miércoles, 20 de noviembre de 2019

La luces de la patrulla

Dos Natalia Natalia.



Las manos cruzadas

Sobre la nuca

Y las escopetas

De La Federal

Ansiosas por escupir perdigones

De plomo.



El viaje a la taquería

Es por papeles glases

De máxima pureza:

Pureza pura from Bolivia.



Una nueva entrada más

Pero vale la pena.



Vale la pena encanar

Por el Polvo inca

Que los dioses dejaron

Para combatir al capitalismo

Y el cristianismo.



¿Quién ha podido

Inventar  Un gran remedio

Para un gran mal?: Solo

Los dioses Incas y sus benditos cocaleros.



Qué los dioses bendigan

La papuza de Bolivia

Ese Gran Narco-Estado

Que el Imperio teme.



Nosotros seguiremos

Aumentando el Poder

De ese bendito Narco-Estado

Seguiremos encanando

Seguiremos cayendo bajo

Los perdigones

De las escopetas federales.

Total, la papuza boliviana

Ha hecho más por nosotros

Que la escuela, el psicoanálisis

Y los políticos.



Las luces de la patrulla

Las manos cruzadas en la nuca.



-Tengo a dos Natalia Natalia.






















La luces de la patrulla
Dos Natalia Natalia.

Las manos cruzadas
Sobre la nuca
Y las escopetas
De La Federal
Ansiosas por escupir perdigones
De plomo.

El viaje a la taquería
Es por papeles glases
De máxima pureza:
Pureza pura from Bolivia.

Una nueva entrada más
Pero vale la pena.

Vale la pena encanar
Por el Polvo inca
Que los dioses dejaron
Para combatir al capitalismo
Y el cristianismo.

¿Quién ha podido
Inventar  Un gran remedio
Para un gran mal?: Solo
Los dioses Incas y sus benditos cocaleros.

Qué los dioses bendigan
La papuza de Bolivia
Ese Gran Narco-Estado
Que el Imperio teme.

Nosotros seguiremos
Aumentando el Poder
De ese bendito Narco-Estado
Seguiremos encanando
Seguiremos cayendo bajo
Los perdigones
De las escopetas federales.
Total, la papuza boliviana
Ha hecho más por nosotros
Que la escuela, el psicoanálisis
Y los políticos.

Las luces de la patrulla
Las manos cruzadas en la nuca.

-Tengo a dos Natalia Natalia.










Su nombre



Yo pensaba que su nombre se perdía

Entre los terrones de tierra

Y la gramilla

Y los arrullos de paloma.



Pero no:



Su nombre brotó

Y empezó a resignificar

Todo a su alrededor.



Su nombre en las nubes

Y los eucaliptus:

Su nombre en el pan que hago:

Su nombre en los paquetes de cigarrillo:

Su nombre en mis nombres:

Su nombre que se resiste al olvido:

Su nombre en toda la poesía que escribo:

Su nombre es alimento de toda la poesía:

Su nombre en Tita, su última perra que rescató;

Todavía me acuerdo su voz angustiada

Cuando la atropellaron,

"Se me está muriendo Tita"; pero no,

La curó y ahora corre todo el día

Por el patio: su nombre en el nombre de Tita.



Su nombre en ese 16 de noviembre

En este

Y en  todos los que vendrán.



Desde que su nombre está en todos lados

Descanso más tranquilo. La estrella fugaz

Que cruza el cielo también tiene su nombre.



Tengo la certeza que su nombre es el pulso

Que guía esta pluma.










Su nombre


Yo pensaba que su nombre se perdía
Entre los terrones de tierra
Y la gramilla
Y los arrullos de paloma.

Pero no:

Su nombre brotó
Y empezó a resignificar
Todo a su alrededor.

Su nombre en las nubes
Y los eucaliptus:
Su nombre en el pan que hago:
Su nombre en los paquetes de cigarrillo:
Su nombre en mis nombres:
Su nombre que se resiste al olvido:
Su nombre en toda la poesía que escribo:
Su nombre es alimento de toda la poesía:
Su nombre en Tita, su última perra que rescató;
Todavía me acuerdo su voz angustiada
Cuando la atropellaron,
"Se me está muriendo Tita"; pero no,
La curó y ahora corre todo el día
Por el patio: su nombre en el nombre de Tita.

