miércoles, 15 de mayo de 2019

De todos lo bares que recorrí
Y de todo el dolor que consumí
Puedo decir
Que el amor es una droga dura
Las ideologías son drogas duras
Que barrer es una acto de fe
Y que la poesía se resiste a ser escrita
Como a mí a ser domesticado.

A los 4 años le rompí
La cabeza a un vecinito
Con una herradura.
El karma del vecinito
Se vengó en La 21
Con unos cuanto cañazos
De 9 mm en mi cuero cabelludo:
Todavía conservo sus marcas.

Escribí mis manifiestos poéticos
En todas las esquinas conocidas
Y más aún en las desconocidas:
Todavía sigo recojiendo borradores.

Ayer; el sonido de la leña quemándose
Y de los pájaros brindo su poesía
De manera generosa:
Pude darle sentido a un día más.

 Y aquí me encuentro tratando
De pagar los intereses de mi último karma:
Ya voy por el 12.500.
Me quedan 5.000.




viernes, 10 de mayo de 2019

¿Podés escuchar a los perros


Que ladran en tu cuadra?


¿Y


En la otra?


¿Y 


En el otro barrio?





Me dormí tratando de contar 


Los ladridos:


Soñé que caminaba en un  barrio


Y me encontraba con todas


Mis mascotas;


Las que he tenido


Las que tengo


Y (pareciera) las que voy a tener.





No dudé en ningún momento 


Todo era tan Real y claro


Como luminoso e inocente


Con mamá en un ranchito 


De chapa y un pañuelo en su cabeza


Cuidando a su perro Negro


Dice ella que tiene Moquillo.





Y no me reconoce 


No sabe que soy yo


Porque todavía no he nacido 


Si tiene 16 años y sé que el Negro


Se va a morir.





Sé que se va a morir


Sé que el  perro está muerto


Sé que todos lo perros están muertos


Y yo me doy cuenta de que estoy soñando


Y ya no quiero certezas o incertidumbres


La veo cuidar su perro 


Y sigue sin reconocerme.





Yo la reconozco 


Y quisiera que este sueño 


No termine más.







¿Podés escuchar a los perros
Que ladran en tu cuadra?
¿Y
En la otra?
¿Y 
En el otro barrio?

Me dormí tratando de contar 
Los ladridos:
Soñé que caminaba en un  barrio
Y me encontraba con todas
Mis mascotas;
Las que he tenido
Las que tengo
Y (pareciera) las que voy a tener.

No dudé en ningún momento 
Todo era tan Real y claro
Como luminoso e inocente
Con mamá en un ranchito 
De chapa y un pañuelo en su cabeza
Cuidando a su perro Negro
Dice ella que tiene Moquillo.

Y no me reconoce 
No sabe que soy yo
Porque todavía no he nacido 
Si tiene 16 años y sé que el Negro
Se va a morir.

Sé que se va a morir
Sé que el  perro está muerto
Sé que todos lo perros están muertos
Y yo me doy cuenta de que estoy soñando
Y ya no quiero certezas o incertidumbres
La veo cuidar su perro 
Y sigue sin reconocerme.

Yo la reconozco 
Y quisiera que este sueño 
No termine más.


miércoles, 8 de mayo de 2019

Toxi taxi




"Un toque por si las moscas van


y otro toque por si vas detrás"


Toxi taxi, Patricio Rey














     La mina está insoportable, no me deja tomar tranquilo. Desde que se levantó que está rompiendo la pelotas. Voy al baño a preparar la última bolsa para ir hasta lo del Rengo a llevarle el ladrillote. Me golpea la puerta y se me cae la gilada justo en el momento crucial. Le digo que ya voy a salir, que aguante un toque. Preparo otro sartenazo. Levanto. Me miro al espejo y con una gota de agua me limpio los restos del delito. Me zumban los oídos. Me siento en el inodoro y agradezco al zumbido que tape por un momento esa voz que me taladra los tímpanos. Que bueno, me digo con los ojos cerrados. Estoy llegando al nirvana. Falta poco, 3 o 4 segundos. Y cuando parece que estoy ahí, que voy a atravesar el umbral; el corazón se me detiene y una puntada en el pecho me parte en dos cuando la gila golpea con mas furia la puerta. Guardo la bolsa en la parte de adentro de la lengüeta de la zapatilla. Antes de las 12 tengo que llegar a lo del Rengo. 

   Salgo del baño recontrarreduro. La veo a la gila como agita los brazos y abre la boca pero no escucho nada. Todavía sigue el silbido en mis oídos. Voy para la pieza con la mina pegada a mis espaladas. No quiere parar, no sé lo que quiere y si supiera no sabría como complacerla con esta dureza. Miro el reloj, se esta acercando la hora, el encuentro con el Rengo y la plata que tanto necesito. 



-¿Me estás escuchando la puta que te parió?-, dice la gila con la cara más desencajada que yo.- Hace media hora que te estoy hablando. No ves que se nos hace tarde. 

-Bueno-, le digo como puedo. Trato de decirle algo más pero no me sale nada.



  La mina se da vuelta y se mete al baño. Me grita que al salir del baño nos vamos. Aprovecho para agarrar el ladrillote y taparlo con una campera. Algo me dice que puede pintar la gorra. Me preparo para levantar otra punta antes de que salga y ya salir bien puesto a la calle. Ella sale desaforada del baño, agarra su bolso y la campera y yo agarro la campera con el secuestro adentro. Parece a propósito. En el pasillo, en el ascensor y en la portería nos cruzamos a todo el edificio. Ella se encarga de dar los saludos con su cara angelada y cínica. Cuando estamos en la calle me pregunta que mierda me pasa. Nada, le digo; y otra vez intento querer decirle algo pero estoy incapacitado para articular cuatro palabras de corrido. Ella se da vuelta, levanta la mano y para un taxi. Subimos.



   -México y Dean Funes-, le indico al tachero y siento que gasté energías como si hubiera corrido un maratón.



   La mina se pone a hablar con el tachero. Le quema la cabeza, lo taladra, le dice 100 palabras por minuto, le hace preguntas que ella misma contesta, y sigue y sigue sin parar. En un semáforo nos cruzamos las miradas con el tachero por el espejo retrovisor. Su mirada es de compasión. Y sí, le digo con la mirada; es lo que hay. Yo mientras tanto, mientras la mina dispara sin parar palabras y el tachero está ocupado en el tránsito; voy abriendo la campera sobre mis rodillas y voy metiendo el ladrillote abajo del asiento del taxi. Tengo un presentimiento. Seguimos cruzando calles, avenidas, el monólogo interminable de la percanta, el hastío del tachero, y yo que tengo la mandíbula dura como una tabla. Finalmente se confirma. 

   Dos cuadras antes de Dean Funes se nos cruza de frente dos autos y dos por atrás. El tachero se quiere matar. La mina no entiende nada y yo entiendo todo. La bueno es que la paranoia me hizo descartar el ladrillote. Espero que no lo encuentren; y si lo encuentran algo se me va a ocurrir. Uno de los cobanis grita con la 9 en la mano. Miro para atrás y alcanzo a contar, con lo que hay adelante, por lo menos 11 bigotes con sus fierros apuntándonos con sus cargadores llenos: al menos 110 balas dispuestas a salir de los cañones. El gil, a los gritos, nos dice que salgamos con las manos en alto. Lo hacemos lo más lento posible. La gila se ve que está asustada porque no dice nada. Ojala nos pare todos lo días la gorra, pienso, por lo menos está callada. Al salir del taxi, el gorrudo nos dice que nos alejemos. Cuando ya estamos bastante alejados del taxi se nos abalanza el resto de los cobanis. A mí me esposan: al tachero y a la gila no. El que parece ser el jefe del operativo se me acerca. El corazón se me está por salir por la boca. 



