieran. Ya nos habían visto que veíamos fumando. Ya sabían que podríamos tener más droga. Ya sabían que nos íbamos a comer los mocos. No hice ningún esfuerzo por esconder lo que quedaba del porro. El Duende al verlos descartó la piedra que teníamos cerca de un tarro de basura. Los giles nos pusieron todo mal contra la pared. Palparon buscando fierros, facas y falopa. "No tienen nada che. Mirá que nos le creo"; decía uno de los bigotes. Le dijimos que no teníamos nada, solo lo que veníamos fumando. "Tómenselas", dijo el gil y nos largó. Mientras subíamos por la Bonorino hacia la Perón, el Duende me dijo que volviéramos a buscar la piedra. Entonces llegamos a la esquina y rodeamos toda la manzana hasta volver a pasar por la parrilla. El Duende había descartado al lado de tarro de basura. Y cuando estábamos cerca de la piedra, aparecieron otra vez los mismos brigadas que salían de un pasillo. "¿Qué onda con ustedes", decía el milico. "No le dije que se fueran". Estábamos cerca del tarro de basura. "Volvimos a buscar el faso que descartamos", le dijo al Duende al Cobani. "¿Y dónde descartaron?", decía el gil mirando al piso. El compañero también se puso a buscar. "Allá", le dijo el Duende señalando hacia adentro del pasillo. Mientras los giles buscaban, el Duende se adelantó un paso y pisó la piedra que estaba al lado del tarro de basura. "¿Estás seguro que acá descartaste", decía el imbécil. "Si, si", le decía el Duende. El Duende me miró, se agachó, tomó la piedra y salimos corriendo hasta la esquina. Doblamos y nos metimos en el primer pasillo. El Duende se conocía de memoria la red de laberintos de la villa. Así que en un toque estábamos otra vez en el Barrio Rivadavia. Los milicos quedaron pagando. No sé si nos corrieron. Lo importante era rescatar la piedra. Y la rescatamos.

   Luego del salir del Bario Rivadavia pintó tomar una birra. Volví a desenfundar la herramienta para hacer plata. En un semáforo, de una auto, nos regalaron un paquete con una docena de empanadas. Juntamos las monedas, compramos unas birras y fuimos a una plaza. Antes de comer arrancamos la piedra rescatada. Fumanos la mitad y encaramos las empanadas. Eran ricas, pero no tan ricas ni tan picantes como las de la villa.

 







 
"Yo los pierdo por un camino de tierra
La lancha no me alcanza, está hecha mierda
Algo se baja y me empieza a correr
Pero no van agarrarme porque sé que hacer"
Una vela, Intoxicados