Su nombre en ese 16 de noviembre
En este
Y en  todos los que vendrán.

Desde que su nombre está en todos lados
Descanso más tranquilo. La estrella fugaz
Que cruza el cielo también tiene su nombre.

Tengo la certeza que su nombre es el pulso
Que guía esta pluma.




La madre Josefa da los números


Para el almuerzo.





La monja tiene más 


Huevos que toda la curia 


Junta de sudamérica.





Todos los días tiene que controlar 


Vagos, borrachos faloperos y rastreros


En el comedor. A veces 


Son más de 100.





Sin embargo nadie se retoba 


Con la monja. Si dice que no entrás 


No entrás. Corta.





Antes de comer se bendice la mesa


La oración agradece a Santa Rafaela María


Y al Padre Mujica.





Dicen que al guiso del comedor 


Le ponen suero


Para que los estómagos 


Soporten un poco más 


La intemperie.





Nací en Parque Patricios


Me crié en Quilmes 


Deambulé y deambulé


Y ahora la calle 


Me acobija y me educa

La madre Josefa

Me da de comer todos los días.





Nací en un barrio pobre


En un país pobre;

Empobrecido 


Por el Estado y sus funcionarios


Y mi lenguaje también es pobre:


Apenas me alcanza para mendigar.









Mi lenguaje sigue siendo pobre


Por eso no me dejan hablar de política.















La madre Josefa da los números
Para el almuerzo.

La monja tiene más 
Huevos que toda la curia 
Junta de sudamérica.

Todos los días tiene que controlar 
Vagos, borrachos faloperos y rastreros
En el comedor. A veces 
Son más de 100.

Sin embargo nadie se retoba 
Con la monja. Si dice que no entrás 
No entrás. Corta.

Antes de comer se bendice la mesa
La oración agradece a Santa Rafaela María
Y al Padre Mujica.

Dicen que al guiso del comedor 
Le ponen suero
Para que los estómagos 
Soporten un poco más 
La intemperie.

Nací en Parque Patricios
Me crié en Quilmes 
Deambulé y deambulé
Y ahora la calle 
Me acobija y me educa
La madre Josefa
Me da de comer todos los días.

Nací en un barrio pobre
En un país pobre;
Empobrecido 
Por el Estado y sus funcionarios
Y mi lenguaje también es pobre:
Apenas me alcanza para mendigar.



Mi lenguaje sigue siendo pobre
Por eso no me dejan hablar de política.





Mi abuela hace pan casero

Para bancar la olla:

Hay 8 bocas para alimentar.



Yo vendo el pan después de la escuela

Con un tupper verde oliva

Y un repasador.



Tenía 8 años y ella ya me estaba

Preparando para la intemperie.



Sabíamos los dos

Que ese era mi destino.








6 puntos cicatrizaron


Mi corte de adolescente 


En mi muñeca izquierda.





6 puntos: un punto, una letra.





La poecía 


Que no deja abandonar la sangre


De mi cuerpo. 




6 puntos cicatrizaron
Mi corte de adolescente 
En mi muñeca izquierda.

6 puntos: un punto, una letra.

La poecía 
Que no deja abandonar la sangre
De mi cuerpo. 

Mi abuela hace pan casero
Para bancar la olla:
Hay 8 bocas para alimentar.

Yo vendo el pan después de la escuela
Con un tupper verde oliva
Y un repasador.

Tenía 8 años y ella ya me estaba
Preparando para la intemperie.

Sabíamos los dos
Que ese era mi destino.



Me dieron a elegir

Entre la lírica y la escopeta:



Elegí la lírica;

Me cansé de las escopetas

Del sabor a pólvora amargo en mi boca;

De no poder escribir versos

Con estos perdigones oxidados;



Me cansé de las escopetas:



Dicen que la lírica es más efectiva

Para lastimar.












