miércoles, 8 de mayo de 2019

Carta abierta a la tía de Flannery O´Connor

 
"Tengo una tía que piensa que nada sucede en un cuento a menos que al final alguien se case o se pegue un tiro. Escribí un cuento acerca de un vago que se casa con la hija idiota de una vieja solo para adueñarse del automóvil. Luego del casorio se van en el auto de viaje de novios, abandona a la muchacha en un merendero y continúa solo el viaje. Ese es un cuento completo. Todo lo que puede decirse acerca del misterio de la personalidad de ese hombre, está mostrado mediante esta particular dramatización. Sin embargo nunca pude convencer a mi tía de que ese es un cuento completo. Ella quiere saber qué sucedió después con la hija idiota." 
Flannery O’Connor.





La tía de Flannery tiene razón: qué pasa con la hija idiota; qué pasa. Qué pasa después, aún con los cuentos perfectos y finales cerrados y solemnes. Qué pasó con Rascolnicov, con los hermanos Karamazov, qué paso con Martín después de orinar al lado del camionero. Cómo fue la primera mateada de Cruz con fierro, luego de haber pasado toda la noche entre puñalada y puñalada. Dónde enterró el cuerpo de Gregorio Samsa su familia. El mago, cuando el fuego muerde su carne y se da cuenta de que lo están soñando:cómo siguió ese sueño. Qué, cómo, dónde y cuándo. Y La gallina degollada cómo siguió.
    Recuerdo que me sentí indignado cuando leí Hernán de Abelardo Castillo (Las otras puertas). Como no sentir compasión por la señorita Eugenia en el desenlace del cuento. Para Flannery O´Connor ese es también un ejemplo de cuento completo. Quién lo dudaría: nadie. Sin embargo el sabor amargo de ese final a mí me persiguió un tiempo. Un día (creo que en la casa de mi madre, con ella al lado tomando mate) comencé a escribir un cuento que hablaba de una maestra. Soy del 80 así que crecí mirando la serie Señorita maestra con Cristina Lemercier. El cuento se empezaba a poblar. En el momento en el que lo escribía no sabía para dónde iba. El cuento se terminó cerrando como la gustaba a la tía de Flannery: con muertes. El cuento lo llevé a la EAPP. La señorita maestra hacía una torta y en un momento va a buscar un ingrediente al cuartucho que estaba abajo de la escalera. Era más que obvio hacia donde se dirigía el relato. Yo había visto La soga de Alfred Hitchcock y quería hacer complice al lector. En La soga se sabe todo el tiempo que hubo un crimen y que el banquete que se sirve en el baúl; dentro del baúl está el cuerpo de David. Marcelo Díaz en los encuentros de la EAPP me sugirió que sacara el dato del ingrediente tomado del cuartucho debajo de la escalera. Cuando volví al cuento un par de años después le saqué todas las marcas de intención de la Señorita maestra. El cuento se define en las últimas dos oraciones. Lo leí en público en el ciclo Birra y letra y tuvo buenos comentarios. Lección: no soy Hitchcock y la onda era y es que yo, a mí manera, continué el relato de Castillo. Es la venganza de la señorita Eugenia. También lo hice en un poema que se podría llamar La venganza de Baby doll, la protagonista de Sucher punch. En el poema es una rubia doctora la que le realiza la lobotomía a un hombre x.
   Entonces, pienso, que con la reacción fisiológica que nos provoca la literatura algo hay que hacer. O bien leer más, escribir, estudiar letras, hacerse crítico, dar talleres, hacer una editorial o un blog,etc, etc.
   Reconozco que cuando quiero escribir un cuento recurro a los libros de Abelardo Castillo. Julio Cortázar dice que Castillo escribe sistemas cerrados y es cierto. Todo lo que hay que saber para escribir cuentos en estos lados del planeta está en los cuentos de Abelardo. Por algo fue un gran formador de escritores en los últimos 30 años y, según me dicen, la posta para escribir cuentos la tiene ahora Samanta Schweblin. Reconozco que también quiero escribir Las ruinas circulares. León Giego dice en Los salieris de Charly."Somos del grupo Los salieris de Charly/ y le robamos melodías a él". Yo soy del grupo Los salieris de Borges/ y le robamos ideas a él. Vos; de qué grupo sos: de Borges, Sabato, Marechal, Martínez Estrada, Ramos, Cucurto, Woolf, Uhart, Kafka. A quién le robás ideas.
   Antes de leer Fahrenheit 451 me topé con una antología de cuentos fantásticos en donde estaba El lago de Bradbury. Todos sabemos que es una gran cuento. Bradbury dice en un ensayo escrito por él que ese fue el primer gran cuento que escribió  después de años de intentos e intentos, escribiendo, leyendo, y mandando sus cuentos a las revistas y ser rechazado muchas veces. En lo personal reconocí que esa es la manera de escribir un gran cuento. Me pasó lo que a Borges cuando leyó, por Croce, la suerte de ese bárbaro que murió por la ciudad que una vez había asediado. Borges reconoce que ahí había algo que era de él. Lo encuentra en su familia, especialmente en su abuela. ¿Estaremos buscando algo que es nuestro en la literatura? Yo viví dos años en Río Gallegos. El barrio en el que vivía con mi tía quedaba casi al final de la ciudad. Finalizada la ciudad hay una laguna; la Laguna Ortiz. Una laguna que en el invierno se congela y se puede andar en trineo o patines. Es el lugar de encuentro y de diversión de niños y grandes. No hay nada más divertido. Yo también sentí algo que era mío en El lago de Bradbury. Inmediatamente comencé a pensar una historia en la Laguna Ortiz. El cuento apareció mucho tiempo después. Mientras tanto se iba poblando. Cada vez que lo observaba era como mirar el ensayo de una obra de teatro. Cuando sentí que estaba completo me puse a escribirlo. Empecé a escribirlo con un asidero de verdad. Las razones por las cuales mi mamá me llevó para allá, la casa de mi tía, el barrio, la calle 3 lagos 660 planta baja b, los hijos de los patrones de mi tía, mi amor platónico de esa época: Florencia. Hasta ahí todo es verdad, los hechos son verdaderos, luego empieza la ficción. El cuento al compartirlo e la redes tuvo buena repercusión. Pablo Duca hasta escribió un poema sobre el cuento y alguien me preguntó si los hechos me habían ocurrido a mí. Una locura.
   De esa estancia en Río Gallegos; cuando cursaba el quinto grado, tuve una maestra que era de Tucumán y le gustaba contarnos historias de Mandinga ( así se le llama al diablo en ciertos lugares del norte). Una de esas historias me quedó marcada a fuego por el impacto que tiene en el final. Cuando comienzo a tantear este mundo de la literatura esa historia volvía una y otra vez. Pero no sabía como encararla. La historia es la de un baqueano que encuentra un bebé en los pastizales. Más allá de no conocer Tucumán y sentirme incapaz de recrear una escena en el campo; o por lo menos en esos campos, ya que conozco Pedro Luro, Ascasubi y gran parte de las estancias de Santa Cruz; algo me decía que ese cuento, si es que algún día iba a contarlo, no podía transcurrir en el campo. Entonces esperé y esperé. De a poco la escena principal se fue poblando en los lugares que mas conozco: Buenos Aires. Un día me decidí y en vez de un baqueano hice un enroque por un cartonero. Los dos son baqueanos y conocen mejor que nadie el lugar en donde habitan. Así que le metí con todo. Describí todo el recorrido que hacía yo cuando me dedicaba al cartoneo. Todo es verdad hasta el último párrafo. Todas las experiencias y las cosas que hay que hacer en la calle son las descritas en el cuento. Como el cuento es un cuento de un cartonero, le había dicho a Gustavo López si se lo podía pasar a Washintong Cucurto (Eloísa Cartonera). Gustavo López me dijo que lo leyó hasta el momento en el que el cartonero encuentra al bebé en la basura. No pudo seguirlo. Le tuve que hacer un spoliller y explicarle lo que estaba intentando, y así pudo llegar al final del cuento. El tema es que la forma de ese cuento tuvo que esperar más de 25 años para escribirse. Ya venía circulando en Tucumán, lo llevó a Rió Gallegos mi maestra, y yo lo conjugé  con mis experiencias. Ahí también hay algo que es mío. No es el bebé encontrado en la basura. Son las noches y los días tirando de una carro fumando porro y revolviendo basura.
 