    De Boedo hasta el Bajo Flores hicimos casi todos los semáforos. Como teníamos un solo devil stick nos turnamos un semáforo cada uno con el Duende. En algunos no pasó nada. En 3 semáforos de la avenida Castañares hicimos para un par de piedras. El Duende dice que ya fue, que pegemos una birra y vayamos directamente a la villa. No se habló más, guardamos la herramienta en la mochila y encaramos duro y parejo por la Castañares con dos birras adentro de una botella de plástico.
   A la mitad de la botella llegamos a Curapaligüe. Cuando la botella se acabó ya estábamos en la Cobos. Enfilamos para el Barrio Rivadavia. Los puesteros de la feria de la Avenida Bonorino estaban volviendo. Había poco fisura en el barrio. Solo nos cruzamos a uno que venía recontra desesperado y le dimos un peso para que se compre un paco. El fisura salió corriendo a la linea a pegar. Nosotros seguimos para adentro bien de la Cobos, a la cancha de los paraguayos. Ahí teníamos una buena linea de faso piola. Pero primero había que atravesar la maraña de pasillos angostos y laberínticos de la villa. Hasta que finalmente llegamos.
   En la cancha había tres peruanos. Uno se adelantó:"Ven causa, ven. Qué andas buscando causa. Habla causa", decía el peruano con entusiasmo. El Duende le pidió dos piedras de faso. El Peruano le hizo señas al otro peruano que sacó las dos piedras de una bolsa de consorcio. Tenían 3. Una para cada droga: cocaína, pasta base y faso. Yo le pagué al peruano y nos pusimos a armar un  faso con la mitad de una de la piedras. Terminado el trámite, lo siguiente fue arrancarlo. Hicimos el camino de vuelta por los pasillos angostos de la Cobos. Nos había quedado unos billetes para tomar una birra en una de las parillas de la Bonorino. Antes de llegar a la parrilla el tronchón había muerto. El tronchón había muerto pero la locura nos devolvió a la vida. Ganamos una mesa en una de las parrillas de Peruanos. Desde adentro se sentía la música peruana y el sabor a pollo frito. Nos atendió un peruano que estaba bastante duro. Mandibuleaba a más no poder. Cuando trajo la birra y contamos la plata vimos que nos sobraba para un par de empanadas. Creo que nunca había comido una empanada tan picante. Lo cual hizo que la cerveza se disfrutara mucho más.
    Mientras yo me había quedado colgado en algún flash; el Duende se armó otro faso con una servilleta. No hay vida más bacan que esto. Sentados en la villa, fumando, escabiando y comiendo las empanadas más picantes del condado. Y así el tiempo pasaba, se iba entre el humo dulce y prensado paraguayo. Y nosotros también nos teníamos que ir. Había que seguir caminando, haciendo semáforos, plata, villa y villa.
   Decidimos encarar por el lado de la avenida Eva Perón. El Duende quería volver por la Castañares pero lo convencí. "Vamos por la Perón que la gorra no anda por esos lados", le dije al Duende mientras ya se estaba quemando lo último del porro."¡La concha de Perón!", dijo el Duende al ver a los dos efectivos de la Brigada que venían de frente con todo esa pinta de brigada que no pueden disimular aunque quieran. Ya nos habían visto que veíamos fumando. Ya sabían que podríamos tener más droga. Ya sabían que nos íbamos a comer los mocos. No hice ningún esfuerzo por esconder lo que quedaba del porro. El Duende al verlos descartó la piedra que teníamos cerca de un tarro de basura. Los giles nos pusieron todo mal contra la pared. Palparon buscando fierros, facas y falopa. "No tienen nada che. Mirá que nos le creo"; decía uno de los bigotes. Le dijimos que no teníamos nada, solo lo que veníamos fumando. "Tómenselas", dijo el gil y nos largó. Mientras subíamos por la Bonorino hacia la Perón, el Duende me dijo que volviéramos a buscar la piedra. Entonces llegamos a la esquina y rodeamos toda la manzana hasta volver a pasar por la parrilla. El Duende había descartado al lado de tarro de basura. Y cuando estábamos cerca de la piedra, aparecieron otra vez los mismos brigadas que salían de un pasillo. "¿Qué onda con ustedes", decía el milico. "No le dije que se fueran". Estábamos cerca del tarro de basura. "Volvimos a buscar el faso que descartamos", le dijo al Duende al Cobani. "¿Y dónde descartaron?", decía el gil mirando al piso. El compañero también se puso a buscar. "Allá", le dijo el Duende señalando hacia adentro del pasillo. Mientras los giles buscaban, el Duende se adelantó un paso y pisó la piedra que estaba al lado del tarro de basura. "¿Estás seguro que acá descartaste", decía el imbécil. "Si, si", le decía el Duende. El Duende me miró, se agachó, tomó la piedra y salimos corriendo hasta la esquina. Doblamos y nos metimos en el primer pasillo. El Duende se conocía de memoria la red de laberintos de la villa. Así que en un toque estábamos otra vez en el Barrio Rivadavia. Los milicos quedaron pagando. No sé si nos corrieron. Lo importante era rescatar la piedra. Y la rescatamos.
   Luego del salir del Bario Rivadavia pintó tomar una birra. Volví a desenfundar la herramienta para hacer plata. En un semáforo, de una auto, nos regalaron un paquete con una docena de empanadas. Juntamos las monedas, compramos unas birras y fuimos a una plaza. Antes de comer arrancamos la piedra rescatada. Fumanos la mitad y encaramos las empanadas. Eran ricas, pero no tan ricas ni tan picantes como las de la villa.
 


 

sábado, 23 de marzo de 2019

La noche respira

Sobre el traqueteo

De los trenes.



El tren que me llevo

A un laberinto de murciélagos

Es el mismo

Que me trajo a casa.



La respiración de la noche

Guarda la memoria

De las miles de noches

En las que me(moría)

Al abrigo de los brazos

Ardientes de la intemperie.



Ya no guardo secretos

Puedo ver en el  manto nocturno

Y no sentir miedo

Tampoco en el manto obscuro

De mi habitación

Ni en el manto obscuro

E insondable

De mi inconsciencia.



La noche respira

Los trenes traquetean:

Hubo un tiempo en que me divertía

Jugar entre vagones ferrosos, oxidados

Abandonados.

Hubo otro tiempo en que volvía

De la escuela por las vías.

Hubo otro tiempo en que desgarraba

Mi sistema nervioso

Con pasta base de cocaína

En las vías de Avellaneda.

Hubo otro tiempo en que dejé

Todas esas vías

Y me dediqué a contar sus historias:

Una noche que respira

Un tren que traquetea

Un Reybufón que ha podido

Reconstruir su sistema nervioso.



"Ahí escucho el tren",

Finalmente estoy despierto

Respirando sobre el garrapateo

De la lapicera sobre la hoja.










La noche respira
Sobre el traqueteo
De los trenes.

El tren que me llevo
A un laberinto de murciélagos
Es el mismo
Que me trajo a casa.

La respiración de la noche
Guarda la memoria
De las miles de noches
En las que me(moría)
Al abrigo de los brazos
Ardientes de la intemperie.

Ya no guardo secretos
Puedo ver en el  manto nocturno
Y no sentir miedo
Tampoco en el manto obscuro
De mi habitación
Ni en el manto obscuro
E insondable
De mi inconsciencia.

La noche respira
Los trenes traquetean:
Hubo un tiempo en que me divertía
Jugar entre vagones ferrosos, oxidados
Abandonados.
Hubo otro tiempo en que volvía
De la escuela por las vías.
Hubo otro tiempo en que desgarraba
Mi sistema nervioso
Con pasta base de cocaína
En las vías de Avellaneda.
Hubo otro tiempo en que dejé
Todas esas vías
Y me dediqué a contar sus historias:
Una noche que respira
Un tren que traquetea
Un Reybufón que ha podido
Reconstruir su sistema nervioso.