Me dieron a elegir
Entre la lírica y la escopeta:

Elegí la lírica;
Me cansé de las escopetas
Del sabor a pólvora amargo en mi boca;
De no poder escribir versos
Con estos perdigones oxidados;

Me cansé de las escopetas:

Dicen que la lírica es más efectiva
Para lastimar.




martes, 5 de noviembre de 2019

El semáforo habilita la luz verde

El hombrecito se pone de color rojo.



Y cuando el rojo habilita al hombrecito

Verde; éste sale del semáforo

Y se pone a bailar sobre la senda peatonal

Canta y grita

Y todos los hombrecitos verdes

De todos los semáforos

Llegan hasta él.



Los hombrecitos rojos también

Se les unen

Y también los semáforos

Autos

Perros, palomas, hormigas

Todos se les unen

Hasta los colores de las cosas

Y las sensaciones que producen

Las cosas, se les unen

Y lentamente se van retirando

Por la avenida principal. La avenida

Principal no se quiere quedar atrás

Y también se le une. Éste poema, obvio,

Tampoco se quiere quedar atrás y también

Se aleja detrás de la avenida principal.



Me he quedado solo en una realidad vacía

No me quiero quedar atrás

Y enfilo atrás del poema:



¿Vos te querés quedar atrás?












El semáforo habilita la luz verde
El hombrecito se pone de color rojo.

Y cuando el rojo habilita al hombrecito
Verde; éste sale del semáforo
Y se pone a bailar sobre la senda peatonal
Canta y grita
Y todos los hombrecitos verdes
De todos los semáforos
Llegan hasta él.

Los hombrecitos rojos también
Se les unen
Y también los semáforos
Autos
Perros, palomas, hormigas
Todos se les unen
Hasta los colores de las cosas
Y las sensaciones que producen
Las cosas, se les unen
Y lentamente se van retirando
Por la avenida principal. La avenida
Principal no se quiere quedar atrás
Y también se le une. Éste poema, obvio,
Tampoco se quiere quedar atrás y también
Se aleja detrás de la avenida principal.

Me he quedado solo en una realidad vacía
No me quiero quedar atrás
Y enfilo atrás del poema:

¿Vos te querés quedar atrás?







"Mamá, pon mis armas en el suelo
Ya no puedo dispararlas
Aquella nube fría y oscura está bajando
Siento que estoy golpeando las puertas del cielo"


Golpeando las puertas del cielo, Bob Dylan











   La franela había quedado arriba de la mesa. La desplegó para cubrirla y devolverla al fondo del cajón del ropero. Por un momento se sintió bien. Prendió el televisor para distraerse y bajar la ansiedad. Todavía sentía la arritmia, todavía seguía traspirando, todavía la secuencia estaba fresca en su mente. Al primer cigarrillo que prendió le siguieron 3 más. Abrió la ventana para que saliera el humo acumulado. Todas la ventanas que daban al pequeño patio de luz estaban cerradas. Quiso ver la luna o un poco de cielo pero desde el segundo piso él no tenía el privilegio. Volvió a sentarse. Prendió otro cigarrillo. En la televisión un cura brasilero hablaba.

   Se dijo a sí mismo que no la volvería a sacar. Esta vez sí que casi cae. Sabía que debía ser  un poco más cauto, pensar un poco más, ser inteligente; pero no, siempre seguía sus impulsos hasta el límite. Ese bar siempre le había gustado, más desde ese vez que el mozo lo forreó. O él se sintió así. Así que no lo dudo en cuando lo vio regalado. Entró, pasó para el otro lado de la barra, sacó el fierro, encañonó al encargado y al mozo; los hizo tirarse al piso. El resto de la gente apaburó de una cuando lo vieron al Chaqueño sacado y con el 38 en la mano dispuesto a todo. Al encargado le dio un par de cañazos para que le dé la plata grande, no quería la plata de la caja. El Chaqueno siempre ganaba y esta no fue la excepción. Mientras guardaba la plata en la mochila vio pasar un patrullero. No se dieron cuenta de que había un choreo en curso. Tenía que salir enseguida.

