domingo, 16 de julio de 2017

Origami

"Si no hay amor que haya texto entonces", dijo ella
Y arrojó mis manuscritos por el balcón.
Corrí alienado y desnudo por
La vereda tratando de recogerlos,
Pero me esguincé el tobillo.
La gente, al verlos
Los agarraban, los leían
Algunos lloraban, otros
Blasfemaban, reían o cantaban.
Con mi tobillo hinchado, alienado y desnudo
Nada pude hacer, solo ser testigo
De como mi poesía devenía;
Devenía en fuego para fogatas
Devenía en papel picado para cumpleaños
Devenía en panfletos subversivos
Y en papel higiénico para los baños.
Gritaba y trataba de mostrarles que esa
No era la función de la poesía
Pero la gente, esa noche, carecía de razón
O la poesía los embriagaba
Porque también se alienaron
Se desnudaron
Y sus tobillos se esguinzaron.
Pero no dejaban de leer la poesía,
Blasfemar, reír, cantar, armar fogatas, picar el papel
Para los cumpleaños y armar panfletos subversivos.
Nadie disponía de su razón esa noche
Amas de casa, zapateros, bolcheviques, mayordomos
Cocheros y cerrajeros.
Cada uno con sus poemas,(mis poemas) se
Disponían a excitarse, a masturbarse con los versos.
Mi poesía ya no era mi poesía
O quizás nunca lo fue
Fue cuando comprendí que
Ella me había hecho un favor
O se lo hizo a la poesía
La sacó de la humedad y soledad de mis baúles
Y la entregó a la calle, a la gente
Al lugar donde pertenece;
Al comprenderlo busqué hielo para mi tobillo
Hinchado,
Una señora me alcanzó las ropas de su
Difunto esposo
Y una niña me dio un origami hecho
Con uno de mis poemas;
El poema que comenzaba con el verso:
"Si no hay amor que haya texto entonces"







viernes, 14 de julio de 2017

Glaciar


Miré en la profundidad de


Tus ojos y


Sentí la diferencia de


Temperaturas.


Mi corazón se resquebrajó como


Un glaciar sometido a




Diferentes temperaturas.












Glaciar

Miré en la profundidad de
Tus ojos y
Sentí la diferencia de
Temperaturas.
Mi corazón se resquebrajó como
Un glaciar sometido a

Diferentes temperaturas.



jueves, 13 de julio de 2017

De migas

     Nancy Dupláa Sonríe. Se nota que su sonrisa es sincera. El Nico sigue al pie de la letra su rutina. Empieza con tres pelotas, luego con cinco, hace dos vueltas de cascadas y de a una se le irán cayendo al piso. Mientras levanta las pelota del piso, ella saca la mano por la ventanilla mostrando un billete. El Nico ya vio el billete y se dirige hacia el auto. Ella le entrega el billete con la sonrisa más dulce del mundo; el Nico también sonríe. Sabe que es famosa, de la televisión, pero no sabe su nombre.

    Corta el semáforo y se me acerca preguntando si ella era alguien de la tele. Le digo que sí, que era Nancy Dupláa. Es hermosa dice, también sonriendo.

    Enfrente se empieza a formar la cola de la gente que viene a buscar el pan y las facturas de La Exposición, la panadería que se encuentra en Juncal y Libertad. Después de las nueve llega el canasto y se reparte todo lo que la panadería no ha vendido en el día. Hago dos semáforos más y me voy a hacer la cola. Espero que hoy no se hayan vendidos los sandwiches de miga. Con un poco de pan, facturas y un par de sandwiches me conformo.

    El semáforo corta y el Nico sale de vuelta. Cumple con su rutina al pie de la letra.

De migas

     Nancy Dupláa Sonríe. Se nota que su sonrisa es sincera. El Nico sigue al pie de la letra su rutina. Empieza con tres pelotas, luego con cinco, hace dos vueltas de cascadas y de a una se le irán cayendo al piso. Mientras levanta las pelota del piso, ella saca la mano por la ventanilla mostrando un billete. El Nico ya vio el billete y se dirige hacia el auto. Ella le entrega el billete con la sonrisa más dulce del mundo; el Nico también sonríe. Sabe que es famosa, de la televisión, pero no sabe su nombre.
    Corta el semáforo y se me acerca preguntando si ella era alguien de la tele. Le digo que sí, que era Nancy Dupláa. Es hermosa dice, también sonriendo.
    Enfrente se empieza a formar la cola de la gente que viene a buscar el pan y las facturas de La Exposición, la panadería que se encuentra en Juncal y Libertad. Después de las nueve llega el canasto y se reparte todo lo que la panadería no ha vendido en el día. Hago dos semáforos más y me voy a hacer la cola. Espero que hoy no se hayan vendidos los sandwiches de miga. Con un poco de pan, facturas y un par de sandwiches me conformo.
    El semáforo corta y el Nico sale de vuelta. Cumple con su rutina al pie de la letra.