  -¿Dónde está?, me dice el brigada.

  -¿Dónde está qué?-, le digo.

  -No te hagas el pelotudo. 



   Un cobani me revisa todo y en espacial los huevos. Es el único lugar en donde puedo llevar un kilo de marihuana. El cobani le dice al jefe brigada que no tengo nada. El jefe me mira con cara de 3, 8. Dos milicos se ponen a revisar el taxi. En eso traen un testigo para que mire todo el procedimiento. Hasta que lo encuentran. Uno de los milicos levanta el ladrillo con gesto de triunfo. 



   -¿Y ahora?-, me dice el bigotón con la mirada de creer haber ganado.

   -No sé que es eso-, le digo desde la dureza que tengo. 

    

El jefe del operativo se caga de risa. A la percanta y a mí nos suben a un auto, al tachero en otro. Se quiere matar matar el tachero. Encima que se tuvo que fumar 20 minutos de monólogo insoportable, ahora lo llevan en cana y le secuestran el taxi. 

  En la trulla la mina se despabila y comienza con su ametralladora de palabras y descansos a los cobanis. Le dice que nosotros somo gente de laburo, que no andamos en nada raro, que ya van a ver cuando lleguemos a la taquería y llame al boga. Así 20 minutos hasta que llegamos a Drogas peligrosas. 20 minutos estuvimos en una habitación con un par de uniformados que también se querían matar. Yo sigo estando estando duro. Tanto insistió la percanta que la dejaron llamar por teléfono.

   A la hora llegó nuestro abogado. Estuvo una hora en tratativas con la brigada y el juez que ordenó el allanamiento sobre el taxi. No nos pudieron hacer ninguna causa. La brigada me tenía marcado. Sabían que llevaba un kilo de faso, sabía que era para el Rengo y yo sabía que alguno de sus secuaces vendió la nota a la brigada. Lo que la brigada no sabía, y lo aprovechó nuestro boga, era el hecho de que al poner el ladrillo abajo de asiento no se podía comprobar que el faso era mío. Al ser el taxi un trasporte público cualquiera podía haberlo dejado ahí abajo. Pero ellos sabían que yo lo había puesto ahí. Bendita paranoia. 

  Nos largan a la noche. En la entrada nos cruzamos con el jefe del operativo. Su mirada de desafío dijo que ya me iba a enganchar. Seguro, pero hoy no. Tomamos un taxi y la escena es calcada. La diferencia era que ya no hay faso y tampoco paranoia. Manija sí. Hace como 4 horas que no tomo. Y la percanta dale que da con sus monólogos interminables con el dato de que nos habían metido en cana. Este tachero también se compadeció de mí a través del espejo retrovisor. 

  Al llegar a casa me meto directo al baño para sacar la bolsa que había acobachado en la lengüeta de la zapatilla. Me tomo la mitad de un saque y me siento en el inodoro. Repaso todo mientras estoy llegando al nirvana con los ojos cerrados. Pero me produce un pre-infarto los golpes desquiciados de la gila en la puerta. Otra vez lo mismo, me digo. Salgo y la vuelvo a ver como en la mañana, con los brazos agitados y la boca que se mueve. Sigo de largo para ir a la cama. Ella me sige. Al Rengo le veo mañana, pienso mientras me desparramo en la cama. Ella; ella sigue insoportable, sigue rompiendo las pelotas. 









Toxi taxi


"Un toque por si las moscas van
y otro toque por si vas detrás"
Toxi taxi, Patricio Rey




     La mina está insoportable, no me deja tomar tranquilo. Desde que se levantó que está rompiendo la pelotas. Voy al baño a preparar la última bolsa para ir hasta lo del Rengo a llevarle el ladrillote. Me golpea la puerta y se me cae la gilada justo en el momento crucial. Le digo que ya voy a salir, que aguante un toque. Preparo otro sartenazo. Levanto. Me miro al espejo y con una gota de agua me limpio los restos del delito. Me zumban los oídos. Me siento en el inodoro y agradezco al zumbido que tape por un momento esa voz que me taladra los tímpanos. Que bueno, me digo con los ojos cerrados. Estoy llegando al nirvana. Falta poco, 3 o 4 segundos. Y cuando parece que estoy ahí, que voy a atravesar el umbral; el corazón se me detiene y una puntada en el pecho me parte en dos cuando la gila golpea con mas furia la puerta. Guardo la bolsa en la parte de adentro de la lengüeta de la zapatilla. Antes de las 12 tengo que llegar a lo del Rengo. 
   Salgo del baño recontrarreduro. La veo a la gila como agita los brazos y abre la boca pero no escucho nada. Todavía sigue el silbido en mis oídos. Voy para la pieza con la mina pegada a mis espaladas. No quiere parar, no sé lo que quiere y si supiera no sabría como complacerla con esta dureza. Miro el reloj, se esta acercando la hora, el encuentro con el Rengo y la plata que tanto necesito. 

-¿Me estás escuchando la puta que te parió?-, dice la gila con la cara más desencajada que yo.- Hace media hora que te estoy hablando. No ves que se nos hace tarde. 
-Bueno-, le digo como puedo. Trato de decirle algo más pero no me sale nada.

  La mina se da vuelta y se mete al baño. Me grita que al salir del baño nos vamos. Aprovecho para agarrar el ladrillote y taparlo con una campera. Algo me dice que puede pintar la gorra. Me preparo para levantar otra punta antes de que salga y ya salir bien puesto a la calle. Ella sale desaforada del baño, agarra su bolso y la campera y yo agarro la campera con el secuestro adentro. Parece a propósito. En el pasillo, en el ascensor y en la portería nos cruzamos a todo el edificio. Ella se encarga de dar los saludos con su cara angelada y cínica. Cuando estamos en la calle me pregunta que mierda me pasa. Nada, le digo; y otra vez intento querer decirle algo pero estoy incapacitado para articular cuatro palabras de corrido. Ella se da vuelta, levanta la mano y para un taxi. Subimos.

   -México y Dean Funes-, le indico al tachero y siento que gasté energías como si hubiera corrido un maratón.

   La mina se pone a hablar con el tachero. Le quema la cabeza, lo taladra, le dice 100 palabras por minuto, le hace preguntas que ella misma contesta, y sigue y sigue sin parar. En un semáforo nos cruzamos las miradas con el tachero por el espejo retrovisor. Su mirada es de compasión. Y sí, le digo con la mirada; es lo que hay. Yo mientras tanto, mientras la mina dispara sin parar palabras y el tachero está ocupado en el tránsito; voy abriendo la campera sobre mis rodillas y voy metiendo el ladrillote abajo del asiento del taxi. Tengo un presentimiento. Seguimos cruzando calles, avenidas, el monólogo interminable de la percanta, el hastío del tachero, y yo que tengo la mandíbula dura como una tabla. Finalmente se confirma. 
   Dos cuadras antes de Dean Funes se nos cruza de frente dos autos y dos por atrás. El tachero se quiere matar. La mina no entiende nada y yo entiendo todo. La bueno es que la paranoia me hizo descartar el ladrillote. Espero que no lo encuentren; y si lo encuentran algo se me va a ocurrir. Uno de los cobanis grita con la 9 en la mano. Miro para atrás y alcanzo a contar, con lo que hay adelante, por lo menos 11 bigotes con sus fierros apuntándonos con sus cargadores llenos: al menos 110 balas dispuestas a salir de los cañones. El gil, a los gritos, nos dice que salgamos con las manos en alto. Lo hacemos lo más lento posible. La gila se ve que está asustada porque no dice nada. Ojala nos pare todos lo días la gorra, pienso, por lo menos está callada. Al salir del taxi, el gorrudo nos dice que nos alejemos. Cuando ya estamos bastante alejados del taxi se nos abalanza el resto de los cobanis. A mí me esposan: al tachero y a la gila no. El que parece ser el jefe del operativo se me acerca. El corazón se me está por salir por la boca. 