   Apenas salió del bar se puso una viscera y caminó a paso normal. Su rutina, para no levantar sospechas con la policía, era doblar un par de cuadras y volver por la calle del bar y pasar por la vereda de enfrente. Cuando estaba volviendo ya había tres patrulleros en el bar. Estaba por pasar por enfrente del lugar del hecho con la plata y el fierro. Pero se arrepintió. Puso la mochila adentro de un tarro de basura. Trato de cubrir la mochila y el fierro con una bolsa. Después iba a volver por el botín y la herramienta. No alcanzó a alejarse del tarro que lo intercepta una patrulla. Lo ponen toda mal contra la pared. Lo cachean, nada. Lo dan vuelta para verle la caripela y ver si es el que están buscando. Le piden documentos, le preguntan de dónde es y qué anda haciendo. Le dice que viene de lo de un amigo, que no tiene los documentos encima que si lo acompañan hasta la casa se los puede mostrar. Se hace el inocente, la víctima. Le piden sus datos para tirar en la radio, para ver si tiene alguna captura. Mientras le da el nombre de uno de sus tantos alias puede ver desde su lugar como se va un poco las cachas del fierro. Los cobanis ni cuenta se dan. Por la radio no salta nada, lo dejan ir.

    Vuelve a pasar a las 3 horas a buscar la mochila y el fierro. El bar ya cerró y la policía ya anda en otra. Mientras vuelve se dice a sí mismo que es la última vez.









    El cura brasilero sigue hablando por la televisión. El humo está estancado, no corre y ya no quedan más cigarrillos. Se fijó en la heladera si queda alguna cerveza: no hay. Tiene que volver a la calle, la idea no le gusta, pero está manija. Necesita unas birras bien frescas y unos cuantos puchos para poder bajar de toda la locura del bar. Sacó la plata de la mochila, la dejó arriba de la mesa y metió dos envases. Salió al pasillo, pidió el ascensor y fue lo único que se escuchó en la soledad del edificio. Al pisar la vereda pudo ver el cielo y algo de la luna que estaba siendo cubierta por alguna nubes. Enfiló derecho para el kiosko.

   Una cuadra antes vio que había una bandita escabiando. Cuando estaba pasando lo deliraron. Le pidieron para la birra y como no les dio cabida le prometieron tiros si volvía a pasar por ahí. Llegó al kiosko, compró las dos birras y 3 paquetes de puchos. No volvió por donde estaba la bandita. Volvió a su casa, dejó las birras en la heladera, se prendió un pucho, fue al cajón del ropero, le sacó la franela al 38 y se lo calzó en la cintura. Dejó la franela en la mesa al lado de la plata. Cuando salió y pisó la vereda ya no le interesaba ni la luna ni las nubes. Le interesaba la bandita.

   Cuando lo reconocieron todos se pararon. El que se hacía el kapanga se adelantó y el Chaqueño sin decir nada sacó el 38 le voló medía pata. Se dio vuelta mientras lo amigos del patavolada lo asistían y  prometían responderle si volvía a pasar. El Chaqueño volvió a su casa, se prendió  otro cigarrilo.

   Al entrar a su casa el pastor brailero sigue en la televisión. La franela sigue al lado de la plata. Envolvió el fierro con la franela. Mientras lo ponía  en el cajón del ropero se dijo a sí mismo que esta era la última vez que lo usaba.









"Mamá, pon mis armas en el suelo
Ya no puedo dispararlas
Aquella nube fría y oscura está bajando
Siento que estoy golpeando las puertas del cielo"