15

Chuauchesco está borracho

(Como siempre)

Ya es la cuarta vez

Que imita a Olmedo

Y a Luca Prodan

El monólogo, ahora,

Toca el tema de la miseria

"Hay una miseria m´hijo", dice

Empinando la caja de Termidor

Una voz lo interrumpe:

"¿Miseria?, mira la panza que tenés viejo."

Todos reímos

Chauchesco también, está borracho

(Como siempre)






15

Chuauchesco está borracho
(Como siempre)
Ya es la cuarta vez
Que imita a Olmedo
Y a Luca Prodan
El monólogo, ahora,
Toca el tema de la miseria
"Hay una miseria m´hijo", dice
Empinando la caja de Termidor
Una voz lo interrumpe:
"¿Miseria?, mira la panza que tenés viejo."
Todos reímos
Chauchesco también, está borracho
(Como siempre)


miércoles, 12 de julio de 2017

Diarios del Poeta


   Mi
psiquiatra me ha pedido que comience a registrar por escrito mis sueños para
poder purgar los demonios que conviven en mi interior. La idea no me gusta pero
algo de razón encuentro en su propuesta. El hecho de que deba enfrentarme por
escrito a mí mismo ha hecho que en las últimas noches en este hospital, mi
inconsciente no haya dejado de arrojarme los más dolorosos símbolos, de los
cuales me resisto con gran energía a llevarlos al papel. Sin embargo ya me he
decido a comenzar con la propuesta.


   Recordé un
ejercicio literario que practicaba en mi adolescencia para ejercitar mi
escritura y trabajar en la búsqueda de mi voz. El ejercicio consistía en tomar
el comienzo de un cuento y el final de otro distinto, y llenar en el medio con
mi propia narración. Este ejercicio me servirá para comenzar con mi purgatorio
interno.


    En primera
instancia voy a transcribir un viejo y recurrente sueño, luego voy a narrar lo
que sigue de manera automática y anexarlo con el último sueño que he tenido y
del cual no dejo de pensar.








    Estoy parado frente a un amanecer con la
luna y el sol juntos, ambos están saliendo a la misma vez. A mi lado se
encuentra Mariano. Esta fumando un cigarrillo de marihuana enorme. Al verlo de
soslayo, noto como traga el humo y lo retiene. Yo vuelvo al amanecer. Pienso en
qué lugar de mi vasta interioridad me encontraré para estar siendo testigo de
esto. Ahí estático, observando, pareciera 
que los dos astros cada vez toman más dimensión. Me siento sofocado con
la observación.


   Sé perfectamente que estos sueños tan
nítidos, casi reales, son efectos directos de la carmabazepina. Sé
perfectamente que también puedo perderme para siempre dentro de estas galerías
subterráneas de la conciencia.


   La fuerte luz de la mañana es contrarrestada
por el zarpazo de una hembra leona. No sé porque es hembra, lo intuyo nada más.
Estoy parado frente a ella y me ruge e intenta darme otro zarpazo. La luz de la
escena me hace doler los cuencos oculares, es demasiada luz. Cierro los ojos y
la escena termina.


   Camino por las mismas calles conocidas, pero
la oscuridad es perpetua. No es una noche común. Es una noche de luz azulada,
intensa, cortante. Estoy perdido sin saber qué hacer o a dónde ir. Camino y
camino. Me encuentro recordando viejo sueños, de mi infancia incluso. En uno de
ellos estoy en una de las piezas de la casa de mi abuela. Estoy en la oscuridad
y trato de ir hacia el comedor donde hay luz, pero no puedo o no quiero. Quizás
me sienta cómodo en esta oscura habitación. Noto que estoy acompañado de
alguien pero no podría acertar quién es. Podría seguir enumerando pero los
registros siguientes son, también, recurrentes. Sensación de caer, correr y no
disponer de fuerzas, gritar en el sueño, verme a mí mismo durmiendo, quererme
mover y no poder. Estar en presencia de una luz cegadora que no me deja abrir
los ojos.