  -¿Dónde está?, me dice el brigada.
  -¿Dónde está qué?-, le digo.
  -No te hagas el pelotudo. 

   Un cobani me revisa todo y en espacial los huevos. Es el único lugar en donde puedo llevar un kilo de marihuana. El cobani le dice al jefe brigada que no tengo nada. El jefe me mira con cara de 3, 8. Dos milicos se ponen a revisar el taxi. En eso traen un testigo para que mire todo el procedimiento. Hasta que lo encuentran. Uno de los milicos levanta el ladrillo con gesto de triunfo. 

   -¿Y ahora?-, me dice el bigotón con la mirada de creer haber ganado.
   -No sé que es eso-, le digo desde la dureza que tengo. 
    
El jefe del operativo se caga de risa. A la percanta y a mí nos suben a un auto, al tachero en otro. Se quiere matar matar el tachero. Encima que se tuvo que fumar 20 minutos de monólogo insoportable, ahora lo llevan en cana y le secuestran el taxi. 
  En la trulla la mina se despabila y comienza con su ametralladora de palabras y descansos a los cobanis. Le dice que nosotros somo gente de laburo, que no andamos en nada raro, que ya van a ver cuando lleguemos a la taquería y llame al boga. Así 20 minutos hasta que llegamos a Drogas peligrosas. 20 minutos estuvimos en una habitación con un par de uniformados que también se querían matar. Yo sigo estando estando duro. Tanto insistió la percanta que la dejaron llamar por teléfono.
   A la hora llegó nuestro abogado. Estuvo una hora en tratativas con la brigada y el juez que ordenó el allanamiento sobre el taxi. No nos pudieron hacer ninguna causa. La brigada me tenía marcado. Sabían que llevaba un kilo de faso, sabía que era para el Rengo y yo sabía que alguno de sus secuaces vendió la nota a la brigada. Lo que la brigada no sabía, y lo aprovechó nuestro boga, era el hecho de que al poner el ladrillo abajo de asiento no se podía comprobar que el faso era mío. Al ser el taxi un trasporte público cualquiera podía haberlo dejado ahí abajo. Pero ellos sabían que yo lo había puesto ahí. Bendita paranoia. 
  Nos largan a la noche. En la entrada nos cruzamos con el jefe del operativo. Su mirada de desafío dijo que ya me iba a enganchar. Seguro, pero hoy no. Tomamos un taxi y la escena es calcada. La diferencia era que ya no hay faso y tampoco paranoia. Manija sí. Hace como 4 horas que no tomo. Y la percanta dale que da con sus monólogos interminables con el dato de que nos habían metido en cana. Este tachero también se compadeció de mí a través del espejo retrovisor. 
  Al llegar a casa me meto directo al baño para sacar la bolsa que había acobachado en la lengüeta de la zapatilla. Me tomo la mitad de un saque y me siento en el inodoro. Repaso todo mientras estoy llegando al nirvana con los ojos cerrados. Pero me produce un pre-infarto los golpes desquiciados de la gila en la puerta. Otra vez lo mismo, me digo. Salgo y la vuelvo a ver como en la mañana, con los brazos agitados y la boca que se mueve. Sigo de largo para ir a la cama. Ella me sige. Al Rengo le veo mañana, pienso mientras me desparramo en la cama. Ella; ella sigue insoportable, sigue rompiendo las pelotas. 



Carta abierta a la tía de Flannery O´Connor

 


"Tengo una tía que piensa que nada sucede en un cuento a menos que al final alguien se case o se pegue un tiro. Escribí un cuento acerca de un vago que se casa con la hija idiota de una vieja solo para adueñarse del automóvil. Luego del casorio se van en el auto de viaje de novios, abandona a la muchacha en un merendero y continúa solo el viaje. Ese es un cuento completo. Todo lo que puede decirse acerca del misterio de la personalidad de ese hombre, está mostrado mediante esta particular dramatización. Sin embargo nunca pude convencer a mi tía de que ese es un cuento completo. Ella quiere saber qué sucedió después con la hija idiota." 
Flannery O’Connor.











La tía de Flannery tiene razón: qué pasa con la hija idiota; qué pasa. Qué pasa después, aún con los cuentos perfectos y finales cerrados y solemnes. Qué pasó con Rascolnicov, con los hermanos Karamazov, qué paso con Martín después de orinar al lado del camionero. Cómo fue la primera mateada de Cruz con fierro, luego de haber pasado toda la noche entre puñalada y puñalada. Dónde enterró el cuerpo de Gregorio Samsa su familia. El mago, cuando el fuego muerde su carne y se da cuenta de que lo están soñando:cómo siguió ese sueño. Qué, cómo, dónde y cuándo. Y La gallina degollada cómo siguió.

    Recuerdo que me sentí indignado cuando leí Hernán de Abelardo Castillo (Las otras puertas). Como no sentir compasión por la señorita Eugenia en el desenlace del cuento. Para Flannery O´Connor ese es también un ejemplo de cuento completo. Quién lo dudaría: nadie. Sin embargo el sabor amargo de ese final a mí me persiguió un tiempo. Un día (creo que en la casa de mi madre, con ella al lado tomando mate) comencé a escribir un cuento que hablaba de una maestra. Soy del 80 así que crecí mirando la serie Señorita maestra con Cristina Lemercier. El cuento se empezaba a poblar. En el momento en el que lo escribía no sabía para dónde iba. El cuento se terminó cerrando como la gustaba a la tía de Flannery: con muertes. El cuento lo llevé a la EAPP. La señorita maestra hacía una torta y en un momento va a buscar un ingrediente al cuartucho que estaba abajo de la escalera. Era más que obvio hacia donde se dirigía el relato. Yo había visto La soga de Alfred Hitchcock y quería hacer complice al lector. En La soga se sabe todo el tiempo que hubo un crimen y que el banquete que se sirve en el baúl; dentro del baúl está el cuerpo de David. Marcelo Díaz en los encuentros de la EAPP me sugirió que sacara el dato del ingrediente tomado del cuartucho debajo de la escalera. Cuando volví al cuento un par de años después le saqué todas las marcas de intención de la Señorita maestra. El cuento se define en las últimas dos oraciones. Lo leí en público en el ciclo Birra y letra y tuvo buenos comentarios. Lección: no soy Hitchcock y la onda era y es que yo, a mí manera, continué el relato de Castillo. Es la venganza de la señorita Eugenia. También lo hice en un poema que se podría llamar La venganza de Baby doll, la protagonista de Sucher punch. En el poema es una rubia doctora la que le realiza la lobotomía a un hombre x.