 Vuelvo a la tía de Flannery. Por lo visto en el proceso se conjugan muchas cosas y no hay una teoría que pueda unificar la manera de escribir cuentos. La música en ese sentido está más avanzada. Así y todo no se garantiza que el saber todas las teorías musicales se consiga ser un gran músico o escribir una obra maestra. A priori todos nos damos cuento de cuando un instrumento está desafinado o si la obra es carente de sentiemiento. Gusta o no gusta: el resto es baladí.
   Guillermo Martínez en la contratapa de El sistema del silencio de Valeria Tentoni dice que Argentina es un país de cuentistas. Con semejante afirmación la pregunta es qué escribir. Y acá es donde la tía de Flannery acierta. En que momento Borges se dio cuanta de que la historia del sargento cruz era digna de ser contada y de manera magistral. Cuántos manuscritos quemó Sabato para llegar a Sobre héroes y tumbas. Qué habrá visto Quiroga para escibrir La gallina degollada. Cómo trabajó Martínez Estrada sus Tres cuentos sin amor. Cómo se le ocurrió el título Fahrenheit 451 a Bradbury. Borge habrá visto el aleph. Cómo sería ese cuarto en donde escribía Nathaniel Hawthorne y en donde se presentaban los espíritus de sus antepasados y se preguntaban entre ellos qué es lo que hacía Nathaniel. Qué cuentos no habrá escrito Abelardo Castillo. Qué diría Kafka de su obra publicada y hasta sus listas de supermercado.

     Desde que Cludio Dobal Publicó Covers (Hemisferio derecho ediciones) se cristalizó definitivamente en el mundo de las letras la idea de cover literario. Él mismo dice que reescribió El marido rural de Cheever. Entonces no es de extrañar que lo que se hace en el momento de escribir es darle otra forma u homenajear a esa historia que se viene contando de muchas maneras o está pre-existiendo (Borges) y espera a que el escribiente la encuentre. Mi primer cover deliberado fue con la historia de la mancha de café. Un chico, una noche se encuentra con una chica, se conocen y van a tomar un café. La chica tiene un vestido blanco y en un momento se mancha el vestido con café. El chico la acompaña en un taxi (en este momento hay varia versiones. En la mía yo la llevo en moto) la deja en la casa y ella olvida (supongamos) un saquito. El chico vuelve al otro día y la familia le comenta que la chica está muerta haca varios años. Exhuman el cuerpo y la sorpresa es que el vestido del cadáver está manchado con café. Punto. Esta leyenda urbana está diseminada por todo el mundo y hasta se la encuentra en Hotel California de los Eagles. La versión que escribí es bastante fiel a la popular pero le agregue otro giro en la última oración. En las primeras versiones le había puesto La mancha de café, pero como la protagonista se llama Gisela opté por titularla Gisela. La historia me gusta tanto que le escribí una continuación que a la tía de Flannery seguramente le habría encantado. Como el protagonista sabe que Gisela es un espectro y que aparece una vez por año; él la espera y comparten toda la noche hasta que amanece.

   Y acá me encuentro respondiéndole  a la tía de Flannery. Dándome cuenta de que soy incapaz, por ahora, de escribir cuentos de amor. Lo intento pero no hay caso. El último intento fue con La lluvia. Lo bueno de ese relato es que hasta la mitad no sabía que era lo que iba a ocurrir y cómo se iba a cerrar. Flannery O´Connor cuenta algo parecido con un cuento sobre una doctora en filosofía que tiene una pierna de palo y un vendedor de biblias le roba la pierna. Los hechos se iban presentando mientras escribía. En La lluvia el personaje es un poeta y escribe un poema en una servilleta. En ese punto me di cuenta de que el poema estaba cerrando el relato y
 sabía que era un cuento completo. La mitad del relato hasta el final está condicionado por el poema y el final quedó bien. Golazo.
   Algo hay que hacer con las diferentes sensaciones fisiológicas que producen la lectura de cuentos. De alguna manera hay que armarse un sistema para continuar, refutar, elogiar, plagiar, tomar prestado, bastardear, ese cuento o los cuentos. Y hay que armarse el sistema porque hasta ahora nadie puede acertar con la manera de escribir buenas cuentos. La única certeza, y estos lo dicen todos, es escribir.
   Así que tía de Flannery O´Connor, la hija idiota, la historia, si no fue escrita, alguien la va a escribir.
Quién dice que de acá a unos años. Después de  varias lecturas de Flannery pueda continuar con esa historia y satisfacer a la tía. Si eso llegase a suceder será dedicado a ella.



Día del trabajador

Cuántos pensamientos

Apoyados sobre el vidrio

Del 33.



El puerto de Buenos Aires

Y sus pilas de contenedores

El riachuelo

La Maciel

La Boca

Camino General Belgrano

La Sapito

La Tranquila

Caaguazú

Donato Alvarez.



El frío ya se hace presente

En el barrio.

Las monedas en el bolsillo

Salpican la noche

Junto a los croares de ranas.

Calles de tierra en la senda

Del diablo.



Dejo mis malabares en el cuchitril

Voy a la esquina por

Una porción de locro.



La Negra dice que está riquísimo

Queda lo último en la olla

Se concentró todo el día.



Y tiene razón

Pido un vaso de vino;

Y ahí

En la esquina del Diablo

Y la muerte

En esta improvisada cantina

En la intemperie

Hecha con maderas viejas

Con la olla tiznada hasta la mitad

En este año perdido

De la primera década del siglo 21

Yo me encuentro comiendo el mejor locro

Del mundo pagado

Con las monedas del semáforo.



El Hormiga se acerca, está borracho

Como siempre:

¡Feliz día del trabajador hermano!

Dice empinando una cerveza.








Día del trabajador

Cuántos pensamientos
Apoyados sobre el vidrio
Del 33.

El puerto de Buenos Aires
Y sus pilas de contenedores
El riachuelo
La Maciel
La Boca
Camino General Belgrano
La Sapito
La Tranquila
Caaguazú
Donato Alvarez.

El frío ya se hace presente
En el barrio.
Las monedas en el bolsillo
Salpican la noche
Junto a los croares de ranas.
Calles de tierra en la senda
Del diablo.

Dejo mis malabares en el cuchitril
Voy a la esquina por
Una porción de locro.

La Negra dice que está riquísimo
Queda lo último en la olla
Se concentró todo el día.

Y tiene razón
Pido un vaso de vino;
Y ahí
En la esquina del Diablo
Y la muerte
En esta improvisada cantina
En la intemperie
Hecha con maderas viejas
Con la olla tiznada hasta la mitad
En este año perdido
De la primera década del siglo 21
Yo me encuentro comiendo el mejor locro
Del mundo pagado
Con las monedas del semáforo.

El Hormiga se acerca, está borracho
Como siempre:
¡Feliz día del trabajador hermano!
Dice empinando una cerveza.



Pájaro azul

El pájaro azul de John Lee Hooker

Sobrevuela sobre mis campos

Con caballos; y sanguijuelas

Que le drenan al tiempo

El tiempo que le queda.



Acordes menores

Y teclado Hammond

El pájaro azul del Blues es eso:

Un pájaro

Que usa sus alas para

Rasgar guitarras viciadas

Con alcohol y sudor femenino.



Veo al pájaro sobre

Los campos de algodón

Y esclavos que cantan su canción

En un tiempo pausado

Y arrastrado

Como las cadenas oxidadas

Del amo.



El pájaro azul vuela sobre

La negra noche,

Creo que puedo tocar un disco

De John en mi winco.

De seguro que el pájaro vendrá

Atraído por su voz del Mississippi.



Adiós pájaro azul

Saludame a John Lee Hooker

En esa granja inmortal

Del delta

A la que te dirigís.






Pájaro azul

El pájaro azul de John Lee Hooker
Sobrevuela sobre mis campos
Con caballos; y sanguijuelas
Que le drenan al tiempo
El tiempo que le queda.

Acordes menores
Y teclado Hammond
El pájaro azul del Blues es eso:
Un pájaro
Que usa sus alas para
Rasgar guitarras viciadas
Con alcohol y sudor femenino.

Veo al pájaro sobre
Los campos de algodón
Y esclavos que cantan su canción
En un tiempo pausado
Y arrastrado
Como las cadenas oxidadas
Del amo.

El pájaro azul vuela sobre
La negra noche,
Creo que puedo tocar un disco
De John en mi winco.
De seguro que el pájaro vendrá
Atraído por su voz del Mississippi.

Adiós pájaro azul
Saludame a John Lee Hooker
En esa granja inmortal
Del delta
A la que te dirigís.