   Reconozco la casa de mi tía en Avellaneda.
Hay unas cuantas personas en el comedor. Salgo al patio y camino hasta la
última habitación. Sé que hay se encuentra mi mamá. Entró directamente. Ella se
está preparando para la noche, para trabajar, pero todavía es temprano. Está
bien arreglada, como siempre. Me pide que la ayude con una prenda que no se
puede sacar. Noto que debajo de las ropas tiene su bolsa de colostomía. Me doy cuenta
del anacronismo. Trato de que no se rompa o despegue la bolsa. Si no se va a
tener que bañar otra vez y cambiarse la ropa y la bolsa. Como siempre que sueño
con ella, ella habla y habla sin parar; todavía no se dio cuenta de que está
muerta, y yo no quiero decírselo. Salgo al patio  vuelvo al comedor. Todavía siguen todos ahí.
Yo pienso en mi mamá y vuelvo a salir al patio con dirección a la pieza
trasera. El patio ya está lleno de gente. Parece que hay una fiesta. Me
distraigo y me encuentro haciendo algo divertido que no sé bien que es.
Recuerdo que iba rumbo a la pieza donde se encuentra mi mamá. Al entrar me doy
cuenta de que ya empezó la noche, la fiesta. Ya hay tres hombres desnudos. Uno
es un viejo gordo con pelos blancos en la espalda y los hombros encorvados. El
otro es más atlético y fornido con anchos bigotes sobre su labio superior. Lo
veo de frente con su enorme pene dantesco mirarme a los ojos. El tercero ya
está penetrando a mi mamá, no lo veo pero sé que es así. Sé que por lo que dura
la noche mi mama le pertenece a ellos. Sé que la van a penetrar más de una vez
cada uno. Sé que a ellos no les importa que sea mi mamá. No les importa que
tenga una bolsa de colostomía puesta. No les importa que yo mismo participe en
la fiesta sabiendo que soy su hijo. Pienso en todo eso y me invade la
vergüenza. Me retiro a esperar el amanecer y que mi mamá vuelva conmigo.


   En el comedor ya se han ido todos. Me
preparo una cama en el sofá que está frente al televisor y comienzo a hacer
zapping. Ya no pienso en mi mamá. Me distraigo con un documental y registro un
montón de cosas que las voy perdiendo porque 
comienzo a despertar. Trato de retener los detalles pero sé que es en
vano, ya me ha pasado infinidad de veces.




    Despierto en la cama, en la oscuridad.
Espero un momento y prendo el televisor. Recorro todos los canales hasta que
doy con El planeta de los simios, la de Tim Burton. La dejo porque en la mañana
había leído un informe en internet sobre las peores remakes de la historia, y
entre ellas se encontraba esta versión de El Planeta de los simios. Recuerdo el
informe y pienso que es basura. Esta versión es una gran película. Al finalizar
la película apago el televisor y lentamente me voy durmiendo. Lentamente vuelvo
a mi centro. 











      Cumplí
con la tarea que me encomendó mi psiquiatra. Mañana, antes de la sesión,
volveré a leer lo escrito. Mañana, antes de la sesión decidiré si le entrego el
escrito a la psiquiatra. Ahora lo que más me preocupa es terminar con esto
antes de que la carmabazepina comience
a hacer efecto y no pueda terminar de escribir. Hoy seguramente tendré un sueño
más que reparador.















Diarios del Poeta

   Mi psiquiatra me ha pedido que comience a registrar por escrito mis sueños para poder purgar los demonios que conviven en mi interior. La idea no me gusta pero algo de razón encuentro en su propuesta. El hecho de que deba enfrentarme por escrito a mí mismo ha hecho que en las últimas noches en este hospital, mi inconsciente no haya dejado de arrojarme los más dolorosos símbolos, de los cuales me resisto con gran energía a llevarlos al papel. Sin embargo ya me he decido a comenzar con la propuesta.
   Recordé un ejercicio literario que practicaba en mi adolescencia para ejercitar mi escritura y trabajar en la búsqueda de mi voz. El ejercicio consistía en tomar el comienzo de un cuento y el final de otro distinto, y llenar en el medio con mi propia narración. Este ejercicio me servirá para comenzar con mi purgatorio interno.
    En primera instancia voy a transcribir un viejo y recurrente sueño, luego voy a narrar lo que sigue de manera automática y anexarlo con el último sueño que he tenido y del cual no dejo de pensar.