   Entonces, pienso, que con la reacción fisiológica que nos provoca la literatura algo hay que hacer. O bien leer más, escribir, estudiar letras, hacerse crítico, dar talleres, hacer una editorial o un blog,etc, etc.

   Reconozco que cuando quiero escribir un cuento recurro a los libros de Abelardo Castillo. Julio Cortázar dice que Castillo escribe sistemas cerrados y es cierto. Todo lo que hay que saber para escribir cuentos en estos lados del planeta está en los cuentos de Abelardo. Por algo fue un gran formador de escritores en los últimos 30 años y, según me dicen, la posta para escribir cuentos la tiene ahora Samanta Schweblin. Reconozco que también quiero escribir Las ruinas circulares. León Giego dice en Los salieris de Charly."Somos del grupo Los salieris de Charly/ y le robamos melodías a él". Yo soy del grupo Los salieris de Borges/ y le robamos ideas a él. Vos; de qué grupo sos: de Borges, Sabato, Marechal, Martínez Estrada, Ramos, Cucurto, Woolf, Uhart, Kafka. A quién le robás ideas.

   Antes de leer Fahrenheit 451 me topé con una antología de cuentos fantásticos en donde estaba El lago de Bradbury. Todos sabemos que es una gran cuento. Bradbury dice en un ensayo escrito por él que ese fue el primer gran cuento que escribió  después de años de intentos e intentos, escribiendo, leyendo, y mandando sus cuentos a las revistas y ser rechazado muchas veces. En lo personal reconocí que esa es la manera de escribir un gran cuento. Me pasó lo que a Borges cuando leyó, por Croce, la suerte de ese bárbaro que murió por la ciudad que una vez había asediado. Borges reconoce que ahí había algo que era de él. Lo encuentra en su familia, especialmente en su abuela. ¿Estaremos buscando algo que es nuestro en la literatura? Yo viví dos años en Río Gallegos. El barrio en el que vivía con mi tía quedaba casi al final de la ciudad. Finalizada la ciudad hay una laguna; la Laguna Ortiz. Una laguna que en el invierno se congela y se puede andar en trineo o patines. Es el lugar de encuentro y de diversión de niños y grandes. No hay nada más divertido. Yo también sentí algo que era mío en El lago de Bradbury. Inmediatamente comencé a pensar una historia en la Laguna Ortiz. El cuento apareció mucho tiempo después. Mientras tanto se iba poblando. Cada vez que lo observaba era como mirar el ensayo de una obra de teatro. Cuando sentí que estaba completo me puse a escribirlo. Empecé a escribirlo con un asidero de verdad. Las razones por las cuales mi mamá me llevó para allá, la casa de mi tía, el barrio, la calle 3 lagos 660 planta baja b, los hijos de los patrones de mi tía, mi amor platónico de esa época: Florencia. Hasta ahí todo es verdad, los hechos son verdaderos, luego empieza la ficción. El cuento al compartirlo e la redes tuvo buena repercusión. Pablo Duca hasta escribió un poema sobre el cuento y alguien me preguntó si los hechos me habían ocurrido a mí. Una locura.

   De esa estancia en Río Gallegos; cuando cursaba el quinto grado, tuve una maestra que era de Tucumán y le gustaba contarnos historias de Mandinga ( así se le llama al diablo en ciertos lugares del norte). Una de esas historias me quedó marcada a fuego por el impacto que tiene en el final. Cuando comienzo a tantear este mundo de la literatura esa historia volvía una y otra vez. Pero no sabía como encararla. La historia es la de un baqueano que encuentra un bebé en los pastizales. Más allá de no conocer Tucumán y sentirme incapaz de recrear una escena en el campo; o por lo menos en esos campos, ya que conozco Pedro Luro, Ascasubi y gran parte de las estancias de Santa Cruz; algo me decía que ese cuento, si es que algún día iba a contarlo, no podía transcurrir en el campo. Entonces esperé y esperé. De a poco la escena principal se fue poblando en los lugares que mas conozco: Buenos Aires. Un día me decidí y en vez de un baqueano hice un enroque por un cartonero. Los dos son baqueanos y conocen mejor que nadie el lugar en donde habitan. Así que le metí con todo. Describí todo el recorrido que hacía yo cuando me dedicaba al cartoneo. Todo es verdad hasta el último párrafo. Todas las experiencias y las cosas que hay que hacer en la calle son las descritas en el cuento. Como el cuento es un cuento de un cartonero, le había dicho a Gustavo López si se lo podía pasar a Washintong Cucurto (Eloísa Cartonera). Gustavo López me dijo que lo leyó hasta el momento en el que el cartonero encuentra al bebé en la basura. No pudo seguirlo. Le tuve que hacer un spoliller y explicarle lo que estaba intentando, y así pudo llegar al final del cuento. El tema es que la forma de ese cuento tuvo que esperar más de 25 años para escribirse. Ya venía circulando en Tucumán, lo llevó a Rió Gallegos mi maestra, y yo lo conjugé  con mis experiencias. Ahí también hay algo que es mío. No es el bebé encontrado en la basura. Son las noches y los días tirando de una carro fumando porro y revolviendo basura.

 



 Vuelvo a la tía de Flannery. Por lo visto en el proceso se conjugan muchas cosas y no hay una teoría que pueda unificar la manera de escribir cuentos. La música en ese sentido está más avanzada. Así y todo no se garantiza que el saber todas las teorías musicales se consiga ser un gran músico o escribir una obra maestra. A priori todos nos damos cuento de cuando un instrumento está desafinado o si la obra es carente de sentiemiento. Gusta o no gusta: el resto es baladí.

   Guillermo Martínez en la contratapa de El sistema del silencio de Valeria Tentoni dice que Argentina es un país de cuentistas. Con semejante afirmación la pregunta es qué escribir. Y acá es donde la tía de Flannery acierta. En que momento Borges se dio cuanta de que la historia del sargento cruz era digna de ser contada y de manera magistral. Cuántos manuscritos quemó Sabato para llegar a Sobre héroes y tumbas. Qué habrá visto Quiroga para escibrir La gallina degollada. Cómo trabajó Martínez Estrada sus Tres cuentos sin amor. Cómo se le ocurrió el título Fahrenheit 451 a Bradbury. Borge habrá visto el aleph. Cómo sería ese cuarto en donde escribía Nathaniel Hawthorne y en donde se presentaban los espíritus de sus antepasados y se preguntaban entre ellos qué es lo que hacía Nathaniel. Qué cuentos no habrá escrito Abelardo Castillo. Qué diría Kafka de su obra publicada y hasta sus listas de supermercado.



     Desde que Cludio Dobal Publicó Covers (Hemisferio derecho ediciones) se cristalizó definitivamente en el mundo de las letras la idea de cover literario. Él mismo dice que reescribió El marido rural de Cheever. Entonces no es de extrañar que lo que se hace en el momento de escribir es darle otra forma u homenajear a esa historia que se viene contando de muchas maneras o está pre-existiendo (Borges) y espera a que el escribiente la encuentre. Mi primer cover deliberado fue con la historia de la mancha de café. Un chico, una noche se encuentra con una chica, se conocen y van a tomar un café. La chica tiene un vestido blanco y en un momento se mancha el vestido con café. El chico la acompaña en un taxi (en este momento hay varia versiones. En la mía yo la llevo en moto) la deja en la casa y ella olvida (supongamos) un saquito. El chico vuelve al otro día y la familia le comenta que la chica está muerta haca varios años. Exhuman el cuerpo y la sorpresa es que el vestido del cadáver está manchado con café. Punto. Esta leyenda urbana está diseminada por todo el mundo y hasta se la encuentra en Hotel California de los Eagles. La versión que escribí es bastante fiel a la popular pero le agregue otro giro en la última oración. En las primeras versiones le había puesto La mancha de café, pero como la protagonista se llama Gisela opté por titularla Gisela. La historia me gusta tanto que le escribí una continuación que a la tía de Flannery seguramente le habría encantado. Como el protagonista sabe que Gisela es un espectro y que aparece una vez por año; él la espera y comparten toda la noche hasta que amanece.