Free bird

    Free bird (Lynyrd Skynyrd) forma parte de la banda de sonido de Forrest Gump. Película con los mayores golpes bajos de la historia del cine norteamericano. Robert Zemeckis trata, y lo logra con mucho éxito, hacer un recorrido por la historia de los Estados Unidos de los últimos 50 años (hay que recordar la fecha de estreno: 1994). Una historia de amor entre dos chicos con capacidades diferentes: Forrest y Jenny. En la película la música es de vital importancia. Todos los procesos culturales del país del norte están reflejados por la música y los acontecimientos históricos. Desde Elvis Presley y el nacimiento del Rock and roll después de la Segunda Guerra Mundial, Wilson Pickett y el Funk-Soul, Creedence Clearwater Revival y la Guerra de Vietnan, los Beach Boys, Buffalo Springfield, Jefferson Airplane, The Doors, KC and the Sunshine Band, Bob Seger, Simon & Garfunkel, toda esta música va dejando las marcas de las épocas.

   Jenny es una drogadicta. La película va mostrando la progresión de su adicción. Desde el Flower power Hippie hasta el surgimiento de la música disco con su cocaína y drogas intravenosas.

   La canción de los Lynyrd Skynyrd irrumpe en el punto máximo de adicción de Jenny. Esa sensación que Joaquín Gianuzzi describe en  como no saber si ajustarse la corbata o ahorcase. La canción comienza como una balada, con inocencia, como la infancia de Jenny en Alabama. En la mitad alcanza el climax perfecto que  toda canción rock and roll necesita. Solos de guitarra furiosos, ligados, fraseos pentatónicos que todo aspirante a las 6 cuerdas deberá aprender para conquistar chicas; baterista y tecladista enfurecidos, amagues a terminar y volver a empezar, etc, etc.

   Es en el punto alto de la canción en donde Zemeckis la conjuga con Jenny totalmente drogada, intentado arrojarse al vacío desde un balcón. La escena es totalmente desgarradora. Jenny no se arroja. Se baja de la baranda del balcón y  se arropa a sí misma tratando de consolarse en el medio de noche solitaria.



    Si me voy de aquí mañana

    ¿Todavía te acordarías de mí?

    Porque debo seguir viajando

    Porque hay demasiados lugares

    Que tengo que ver



   La banda es recordada por Sweet home Alabama, canción de su segundo disco: Second Helping. El 17 de octubre de 1977, en la cresta de la ola del éxito, llenando estadios y realizando una gira mundial sale a la calle Street Survivors. Tres días después del lanzamiento del álbum; en el avíon en el que viajaba la banda y el equipo técnico se estrella en un bosque de Mississippi. Ese Pájaro libre que trató de inducir a Jenny a arrojarse al vació se llevaría a 6 integrantes. Ronnie Van Zant, cantante de la banda y uno de los compositores de Free bird, en mas de una entrevista había declarado que no llegaría a los 30 años. Seguramente fue uno de los primeros en dejarse llevar por el Pájaro a esos lugares debía seguir conociendo.

   Garlan Greenne, unos de los psicópatas de la película Con Air( un avión es secuestrado por los psicópatas más peligros de E.E.U.U), interpretado por Steve Buscemi dice mientras suena Sweet Home Alabama, con los delincuentes bailando al tomar el control del avión: "Define ironía: un montón de idiotas bailando dentro de un avión, una canción que se hizo famosa por una banda que murió en un avión que se estrelló".



   Porque ahora soy tan libre como un ave

   Y a esta ave no la puedes cambiar

   Oh,oh,oh,oh,oh

   Y al ave no la puedes cambiar

   Y este pájaro no puede cambiar

   El Señor sabe que no puedo cambiar

   Adiós, adiós nena, ha sido un dulce amor.













 

Free bird

    Free bird (Lynyrd Skynyrd) forma parte de la banda de sonido de Forrest Gump. Película con los mayores golpes bajos de la historia del cine norteamericano. Robert Zemeckis trata, y lo logra con mucho éxito, hacer un recorrido por la historia de los Estados Unidos de los últimos 50 años (hay que recordar la fecha de estreno: 1994). Una historia de amor entre dos chicos con capacidades diferentes: Forrest y Jenny. En la película la música es de vital importancia. Todos los procesos culturales del país del norte están reflejados por la música y los acontecimientos históricos. Desde Elvis Presley y el nacimiento del Rock and roll después de la Segunda Guerra Mundial, Wilson Pickett y el Funk-Soul, Creedence Clearwater Revival y la Guerra de Vietnan, los Beach Boys, Buffalo Springfield, Jefferson Airplane, The Doors, KC and the Sunshine Band, Bob Seger, Simon & Garfunkel, toda esta música va dejando las marcas de las épocas.
   Jenny es una drogadicta. La película va mostrando la progresión de su adicción. Desde el Flower power Hippie hasta el surgimiento de la música disco con su cocaína y drogas intravenosas.
   La canción de los Lynyrd Skynyrd irrumpe en el punto máximo de adicción de Jenny. Esa sensación que Joaquín Gianuzzi describe en  como no saber si ajustarse la corbata o ahorcase. La canción comienza como una balada, con inocencia, como la infancia de Jenny en Alabama. En la mitad alcanza el climax perfecto que  toda canción rock and roll necesita. Solos de guitarra furiosos, ligados, fraseos pentatónicos que todo aspirante a las 6 cuerdas deberá aprender para conquistar chicas; baterista y tecladista enfurecidos, amagues a terminar y volver a empezar, etc, etc.
   Es en el punto alto de la canción en donde Zemeckis la conjuga con Jenny totalmente drogada, intentado arrojarse al vacío desde un balcón. La escena es totalmente desgarradora. Jenny no se arroja. Se baja de la baranda del balcón y  se arropa a sí misma tratando de consolarse en el medio de noche solitaria.

    Si me voy de aquí mañana
    ¿Todavía te acordarías de mí?
    Porque debo seguir viajando
    Porque hay demasiados lugares
    Que tengo que ver

   La banda es recordada por Sweet home Alabama, canción de su segundo disco: Second Helping. El 17 de octubre de 1977, en la cresta de la ola del éxito, llenando estadios y realizando una gira mundial sale a la calle Street Survivors. Tres días después del lanzamiento del álbum; en el avíon en el que viajaba la banda y el equipo técnico se estrella en un bosque de Mississippi. Ese Pájaro libre que trató de inducir a Jenny a arrojarse al vació se llevaría a 6 integrantes. Ronnie Van Zant, cantante de la banda y uno de los compositores de Free bird, en mas de una entrevista había declarado que no llegaría a los 30 años. Seguramente fue uno de los primeros en dejarse llevar por el Pájaro a esos lugares debía seguir conociendo.
   Garlan Greenne, unos de los psicópatas de la película Con Air( un avión es secuestrado por los psicópatas más peligros de E.E.U.U), interpretado por Steve Buscemi dice mientras suena Sweet Home Alabama, con los delincuentes bailando al tomar el control del avión: "Define ironía: un montón de idiotas bailando dentro de un avión, una canción que se hizo famosa por una banda que murió en un avión que se estrelló".

   Porque ahora soy tan libre como un ave
   Y a esta ave no la puedes cambiar
   Oh,oh,oh,oh,oh
   Y al ave no la puedes cambiar
   Y este pájaro no puede cambiar
   El Señor sabe que no puedo cambiar
   Adiós, adiós nena, ha sido un dulce amor.





 

miércoles, 1 de mayo de 2019

Mi bohemia




Voy con las manos en los bolsillos
Acariciando las monedas
Y las piedras sulfurosas.


Mi chaleco gastado 
Como mi gorro de arlequín
¡Musa! Te soy tan fiel
¡Cuántos amores he soñado!
¡Por cuantos amores
He fumado estas piedras amarillas!



A mi paso por estas vías
Voy construyendo mis rimas
Y la Cruz del Sur me acompaña
En el temblequeo del tren carguero
Que pasa a mi lado.


La madrugada de Septiembre
Va cayendo como la transpiración
De mi frente,
Sentado en las vías
Fumando-rimando
Perdido hace ya mucho tiempo
Por estas sombras fantásticas.


Voy tensando las liras
De mi sistema nervioso
Como tenso los cordones
De mis zapatillas
Como tenso los agujeros
De mi corazón roto.








Versión libre de Mi bohemia de Arthur Rimbaud.
















Mi bohemia

Voy con las manos en los bolsillos
Acariciando las monedas
Y las piedras sulfurosas.
Mi chaleco gastado 
Como mi gorro de arlequín
¡Musa! Te soy tan fiel
¡Cuántos amores he soñado!
¡Por cuantos amores
He fumado estas piedras amarillas!
A mi paso por estas vías
Voy construyendo mis rimas
Y la Cruz del Sur me acompaña
En el temblequeo del tren carguero
Que pasa a mi lado.
La madrugada de Septiembre
Va cayendo como la transpiración
De mi frente,
Sentado en las vías
Fumando-rimando
Perdido hace ya mucho tiempo
Por estas sombras fantásticas.
Voy tensando las liras
De mi sistema nervioso
Como tenso los cordones
De mis zapatillas
Como tenso los agujeros
De mi corazón roto.