"Ahí escucho el tren",
Finalmente estoy despierto
Respirando sobre el garrapateo
De la lapicera sobre la hoja.




domingo, 17 de marzo de 2019

La última estrella

La última luz lunar

La última vez que desgarré

Mis pulmones

La última vez que deseé

Llegar hasta aquí

Para escribir este poema.



La primera vez que desperté

De ese primer sueño

Allá por 1981:

¿Cuánto tiempo pasó?

¿Cuántos sueños tuve?



El tiempo se escapa

De mis manos

Como arena intranquila.

La poesía es el intento

Por retenerla.



La poesía es mi intento de andar

En bicicleta sin rueditas

Y caer en cada intento;

También ese humo desgarrador

Del espíritu.



Mientras tanto sigo tratando

De recordar mi primer sueño

En en este mundo;

La primera vez

Que vi la última estrella

La primera vez

Que vi la última luz lunar.














La última estrella
La última luz lunar
La última vez que desgarré
Mis pulmones
La última vez que deseé
Llegar hasta aquí
Para escribir este poema.

La primera vez que desperté
De ese primer sueño
Allá por 1981:
¿Cuánto tiempo pasó?
¿Cuántos sueños tuve?

El tiempo se escapa
De mis manos
Como arena intranquila.
La poesía es el intento
Por retenerla.

La poesía es mi intento de andar
En bicicleta sin rueditas
Y caer en cada intento;
También ese humo desgarrador
Del espíritu.

Mientras tanto sigo tratando
De recordar mi primer sueño
En en este mundo;
La primera vez
Que vi la última estrella
La primera vez
Que vi la última luz lunar.





lunes, 11 de marzo de 2019

A.T.R ( o La uberización del lenguaje)

    La ola que empezó a levantarme en el 93, y que la cresta alcanzó su punto máximo entre el 99 y el 2005; ya en el 2009 estaba dejándome derrotado en la orilla de un mar de frustraciones. Pero antes debía pasar por la Unidad 44, alcaidía de Batán, para terminar mi tesis filosófica-poética. Era febrero del 2009. Habíamos salido de Buenos Aires en tren con el Yona y Chaqueño con una buena cantidad de porro. La idea era pasar unos días de joda en La feliz. El viaje no tuvo complicaciones. Al llegar a Mar del Plata nos dispusimos a caminar por La Luro rumbo a La Bristol. Mientras nos armábamos un faso para la caminata un pinta nos pidió una seca. El pinta recibió  una seca y ya nunca más se despegaría de nosotros. Pasamos todo el día fumando y escabiando. Pero para el Yona y el Chaqueño si no robaban nada no había diversión. Hubo un par de intentos de escruches en un par de casas, romper una par de vidrios de autos para sacar valores y nada más. Llegó la noche y había que buscar refugio. Encontramos una casa a medio construir por la Martínez de Hoz, cruzando la rotando del puerto. Pasó la noche.

   En la mañana dejamos la casa y nos fuimos para la costa a fumar los mañaneros reglamentarios. Seguramente habremos comido algo y (eso no hace falta tratar de recordarlo) empinamos unas cuantas cervezas. El Chaqueño y el Yona seguían con la manija del afano. No se iban a detener. En una de las playas cerca del Torreón del Monje, entre las piedras, se hizo la luz (u obscuridad). "¡Quieren bardear de enserio!, les digo al resto levantando una tableta de clonazepam que estaba tirada. Una pastilla terminó adentro de la botella y una dosis para cada uno fue lo siguiente. Clonazepam genérica, de 2 miligramos, mezclado con decenas de litros de cerveza y la yerba poderosísima del Bajo Flores le saca la careta a cualquier coragil. Entre el Yona, el Chaqueño y el otro pinta que también quería sacar chapa, no sé cuantos autos reventaron. Empezó a aparecer la plata, más cervezas, mas pastillas en las cervezas, más porros, gente, locura, perdida de la proporción del tiempo y el espacio, quilombos, corridas, creo que peleamos con alguien y, finalmente, el grupo se disolvió. Yo me quedé con el chanta que se nos había pegado en la terminal. Se llamaba Jhonatan y le decíamos Yoni para diferenciarlo del del Yona. Cayó la noche en La feliz. Yo estaba con una bici que no puedo acertar de donde salió. Mi nuevo compañero todavía tenía ganas de seguir bardeando. Fuimos a ver un espectáculo callejero para rastrear algo. Un par de intentos fallidos de abrir mochilas hasta que pinto arrebatar un celular. El Yoni marcó al punto, yo me adelante con la bici, él arrebató, corrió, lo levanté en la bici y salimos disparados por la Peralta Ramos.