   Y acá me encuentro respondiéndole  a la tía de Flannery. Dándome cuenta de que soy incapaz, por ahora, de escribir cuentos de amor. Lo intento pero no hay caso. El último intento fue con La lluvia. Lo bueno de ese relato es que hasta la mitad no sabía que era lo que iba a ocurrir y cómo se iba a cerrar. Flannery O´Connor cuenta algo parecido con un cuento sobre una doctora en filosofía que tiene una pierna de palo y un vendedor de biblias le roba la pierna. Los hechos se iban presentando mientras escribía. En La lluvia el personaje es un poeta y escribe un poema en una servilleta. En ese punto me di cuenta de que el poema estaba cerrando el relato y

 sabía que era un cuento completo. La mitad del relato hasta el final está condicionado por el poema y el final quedó bien. Golazo.

   Algo hay que hacer con las diferentes sensaciones fisiológicas que producen la lectura de cuentos. De alguna manera hay que armarse un sistema para continuar, refutar, elogiar, plagiar, tomar prestado, bastardear, ese cuento o los cuentos. Y hay que armarse el sistema porque hasta ahora nadie puede acertar con la manera de escribir buenas cuentos. La única certeza, y estos lo dicen todos, es escribir.

   Así que tía de Flannery O´Connor, la hija idiota, la historia, si no fue escrita, alguien la va a escribir.

Quién dice que de acá a unos años. Después de  varias lecturas de Flannery pueda continuar con esa historia y satisfacer a la tía. Si eso llegase a suceder será dedicado a ella.








Carta abierta a la tía de Flannery O´Connor

 
"Tengo una tía que piensa que nada sucede en un cuento a menos que al final alguien se case o se pegue un tiro. Escribí un cuento acerca de un vago que se casa con la hija idiota de una vieja solo para adueñarse del automóvil. Luego del casorio se van en el auto de viaje de novios, abandona a la muchacha en un merendero y continúa solo el viaje. Ese es un cuento completo. Todo lo que puede decirse acerca del misterio de la personalidad de ese hombre, está mostrado mediante esta particular dramatización. Sin embargo nunca pude convencer a mi tía de que ese es un cuento completo. Ella quiere saber qué sucedió después con la hija idiota." 
Flannery O’Connor.





La tía de Flannery tiene razón: qué pasa con la hija idiota; qué pasa. Qué pasa después, aún con los cuentos perfectos y finales cerrados y solemnes. Qué pasó con Rascolnicov, con los hermanos Karamazov, qué paso con Martín después de orinar al lado del camionero. Cómo fue la primera mateada de Cruz con fierro, luego de haber pasado toda la noche entre puñalada y puñalada. Dónde enterró el cuerpo de Gregorio Samsa su familia. El mago, cuando el fuego muerde su carne y se da cuenta de que lo están soñando:cómo siguió ese sueño. Qué, cómo, dónde y cuándo. Y La gallina degollada cómo siguió.
    Recuerdo que me sentí indignado cuando leí Hernán de Abelardo Castillo (Las otras puertas). Como no sentir compasión por la señorita Eugenia en el desenlace del cuento. Para Flannery O´Connor ese es también un ejemplo de cuento completo. Quién lo dudaría: nadie. Sin embargo el sabor amargo de ese final a mí me persiguió un tiempo. Un día (creo que en la casa de mi madre, con ella al lado tomando mate) comencé a escribir un cuento que hablaba de una maestra. Soy del 80 así que crecí mirando la serie Señorita maestra con Cristina Lemercier. El cuento se empezaba a poblar. En el momento en el que lo escribía no sabía para dónde iba. El cuento se terminó cerrando como la gustaba a la tía de Flannery: con muertes. El cuento lo llevé a la EAPP. La señorita maestra hacía una torta y en un momento va a buscar un ingrediente al cuartucho que estaba abajo de la escalera. Era más que obvio hacia donde se dirigía el relato. Yo había visto La soga de Alfred Hitchcock y quería hacer complice al lector. En La soga se sabe todo el tiempo que hubo un crimen y que el banquete que se sirve en el baúl; dentro del baúl está el cuerpo de David. Marcelo Díaz en los encuentros de la EAPP me sugirió que sacara el dato del ingrediente tomado del cuartucho debajo de la escalera. Cuando volví al cuento un par de años después le saqué todas las marcas de intención de la Señorita maestra. El cuento se define en las últimas dos oraciones. Lo leí en público en el ciclo Birra y letra y tuvo buenos comentarios. Lección: no soy Hitchcock y la onda era y es que yo, a mí manera, continué el relato de Castillo. Es la venganza de la señorita Eugenia. También lo hice en un poema que se podría llamar La venganza de Baby doll, la protagonista de Sucher punch. En el poema es una rubia doctora la que le realiza la lobotomía a un hombre x.
   Entonces, pienso, que con la reacción fisiológica que nos provoca la literatura algo hay que hacer. O bien leer más, escribir, estudiar letras, hacerse crítico, dar talleres, hacer una editorial o un blog,etc, etc.
   Reconozco que cuando quiero escribir un cuento recurro a los libros de Abelardo Castillo. Julio Cortázar dice que Castillo escribe sistemas cerrados y es cierto. Todo lo que hay que saber para escribir cuentos en estos lados del planeta está en los cuentos de Abelardo. Por algo fue un gran formador de escritores en los últimos 30 años y, según me dicen, la posta para escribir cuentos la tiene ahora Samanta Schweblin. Reconozco que también quiero escribir Las ruinas circulares. León Giego dice en Los salieris de Charly."Somos del grupo Los salieris de Charly/ y le robamos melodías a él". Yo soy del grupo Los salieris de Borges/ y le robamos ideas a él. Vos; de qué grupo sos: de Borges, Sabato, Marechal, Martínez Estrada, Ramos, Cucurto, Woolf, Uhart, Kafka. A quién le robás ideas.
   Antes de leer Fahrenheit 451 me topé con una antología de cuentos fantásticos en donde estaba El lago de Bradbury. Todos sabemos que es una gran cuento. Bradbury dice en un ensayo escrito por él que ese fue el primer gran cuento que escribió  después de años de intentos e intentos, escribiendo, leyendo, y mandando sus cuentos a las revistas y ser rechazado muchas veces. En lo personal reconocí que esa es la manera de escribir un gran cuento. Me pasó lo que a Borges cuando leyó, por Croce, la suerte de ese bárbaro que murió por la ciudad que una vez había asediado. Borges reconoce que ahí había algo que era de él. Lo encuentra en su familia, especialmente en su abuela. ¿Estaremos buscando algo que es nuestro en la literatura? Yo viví dos años en Río Gallegos. El barrio en el que vivía con mi tía quedaba casi al final de la ciudad. Finalizada la ciudad hay una laguna; la Laguna Ortiz. Una laguna que en el invierno se congela y se puede andar en trineo o patines. Es el lugar de encuentro y de diversión de niños y grandes. No hay nada más divertido. Yo también sentí algo que era mío en El lago de Bradbury. Inmediatamente comencé a pensar una historia en la Laguna Ortiz. El cuento apareció mucho tiempo después. Mientras tanto se iba poblando. Cada vez que lo observaba era como mirar el ensayo de una obra de teatro. Cuando sentí que estaba completo me puse a escribirlo. Empecé a escribirlo con un asidero de verdad. Las razones por las cuales mi mamá me llevó para allá, la casa de mi tía, el barrio, la calle 3 lagos 660 planta baja b, los hijos de los patrones de mi tía, mi amor platónico de esa época: Florencia. Hasta ahí todo es verdad, los hechos son verdaderos, luego empieza la ficción. El cuento al compartirlo e la redes tuvo buena repercusión. Pablo Duca hasta escribió un poema sobre el cuento y alguien me preguntó si los hechos me habían ocurrido a mí. Una locura.
   De esa estancia en Río Gallegos; cuando cursaba el quinto grado, tuve una maestra que era de Tucumán y le gustaba contarnos historias de Mandinga ( así se le llama al diablo en ciertos lugares del norte). Una de esas historias me quedó marcada a fuego por el impacto que tiene en el final. Cuando comienzo a tantear este mundo de la literatura esa historia volvía una y otra vez. Pero no sabía como encararla. La historia es la de un baqueano que encuentra un bebé en los pastizales. Más allá de no conocer Tucumán y sentirme incapaz de recrear una escena en el campo; o por lo menos en esos campos, ya que conozco Pedro Luro, Ascasubi y gran parte de las estancias de Santa Cruz; algo me decía que ese cuento, si es que algún día iba a contarlo, no podía transcurrir en el campo. Entonces esperé y esperé. De a poco la escena principal se fue poblando en los lugares que mas conozco: Buenos Aires. Un día me decidí y en vez de un baqueano hice un enroque por un cartonero. Los dos son baqueanos y conocen mejor que nadie el lugar en donde habitan. Así que le metí con todo. Describí todo el recorrido que hacía yo cuando me dedicaba al cartoneo. Todo es verdad hasta el último párrafo. Todas las experiencias y las cosas que hay que hacer en la calle son las descritas en el cuento. Como el cuento es un cuento de un cartonero, le había dicho a Gustavo López si se lo podía pasar a Washintong Cucurto (Eloísa Cartonera). Gustavo López me dijo que lo leyó hasta el momento en el que el cartonero encuentra al bebé en la basura. No pudo seguirlo. Le tuve que hacer un spoliller y explicarle lo que estaba intentando, y así pudo llegar al final del cuento. El tema es que la forma de ese cuento tuvo que esperar más de 25 años para escribirse. Ya venía circulando en Tucumán, lo llevó a Rió Gallegos mi maestra, y yo lo conjugé  con mis experiencias. Ahí también hay algo que es mío. No es el bebé encontrado en la basura. Son las noches y los días tirando de una carro fumando porro y revolviendo basura.
 