Golpeando las puertas del cielo, Bob Dylan





   La franela había quedado arriba de la mesa. La desplegó para cubrirla y devolverla al fondo del cajón del ropero. Por un momento se sintió bien. Prendió el televisor para distraerse y bajar la ansiedad. Todavía sentía la arritmia, todavía seguía traspirando, todavía la secuencia estaba fresca en su mente. Al primer cigarrillo que prendió le siguieron 3 más. Abrió la ventana para que saliera el humo acumulado. Todas la ventanas que daban al pequeño patio de luz estaban cerradas. Quiso ver la luna o un poco de cielo pero desde el segundo piso él no tenía el privilegio. Volvió a sentarse. Prendió otro cigarrillo. En la televisión un cura brasilero hablaba.
   Se dijo a sí mismo que no la volvería a sacar. Esta vez sí que casi cae. Sabía que debía ser  un poco más cauto, pensar un poco más, ser inteligente; pero no, siempre seguía sus impulsos hasta el límite. Ese bar siempre le había gustado, más desde ese vez que el mozo lo forreó. O él se sintió así. Así que no lo dudo en cuando lo vio regalado. Entró, pasó para el otro lado de la barra, sacó el fierro, encañonó al encargado y al mozo; los hizo tirarse al piso. El resto de la gente apaburó de una cuando lo vieron al Chaqueño sacado y con el 38 en la mano dispuesto a todo. Al encargado le dio un par de cañazos para que le dé la plata grande, no quería la plata de la caja. El Chaqueno siempre ganaba y esta no fue la excepción. Mientras guardaba la plata en la mochila vio pasar un patrullero. No se dieron cuenta de que había un choreo en curso. Tenía que salir enseguida.
   Apenas salió del bar se puso una viscera y caminó a paso normal. Su rutina, para no levantar sospechas con la policía, era doblar un par de cuadras y volver por la calle del bar y pasar por la vereda de enfrente. Cuando estaba volviendo ya había tres patrulleros en el bar. Estaba por pasar por enfrente del lugar del hecho con la plata y el fierro. Pero se arrepintió. Puso la mochila adentro de un tarro de basura. Trato de cubrir la mochila y el fierro con una bolsa. Después iba a volver por el botín y la herramienta. No alcanzó a alejarse del tarro que lo intercepta una patrulla. Lo ponen toda mal contra la pared. Lo cachean, nada. Lo dan vuelta para verle la caripela y ver si es el que están buscando. Le piden documentos, le preguntan de dónde es y qué anda haciendo. Le dice que viene de lo de un amigo, que no tiene los documentos encima que si lo acompañan hasta la casa se los puede mostrar. Se hace el inocente, la víctima. Le piden sus datos para tirar en la radio, para ver si tiene alguna captura. Mientras le da el nombre de uno de sus tantos alias puede ver desde su lugar como se va un poco las cachas del fierro. Los cobanis ni cuenta se dan. Por la radio no salta nada, lo dejan ir.
    Vuelve a pasar a las 3 horas a buscar la mochila y el fierro. El bar ya cerró y la policía ya anda en otra. Mientras vuelve se dice a sí mismo que es la última vez.




    El cura brasilero sigue hablando por la televisión. El humo está estancado, no corre y ya no quedan más cigarrillos. Se fijó en la heladera si queda alguna cerveza: no hay. Tiene que volver a la calle, la idea no le gusta, pero está manija. Necesita unas birras bien frescas y unos cuantos puchos para poder bajar de toda la locura del bar. Sacó la plata de la mochila, la dejó arriba de la mesa y metió dos envases. Salió al pasillo, pidió el ascensor y fue lo único que se escuchó en la soledad del edificio. Al pisar la vereda pudo ver el cielo y algo de la luna que estaba siendo cubierta por alguna nubes. Enfiló derecho para el kiosko.
   Una cuadra antes vio que había una bandita escabiando. Cuando estaba pasando lo deliraron. Le pidieron para la birra y como no les dio cabida le prometieron tiros si volvía a pasar por ahí. Llegó al kiosko, compró las dos birras y 3 paquetes de puchos. No volvió por donde estaba la bandita. Volvió a su casa, dejó las birras en la heladera, se prendió un pucho, fue al cajón del ropero, le sacó la franela al 38 y se lo calzó en la cintura. Dejó la franela en la mesa al lado de la plata. Cuando salió y pisó la vereda ya no le interesaba ni la luna ni las nubes. Le interesaba la bandita.
   Cuando lo reconocieron todos se pararon. El que se hacía el kapanga se adelantó y el Chaqueño sin decir nada sacó el 38 le voló medía pata. Se dio vuelta mientras lo amigos del patavolada lo asistían y  prometían responderle si volvía a pasar. El Chaqueño volvió a su casa, se prendió  otro cigarrilo.
   Al entrar a su casa el pastor brailero sigue en la televisión. La franela sigue al lado de la plata. Envolvió el fierro con la franela. Mientras lo ponía  en el cajón del ropero se dijo a sí mismo que esta era la última vez que lo usaba.