Versión libre de Mi bohemia de Arthur Rimbaud.

Anoche dos personas murieron de frió

Una periodista nos pregunta

Como nos protegemos del invierno

"Así", le decimos

Mostrándole las maderas

Que se queman en el medio

De la plaza.



El camarógrafo

Enfoca el fuego

Como si fuera la cosa más

Extraña del mundo.



Nuestras caras y el fuego

Salen en horario central

En los medios nacionales

Mientra otras dos personas

Mueren en la noche rigurosa

De Buenos Aires.










Anoche dos personas murieron de frió
Una periodista nos pregunta
Como nos protegemos del invierno
"Así", le decimos
Mostrándole las maderas
Que se queman en el medio
De la plaza.

El camarógrafo
Enfoca el fuego
Como si fuera la cosa más
Extraña del mundo.

Nuestras caras y el fuego
Salen en horario central
En los medios nacionales
Mientra otras dos personas
Mueren en la noche rigurosa
De Buenos Aires.




miércoles, 24 de abril de 2019

El cuervo

Una mosca se posa

Sobre mis traducciones de Plutarco

Vidas paralelas me trabaja

En el bar de Julio;

El Mercado Municipal

Es más encantador

Llegando a la noche.



El tiempo se arrastra lánguido

Y sé que debo continuar mi  trabajo

En casa.



Al pagarle a Julio

Las empanadas

Y recibir el vuelto

Escucho: "Nunca más"

Como si fuese un chillido.



Miro alrededor

Los parroquianos

Están en su mundo

O yo estoy en el mio

Y solo yo escuché esa voz

De pajarraco.



Salgo al frío cortante y manto obscuro

Del cielo bahiense

Atravieso la Plaza del Sol

Vuelvo a escuchar: "Nunca más"

Definitivamente es un pájaro.



Me introduzco en la profundidad

De o'Higgins; la voz pajarraco

Me guía por la calle.



En cada vidriera

Entre pensamiento y pensamiento

Escucho: "Nunca más"

Entre cada paso

Entre cada respiración fría.



Mis extremidades son conducidas

Por alguna voluntad;

Y yo sigo escuchando:"Nunca más"



La voluntad, quizás del invierno

Me hace doblar en Italia

Y camino los 100 metros hasta Donado.



Es ahí

En esa esquina

De donde procede el:"Nunca más"



La esquina antigua de grandes ventanas

Y bellas molduras

Sobre la cornisa superior

Se encuentra el cuervo.



No es el cuervo de la Iliada

Ni del Antiguo Testamento

No es el cuervo de los vikingos

O esquimales;

No es el cuervo de las

Torres de Londres;

No es el cuervo de Poe

De Esopo, de Dickens, de Ted Hughes, de Galway

Tampoco el de Frost, Lorca o Pasternak:



Este era un cuervo bien argento.



Y se movía de a un lado a otro

Y decía:"Nunca más"



"Nunca más penas ni olvido

Nunca más el otoño gris

Deshojánose por  lo que nunca

Jamás sucedió

Nunca más una lágrima derramada

En los campos de batalla

O los jardines de infantes

Nunca más los amores

No correspondidos

Nunca más amarse a escondidas"



El cuervo declamaba su poesía

Y de sus palabras de pajarraco

Brotaban imágenes lisérgicas

Que teñían parte del edificio

Y del cielo friogris.



Era el cuervo un poeta

Y de los mejores que conocí.



Yo me senté en la vereda

Y maravillado como niño

Por primera vez en un circo

O en un cinematógrafo

Me quedé a escuchar
Lo que este cuervo tenía

Para contarme.



"Nunca más", continuaba

"Nunca más el exilio

De los poetas

O de las mariposas venusinas

Nunca más el sabor del disco solar

Filtrándose por los huesos

Nunca más mentiras

Nunca más violencia

Nunca más amos jugando al esclavo

O militares jugando al amo

O paramilitares jugando al esclavo

Nunca más brujos decretando políticas

De Estado

Nunca más coleccionistas de corbatas

En la presidencia

O bailarinas de cabaret

Nunca más rodrigazos, cordobasos

Blindajes, corralitos o flanazos

Nunca más"..., el cuervo se movía

Como si estuviera en un opera

Y su público fuera multitudinario.

El cuervo se movía con histrionismo

La esquina de Donado e Italia

Era su escenario.



El cuervo siguió su declamación

Por horas

El efecto narcótico de su poesía

Me embriagó y hasta me quitó el frío

De esa espesa  noche de Julio.



Sus palabras me llevaron

Por áridas mesetas de locura poética.

Creo haber dormido por años

En esa vereda.



En la mañana dos oficiales

Me despertaron

Y me subieron al patrullero.



Mi declaración fue fiel a lo vivido

En la madrugada.



La comisaria segunda solo pudo

Retenerme 12 horas.



Al firmar mi libertad

Me entregaron los cordones

El cinto

Y mis traducciones de Plutarco.



Al salir por Berutti y cruzar Undiano

Escuché: "Nunca más"
















El cuervo

Una mosca se posa
Sobre mis traducciones de Plutarco
Vidas paralelas me trabaja
En el bar de Julio;
El Mercado Municipal
Es más encantador
Llegando a la noche.

El tiempo se arrastra lánguido
Y sé que debo continuar mi  trabajo
En casa.

Al pagarle a Julio
Las empanadas
Y recibir el vuelto
Escucho: "Nunca más"
Como si fuese un chillido.

Miro alrededor
Los parroquianos
Están en su mundo
O yo estoy en el mio
Y solo yo escuché esa voz
De pajarraco.

Salgo al frío cortante y manto obscuro
Del cielo bahiense
Atravieso la Plaza del Sol
Vuelvo a escuchar: "Nunca más"
Definitivamente es un pájaro.

Me introduzco en la profundidad
De o'Higgins; la voz pajarraco
Me guía por la calle.

En cada vidriera
Entre pensamiento y pensamiento
Escucho: "Nunca más"
Entre cada paso
Entre cada respiración fría.

Mis extremidades son conducidas
Por alguna voluntad;
Y yo sigo escuchando:"Nunca más"

La voluntad, quizás del invierno
Me hace doblar en Italia
Y camino los 100 metros hasta Donado.

Es ahí
En esa esquina
De donde procede el:"Nunca más"

La esquina antigua de grandes ventanas
Y bellas molduras
Sobre la cornisa superior
Se encuentra el cuervo.

No es el cuervo de la Iliada
Ni del Antiguo Testamento
No es el cuervo de los vikingos
O esquimales;
No es el cuervo de las
Torres de Londres;
No es el cuervo de Poe
De Esopo, de Dickens, de Ted Hughes, de Galway
Tampoco el de Frost, Lorca o Pasternak:

Este era un cuervo bien argento.

Y se movía de a un lado a otro
Y decía:"Nunca más"

"Nunca más penas ni olvido
Nunca más el otoño gris
Deshojánose por  lo que nunca
Jamás sucedió
Nunca más una lágrima derramada
En los campos de batalla
O los jardines de infantes
Nunca más los amores
No correspondidos
Nunca más amarse a escondidas"

El cuervo declamaba su poesía
Y de sus palabras de pajarraco
Brotaban imágenes lisérgicas
Que teñían parte del edificio
Y del cielo friogris.

Era el cuervo un poeta
Y de los mejores que conocí.

Yo me senté en la vereda
Y maravillado como niño
Por primera vez en un circo
O en un cinematógrafo
Me quedé a escuchar
Lo que este cuervo tenía
Para contarme.

"Nunca más", continuaba
"Nunca más el exilio
De los poetas
O de las mariposas venusinas
Nunca más el sabor del disco solar
Filtrándose por los huesos
Nunca más mentiras
Nunca más violencia
Nunca más amos jugando al esclavo
O militares jugando al amo
O paramilitares jugando al esclavo
Nunca más brujos decretando políticas
De Estado
Nunca más coleccionistas de corbatas
En la presidencia
O bailarinas de cabaret
Nunca más rodrigazos, cordobasos
Blindajes, corralitos o flanazos
Nunca más"..., el cuervo se movía
Como si estuviera en un opera
Y su público fuera multitudinario.
El cuervo se movía con histrionismo
La esquina de Donado e Italia
Era su escenario.

El cuervo siguió su declamación
Por horas
El efecto narcótico de su poesía
Me embriagó y hasta me quitó el frío
De esa espesa  noche de Julio.

Sus palabras me llevaron
Por áridas mesetas de locura poética.
Creo haber dormido por años
En esa vereda.