   Recuerdo ir bajando por esas avenidas con pendientes, a veces pronunciadas, a veces, vertiginosas, como Jhon Travolta en Pulp Fiction después de darse el pico de heroína. El instinto nos hizo volver al refugio de la noche anterior. Había que descansar para vender los sustraído al otro día y seguir acrecentando el botín. Recuerdo que al llegar a la obra en construcción me desmayé en el acto. Y en el acto desperté con alguien que nos tiraba a matar con ladrillos."¡Chorros, hijos de puta!", los adjetivos calificativos de siempre. Esta persona nos acusaba de algo que, supuestamente, habíamos hecho dormidos. Siguieron los gritos las amenazas, nosotros con carpa empezamos a agarrar nuestras mochilas y ver la manera de tomarnos el palo. El que grita se queda con la bici, yo quería salir volando de ahí. Cuando ganamos la salida empezamos a correr lo más que pudimos hasta que nos cercó una patrullero. Fin de las vacaciones salvajes. Borcegos sobre la cara, escopeta en la espalda dispuesta a tirar al menor movimiento y otra causa penal para el prontuario. La cosa fue así (nos enteramos en la taquería): el que nos tiraba con los ladrillos vivía al lado de la obra en construcción. Alguien (que no fuimos nosotros) le barreteó el portón del garage, armó un bagallo de herramientas,las descarta en el patio de la obra en construcción para rescatarlas al otro día. Esa es la única explicación racional-delincuente que se me ocurre. El tipo se levanta, ve el portón violado, va a la obra y nos encuentra fisurando a nosotros. Para el tipo robado no hay muchas explicaciones. Y esto también es la historia de mi vida: estar en el lugar equivocado, el momento equivocado y con la gente equivocada.

   Los detalles del proceso, la acusación del damnificado, como evité 6 mese de cumplimiento efectivo no los detallaré acá. Todo eso es parte del ensayo ¿Qué es la justicia? Un día antes del  comparendo, recuerdo que era un jueves, y ya estaba todo el pabellón engomado. Serían las 7 de la tarde cuando el servicio penitenciario abrió la celda y arrojó a un chanta con nosotros. Al chabón le dolía  todo, le habían dado duro en la taquería. Lo acusan de un calificado con arma de fuego. Él dice que descartó el fierro y que la causa se cae sola porque no se lo encontraron. Cuenta que son tres los de su banda, que andan en una auto y ( acá es donde aparece la magia) es cuando dice los suyo: "A todo ritmo andamos", agitando la mano derecha (recuérdese, es febrero del 2009). Tal cual como dijo, el boga lo sacó a la hora.

    Hasta acá la anécdota.





    Hace un par de días vi a una chica de la aristocracia bahiense, que trabaja en el senado de la nación, festejar su cumpleaños por las redes. Se ve que los contactos de su familia le permitieron acceder a un cargo público con poco más de 20 años. Lo que me mueve no es el resentimiento social. Lo que necesito para justificar el ensayo es un globo que ella sostenía que formaban las siglas A.T.R (a todo ritmo). La expresión la empecé a escuchar como un débil rumor hace un par de años y recién el año que pasó (2018) se puede decir que se instaló.

   Hoy todo es A.T.R: tomar sol en la pileta, tomar una limonada en un country de Bosque alto, hacer trámites en un día de calor o de frío, sacar a pasear al perro, estar encerrado en una maratón de series todo el fin de semana, el carnaval carioca, el trencito, tomar mate con tostadas, estar depresivo o con un ataque de pánico, mil selfies por segundo , mil tweets por segundo, mi historias en Instagram, preparar un final o un pepper, o el balance de la empresa, corderos al asador, sopas de almejas, pollos al disco, correr, andar en bici, estar sentado sin hacer nada y un millón de cosas sirven para decir que se está A.T.R.

  ¿Qué es ser A.T.R?: es salir de caño todos los días, rastrear bolsos, billeteras; arrastrar jubiladas a la salida del banco, organizar escruches y salideras; partirles las zapatillas a los giles que entran a la villa a comprar droga, a esos mismos giles darles jabón en polvo, veneno para ratas, vidrio molido, harina barata o talco en vez de la droga, volarles la pata de tiro si se retoban o solo por el placer de verles volar la pata, mandarse de entradera a donde pinte (para el aterreista el enemigo sos vos, no el Estado o el gobierno de turno. Recuérdese que los avala la doctrina de Proudom:"El único delito es la propiedad privada". Vos sos el delincuente) y si los ocupantes de la casa se retoban también darles un tiro. Ser aterresita verdadero implica estar reloco todo el día: tomar merca, fumar faso, pasta base, tomarse toda la gama de pastillas psiquiatricas, jalar pegamento nafta o cualquier sustancia volátil como el aguarras, pinturas, esmalte de uñas,  y cualquier cosa que logré marear el cerebro; cojerse putos, putas, travas, bisexuales, tri, c.i.s y todas las combinaciones posibles de todas estas formas de aterresimo.

 



    La empresa que hoy lleva adelante la clase media-burguesa y la baja-aristocracia con su lenguaje inclusivo estaría destinada al fracaso. Un docente que promueve el uso del lenguaje inclusivo en que se puede apoyar para corregir las faltas de ortografía de sus alumnos. ¿Es un lenguaje el lenguaje inclusivo o solo un aliviador de conciencia más del capitalismo? ¿Incluye el lenguaje inclusivo? Es paradójico que los que hablan de inclusión son los que más excluyen a los que no adhieren a este ¿lenguaje? Creo que si retomamos en uso del latín incluimos a la mitad del planeta. El problema es que hay que aprender el idioma y eso es algo que este sujeto C.C.C (contemporáneo-capitalista-cristiano) no quiere hacer: hacer esfuerzos.