Ensayo sobre la ansiedad

La ansiedad es mi amiga

Mi compañera

La ansiedad es una mala consejera;

La ansiedad me abre paso en la noche

Obscura

De un barrio obscuro

Y yo camino sin rumbo

Revolviendo bolsas

Juntando botellas de plástico

Mientras la ansiedad susurra

Susurra, susurra, susurra.



La ansiedad no me dejar dormir

Me saca de la cama en la madrugada

Todavía falta para que salga el sol

Pero yo ya camino por la avenida

Me compro una tortilla antes de llegar

A lo de la Rosa. La tortilla es para

No tomar las pastillas

Con el estómago vacío, y sigo

Sigo, sigo, mientras la ansiedad

Susurra. Y las pastillas hacen efecto:

Ansiedad, tortillas, pastillas, susurran.



Escribí un millón de tratados sobre la ansiedad

Y ni sabía que hablaban de la ansiedad.

Mi garganta amarga se endurecía

("Tomaba notas todos los días

Todo el día")

Para luchar contra la ansiedad

Fumé 25 gramos de porro por día

Para curar mi ansiedad: todavía no

La habían declarado medicinal

Y ya se sabe que no es medicinal.

Las pastillas y el alcohol

Solo la alimentaron mucho más.



Así que abandoné a mi amiga

Mi consejera. No acertó en ninguno

De sus consejos. Ninguno. Solo el spoiler

De como será el viaje en la barca

De Caronte mientras el pecho se me cierre

Y las dos monedas en mi ojos

No me dejen ver el rostro del sol.



Nací con ansiedad

Crecí con ansiedad

Toda la falopa que tomé

Acrecentó mi ansiedad

Hice las paces con la ansiedad

Aunque no confió en nuestra tregua.

Trabajo en contra de mi ansiedad.



Sé que moriré con ansiedad.


















Ensayo sobre la ansiedad

La ansiedad es mi amiga
Mi compañera
La ansiedad es una mala consejera;
La ansiedad me abre paso en la noche
Obscura
De un barrio obscuro
Y yo camino sin rumbo
Revolviendo bolsas
Juntando botellas de plástico
Mientras la ansiedad susurra
Susurra, susurra, susurra.

La ansiedad no me dejar dormir
Me saca de la cama en la madrugada
Todavía falta para que salga el sol
Pero yo ya camino por la avenida
Me compro una tortilla antes de llegar
A lo de la Rosa. La tortilla es para
No tomar las pastillas
Con el estómago vacío, y sigo
Sigo, sigo, mientras la ansiedad
Susurra. Y las pastillas hacen efecto:
Ansiedad, tortillas, pastillas, susurran.

Escribí un millón de tratados sobre la ansiedad
Y ni sabía que hablaban de la ansiedad.
Mi garganta amarga se endurecía
("Tomaba notas todos los días
Todo el día")
Para luchar contra la ansiedad
Fumé 25 gramos de porro por día
Para curar mi ansiedad: todavía no
La habían declarado medicinal
Y ya se sabe que no es medicinal.
Las pastillas y el alcohol
Solo la alimentaron mucho más.

Así que abandoné a mi amiga
Mi consejera. No acertó en ninguno
De sus consejos. Ninguno. Solo el spoiler
De como será el viaje en la barca
De Caronte mientras el pecho se me cierre
Y las dos monedas en mi ojos
No me dejen ver el rostro del sol.

Nací con ansiedad
Crecí con ansiedad
Toda la falopa que tomé
Acrecentó mi ansiedad
Hice las paces con la ansiedad
Aunque no confió en nuestra tregua.
Trabajo en contra de mi ansiedad.

Sé que moriré con ansiedad.








Alexander Supertramp

Marca el cuero de un cinto

Registrando todo lo que ha sido

Su viaje.