 Vuelvo a la tía de Flannery. Por lo visto en el proceso se conjugan muchas cosas y no hay una teoría que pueda unificar la manera de escribir cuentos. La música en ese sentido está más avanzada. Así y todo no se garantiza que el saber todas las teorías musicales se consiga ser un gran músico o escribir una obra maestra. A priori todos nos damos cuento de cuando un instrumento está desafinado o si la obra es carente de sentiemiento. Gusta o no gusta: el resto es baladí.
   Guillermo Martínez en la contratapa de El sistema del silencio de Valeria Tentoni dice que Argentina es un país de cuentistas. Con semejante afirmación la pregunta es qué escribir. Y acá es donde la tía de Flannery acierta. En que momento Borges se dio cuanta de que la historia del sargento cruz era digna de ser contada y de manera magistral. Cuántos manuscritos quemó Sabato para llegar a Sobre héroes y tumbas. Qué habrá visto Quiroga para escibrir La gallina degollada. Cómo trabajó Martínez Estrada sus Tres cuentos sin amor. Cómo se le ocurrió el título Fahrenheit 451 a Bradbury. Borge habrá visto el aleph. Cómo sería ese cuarto en donde escribía Nathaniel Hawthorne y en donde se presentaban los espíritus de sus antepasados y se preguntaban entre ellos qué es lo que hacía Nathaniel. Qué cuentos no habrá escrito Abelardo Castillo. Qué diría Kafka de su obra publicada y hasta sus listas de supermercado.

     Desde que Cludio Dobal Publicó Covers (Hemisferio derecho ediciones) se cristalizó definitivamente en el mundo de las letras la idea de cover literario. Él mismo dice que reescribió El marido rural de Cheever. Entonces no es de extrañar que lo que se hace en el momento de escribir es darle otra forma u homenajear a esa historia que se viene contando de muchas maneras o está pre-existiendo (Borges) y espera a que el escribiente la encuentre. Mi primer cover deliberado fue con la historia de la mancha de café. Un chico, una noche se encuentra con una chica, se conocen y van a tomar un café. La chica tiene un vestido blanco y en un momento se mancha el vestido con café. El chico la acompaña en un taxi (en este momento hay varia versiones. En la mía yo la llevo en moto) la deja en la casa y ella olvida (supongamos) un saquito. El chico vuelve al otro día y la familia le comenta que la chica está muerta haca varios años. Exhuman el cuerpo y la sorpresa es que el vestido del cadáver está manchado con café. Punto. Esta leyenda urbana está diseminada por todo el mundo y hasta se la encuentra en Hotel California de los Eagles. La versión que escribí es bastante fiel a la popular pero le agregue otro giro en la última oración. En las primeras versiones le había puesto La mancha de café, pero como la protagonista se llama Gisela opté por titularla Gisela. La historia me gusta tanto que le escribí una continuación que a la tía de Flannery seguramente le habría encantado. Como el protagonista sabe que Gisela es un espectro y que aparece una vez por año; él la espera y comparten toda la noche hasta que amanece.

   Y acá me encuentro respondiéndole  a la tía de Flannery. Dándome cuenta de que soy incapaz, por ahora, de escribir cuentos de amor. Lo intento pero no hay caso. El último intento fue con La lluvia. Lo bueno de ese relato es que hasta la mitad no sabía que era lo que iba a ocurrir y cómo se iba a cerrar. Flannery O´Connor cuenta algo parecido con un cuento sobre una doctora en filosofía que tiene una pierna de palo y un vendedor de biblias le roba la pierna. Los hechos se iban presentando mientras escribía. En La lluvia el personaje es un poeta y escribe un poema en una servilleta. En ese punto me di cuenta de que el poema estaba cerrando el relato y
 sabía que era un cuento completo. La mitad del relato hasta el final está condicionado por el poema y el final quedó bien. Golazo.
   Algo hay que hacer con las diferentes sensaciones fisiológicas que producen la lectura de cuentos. De alguna manera hay que armarse un sistema para continuar, refutar, elogiar, plagiar, tomar prestado, bastardear, ese cuento o los cuentos. Y hay que armarse el sistema porque hasta ahora nadie puede acertar con la manera de escribir buenas cuentos. La única certeza, y estos lo dicen todos, es escribir.
   Así que tía de Flannery O´Connor, la hija idiota, la historia, si no fue escrita, alguien la va a escribir.
Quién dice que de acá a unos años. Después de  varias lecturas de Flannery pueda continuar con esa historia y satisfacer a la tía. Si eso llegase a suceder será dedicado a ella.