    Estoy parado frente a un amanecer con la luna y el sol juntos, ambos están saliendo a la misma vez. A mi lado se encuentra Mariano. Esta fumando un cigarrillo de marihuana enorme. Al verlo de soslayo, noto como traga el humo y lo retiene. Yo vuelvo al amanecer. Pienso en qué lugar de mi vasta interioridad me encontraré para estar siendo testigo de esto. Ahí estático, observando, pareciera  que los dos astros cada vez toman más dimensión. Me siento sofocado con la observación.
   Sé perfectamente que estos sueños tan nítidos, casi reales, son efectos directos de la carmabazepina. Sé perfectamente que también puedo perderme para siempre dentro de estas galerías subterráneas de la conciencia.
   La fuerte luz de la mañana es contrarrestada por el zarpazo de una hembra leona. No sé porque es hembra, lo intuyo nada más. Estoy parado frente a ella y me ruge e intenta darme otro zarpazo. La luz de la escena me hace doler los cuencos oculares, es demasiada luz. Cierro los ojos y la escena termina.
   Camino por las mismas calles conocidas, pero la oscuridad es perpetua. No es una noche común. Es una noche de luz azulada, intensa, cortante. Estoy perdido sin saber qué hacer o a dónde ir. Camino y camino. Me encuentro recordando viejo sueños, de mi infancia incluso. En uno de ellos estoy en una de las piezas de la casa de mi abuela. Estoy en la oscuridad y trato de ir hacia el comedor donde hay luz, pero no puedo o no quiero. Quizás me sienta cómodo en esta oscura habitación. Noto que estoy acompañado de alguien pero no podría acertar quién es. Podría seguir enumerando pero los registros siguientes son, también, recurrentes. Sensación de caer, correr y no disponer de fuerzas, gritar en el sueño, verme a mí mismo durmiendo, quererme mover y no poder. Estar en presencia de una luz cegadora que no me deja abrir los ojos.
   Reconozco la casa de mi tía en Avellaneda. Hay unas cuantas personas en el comedor. Salgo al patio y camino hasta la última habitación. Sé que hay se encuentra mi mamá. Entró directamente. Ella se está preparando para la noche, para trabajar, pero todavía es temprano. Está bien arreglada, como siempre. Me pide que la ayude con una prenda que no se puede sacar. Noto que debajo de las ropas tiene su bolsa de colostomía. Me doy cuenta del anacronismo. Trato de que no se rompa o despegue la bolsa. Si no se va a tener que bañar otra vez y cambiarse la ropa y la bolsa. Como siempre que sueño con ella, ella habla y habla sin parar; todavía no se dio cuenta de que está muerta, y yo no quiero decírselo. Salgo al patio  vuelvo al comedor. Todavía siguen todos ahí. Yo pienso en mi mamá y vuelvo a salir al patio con dirección a la pieza trasera. El patio ya está lleno de gente. Parece que hay una fiesta. Me distraigo y me encuentro haciendo algo divertido que no sé bien que es. Recuerdo que iba rumbo a la pieza donde se encuentra mi mamá. Al entrar me doy cuenta de que ya empezó la noche, la fiesta. Ya hay tres hombres desnudos. Uno es un viejo gordo con pelos blancos en la espalda y los hombros encorvados. El otro es más atlético y fornido con anchos bigotes sobre su labio superior. Lo veo de frente con su enorme pene dantesco mirarme a los ojos. El tercero ya está penetrando a mi mamá, no lo veo pero sé que es así. Sé que por lo que dura la noche mi mama le pertenece a ellos. Sé que la van a penetrar más de una vez cada uno. Sé que a ellos no les importa que sea mi mamá. No les importa que tenga una bolsa de colostomía puesta. No les importa que yo mismo participe en la fiesta sabiendo que soy su hijo. Pienso en todo eso y me invade la vergüenza. Me retiro a esperar el amanecer y que mi mamá vuelva conmigo.
   En el comedor ya se han ido todos. Me preparo una cama en el sofá que está frente al televisor y comienzo a hacer zapping. Ya no pienso en mi mamá. Me distraigo con un documental y registro un montón de cosas que las voy perdiendo porque  comienzo a despertar. Trato de retener los detalles pero sé que es en vano, ya me ha pasado infinidad de veces.

    Despierto en la cama, en la oscuridad. Espero un momento y prendo el televisor. Recorro todos los canales hasta que doy con El planeta de los simios, la de Tim Burton. La dejo porque en la mañana había leído un informe en internet sobre las peores remakes de la historia, y entre ellas se encontraba esta versión de El Planeta de los simios. Recuerdo el informe y pienso que es basura. Esta versión es una gran película. Al finalizar la película apago el televisor y lentamente me voy durmiendo. Lentamente vuelvo a mi centro. 


      Cumplí con la tarea que me encomendó mi psiquiatra. Mañana, antes de la sesión, volveré a leer lo escrito. Mañana, antes de la sesión decidiré si le entrego el escrito a la psiquiatra. Ahora lo que más me preocupa es terminar con esto antes de que la carmabazepina comience a hacer efecto y no pueda terminar de escribir. Hoy seguramente tendré un sueño más que reparador.