Se parece mucho a un cinto mío

Uno que me compró mamá a los 12

Antes de empezar la secundaria

En la técnica 1.



Lleva las marcas de las dos presidencias

De Menen, De la Rua, los 5 presidentes

En una semana, Duhalde y el  kirchnerismo.

Lleva las marcas del hambre, la ansiedad,

El dolor, la abstinencia, la desesperación

Las entradas y salidas de la comisaria

Mi visita a Batán. El cinto y los cordondes

Que te entragan al recuperar la libertad;

El odio a mi padres y a la sociedad

"Sociedad

Eres una raza loca

Espero que no te sientas sola

Sin mí".



No conozco a nadie

Que tenga el mismo cinto

Por 25 años, el mismo

El cinto con el que pesé más de 100 kilos

Cuando me medicaban con risperidona;

El mismo con el que pesé 50 kilos

Cuando vivía en la calle

Y le iba haciendo un agujero por año

Para que los pantalones no se me cayeran;

Se lo hacia con fierros, alambres, con los

Cuchillos de los comedores de Caritas.



"Creo que necesito un lugar más grande

Porque cuando tienes más de lo que crees

Necesitas más espacio".



Volví a la casita de mis viejos

Con el cinto de los 12 años.



Con ese cinto abracé a mi madre y a mi padre

Sociedad, ya no nos vamos sentir solos

Ya no vamos a odiar

Vamos a desandar el camino andado

Por cada agujero.

Y cuando finalmente se haya terminado

La hebilla se romperá.

Solo quedará el recuerdo

En tu cuero seco y gastado

En tus agujeros mal hechos

Y en ese promesa de libertad

Que se ha cumplido hace rato.



Alexander Supertramp

Marca el cuero de un cinto

Registrando todo lo que ha sido

Su viaje. Todos mis poemas escritos

Y por escribir

Caben en este pedazo de cuero seco y viejo.

















Alexander Supertramp
Marca el cuero de un cinto
Registrando todo lo que ha sido
Su viaje.

Se parece mucho a un cinto mío
Uno que me compró mamá a los 12
Antes de empezar la secundaria
En la técnica 1.

Lleva las marcas de las dos presidencias
De Menen, De la Rua, los 5 presidentes
En una semana, Duhalde y el  kirchnerismo.
Lleva las marcas del hambre, la ansiedad,
El dolor, la abstinencia, la desesperación
Las entradas y salidas de la comisaria
Mi visita a Batán. El cinto y los cordondes
Que te entragan al recuperar la libertad;
El odio a mi padres y a la sociedad
"Sociedad
Eres una raza loca
Espero que no te sientas sola
Sin mí".

No conozco a nadie
Que tenga el mismo cinto
Por 25 años, el mismo
El cinto con el que pesé más de 100 kilos
Cuando me medicaban con risperidona;
El mismo con el que pesé 50 kilos
Cuando vivía en la calle
Y le iba haciendo un agujero por año
Para que los pantalones no se me cayeran;
Se lo hacia con fierros, alambres, con los
Cuchillos de los comedores de Caritas.

"Creo que necesito un lugar más grande
Porque cuando tienes más de lo que crees
Necesitas más espacio".

Volví a la casita de mis viejos
Con el cinto de los 12 años.

Con ese cinto abracé a mi madre y a mi padre
Sociedad, ya no nos vamos sentir solos
Ya no vamos a odiar
Vamos a desandar el camino andado
Por cada agujero.
Y cuando finalmente se haya terminado
La hebilla se romperá.
Solo quedará el recuerdo
En tu cuero seco y gastado
En tus agujeros mal hechos
Y en ese promesa de libertad
Que se ha cumplido hace rato.

Alexander Supertramp
Marca el cuero de un cinto
Registrando todo lo que ha sido
Su viaje. Todos mis poemas escritos
Y por escribir
Caben en este pedazo de cuero seco y viejo.





16 años

 Me dijeron  Que tenía una condición  Física, mental y espiritual. Que era una alergia del cuerpo Una obsesión de la mente Un lugar oscuro d...