   Me interesa la opinión de Borges en este asunto. En la Historia del guerrero y la cautiva está la confirmación de mi sospecha. Esos bárbaros que atravesaron selvas y ciénagas para llegar a Italia, esos bárbaros que no sabían que combatían a los romanos, esos bárbaros que profesaban el arrianismo, esos bárbaros de los dioses de la guerra y del trueno, con sus torpes figuras de madera, envueltas en ropa tejida y recargadas de monedas y ajorcas; esos bárbaros que venían de las selvas inextricables del jabaí y del uro; esos bárbaros blancos, animosos, inocentes, crueles, leales a su capitán y a su tribu, no al universo; esos bárbaros que llegaron a Ravena y vieron algo que jamás habían visto. Ven el día y los cipreses y el mármol. Ven un conjunto múltiple y sin desorden, ven una ciudad, un organismo hecho de estatuas, de templos, de jardines, de habitaciones, de gradas, de jarrones de capiteles, de espacios regulares y abiertos. Esos bárbaros que son tocados por una maquinaria compleja y que adivinaron una inteligencia inmortal; y que les bastó ver solo un arco con una incomprensible inscripción en eternas letras romanas; y que bruscamente quedaron ciegos y renovados con esa revelación. Esos bárbaros conversos que se iluminaron, que no fueron traidores, como Drotulft, que se hicieron italianos, lombardos; esos bárbaros Aldiger que con el paso de las generaciones le dieron el linaje a Dante Alighieri y este a la Divina Comedia: esos bárbaros son los que me interesan.





     La subversión de la gramática y la cultura no parece producirse desde Roma a los margenes, o desde las clases aristocráticas a las populares. El Imperio Romano avanza y absorbe a las tribus  bárbaras. Absorbe su cultura, sus costumbres, sus lenguajes y lo normaliza en su beneficio. Lo mismo está ocurriendo con la expresión A.T.R. Una expresión gestada en los margenes de la sociedad que simboliza esas expresiones que tanto se combaten con fuerzas de seguridad, prejuicios, dispositivos de seguridad y medicaciones psiquiátricas. Una expresión autónoma que se fue ganando lugar en la sociedad sin que nadie lo promueva. Una expresión que dice más sobre los movimientos autárquicos de la lengua y la cultura. Una expresión autónoma que hoy los está incluyendo a casi todos.

     La uberización del lenguaje y lenguaje inclusivo son hermanos siameses. El concepto de uberización encaja perfectamente en el argumento. Sujetos  que reciben en su domicilio sin moverse, todas su necesidades egocéntricas que el mercado les vende a la fuerza. Cambiarle una letra a las palabras y querer incluir a los dos géneros o toda la gama de géneros-mercancia que hoy están disponibles es uberizar el lenguaje por que no propone cambios éticos en el emisor y/o receptor (no olvidar que ética y estética no se deben escindir).

   La uberización ha llegado al lenguaje. En 2029 volveré a este ensayo para ver si el lenguaje inclusivo  ha llegado a las villas, a los penales, a los margenes, a la barbarie. Mientras tanto sigo el desfile de la barbarie.












A.T.R ( o La uberización del lenguaje)