Día del trabajador

Cuántos pensamientos

Apoyados sobre el vidrio

Del 33.



El puerto de Buenos Aires

Y sus pilas de contenedores

El riachuelo

La Maciel

La Boca

Camino General Belgrano

La Sapito

La Tranquila

Caaguazú

Donato Alvarez.



El frío ya se hace presente

En el barrio.

Las monedas en el bolsillo

Salpican la noche

Junto a los croares de ranas.

Calles de tierra en la senda

Del diablo.



Dejo mis malabares en el cuchitril

Voy a la esquina por

Una porción de locro.



La Negra dice que está riquísimo

Queda lo último en la olla

Se concentró todo el día.



Y tiene razón

Pido un vaso de vino;

Y ahí

En la esquina del Diablo

Y la muerte

En esta improvisada cantina

En la intemperie

Hecha con maderas viejas

Con la olla tiznada hasta la mitad

En este año perdido

De la primera década del siglo 21

Yo me encuentro comiendo el mejor locro

Del mundo pagado

Con las monedas del semáforo.



El Hormiga se acerca, está borracho

Como siempre:

¡Feliz día del trabajador hermano!

Dice empinando una cerveza.








Día del trabajador

Cuántos pensamientos
Apoyados sobre el vidrio
Del 33.

El puerto de Buenos Aires
Y sus pilas de contenedores
El riachuelo
La Maciel
La Boca
Camino General Belgrano
La Sapito
La Tranquila
Caaguazú
Donato Alvarez.

El frío ya se hace presente
En el barrio.
Las monedas en el bolsillo
Salpican la noche
Junto a los croares de ranas.
Calles de tierra en la senda
Del diablo.

Dejo mis malabares en el cuchitril
Voy a la esquina por
Una porción de locro.

La Negra dice que está riquísimo
Queda lo último en la olla
Se concentró todo el día.

Y tiene razón
Pido un vaso de vino;
Y ahí
En la esquina del Diablo
Y la muerte
En esta improvisada cantina
En la intemperie
Hecha con maderas viejas
Con la olla tiznada hasta la mitad
En este año perdido
De la primera década del siglo 21
Yo me encuentro comiendo el mejor locro
Del mundo pagado
Con las monedas del semáforo.

El Hormiga se acerca, está borracho
Como siempre:
¡Feliz día del trabajador hermano!
Dice empinando una cerveza.



Pájaro azul

El pájaro azul de John Lee Hooker

Sobrevuela sobre mis campos

Con caballos; y sanguijuelas

Que le drenan al tiempo

El tiempo que le queda.



Acordes menores

Y teclado Hammond

El pájaro azul del Blues es eso:

Un pájaro

Que usa sus alas para

Rasgar guitarras viciadas

Con alcohol y sudor femenino.



Veo al pájaro sobre

Los campos de algodón

Y esclavos que cantan su canción

En un tiempo pausado

Y arrastrado

Como las cadenas oxidadas

Del amo.



El pájaro azul vuela sobre

La negra noche,

Creo que puedo tocar un disco

De John en mi winco.

De seguro que el pájaro vendrá

Atraído por su voz del Mississippi.



Adiós pájaro azul

Saludame a John Lee Hooker

En esa granja inmortal

Del delta

A la que te dirigís.






Pájaro azul

El pájaro azul de John Lee Hooker
Sobrevuela sobre mis campos
Con caballos; y sanguijuelas
Que le drenan al tiempo
El tiempo que le queda.

Acordes menores
Y teclado Hammond
El pájaro azul del Blues es eso:
Un pájaro
Que usa sus alas para
Rasgar guitarras viciadas
Con alcohol y sudor femenino.

Veo al pájaro sobre
Los campos de algodón
Y esclavos que cantan su canción
En un tiempo pausado
Y arrastrado
Como las cadenas oxidadas
Del amo.

El pájaro azul vuela sobre
La negra noche,
Creo que puedo tocar un disco
De John en mi winco.
De seguro que el pájaro vendrá
Atraído por su voz del Mississippi.

Adiós pájaro azul
Saludame a John Lee Hooker
En esa granja inmortal
Del delta
A la que te dirigís.


Free bird

    Free bird (Lynyrd Skynyrd) forma parte de la banda de sonido de Forrest Gump. Película con los mayores golpes bajos de la historia del cine norteamericano. Robert Zemeckis trata, y lo logra con mucho éxito, hacer un recorrido por la historia de los Estados Unidos de los últimos 50 años (hay que recordar la fecha de estreno: 1994). Una historia de amor entre dos chicos con capacidades diferentes: Forrest y Jenny. En la película la música es de vital importancia. Todos los procesos culturales del país del norte están reflejados por la música y los acontecimientos históricos. Desde Elvis Presley y el nacimiento del Rock and roll después de la Segunda Guerra Mundial, Wilson Pickett y el Funk-Soul, Creedence Clearwater Revival y la Guerra de Vietnan, los Beach Boys, Buffalo Springfield, Jefferson Airplane, The Doors, KC and the Sunshine Band, Bob Seger, Simon & Garfunkel, toda esta música va dejando las marcas de las épocas.

   Jenny es una drogadicta. La película va mostrando la progresión de su adicción. Desde el Flower power Hippie hasta el surgimiento de la música disco con su cocaína y drogas intravenosas.

   La canción de los Lynyrd Skynyrd irrumpe en el punto máximo de adicción de Jenny. Esa sensación que Joaquín Gianuzzi describe en  como no saber si ajustarse la corbata o ahorcase. La canción comienza como una balada, con inocencia, como la infancia de Jenny en Alabama. En la mitad alcanza el climax perfecto que  toda canción rock and roll necesita. Solos de guitarra furiosos, ligados, fraseos pentatónicos que todo aspirante a las 6 cuerdas deberá aprender para conquistar chicas; baterista y tecladista enfurecidos, amagues a terminar y volver a empezar, etc, etc.

   Es en el punto alto de la canción en donde Zemeckis la conjuga con Jenny totalmente drogada, intentado arrojarse al vacío desde un balcón. La escena es totalmente desgarradora. Jenny no se arroja. Se baja de la baranda del balcón y  se arropa a sí misma tratando de consolarse en el medio de noche solitaria.



    Si me voy de aquí mañana

    ¿Todavía te acordarías de mí?

    Porque debo seguir viajando

    Porque hay demasiados lugares

    Que tengo que ver



   La banda es recordada por Sweet home Alabama, canción de su segundo disco: Second Helping. El 17 de octubre de 1977, en la cresta de la ola del éxito, llenando estadios y realizando una gira mundial sale a la calle Street Survivors. Tres días después del lanzamiento del álbum; en el avíon en el que viajaba la banda y el equipo técnico se estrella en un bosque de Mississippi. Ese Pájaro libre que trató de inducir a Jenny a arrojarse al vació se llevaría a 6 integrantes. Ronnie Van Zant, cantante de la banda y uno de los compositores de Free bird, en mas de una entrevista había declarado que no llegaría a los 30 años. Seguramente fue uno de los primeros en dejarse llevar por el Pájaro a esos lugares debía seguir conociendo.