Una temporada de fe perfecta


    Tomé un taxi a la altura de la plaza. Al subir
al vehículo deje afuera el frío cortante. Por la ventanilla observaba a los transeúntes
emanar bocanadas de aire espeso y caliente. De la misma manera  la ciudad respira a través de la neblina. A través
del aire caliente y denso saliendo de las alcantarillas y bocas de tormenta. No
me doy cuenta que desde que subí al taxi, el chofer no me ha dejado de
hablar. Incluso ahora, no he perdido la costumbre de perderme en mis
reflexiones mientras la gente me habla. Me meto en la corriente de la
conversación del chofer y acierto con algo relacionado al clima; o yo lo creí
así. Sin embargo el chofer sigue con su torrente de pensamientos puestos sobre
todo. Pasa del clima a la política, del partido del domingo a un casamiento al
que está invitado el mes que viene y no sabe todavía que traje va a llevar.
Todo eso narrado de manera delicada. Mientras lo escucho pienso que el chofer
podría ser un gran escritor si se dedicara a poner en papel toda esa catarata
de pensamientos y reflexiones tan bien encadenadas. Pero él solo es un chofer
que se dedica a transportar personas y reflexionar acerca de todo.


    Al llegar
a la dirección indicada le pago y le deseo buenos días. Al cerrar la puerta
escucho como sigue hablando, ahora solo. Me quedo parado mirando como se aleja
y como va perdiendo sus contornos, sus colores y su esencia de taxi hasta que
desaparece completamente a pocos metros. Sonrío y camino hasta la puerta de mi
casa. Un niño que viene de la mano con su madre se desprende de ella para
correr a un gato. El niño me atraviesa. Él se da cuenta de que algo raro le ha
pasado y se queda parado buscando alguna explicación o ver que es lo que le
ocurrido, ya que mira a su alrededor y no ve nada. La madre lo alcanza y lo
vuelve a tomar de la mano. El niño mira para todos lados. Ya se ha olvidado del
gato. Los observo como los dos se van tomados de la mano.


     Me quedo
esperando en la puerta de mi casa. Adentro ya están todos reunidos, pero
alguien siempre llega tarde. A los cinco minutos llega Abel, mi hijo mayor, con
su hijo. Descienden del auto y mi nieto lleva un regalo en sus manos. Tocan el
timbre y yo espero atrás de ellos. Ellos entran y yo detrás de ellos.


   Cada vez
que me aburro de ver Casablanca o El planeta de los simios, o de los días
enteros en el hipódromo o el bar del Chino, elijo este día. Es el día de mi
cumpleaños número cincuenta. Es el cumpleaños que más me gusta recordar. Mi
hijos, mis nietos, toda la familia reunida. Es el día perfecto en mi memoria.


    Me quedo
en un rincón siendo testigo de toda la velada. Cuando llega el momento de
soplar las velas y cortar la torta, me invaden las ganas de llorar. Al verme a
mí mismo en la mesa, frente a la torta, veo que estoy llorando. Benjamín, mi
nieto, se sienta en mis piernas y me ayuda a soplar las velas. Cuando la luz se
prende y los aplausos llenan la habitación, siento que no puedo contenerme. Me
llevo la mano a mi boca y en el movimiento brusco tiro un portarretrato. Todos
miran hacia el mueble. El portarretrato caído pareciera querer decir algo. Un
instante de silencio es quebrado por la deducción de la tía Elvira, de que
seguro se ha caído por la acción del viento. La duda es dejada de lado por la torta.
Todos ríen, están animados; yo mismo me veo de buen humor abriendo los regalos
que me han traído. Por un momento siento que estoy ahí, sintiendo, pensando y
recibiendo el amor de mi familia.




    Leticia,
mi hija menor, se sobresalta. Mira a su padre, yo, y mira al espejo que se
encuentra en el costado de la sala y se da cuenta que es imposible que lo que
ve en el espejo sea el reflejo de su padre. Me contengo para no arruinar la
fiesta. Me quedo en el rincón observando. Tengo que tratar de acostumbrarme a
mi condición. La próxima vez seré más precavido; no vaya a ser cosa que arruine
mi propia fiesta de cumpleaños.


