    La ola que empezó a levantarme en el 93, y que la cresta alcanzó su punto máximo entre el 99 y el 2005; ya en el 2009 estaba dejándome derrotado en la orilla de un mar de frustraciones. Pero antes debía pasar por la Unidad 44, alcaidía de Batán, para terminar mi tesis filosófica-poética. Era febrero del 2009. Habíamos salido de Buenos Aires en tren con el Yona y Chaqueño con una buena cantidad de porro. La idea era pasar unos días de joda en La feliz. El viaje no tuvo complicaciones. Al llegar a Mar del Plata nos dispusimos a caminar por La Luro rumbo a La Bristol. Mientras nos armábamos un faso para la caminata un pinta nos pidió una seca. El pinta recibió  una seca y ya nunca más se despegaría de nosotros. Pasamos todo el día fumando y escabiando. Pero para el Yona y el Chaqueño si no robaban nada no había diversión. Hubo un par de intentos de escruches en un par de casas, romper una par de vidrios de autos para sacar valores y nada más. Llegó la noche y había que buscar refugio. Encontramos una casa a medio construir por la Martínez de Hoz, cruzando la rotando del puerto. Pasó la noche.
   En la mañana dejamos la casa y nos fuimos para la costa a fumar los mañaneros reglamentarios. Seguramente habremos comido algo y (eso no hace falta tratar de recordarlo) empinamos unas cuantas cervezas. El Chaqueño y el Yona seguían con la manija del afano. No se iban a detener. En una de las playas cerca del Torreón del Monje, entre las piedras, se hizo la luz (u obscuridad). "¡Quieren bardear de enserio!, les digo al resto levantando una tableta de clonazepam que estaba tirada. Una pastilla terminó adentro de la botella y una dosis para cada uno fue lo siguiente. Clonazepam genérica, de 2 miligramos, mezclado con decenas de litros de cerveza y la yerba poderosísima del Bajo Flores le saca la careta a cualquier coragil. Entre el Yona, el Chaqueño y el otro pinta que también quería sacar chapa, no sé cuantos autos reventaron. Empezó a aparecer la plata, más cervezas, mas pastillas en las cervezas, más porros, gente, locura, perdida de la proporción del tiempo y el espacio, quilombos, corridas, creo que peleamos con alguien y, finalmente, el grupo se disolvió. Yo me quedé con el chanta que se nos había pegado en la terminal. Se llamaba Jhonatan y le decíamos Yoni para diferenciarlo del del Yona. Cayó la noche en La feliz. Yo estaba con una bici que no puedo acertar de donde salió. Mi nuevo compañero todavía tenía ganas de seguir bardeando. Fuimos a ver un espectáculo callejero para rastrear algo. Un par de intentos fallidos de abrir mochilas hasta que pinto arrebatar un celular. El Yoni marcó al punto, yo me adelante con la bici, él arrebató, corrió, lo levanté en la bici y salimos disparados por la Peralta Ramos.
   Recuerdo ir bajando por esas avenidas con pendientes, a veces pronunciadas, a veces, vertiginosas, como Jhon Travolta en Pulp Fiction después de darse el pico de heroína. El instinto nos hizo volver al refugio de la noche anterior. Había que descansar para vender los sustraído al otro día y seguir acrecentando el botín. Recuerdo que al llegar a la obra en construcción me desmayé en el acto. Y en el acto desperté con alguien que nos tiraba a matar con ladrillos."¡Chorros, hijos de puta!", los adjetivos calificativos de siempre. Esta persona nos acusaba de algo que, supuestamente, habíamos hecho dormidos. Siguieron los gritos las amenazas, nosotros con carpa empezamos a agarrar nuestras mochilas y ver la manera de tomarnos el palo. El que grita se queda con la bici, yo quería salir volando de ahí. Cuando ganamos la salida empezamos a correr lo más que pudimos hasta que nos cercó una patrullero. Fin de las vacaciones salvajes. Borcegos sobre la cara, escopeta en la espalda dispuesta a tirar al menor movimiento y otra causa penal para el prontuario. La cosa fue así (nos enteramos en la taquería): el que nos tiraba con los ladrillos vivía al lado de la obra en construcción. Alguien (que no fuimos nosotros) le barreteó el portón del garage, armó un bagallo de herramientas,las descarta en el patio de la obra en construcción para rescatarlas al otro día. Esa es la única explicación racional-delincuente que se me ocurre. El tipo se levanta, ve el portón violado, va a la obra y nos encuentra fisurando a nosotros. Para el tipo robado no hay muchas explicaciones. Y esto también es la historia de mi vida: estar en el lugar equivocado, el momento equivocado y con la gente equivocada.
   Los detalles del proceso, la acusación del damnificado, como evité 6 mese de cumplimiento efectivo no los detallaré acá. Todo eso es parte del ensayo ¿Qué es la justicia? Un día antes del  comparendo, recuerdo que era un jueves, y ya estaba todo el pabellón engomado. Serían las 7 de la tarde cuando el servicio penitenciario abrió la celda y arrojó a un chanta con nosotros. Al chabón le dolía  todo, le habían dado duro en la taquería. Lo acusan de un calificado con arma de fuego. Él dice que descartó el fierro y que la causa se cae sola porque no se lo encontraron. Cuenta que son tres los de su banda, que andan en una auto y ( acá es donde aparece la magia) es cuando dice los suyo: "A todo ritmo andamos", agitando la mano derecha (recuérdese, es febrero del 2009). Tal cual como dijo, el boga lo sacó a la hora.
    Hasta acá la anécdota.


    Hace un par de días vi a una chica de la aristocracia bahiense, que trabaja en el senado de la nación, festejar su cumpleaños por las redes. Se ve que los contactos de su familia le permitieron acceder a un cargo público con poco más de 20 años. Lo que me mueve no es el resentimiento social. Lo que necesito para justificar el ensayo es un globo que ella sostenía que formaban las siglas A.T.R (a todo ritmo). La expresión la empecé a escuchar como un débil rumor hace un par de años y recién el año que pasó (2018) se puede decir que se instaló.
   Hoy todo es A.T.R: tomar sol en la pileta, tomar una limonada en un country de Bosque alto, hacer trámites en un día de calor o de frío, sacar a pasear al perro, estar encerrado en una maratón de series todo el fin de semana, el carnaval carioca, el trencito, tomar mate con tostadas, estar depresivo o con un ataque de pánico, mil selfies por segundo , mil tweets por segundo, mi historias en Instagram, preparar un final o un pepper, o el balance de la empresa, corderos al asador, sopas de almejas, pollos al disco, correr, andar en bici, estar sentado sin hacer nada y un millón de cosas sirven para decir que se está A.T.R.
  ¿Qué es ser A.T.R?: es salir de caño todos los días, rastrear bolsos, billeteras; arrastrar jubiladas a la salida del banco, organizar escruches y salideras; partirles las zapatillas a los giles que entran a la villa a comprar droga, a esos mismos giles darles jabón en polvo, veneno para ratas, vidrio molido, harina barata o talco en vez de la droga, volarles la pata de tiro si se retoban o solo por el placer de verles volar la pata, mandarse de entradera a donde pinte (para el aterreista el enemigo sos vos, no el Estado o el gobierno de turno. Recuérdese que los avala la doctrina de Proudom:"El único delito es la propiedad privada". Vos sos el delincuente) y si los ocupantes de la casa se retoban también darles un tiro. Ser aterresita verdadero implica estar reloco todo el día: tomar merca, fumar faso, pasta base, tomarse toda la gama de pastillas psiquiatricas, jalar pegamento nafta o cualquier sustancia volátil como el aguarras, pinturas, esmalte de uñas,  y cualquier cosa que logré marear el cerebro; cojerse putos, putas, travas, bisexuales, tri, c.i.s y todas las combinaciones posibles de todas estas formas de aterresimo.
 