En la mañana dos oficiales
Me despertaron
Y me subieron al patrullero.

Mi declaración fue fiel a lo vivido
En la madrugada.

La comisaria segunda solo pudo
Retenerme 12 horas.

Al firmar mi libertad
Me entregaron los cordones
El cinto
Y mis traducciones de Plutarco.

Al salir por Berutti y cruzar Undiano
Escuché: "Nunca más"







martes, 16 de abril de 2019

¿Qué es el estoicismo?

¿Qué es el estoicismo?

Es sacar la soga del cuello

De un amigo.

Reposarlo en el piso

Besar su frente

Dejarlo ir en paz.



¿Qué es el estoicismo?

Es la primera mañana

De lucidez; el frío

Que corta los pulmones

El espíritu

Que empieza a despertar.



¿Qué es el estoicismo?

Es recorrer la historia

De un país, una cultura

A través de su poesía,

Sus poetas; no confiar

En sus historiadores.



¿Qué es el estoicismo?

Es la piel lacerada por

La sarna.



¿Qué es el estoicismo?

Es alimentarse con comida

En descomposición.



¿Qué es el estoicismo?

Es la desesperación

El miedo

El vacío.



¿Qué es el estoicismo?

Es abstenerse de imprecar a Dios.



¿Qué es el estoicismo?

Es habitar una sociedad

Absurda y hostil

Embrutecida por el Estado

Y sus funcionarios.



¿Qué es el estoicismo?

Es acompañar a un cuerpo

Consumiéndose por el cáncer

Hasta su último aliento.



¿Qué es el estoicismo?

Es enfrentar a la ansiedad

Darle la mano

Y sacarle unos cuantos poemas.



¿Qué es el estoicismo?

Es lo que finjo no saber

No entender.



¿Qué es el estoicismo?

Es hacer dinero con lo que

Descarta la sociedad.



¿Qué es el estoicismo?

Darse cuenta de cómo

Opera el Terrorismo de Estado

A través del narcotráfico.



¿Qué es el estoicismo?

Escribir en un hospital

Velando con el cuerpo

Y el espíritu contracturado.



¿Qué es el estoicismo?

Es amigarse con el diablo

Y la muerte.



¿Qué es el estoicismo?

Es ayudar a un amigo

Y dejarse ayudar por un amigo.



¿Qué es el estoicismo?

Es la primera mañana y la última. Las pasiones, todas. El amor y odio en todas sus formas. El resentimiento que envenena la sangre y la sangre que se limpia a través de la poesía. Un niño que muere de sobredosis y otro que es arrojado por el inodoro. La desidia, el hacinamiento, la muerte recorriendo pasillos. La bala que fractura el cráneo y la sangre que se coagula. Los terrones de tierra golpeando un ataúd.  El próximo amanecer: el próximo poema.



¿Qué es el estoicismo?

Es ordenarse en las palabras

En el lenguaje

Redimirse:

Crearse una mejor versión

De uno: eso es el estoicismo.








¿Qué es el estoicismo?

¿Qué es el estoicismo?
Es sacar la soga del cuello
De un amigo.
Reposarlo en el piso
Besar su frente
Dejarlo ir en paz.

¿Qué es el estoicismo?
Es la primera mañana
De lucidez; el frío
Que corta los pulmones
El espíritu
Que empieza a despertar.

¿Qué es el estoicismo?
Es recorrer la historia
De un país, una cultura
A través de su poesía,
Sus poetas; no confiar
En sus historiadores.

¿Qué es el estoicismo?
Es la piel lacerada por
La sarna.

¿Qué es el estoicismo?
Es alimentarse con comida
En descomposición.

¿Qué es el estoicismo?
Es la desesperación
El miedo
El vacío.

¿Qué es el estoicismo?
Es abstenerse de imprecar a Dios.

¿Qué es el estoicismo?
Es habitar una sociedad
Absurda y hostil
Embrutecida por el Estado
Y sus funcionarios.

¿Qué es el estoicismo?
Es acompañar a un cuerpo
Consumiéndose por el cáncer
Hasta su último aliento.

¿Qué es el estoicismo?
Es enfrentar a la ansiedad
Darle la mano
Y sacarle unos cuantos poemas.

¿Qué es el estoicismo?
Es lo que finjo no saber
No entender.

¿Qué es el estoicismo?
Es hacer dinero con lo que
Descarta la sociedad.

¿Qué es el estoicismo?
Darse cuenta de cómo
Opera el Terrorismo de Estado
A través del narcotráfico.

¿Qué es el estoicismo?
Escribir en un hospital
Velando con el cuerpo
Y el espíritu contracturado.

¿Qué es el estoicismo?
Es amigarse con el diablo
Y la muerte.

¿Qué es el estoicismo?
Es ayudar a un amigo
Y dejarse ayudar por un amigo.

¿Qué es el estoicismo?
Es la primera mañana y la última. Las pasiones, todas. El amor y odio en todas sus formas. El resentimiento que envenena la sangre y la sangre que se limpia a través de la poesía. Un niño que muere de sobredosis y otro que es arrojado por el inodoro. La desidia, el hacinamiento, la muerte recorriendo pasillos. La bala que fractura el cráneo y la sangre que se coagula. Los terrones de tierra golpeando un ataúd.  El próximo amanecer: el próximo poema.

¿Qué es el estoicismo?
Es ordenarse en las palabras
En el lenguaje
Redimirse:
Crearse una mejor versión
De uno: eso es el estoicismo.



La hamaca de cadenas herrumbradas

Y de madera añeja

Chilla

En cada movimiento.



Es el movimiento

Del péndulo que

Marca cada segmento

De vida que va consumiéndose.



Sé que estás reflexiones

No le interesan

A los niños que juegan

A pocos metros: ellos viven

El presente

No se preocupan por estas

Estupideces mundanas.



Pero yo, aquí, agoto

Mi existencia y mis pocos

Recursos mentales;

Con este objeto cansino

Que me dice que, aunque deje

De hamacarme

Y deje de hacer analogías

Con la muerte: la hamaca

Que se mueve en mi interior

Un día dejará de hacerlo.



Los niños suben a las hamacas

Mientras me alejo. A veces no saber

Es una virtud.

Yo ya estoy condenado

Por el conocimiento.



Escucho el chillar de la hamaca

Espero por el día

En que se calle definitivamente.






La hamaca de cadenas herrumbradas
Y de madera añeja
Chilla
En cada movimiento.

Es el movimiento
Del péndulo que
Marca cada segmento
De vida que va consumiéndose.

Sé que estás reflexiones
No le interesan
A los niños que juegan
A pocos metros: ellos viven
El presente
No se preocupan por estas
Estupideces mundanas.

Pero yo, aquí, agoto
Mi existencia y mis pocos
Recursos mentales;
Con este objeto cansino
Que me dice que, aunque deje
De hamacarme
Y deje de hacer analogías
Con la muerte: la hamaca
Que se mueve en mi interior
Un día dejará de hacerlo.

Los niños suben a las hamacas
Mientras me alejo. A veces no saber
Es una virtud.
Yo ya estoy condenado
Por el conocimiento.

Escucho el chillar de la hamaca
Espero por el día
En que se calle definitivamente.


La lluvia

   En los adoquines vio reflejado un rayo solar que apuntaba a la otra vereda. Al cruzar la calle se cuidó de tocarlo, dio un saltito. Miró por enésima vez el reloj, no quería llegar tarde. Pasó por los puestos de verduras y diarios y no le dio importancia a nada. Solo le faltaban 100 metros para llegar a la estación. Su mano derecha corroboró que la cajita con la alianza estuviera ahí, en el bolsillo de su saco. Antes de entrar a la estación se formaron unas nubes grises que descargaron un par de chaparrones. Ahora sí se apuró un poco más para reguardarse y poder verla cuando bajara del colectivo.

   El reloj en las plataformas indicaban que había llegado 5 minutos antes. Se sentó en una butaca de cemento. La sintió fría. Se levantó y caminó hasta la cafetería. Desde la cafetería se veían los andenes. Se sentó en una mesa para dos. Una camarera se acercó a tomarle el pedido. Pidió una lágrima. Volvió a revisar el bolsillo; podía imaginar su mirada, su sonrisa, su "si", abrasarse y besarse por toda la estación. La lágrima llegó. Él le pidió a la camarera una lapicera. Las ganas de escribir lo tomaron por sorpresa. Algo le decía que ese acto era necesario. La camarera volvió con la lapicera; él bebió un sorbo largo de la lágrima. Lo degustó y tomó un sorbo más corto. La inspiración comenzaba a correrle por las venas. Probó en unos de las margenes de una servilleta si había tinta en la lapicera. Como si una vez comenzada la tarea, él, supiera que no dejaría el trazo hasta acabar.