Una temporada de fe perfecta

    Tomé un taxi a la altura de la plaza. Al subir al vehículo deje afuera el frío cortante. Por la ventanilla observaba a los transeúntes emanar bocanadas de aire espeso y caliente. De la misma manera  la ciudad respira a través de la neblina. A través del aire caliente y denso saliendo de las alcantarillas y bocas de tormenta. No me doy cuenta que desde que subí al taxi, el chofer no me ha dejado de hablar. Incluso ahora, no he perdido la costumbre de perderme en mis reflexiones mientras la gente me habla. Me meto en la corriente de la conversación del chofer y acierto con algo relacionado al clima; o yo lo creí así. Sin embargo el chofer sigue con su torrente de pensamientos puestos sobre todo. Pasa del clima a la política, del partido del domingo a un casamiento al que está invitado el mes que viene y no sabe todavía que traje va a llevar. Todo eso narrado de manera delicada. Mientras lo escucho pienso que el chofer podría ser un gran escritor si se dedicara a poner en papel toda esa catarata de pensamientos y reflexiones tan bien encadenadas. Pero él solo es un chofer que se dedica a transportar personas y reflexionar acerca de todo.
    Al llegar a la dirección indicada le pago y le deseo buenos días. Al cerrar la puerta escucho como sigue hablando, ahora solo. Me quedo parado mirando como se aleja y como va perdiendo sus contornos, sus colores y su esencia de taxi hasta que desaparece completamente a pocos metros. Sonrío y camino hasta la puerta de mi casa. Un niño que viene de la mano con su madre se desprende de ella para correr a un gato. El niño me atraviesa. Él se da cuenta de que algo raro le ha pasado y se queda parado buscando alguna explicación o ver que es lo que le ocurrido, ya que mira a su alrededor y no ve nada. La madre lo alcanza y lo vuelve a tomar de la mano. El niño mira para todos lados. Ya se ha olvidado del gato. Los observo como los dos se van tomados de la mano.
     Me quedo esperando en la puerta de mi casa. Adentro ya están todos reunidos, pero alguien siempre llega tarde. A los cinco minutos llega Abel, mi hijo mayor, con su hijo. Descienden del auto y mi nieto lleva un regalo en sus manos. Tocan el timbre y yo espero atrás de ellos. Ellos entran y yo detrás de ellos.
   Cada vez que me aburro de ver Casablanca o El planeta de los simios, o de los días enteros en el hipódromo o el bar del Chino, elijo este día. Es el día de mi cumpleaños número cincuenta. Es el cumpleaños que más me gusta recordar. Mi hijos, mis nietos, toda la familia reunida. Es el día perfecto en mi memoria.
    Me quedo en un rincón siendo testigo de toda la velada. Cuando llega el momento de soplar las velas y cortar la torta, me invaden las ganas de llorar. Al verme a mí mismo en la mesa, frente a la torta, veo que estoy llorando. Benjamín, mi nieto, se sienta en mis piernas y me ayuda a soplar las velas. Cuando la luz se prende y los aplausos llenan la habitación, siento que no puedo contenerme. Me llevo la mano a mi boca y en el movimiento brusco tiro un portarretrato. Todos miran hacia el mueble. El portarretrato caído pareciera querer decir algo. Un instante de silencio es quebrado por la deducción de la tía Elvira, de que seguro se ha caído por la acción del viento. La duda es dejada de lado por la torta. Todos ríen, están animados; yo mismo me veo de buen humor abriendo los regalos que me han traído. Por un momento siento que estoy ahí, sintiendo, pensando y recibiendo el amor de mi familia.

    Leticia, mi hija menor, se sobresalta. Mira a su padre, yo, y mira al espejo que se encuentra en el costado de la sala y se da cuenta que es imposible que lo que ve en el espejo sea el reflejo de su padre. Me contengo para no arruinar la fiesta. Me quedo en el rincón observando. Tengo que tratar de acostumbrarme a mi condición. La próxima vez seré más precavido; no vaya a ser cosa que arruine mi propia fiesta de cumpleaños.





martes, 11 de julio de 2017

Oro preto



Esquina de trashumantes

Y filósofos,

Que reúne las habladurías

Y sabidurías

Que asienta el conocimiento

Más que cualquier biblioteca.



De habladores y sabios

Políticos y cirujas;

Esquina de trashumantes

Con encías ensangrentadas

Por el lenguaje y las palabras

Ácidas que allí destilan.



Esquina emplazada

Sobre lenguas de fuego

Y columnas de marfil;

Que desgarran mis manos

Cuando a su puerta llego

Y trato de introducirme.



Cómo no pagar el precio

De la esquina y sus

Múltiples banderas que

Flamean y me reciben

Dando brío a mi espíritu

Para sacar de mis entrañas

Todos los Versos necesarios.



La esquina es de trashumantes y filósofos:

Ellos mismos la han construido,

Cuando sus presencias no

Se hacen ver

La tristeza de las palomas

Pueblan la esquina.



Esquina de oro

Fuego

Y marfil;

La misma que me vio nacer

Y seguro me verá morir.



El día que Caronte me

Acompañe en el viaje final

Pediré a los filósofos y

Trashumantes

Que luego de beber

Café y escribir Versos,

La fogata que me consuma

Sea iniciada con esos Versos

Y que las cenizas de mi osamenta

Sean desparramadas

En mi infinita esquina.








Oro preto


Esquina de trashumantes
Y filósofos,
Que reúne las habladurías
Y sabidurías
Que asienta el conocimiento
Más que cualquier biblioteca.

De habladores y sabios
Políticos y cirujas;
Esquina de trashumantes
Con encías ensangrentadas
Por el lenguaje y las palabras
Ácidas que allí destilan.