    La empresa que hoy lleva adelante la clase media-burguesa y la baja-aristocracia con su lenguaje inclusivo estaría destinada al fracaso. Un docente que promueve el uso del lenguaje inclusivo en que se puede apoyar para corregir las faltas de ortografía de sus alumnos. ¿Es un lenguaje el lenguaje inclusivo o solo un aliviador de conciencia más del capitalismo? ¿Incluye el lenguaje inclusivo? Es paradójico que los que hablan de inclusión son los que más excluyen a los que no adhieren a este ¿lenguaje? Creo que si retomamos en uso del latín incluimos a la mitad del planeta. El problema es que hay que aprender el idioma y eso es algo que este sujeto C.C.C (contemporáneo-capitalista-cristiano) no quiere hacer: hacer esfuerzos.
   Me interesa la opinión de Borges en este asunto. En la Historia del guerrero y la cautiva está la confirmación de mi sospecha. Esos bárbaros que atravesaron selvas y ciénagas para llegar a Italia, esos bárbaros que no sabían que combatían a los romanos, esos bárbaros que profesaban el arrianismo, esos bárbaros de los dioses de la guerra y del trueno, con sus torpes figuras de madera, envueltas en ropa tejida y recargadas de monedas y ajorcas; esos bárbaros que venían de las selvas inextricables del jabaí y del uro; esos bárbaros blancos, animosos, inocentes, crueles, leales a su capitán y a su tribu, no al universo; esos bárbaros que llegaron a Ravena y vieron algo que jamás habían visto. Ven el día y los cipreses y el mármol. Ven un conjunto múltiple y sin desorden, ven una ciudad, un organismo hecho de estatuas, de templos, de jardines, de habitaciones, de gradas, de jarrones de capiteles, de espacios regulares y abiertos. Esos bárbaros que son tocados por una maquinaria compleja y que adivinaron una inteligencia inmortal; y que les bastó ver solo un arco con una incomprensible inscripción en eternas letras romanas; y que bruscamente quedaron ciegos y renovados con esa revelación. Esos bárbaros conversos que se iluminaron, que no fueron traidores, como Drotulft, que se hicieron italianos, lombardos; esos bárbaros Aldiger que con el paso de las generaciones le dieron el linaje a Dante Alighieri y este a la Divina Comedia: esos bárbaros son los que me interesan.


     La subversión de la gramática y la cultura no parece producirse desde Roma a los margenes, o desde las clases aristocráticas a las populares. El Imperio Romano avanza y absorbe a las tribus  bárbaras. Absorbe su cultura, sus costumbres, sus lenguajes y lo normaliza en su beneficio. Lo mismo está ocurriendo con la expresión A.T.R. Una expresión gestada en los margenes de la sociedad que simboliza esas expresiones que tanto se combaten con fuerzas de seguridad, prejuicios, dispositivos de seguridad y medicaciones psiquiátricas. Una expresión autónoma que se fue ganando lugar en la sociedad sin que nadie lo promueva. Una expresión que dice más sobre los movimientos autárquicos de la lengua y la cultura. Una expresión autónoma que hoy los está incluyendo a casi todos.
     La uberización del lenguaje y lenguaje inclusivo son hermanos siameses. El concepto de uberización encaja perfectamente en el argumento. Sujetos  que reciben en su domicilio sin moverse, todas su necesidades egocéntricas que el mercado les vende a la fuerza. Cambiarle una letra a las palabras y querer incluir a los dos géneros o toda la gama de géneros-mercancia que hoy están disponibles es uberizar el lenguaje por que no propone cambios éticos en el emisor y/o receptor (no olvidar que ética y estética no se deben escindir).
   La uberización ha llegado al lenguaje. En 2029 volveré a este ensayo para ver si el lenguaje inclusivo  ha llegado a las villas, a los penales, a los margenes, a la barbarie. Mientras tanto sigo el desfile de la barbarie.





Intento escribir un tratado

Sobre el olvido

Y cuando recopilo el material

Descubro que es imposible olvidar.



No logro olvidar

Darme vuelta en la cama

Junto a mamá

Caer al contrapiso gris agrietado

El golpe y el dolor

Gatear en la madrugada

Y mamá que siempre me devolvía

Al calor de las sábanas y su pecho.



Había una perro en la casa de mi abuela

Yunki se llamaba,

Una vez me mordió la nariz.



Tanto son los recuerdos

Que habito y que me habitan.



Viajes, rutas, ciudades

Amaneceres y ocasos:

Todo destinado al olvido

Todo resistido al olvido.



Todavía recuerdo mi primer amor

Ella, mi vecina, de 19 años

Y yo con solo 5. No logro olvidar

Esa sensación.



Mi memoria es vasta

Tanto o más que las profundidades

Del océano. He tratado de suprimir

Registros,

Bombardeándola con los venenos

Mas poderos del planeta.

La mayoría sigue intacta

El resto se recupera gradualmente.



En una las celdas de mi memoria

Se encuentra una noche

En los pasillos de Zavaleta.

Recuerdo las cuchillas ensangrentadas

Perforando la carne

Derramando la sangre. La mirada

Y el aliento del Diablo

En esos cuerpos ensañados

Con el otro cuerpo indefenso.

Recuerdo que también yo

Tuve la mirada y el aliento

Del diablo

Y le agradezco a mi memoria

Que me lo recuerde todos los días.