   

Despierto en una ciudad vacía

Con nubes grises y vacías

Mi corazón está vacío

Y de mi boca caen hilos de sangre.





    Leyó un par de veces el poema hasta que vio que llegaba el ómnibus en el que venía su amada. Plegó la servilleta dejando el dinero del café adentro. Apuró el paso sin dejar de tocar su bolsillo derecho.

    Al verla descender él se siente el hombre más feliz del mundo. Ella desciende, está seria. Él intenta besarla y ella le ofrece la mejilla. Algo anda mal, piensa. Ella se dirige a la baulera a buscar su equipaje. Él intenta tomarla de la mano pero ella no lo deja. Ella toma su valija, extiende la manija y empieza a recorrer los andenes con intención de llagar a la salida y tomar un taxi. Él se siente desorientado. Le pregunta a ella qué le pasa. Ella le informa todo con decisión. Le dice que lo de ellos ya no va más y, agrega, que se está viendo con otro. Él aprieta con fuerza la cajita. Ella le dice que no la llame más ni la busque. Sangre fría corre por sus venas y por las de él llamas ardientes. Tiene un nudo en la garganta; no sabe qué hacer o qué responder. Ella levanta la mano y un taxi acude a trasportarla. El chofer del taxi se baja para ayudarla a acomodar la valija en el baúl. Él observa toda la operación. Está desecho: no deja de apretar la cajita con la alianza. El chofer asciende al vehículo. Ella también y ni siquiera se despide o le dirige una mirada. Mientras el taxi se aleja vuelve a nublarse y esta vez, pareciera, con la intención de descargar toda su furia.

    Pensó en volver por los puestos de verdura y diarios. Creyó conveniente tomar por la avenida, ir a las fondas del puerto, emborracharse y regalarle la alianza a alguna de las prostitutas que transitan por el puerto. "Despierto en una ciudad vacía", recordó el primer verso del poema. La ciudad está vacía sin ella. Nada tiene sentido ya. "Con nubes grises y vacías ", como si el poema se hubiera adelantado, como si él mismo hubiera escrito su futuro. El cielo está gris, seguramente vacío también, a pesar de que pueda arrojar lluvia o ranas. Pensó en las ranas y por los menos sonrió. "Mi corazón está vacío ", se convenció de que el poema había sido profético. Su corazón estaba vacío como la ciudad y las nubes.

   Antes de llegar al puerto el cielo comenzó a descargar. No se preocupó por buscar refugio o caminar más rápido. Cuando estaba cruzando la avenida que daba al puerto algo lo golpeó en la cabeza. Miró en el piso y vio que era una rana. Miró al cielo de inmediato para encontrarse con la sorpresa que del cielo estaban lloviendo ranas. Ahora si apuró el paso. Las ranas seguían cayendo y algunas lo hacían con fuerza. Pocos metros le quedaban para llegar a la primera fonda. Recordó el último verso del poema: "Y de mi boca caen hilos de sangre". Tomó una de las ranas caídas de las nubes grises y vacías; vio como se movían sus extremidades y la mirada fría del batracio, y sin dudarlo le arrancó la cabeza con sus dientes. Entró a la fonda, dejó la cajita con la alianza sobre una mesa, acomodó su abrigo en la silla ante la mirada atónita de la gente que se encontraba en la fonda, que lo miraban asombrados como caían hilos de sangre de su boca.












La lluvia

   En los adoquines vio reflejado un rayo solar que apuntaba a la otra vereda. Al cruzar la calle se cuidó de tocarlo, dio un saltito. Miró por enésima vez el reloj, no quería llegar tarde. Pasó por los puestos de verduras y diarios y no le dio importancia a nada. Solo le faltaban 100 metros para llegar a la estación. Su mano derecha corroboró que la cajita con la alianza estuviera ahí, en el bolsillo de su saco. Antes de entrar a la estación se formaron unas nubes grises que descargaron un par de chaparrones. Ahora sí se apuró un poco más para reguardarse y poder verla cuando bajara del colectivo.
   El reloj en las plataformas indicaban que había llegado 5 minutos antes. Se sentó en una butaca de cemento. La sintió fría. Se levantó y caminó hasta la cafetería. Desde la cafetería se veían los andenes. Se sentó en una mesa para dos. Una camarera se acercó a tomarle el pedido. Pidió una lágrima. Volvió a revisar el bolsillo; podía imaginar su mirada, su sonrisa, su "si", abrasarse y besarse por toda la estación. La lágrima llegó. Él le pidió a la camarera una lapicera. Las ganas de escribir lo tomaron por sorpresa. Algo le decía que ese acto era necesario. La camarera volvió con la lapicera; él bebió un sorbo largo de la lágrima. Lo degustó y tomó un sorbo más corto. La inspiración comenzaba a correrle por las venas. Probó en unos de las margenes de una servilleta si había tinta en la lapicera. Como si una vez comenzada la tarea, él, supiera que no dejaría el trazo hasta acabar.
   
Despierto en una ciudad vacía
Con nubes grises y vacías
Mi corazón está vacío
Y de mi boca caen hilos de sangre.


    Leyó un par de veces el poema hasta que vio que llegaba el ómnibus en el que venía su amada. Plegó la servilleta dejando el dinero del café adentro. Apuró el paso sin dejar de tocar su bolsillo derecho.
    Al verla descender él se siente el hombre más feliz del mundo. Ella desciende, está seria. Él intenta besarla y ella le ofrece la mejilla. Algo anda mal, piensa. Ella se dirige a la baulera a buscar su equipaje. Él intenta tomarla de la mano pero ella no lo deja. Ella toma su valija, extiende la manija y empieza a recorrer los andenes con intención de llagar a la salida y tomar un taxi. Él se siente desorientado. Le pregunta a ella qué le pasa. Ella le informa todo con decisión. Le dice que lo de ellos ya no va más y, agrega, que se está viendo con otro. Él aprieta con fuerza la cajita. Ella le dice que no la llame más ni la busque. Sangre fría corre por sus venas y por las de él llamas ardientes. Tiene un nudo en la garganta; no sabe qué hacer o qué responder. Ella levanta la mano y un taxi acude a trasportarla. El chofer del taxi se baja para ayudarla a acomodar la valija en el baúl. Él observa toda la operación. Está desecho: no deja de apretar la cajita con la alianza. El chofer asciende al vehículo. Ella también y ni siquiera se despide o le dirige una mirada. Mientras el taxi se aleja vuelve a nublarse y esta vez, pareciera, con la intención de descargar toda su furia.
    Pensó en volver por los puestos de verdura y diarios. Creyó conveniente tomar por la avenida, ir a las fondas del puerto, emborracharse y regalarle la alianza a alguna de las prostitutas que transitan por el puerto. "Despierto en una ciudad vacía", recordó el primer verso del poema. La ciudad está vacía sin ella. Nada tiene sentido ya. "Con nubes grises y vacías ", como si el poema se hubiera adelantado, como si él mismo hubiera escrito su futuro. El cielo está gris, seguramente vacío también, a pesar de que pueda arrojar lluvia o ranas. Pensó en las ranas y por los menos sonrió. "Mi corazón está vacío ", se convenció de que el poema había sido profético. Su corazón estaba vacío como la ciudad y las nubes.
   Antes de llegar al puerto el cielo comenzó a descargar. No se preocupó por buscar refugio o caminar más rápido. Cuando estaba cruzando la avenida que daba al puerto algo lo golpeó en la cabeza. Miró en el piso y vio que era una rana. Miró al cielo de inmediato para encontrarse con la sorpresa que del cielo estaban lloviendo ranas. Ahora si apuró el paso. Las ranas seguían cayendo y algunas lo hacían con fuerza. Pocos metros le quedaban para llegar a la primera fonda. Recordó el último verso del poema: "Y de mi boca caen hilos de sangre". Tomó una de las ranas caídas de las nubes grises y vacías; vio como se movían sus extremidades y la mirada fría del batracio, y sin dudarlo le arrancó la cabeza con sus dientes. Entró a la fonda, dejó la cajita con la alianza sobre una mesa, acomodó su abrigo en la silla ante la mirada atónita de la gente que se encontraba en la fonda, que lo miraban asombrados como caían hilos de sangre de su boca.



martes, 9 de abril de 2019


El estruendo se hace sentir

Todo el mundo corre:

Alguien llama al 911.


Alrededor se agolpa la gente.



Él yace en el suelo

Con el celular en su mano.


No fue un accidente,

El estruendo fue desde su corazón.


Hay mensajes de WhatsApp

Que impactan más fuerte

Que un vehículo.