Esquina emplazada
Sobre lenguas de fuego
Y columnas de marfil;
Que desgarran mis manos
Cuando a su puerta llego
Y trato de introducirme.

Cómo no pagar el precio
De la esquina y sus
Múltiples banderas que
Flamean y me reciben
Dando brío a mi espíritu
Para sacar de mis entrañas
Todos los Versos necesarios.

La esquina es de trashumantes y filósofos:
Ellos mismos la han construido,
Cuando sus presencias no
Se hacen ver
La tristeza de las palomas
Pueblan la esquina.

Esquina de oro
Fuego
Y marfil;
La misma que me vio nacer
Y seguro me verá morir.

El día que Caronte me
Acompañe en el viaje final
Pediré a los filósofos y
Trashumantes
Que luego de beber
Café y escribir Versos,
La fogata que me consuma
Sea iniciada con esos Versos
Y que las cenizas de mi osamenta
Sean desparramadas
En mi infinita esquina.



lunes, 10 de julio de 2017

14


"Perdón por los gestos", dijo ella


Él, sin querer, evitó contestar


Ellos se tomaron de la mano


Y luego de rezar un Padrenuestro


Apretaron el detonador.


Todas las aves abandonaron


Sus nidos;


Todos los vidrios explotaron


Y el silbido en mis oídos




Perduró un par de días

14

"Perdón por los gestos", dijo ella
Él, sin querer, evitó contestar
Ellos se tomaron de la mano
Y luego de rezar un Padrenuestro
Apretaron el detonador.
Todas las aves abandonaron
Sus nidos;
Todos los vidrios explotaron
Y el silbido en mis oídos

Perduró un par de días

13

No completé el trámite en

La obra social;

Al ver la cartilla de doctores

Me indigné e hice un bollo

Con el papel.

Lo arrojé contra el empleado,

Éste pregunto por qué

Hacía eso;

Con ojos vidriosos y la voz

Desgarrada grité en

Presencia de todos:

¡No hay Doctores en Filosofía!

13

No completé el trámite en
La obra social;
Al ver la cartilla de doctores
Me indigné e hice un bollo
Con el papel.
Lo arrojé contra el empleado,
Éste pregunto por qué
Hacía eso;
Con ojos vidriosos y la voz
Desgarrada grité en
Presencia de todos:
¡No hay Doctores en Filosofía!

domingo, 9 de julio de 2017

12


Heráclito mira la fila


De autos detenidos


En el semáforo.


Una bandada de loros que cruza


El cielo


Lo saca de su abstracción.


Al volver sus mirada hacia


El semáforo es consciente


Del devenir.


Con pulso firme escribe:


"Un hombre no hace malabares


Dos veces en el

Mismo semáforo."








12

Heráclito mira la fila
De autos detenidos
En el semáforo.
Una bandada de loros que cruza
El cielo
Lo saca de su abstracción.
Al volver sus mirada hacia
El semáforo es consciente
Del devenir.
Con pulso firme escribe:
"Un hombre no hace malabares
Dos veces en el
Mismo semáforo."



sábado, 8 de julio de 2017

Nosce te ipsum

Bufón,

Tu reino te espera.

Despídete de tus amigos

Del camino

Y comienza a marchar.



Ya tendrás tiempo

Para ordenar tus

Reflexiones,

Ya tendrás tiempo

Enmendar.



No olvides tu gorro, Bufón,

Aunque te espera una corona

Recuerda que ese gorro

Te preparó para sostenerla.



Bufón,

Tu padre te necesita

Mamá necesita descansar;

Así que cuando te reúnas con ellos

Abraza a los dos

Prepárales una buena comida,

Y diles que los amas

Bufón,

Tu también necesitas descansar.



Ya lo sabes

Siempre lo intuiste

Deberás ser soberano

Primero de ti mismo

Luego de los demás.





Bufón,

Cuando la corona te pese

Ponte tu gorro de Bufón

Y recuerda todo lo que trajo hasta aquí,

Recuerda que la sabiduría

Está en reconocer las diferencias

En vivir de a un día a la vez

De a un momento a la vez

Y que las adversidades

Son el camino hacia la paz.












Nosce te ipsum

Bufón,
Tu reino te espera.
Despídete de tus amigos
Del camino
Y comienza a marchar.

Ya tendrás tiempo
Para ordenar tus
Reflexiones,
Ya tendrás tiempo
Enmendar.

No olvides tu gorro, Bufón,
Aunque te espera una corona
Recuerda que ese gorro
Te preparó para sostenerla.

Bufón,
Tu padre te necesita
Mamá necesita descansar;
Así que cuando te reúnas con ellos
Abraza a los dos
Prepárales una buena comida,
Y diles que los amas
Bufón,
Tu también necesitas descansar.