Hablé de mis primeros recuerdos

Desde el gatear

Mi primer amor

Los cambios de ciudades

La muerte y los funerales

El miedo, el vacío, la desesperación

La locura y la depravación

Volver a casa a servir a mis padres

Acompañar a mi madre

Hasta el último aliento

La plaza de mi barrio y la hamaca

Que me recuerda la inocencia de la niñez.



Intento

Intento escribir

Un tratado sobre el olvido

Pero no logro olvidar.

Quizás cuando olvide

Como se escribe la palabra olvido

Pueda empezar a escribir mi tratado.








Resuenan las campanas


1, 2, 3, 4 veces


Como una mantra.



"Aquel no es un país

Para viejos"

Pienso, mientras

Reverbera el sonido

Del bronce.



Campanas de la catedral

De aquí o Bizancio

De aquí a Constantinopla

A través del Bósforo

Hacía el Mar Negro.



"Aquel no es un país

Para viejos", dice Yeats;

Todo peola Willian

Todavía no soy viejo

Soy un viajero anacrónico

Que se trasporta hasta

Las tierras de Constantino

Con estas campanas

Que resuenan cerca de mi Humanidad.



Cierro los ojos

Pasillos de aires frescos

Que viajan desde el mediterraneo,

Hay olor a inciensos

Y la luz anaranjada del sol

Camina sobre las embarcaciones turcas.



Quiero vivir eternamente

En esta catedral

Con esta luz y estos inciensos

Que desgarran mi piel.



"Aquel no es un país

Para viejos", vuelve a repetir

Buttler. Este tampoco es un país

Para viejos, niños, niñas

Pobres y gente de piel sepia

O gente que piensa y tiene sentimientos.

Por eso quiero ir para allá

Yeats, aunque sea con el pensamiento

El pensamiento que me ofrecen

Estas campanas de la calle Sarmiento

A eso de las 8

Cuando declina el día.


















  




Resuenan las campanas
1, 2, 3, 4 veces
Como una mantra.

"Aquel no es un país
Para viejos"
Pienso, mientras
Reverbera el sonido
Del bronce.

Campanas de la catedral
De aquí o Bizancio
De aquí a Constantinopla
A través del Bósforo
Hacía el Mar Negro.

"Aquel no es un país
Para viejos", dice Yeats;
Todo peola Willian
Todavía no soy viejo
Soy un viajero anacrónico
Que se trasporta hasta
Las tierras de Constantino
Con estas campanas
Que resuenan cerca de mi Humanidad.

Cierro los ojos
Pasillos de aires frescos
Que viajan desde el mediterraneo,
Hay olor a inciensos
Y la luz anaranjada del sol
Camina sobre las embarcaciones turcas.

Quiero vivir eternamente
En esta catedral
Con esta luz y estos inciensos
Que desgarran mi piel.

"Aquel no es un país
Para viejos", vuelve a repetir
Buttler. Este tampoco es un país
Para viejos, niños, niñas
Pobres y gente de piel sepia
O gente que piensa y tiene sentimientos.
Por eso quiero ir para allá
Yeats, aunque sea con el pensamiento
El pensamiento que me ofrecen
Estas campanas de la calle Sarmiento
A eso de las 8
Cuando declina el día.







  

Intento escribir un tratado
Sobre el olvido
Y cuando recopilo el material
Descubro que es imposible olvidar.

No logro olvidar
Darme vuelta en la cama
Junto a mamá
Caer al contrapiso gris agrietado
El golpe y el dolor
Gatear en la madrugada
Y mamá que siempre me devolvía
Al calor de las sábanas y su pecho.

Había una perro en la casa de mi abuela
Yunki se llamaba,
Una vez me mordió la nariz.

Tanto son los recuerdos
Que habito y que me habitan.

Viajes, rutas, ciudades
Amaneceres y ocasos:
Todo destinado al olvido
Todo resistido al olvido.

Todavía recuerdo mi primer amor
Ella, mi vecina, de 19 años
Y yo con solo 5. No logro olvidar
Esa sensación.

Mi memoria es vasta
Tanto o más que las profundidades
Del océano. He tratado de suprimir
Registros,
Bombardeándola con los venenos
Mas poderos del planeta.
La mayoría sigue intacta
El resto se recupera gradualmente.

En una las celdas de mi memoria
Se encuentra una noche
En los pasillos de Zavaleta.
Recuerdo las cuchillas ensangrentadas
Perforando la carne
Derramando la sangre. La mirada
Y el aliento del Diablo
En esos cuerpos ensañados
Con el otro cuerpo indefenso.
Recuerdo que también yo
Tuve la mirada y el aliento
Del diablo
Y le agradezco a mi memoria
Que me lo recuerde todos los días.

Hablé de mis primeros recuerdos
Desde el gatear
Mi primer amor
Los cambios de ciudades
La muerte y los funerales
El miedo, el vacío, la desesperación
La locura y la depravación
Volver a casa a servir a mis padres
Acompañar a mi madre
Hasta el último aliento
La plaza de mi barrio y la hamaca
Que me recuerda la inocencia de la niñez.

Intento
Intento escribir
Un tratado sobre el olvido
Pero no logro olvidar.
Quizás cuando olvide
Como se escribe la palabra olvido
Pueda empezar a escribir mi tratado.



16 años

 Me dijeron  Que tenía una condición  Física, mental y espiritual. Que era una alergia del cuerpo Una obsesión de la mente Un lugar oscuro d...