El estruendo se hace sentir
Todo el mundo corre:
Alguien llama al 911.
Alrededor se agolpa la gente.
Él yace en el suelo
Con el celular en su mano.
No fue un accidente,
El estruendo fue desde su corazón.
Hay mensajes de WhatsApp
Que impactan más fuerte
Que un vehículo.



Lo nuestro duró

Lo que duran dos peces de hielo

En un güisqui on the rocks;

Diría Sabina.



Yo diría que:

Lo nuestro duró

Lo que dura un volante

De una casa financiera

Entregado en mano

Y luego leído

Y luego doblado

Y luego arrojado a un tacho de basura.


Mientras espero 

Pienso.

Mientras pienso

Siento.

Mientras siento 
Respiro.
Mientras respiro
Escribo.
Mientras escribo
Espero.
Mientras espero 
Pienso.
Mientras pienso
Siento.
Mientras siento 
Respiro.
Mientras respiro
Escribo.
Mientras escribo
Espero.
Lo nuestro duró
Lo que duran dos peces de hielo
En un güisqui on the rocks;
Diría Sabina.
Yo diría que:
Lo nuestro duró
Lo que dura un volante
De una casa financiera
Entregado en mano
Y luego leído
Y luego doblado
Y luego arrojado a un tacho de basura.

lunes, 8 de abril de 2019

Me gustan los cafés

Que lavan plata del narcotráfico:



Allí nunca hay gente

La carta siempre está disponible

Nunca hay que esperar

El café siempre es fresco

Hay pasteles de muchas variedades

Y se escucha Lana del Rey.



Me gustan los cafés

Que lavan plata del narcotráfico:



Quizás porque sea

Un misátropo

O un poeta mediocre

Que se refugia en estos cafés

Buscando inspiración

Y siempre fracasa.



Me gustan los cafés

Que lavan plata del narcotráfico:



Todo es de diseño allí

Todo es vintage

Los empleados ganan muy bien

Y los impuestos están al día.



Me gustan los cafés

Que lavan plata del narcotráfico:



Ni siquiera hay moscas

O cucarachas,

Y hay un empleado

Que todo el tiempo

Repasa el piso, las vajillas

Las mesas, los vidrios

El matafuegos, cada una

De las cucharas. En el baño

Nunca hay una gota de orín.



Me gustan los cafés

Que lavan plata del narcotráfico:



Y eso que yo no apoyo

Al narcotráfico

Ni siquiera le agradezco.



Pero en este caso

Haré una excepción:



Le agradezco al narcotráfico

Por este café

Por esta soledad

Por tener a los empleados en blanco

Pagar impuestos al Estado

Y tener muebles de diseño.



Nada más.








Me gustan los cafés
Que lavan plata del narcotráfico:

Allí nunca hay gente
La carta siempre está disponible
Nunca hay que esperar
El café siempre es fresco
Hay pasteles de muchas variedades
Y se escucha Lana del Rey.

Me gustan los cafés
Que lavan plata del narcotráfico:

Quizás porque sea
Un misátropo
O un poeta mediocre
Que se refugia en estos cafés
Buscando inspiración
Y siempre fracasa.

Me gustan los cafés
Que lavan plata del narcotráfico:

Todo es de diseño allí
Todo es vintage
Los empleados ganan muy bien
Y los impuestos están al día.

Me gustan los cafés
Que lavan plata del narcotráfico:

Ni siquiera hay moscas
O cucarachas,
Y hay un empleado
Que todo el tiempo
Repasa el piso, las vajillas
Las mesas, los vidrios
El matafuegos, cada una
De las cucharas. En el baño
Nunca hay una gota de orín.

Me gustan los cafés
Que lavan plata del narcotráfico:

Y eso que yo no apoyo
Al narcotráfico
Ni siquiera le agradezco.

Pero en este caso
Haré una excepción:

Le agradezco al narcotráfico
Por este café
Por esta soledad
Por tener a los empleados en blanco
Pagar impuestos al Estado
Y tener muebles de diseño.

Nada más.



Y es que es tan difícil para mí

Corresponder estos sentimientos

A estas palabras;

Saber qué es, y como es

Y cómo disfrutarlo

Y vivir el amor,

Más cuando me he pasado la vida

Construyendo paredes

Y paredes para aislarme

Del mundo y de las personas:

Creía que no las necesitaba.



Una chica me sonrió

Y lo tomé como una invitación

A no sé qué...

Y pasé muchas noches sin dormir

Comer, llorando

Por no saber conocer a la gente.



Me echaron de un empleo

Y siento que no sirvo para nada.



Confié en la política

Y mi inexperiencia

Me dice que el mundo

No tiene arreglo.



Leí un libro de poesía

Y la creo la cosa más aburrida

Del mundo.



El lenguaje no es lo mio

Todavía me falta experiencia:

Lo mio es el silencio.












Y es que es tan difícil para mí
Corresponder estos sentimientos
A estas palabras;
Saber qué es, y como es
Y cómo disfrutarlo
Y vivir el amor,
Más cuando me he pasado la vida
Construyendo paredes
Y paredes para aislarme
Del mundo y de las personas:
Creía que no las necesitaba.

Una chica me sonrió
Y lo tomé como una invitación
A no sé qué...
Y pasé muchas noches sin dormir
Comer, llorando
Por no saber conocer a la gente.

Me echaron de un empleo
Y siento que no sirvo para nada.

Confié en la política
Y mi inexperiencia
Me dice que el mundo
No tiene arreglo.

Leí un libro de poesía
Y la creo la cosa más aburrida
Del mundo.

El lenguaje no es lo mio
Todavía me falta experiencia:
Lo mio es el silencio.





"Yo los pierdo por un camino de tierra

La lancha no me alcanza, está hecha mierda

Algo se baja y me empieza a correr

Pero no van agarrarme porque sé que hacer"

Una vela, Intoxicados





    De Boedo hasta el Bajo Flores hicimos casi todos los semáforos. Como teníamos un solo devil stick nos turnamos un semáforo cada uno con el Duende. En algunos no pasó nada. En 3 semáforos de la avenida Castañares hicimos para un par de piedras. El Duende dice que ya fue, que pegemos una birra y vayamos directamente a la villa. No se habló más, guardamos la herramienta en la mochila y encaramos duro y parejo por la Castañares con dos birras adentro de una botella de plástico.

   A la mitad de la botella llegamos a Curapaligüe. Cuando la botella se acabó ya estábamos en la Cobos. Enfilamos para el Barrio Rivadavia. Los puesteros de la feria de la Avenida Bonorino estaban volviendo. Había poco fisura en el barrio. Solo nos cruzamos a uno que venía recontra desesperado y le dimos un peso para que se compre un paco. El fisura salió corriendo a la linea a pegar. Nosotros seguimos para adentro bien de la Cobos, a la cancha de los paraguayos. Ahí teníamos una buena linea de faso piola. Pero primero había que atravesar la maraña de pasillos angostos y laberínticos de la villa. Hasta que finalmente llegamos.

   En la cancha había tres peruanos. Uno se adelantó:"Ven causa, ven. Qué andas buscando causa. Habla causa", decía el peruano con entusiasmo. El Duende le pidió dos piedras de faso. El Peruano le hizo señas al otro peruano que sacó las dos piedras de una bolsa de consorcio. Tenían 3. Una para cada droga: cocaína, pasta base y faso. Yo le pagué al peruano y nos pusimos a armar un  faso con la mitad de una de la piedras. Terminado el trámite, lo siguiente fue arrancarlo. Hicimos el camino de vuelta por los pasillos angostos de la Cobos. Nos había quedado unos billetes para tomar una birra en una de las parillas de la Bonorino. Antes de llegar a la parrilla el tronchón había muerto. El tronchón había muerto pero la locura nos devolvió a la vida. Ganamos una mesa en una de las parrillas de Peruanos. Desde adentro se sentía la música peruana y el sabor a pollo frito. Nos atendió un peruano que estaba bastante duro. Mandibuleaba a más no poder. Cuando trajo la birra y contamos la plata vimos que nos sobraba para un par de empanadas. Creo que nunca había comido una empanada tan picante. Lo cual hizo que la cerveza se disfrutara mucho más.

    Mientras yo me había quedado colgado en algún flash; el Duende se armó otro faso con una servilleta. No hay vida más bacan que esto. Sentados en la villa, fumando, escabiando y comiendo las empanadas más picantes del condado. Y así el tiempo pasaba, se iba entre el humo dulce y prensado paraguayo. Y nosotros también nos teníamos que ir. Había que seguir caminando, haciendo semáforos, plata, villa y villa.