   Garlan Greenne, unos de los psicópatas de la película Con Air( un avión es secuestrado por los psicópatas más peligros de E.E.U.U), interpretado por Steve Buscemi dice mientras suena Sweet Home Alabama, con los delincuentes bailando al tomar el control del avión: "Define ironía: un montón de idiotas bailando dentro de un avión, una canción que se hizo famosa por una banda que murió en un avión que se estrelló".



   Porque ahora soy tan libre como un ave

   Y a esta ave no la puedes cambiar

   Oh,oh,oh,oh,oh

   Y al ave no la puedes cambiar

   Y este pájaro no puede cambiar

   El Señor sabe que no puedo cambiar

   Adiós, adiós nena, ha sido un dulce amor.













 

Free bird

    Free bird (Lynyrd Skynyrd) forma parte de la banda de sonido de Forrest Gump. Película con los mayores golpes bajos de la historia del cine norteamericano. Robert Zemeckis trata, y lo logra con mucho éxito, hacer un recorrido por la historia de los Estados Unidos de los últimos 50 años (hay que recordar la fecha de estreno: 1994). Una historia de amor entre dos chicos con capacidades diferentes: Forrest y Jenny. En la película la música es de vital importancia. Todos los procesos culturales del país del norte están reflejados por la música y los acontecimientos históricos. Desde Elvis Presley y el nacimiento del Rock and roll después de la Segunda Guerra Mundial, Wilson Pickett y el Funk-Soul, Creedence Clearwater Revival y la Guerra de Vietnan, los Beach Boys, Buffalo Springfield, Jefferson Airplane, The Doors, KC and the Sunshine Band, Bob Seger, Simon & Garfunkel, toda esta música va dejando las marcas de las épocas.
   Jenny es una drogadicta. La película va mostrando la progresión de su adicción. Desde el Flower power Hippie hasta el surgimiento de la música disco con su cocaína y drogas intravenosas.
   La canción de los Lynyrd Skynyrd irrumpe en el punto máximo de adicción de Jenny. Esa sensación que Joaquín Gianuzzi describe en  como no saber si ajustarse la corbata o ahorcase. La canción comienza como una balada, con inocencia, como la infancia de Jenny en Alabama. En la mitad alcanza el climax perfecto que  toda canción rock and roll necesita. Solos de guitarra furiosos, ligados, fraseos pentatónicos que todo aspirante a las 6 cuerdas deberá aprender para conquistar chicas; baterista y tecladista enfurecidos, amagues a terminar y volver a empezar, etc, etc.
   Es en el punto alto de la canción en donde Zemeckis la conjuga con Jenny totalmente drogada, intentado arrojarse al vacío desde un balcón. La escena es totalmente desgarradora. Jenny no se arroja. Se baja de la baranda del balcón y  se arropa a sí misma tratando de consolarse en el medio de noche solitaria.

    Si me voy de aquí mañana
    ¿Todavía te acordarías de mí?
    Porque debo seguir viajando
    Porque hay demasiados lugares
    Que tengo que ver

   La banda es recordada por Sweet home Alabama, canción de su segundo disco: Second Helping. El 17 de octubre de 1977, en la cresta de la ola del éxito, llenando estadios y realizando una gira mundial sale a la calle Street Survivors. Tres días después del lanzamiento del álbum; en el avíon en el que viajaba la banda y el equipo técnico se estrella en un bosque de Mississippi. Ese Pájaro libre que trató de inducir a Jenny a arrojarse al vació se llevaría a 6 integrantes. Ronnie Van Zant, cantante de la banda y uno de los compositores de Free bird, en mas de una entrevista había declarado que no llegaría a los 30 años. Seguramente fue uno de los primeros en dejarse llevar por el Pájaro a esos lugares debía seguir conociendo.
   Garlan Greenne, unos de los psicópatas de la película Con Air( un avión es secuestrado por los psicópatas más peligros de E.E.U.U), interpretado por Steve Buscemi dice mientras suena Sweet Home Alabama, con los delincuentes bailando al tomar el control del avión: "Define ironía: un montón de idiotas bailando dentro de un avión, una canción que se hizo famosa por una banda que murió en un avión que se estrelló".

   Porque ahora soy tan libre como un ave
   Y a esta ave no la puedes cambiar
   Oh,oh,oh,oh,oh
   Y al ave no la puedes cambiar
   Y este pájaro no puede cambiar
   El Señor sabe que no puedo cambiar
   Adiós, adiós nena, ha sido un dulce amor.





 

miércoles, 1 de mayo de 2019

Mi bohemia




Voy con las manos en los bolsillos
Acariciando las monedas
Y las piedras sulfurosas.


Mi chaleco gastado 
Como mi gorro de arlequín
¡Musa! Te soy tan fiel
¡Cuántos amores he soñado!
¡Por cuantos amores
He fumado estas piedras amarillas!



A mi paso por estas vías
Voy construyendo mis rimas
Y la Cruz del Sur me acompaña
En el temblequeo del tren carguero
Que pasa a mi lado.


La madrugada de Septiembre
Va cayendo como la transpiración
De mi frente,
Sentado en las vías
Fumando-rimando
Perdido hace ya mucho tiempo
Por estas sombras fantásticas.


Voy tensando las liras
De mi sistema nervioso
Como tenso los cordones
De mis zapatillas
Como tenso los agujeros
De mi corazón roto.








Versión libre de Mi bohemia de Arthur Rimbaud.
















Mi bohemia

Voy con las manos en los bolsillos
Acariciando las monedas
Y las piedras sulfurosas.
Mi chaleco gastado 
Como mi gorro de arlequín
¡Musa! Te soy tan fiel
¡Cuántos amores he soñado!
¡Por cuantos amores
He fumado estas piedras amarillas!
A mi paso por estas vías
Voy construyendo mis rimas
Y la Cruz del Sur me acompaña
En el temblequeo del tren carguero
Que pasa a mi lado.
La madrugada de Septiembre
Va cayendo como la transpiración
De mi frente,
Sentado en las vías
Fumando-rimando
Perdido hace ya mucho tiempo
Por estas sombras fantásticas.
Voy tensando las liras
De mi sistema nervioso
Como tenso los cordones
De mis zapatillas
Como tenso los agujeros
De mi corazón roto.


Versión libre de Mi bohemia de Arthur Rimbaud.

Anoche dos personas murieron de frió

Una periodista nos pregunta

Como nos protegemos del invierno

"Así", le decimos

Mostrándole las maderas

Que se queman en el medio

De la plaza.



El camarógrafo

Enfoca el fuego

Como si fuera la cosa más

Extraña del mundo.



Nuestras caras y el fuego

Salen en horario central

En los medios nacionales

Mientra otras dos personas

Mueren en la noche rigurosa

De Buenos Aires.










Anoche dos personas murieron de frió
Una periodista nos pregunta
Como nos protegemos del invierno
"Así", le decimos
Mostrándole las maderas
Que se queman en el medio
De la plaza.

El camarógrafo
Enfoca el fuego
Como si fuera la cosa más
Extraña del mundo.

Nuestras caras y el fuego
Salen en horario central
En los medios nacionales
Mientra otras dos personas
Mueren en la noche rigurosa
De Buenos Aires.




16 años

 Me dijeron  Que tenía una condición  Física, mental y espiritual. Que era una alergia del cuerpo Una obsesión de la mente Un lugar oscuro d...