   Decidimos encarar por el lado de la avenida Eva Perón. El Duende quería volver por la Castañares pero lo convencí. "Vamos por la Perón que la gorra no anda por esos lados", le dije al Duende mientras ya se estaba quemando lo último del porro."¡La concha de Perón!", dijo el Duende al ver a los dos efectivos de la Brigada que venían de frente con todo esa pinta de brigada que no pueden disimular aunque quieran. Ya nos habían visto que veíamos fumando. Ya sabían que podríamos tener más droga. Ya sabían que nos íbamos a comer los mocos. No hice ningún esfuerzo por esconder lo que quedaba del porro. El Duende al verlos descartó la piedra que teníamos cerca de un tarro de basura. Los giles nos pusieron todo mal contra la pared. Palparon buscando fierros, facas y falopa. "No tienen nada che. Mirá que nos le creo"; decía uno de los bigotes. Le dijimos que no teníamos nada, solo lo que veníamos fumando. "Tómenselas", dijo el gil y nos largó. Mientras subíamos por la Bonorino hacia la Perón, el Duende me dijo que volviéramos a buscar la piedra. Entonces llegamos a la esquina y rodeamos toda la manzana hasta volver a pasar por la parrilla. El Duende había descartado al lado de tarro de basura. Y cuando estábamos cerca de la piedra, aparecieron otra vez los mismos brigadas que salían de un pasillo. "¿Qué onda con ustedes", decía el milico. "No le dije que se fueran". Estábamos cerca del tarro de basura. "Volvimos a buscar el faso que descartamos", le dijo al Duende al Cobani. "¿Y dónde descartaron?", decía el gil mirando al piso. El compañero también se puso a buscar. "Allá", le dijo el Duende señalando hacia adentro del pasillo. Mientras los giles buscaban, el Duende se adelantó un paso y pisó la piedra que estaba al lado del tarro de basura. "¿Estás seguro que acá descartaste", decía el imbécil. "Si, si", le decía el Duende. El Duende me miró, se agachó, tomó la piedra y salimos corriendo hasta la esquina. Doblamos y nos metimos en el primer pasillo. El Duende se conocía de memoria la red de laberintos de la villa. Así que en un toque estábamos otra vez en el Barrio Rivadavia. Los milicos quedaron pagando. No sé si nos corrieron. Lo importante era rescatar la piedra. Y la rescatamos.

   Luego del salir del Bario Rivadavia pintó tomar una birra. Volví a desenfundar la herramienta para hacer plata. En un semáforo, de una auto, nos regalaron un paquete con una docena de empanadas. Juntamos las monedas, compramos unas birras y fuimos a una plaza. Antes de comer arrancamos la piedra rescatada. Fumanos la mitad y encaramos las empanadas. Eran ricas, pero no tan ricas ni tan picantes como las de la villa.

 







 
"Yo los pierdo por un camino de tierra
La lancha no me alcanza, está hecha mierda
Algo se baja y me empieza a correr
Pero no van agarrarme porque sé que hacer"
Una vela, Intoxicados


    De Boedo hasta el Bajo Flores hicimos casi todos los semáforos. Como teníamos un solo devil stick nos turnamos un semáforo cada uno con el Duende. En algunos no pasó nada. En 3 semáforos de la avenida Castañares hicimos para un par de piedras. El Duende dice que ya fue, que pegemos una birra y vayamos directamente a la villa. No se habló más, guardamos la herramienta en la mochila y encaramos duro y parejo por la Castañares con dos birras adentro de una botella de plástico.
   A la mitad de la botella llegamos a Curapaligüe. Cuando la botella se acabó ya estábamos en la Cobos. Enfilamos para el Barrio Rivadavia. Los puesteros de la feria de la Avenida Bonorino estaban volviendo. Había poco fisura en el barrio. Solo nos cruzamos a uno que venía recontra desesperado y le dimos un peso para que se compre un paco. El fisura salió corriendo a la linea a pegar. Nosotros seguimos para adentro bien de la Cobos, a la cancha de los paraguayos. Ahí teníamos una buena linea de faso piola. Pero primero había que atravesar la maraña de pasillos angostos y laberínticos de la villa. Hasta que finalmente llegamos.
   En la cancha había tres peruanos. Uno se adelantó:"Ven causa, ven. Qué andas buscando causa. Habla causa", decía el peruano con entusiasmo. El Duende le pidió dos piedras de faso. El Peruano le hizo señas al otro peruano que sacó las dos piedras de una bolsa de consorcio. Tenían 3. Una para cada droga: cocaína, pasta base y faso. Yo le pagué al peruano y nos pusimos a armar un  faso con la mitad de una de la piedras. Terminado el trámite, lo siguiente fue arrancarlo. Hicimos el camino de vuelta por los pasillos angostos de la Cobos. Nos había quedado unos billetes para tomar una birra en una de las parillas de la Bonorino. Antes de llegar a la parrilla el tronchón había muerto. El tronchón había muerto pero la locura nos devolvió a la vida. Ganamos una mesa en una de las parrillas de Peruanos. Desde adentro se sentía la música peruana y el sabor a pollo frito. Nos atendió un peruano que estaba bastante duro. Mandibuleaba a más no poder. Cuando trajo la birra y contamos la plata vimos que nos sobraba para un par de empanadas. Creo que nunca había comido una empanada tan picante. Lo cual hizo que la cerveza se disfrutara mucho más.
    Mientras yo me había quedado colgado en algún flash; el Duende se armó otro faso con una servilleta. No hay vida más bacan que esto. Sentados en la villa, fumando, escabiando y comiendo las empanadas más picantes del condado. Y así el tiempo pasaba, se iba entre el humo dulce y prensado paraguayo. Y nosotros también nos teníamos que ir. Había que seguir caminando, haciendo semáforos, plata, villa y villa.
   Decidimos encarar por el lado de la avenida Eva Perón. El Duende quería volver por la Castañares pero lo convencí. "Vamos por la Perón que la gorra no anda por esos lados", le dije al Duende mientras ya se estaba quemando lo último del porro."¡La concha de Perón!", dijo el Duende al ver a los dos efectivos de la Brigada que venían de frente con todo esa pinta de brigada que no pueden disimular aunque quieran. Ya nos habían visto que veíamos fumando. Ya sabían que podríamos tener más droga. Ya sabían que nos íbamos a comer los mocos. No hice ningún esfuerzo por esconder lo que quedaba del porro. El Duende al verlos descartó la piedra que teníamos cerca de un tarro de basura. Los giles nos pusieron todo mal contra la pared. Palparon buscando fierros, facas y falopa. "No tienen nada che. Mirá que nos le creo"; decía uno de los bigotes. Le dijimos que no teníamos nada, solo lo que veníamos fumando. "Tómenselas", dijo el gil y nos largó. Mientras subíamos por la Bonorino hacia la Perón, el Duende me dijo que volviéramos a buscar la piedra. Entonces llegamos a la esquina y rodeamos toda la manzana hasta volver a pasar por la parrilla. El Duende había descartado al lado de tarro de basura. Y cuando estábamos cerca de la piedra, aparecieron otra vez los mismos brigadas que salían de un pasillo. "¿Qué onda con ustedes", decía el milico. "No le dije que se fueran". Estábamos cerca del tarro de basura. "Volvimos a buscar el faso que descartamos", le dijo al Duende al Cobani. "¿Y dónde descartaron?", decía el gil mirando al piso. El compañero también se puso a buscar. "Allá", le dijo el Duende señalando hacia adentro del pasillo. Mientras los giles buscaban, el Duende se adelantó un paso y pisó la piedra que estaba al lado del tarro de basura. "¿Estás seguro que acá descartaste", decía el imbécil. "Si, si", le decía el Duende. El Duende me miró, se agachó, tomó la piedra y salimos corriendo hasta la esquina. Doblamos y nos metimos en el primer pasillo. El Duende se conocía de memoria la red de laberintos de la villa. Así que en un toque estábamos otra vez en el Barrio Rivadavia. Los milicos quedaron pagando. No sé si nos corrieron. Lo importante era rescatar la piedra. Y la rescatamos.
   Luego del salir del Bario Rivadavia pintó tomar una birra. Volví a desenfundar la herramienta para hacer plata. En un semáforo, de una auto, nos regalaron un paquete con una docena de empanadas. Juntamos las monedas, compramos unas birras y fuimos a una plaza. Antes de comer arrancamos la piedra rescatada. Fumanos la mitad y encaramos las empanadas. Eran ricas, pero no tan ricas ni tan picantes como las de la villa.
 


 

16 años

 Me dijeron  Que tenía una condición  Física, mental y espiritual. Que era una alergia del cuerpo Una obsesión de la mente Un lugar oscuro d...