Ya lo sabes
Siempre lo intuiste
Deberás ser soberano
Primero de ti mismo
Luego de los demás.


Bufón,
Cuando la corona te pese
Ponte tu gorro de Bufón
Y recuerda todo lo que trajo hasta aquí,
Recuerda que la sabiduría
Está en reconocer las diferencias
En vivir de a un día a la vez
De a un momento a la vez
Y que las adversidades
Son el camino hacia la paz.





Sé que vuelvo

Una y otra vez

A ese lugar de mi memoria;

Donde no estaba gastada

Ni saturada,

Donde las cosas todavía

No significaban

Donde las palabras

No lastimaban;

El mundo era poco

Las siestas eran eternas

Como las vacaciones.



Una y otra vez

Buscando la primera sensación

De las experiencias.

La primera vez que crucé la calle

Y la paliza que me dio mi abuela

La primera vez que remonté un barrilete

El parque de diversiones en

La sociedad de fomento

Los paseos con mi tío al Italpark

Y al Parque de la ciudad

Las librerías de usados y

Las pizzerías de Bernal

Siempre esperando a que mi tío Florencio

No guardara su Falcon

Y me llevara a la costa de Quilmes.



Mi memoria todavía no estaba gastada

Ni saturada.



Simpre vuelvo ahí

Lo mejores carnavales

Los corsos

Toda la familia reunida en

La terraza de la casa de la abuela

Festejando la navidad

Y el año nuevo,

Observando el cielo nocturno

Salpicado

Con fuegos artificiales.





Ahí vuelvo

Una y otra vez

Al lugar más puro

De mi memoria

Queriendo aprender

Todo otra vez

Queriendo sorprenderme

Otra vez

Como la primera vez.









zzzddd
Sé que vuelvo
Una y otra vez
A ese lugar de mi memoria;
Donde no estaba gastada
Ni saturada,
Donde las cosas todavía
No significaban
Donde las palabras
No lastimaban;
El mundo era poco
Las siestas eran eternas
Como las vacaciones.

Una y otra vez
Buscando la primera sensación
De las experiencias.
La primera vez que crucé la calle
Y la paliza que me dio mi abuela
La primera vez que remonté un barrilete
El parque de diversiones en
La sociedad de fomento
Los paseos con mi tío al Italpark
Y al Parque de la ciudad
Las librerías de usados y
Las pizzerías de Bernal
Siempre esperando a que mi tío Florencio
No guardara su Falcon
Y me llevara a la costa de Quilmes.

Mi memoria todavía no estaba gastada
Ni saturada.

Simpre vuelvo ahí
Lo mejores carnavales
Los corsos
Toda la familia reunida en
La terraza de la casa de la abuela
Festejando la navidad
Y el año nuevo,
Observando el cielo nocturno
Salpicado
Con fuegos artificiales.


Ahí vuelvo
Una y otra vez
Al lugar más puro
De mi memoria
Queriendo aprender
Todo otra vez
Queriendo sorprenderme
Otra vez
Como la primera vez.



zzzddd

miércoles, 5 de julio de 2017

Güerrin


    Una
fila de perdedores, de desclasados se amontonan en la medianoche de la calle
Corrientes. Frente a las marquesinas, frente a otra sociedad que los mira de
reojo y repugnancia como si ellos jamás pudieran llegar a esa condición. De a
poco, ellos, van llegando con sus bolsas y mochilas, sus únicas pertenencias
terrenales. Ellos ya han perdido todo, o se lo han sacado todo. Basta con
sentarse a su lado y escucharlos para conocer sus historias. Esas historias
pesan sobre sus espaldas. Solo hay que verlos caminar o ver en donde duermen para
darse cuenta como pesan esas historias. Solo hay que verlos ahora, parados,
esperando en la fila.


    La fila
nocturna se forma al costado de la pizzería Güerrin. Los transeúntes desprevenidos
creerán que la fila es en respuesta sobre algún empleo que ha solicitado la
prestigiosa pizzería porteña. La razón por la cual todas las noches estos
perdedores, con sus pesadas historias que les dobla la espalda, que han perdido
la capacidad de soñar, que el sistema los ha explotado hasta dejarlos sin
capacidad de supervivencia, que ya no tienen ningún deseo de dignidad, es por
un par de porciones de pizzas con una o dos empanadas envueltas en un pedazo de
papel.


    Ahí me encuentro yo, en la fila, entre los
perdedores, los desclasados, esperando mi porción para poder continuar
sobreviviendo una noche más en el riguroso y cortante frio de la noche.
Durmiendo en el subte, esperando a que Constitución empiece a operar para
dormir sentado ida y vuelta hasta Alejandro Korn. También podría dormir en el
hueco del edificio de la calle Paraná si es que encuentro alguna alfombra para
poder envolverme y soportar la helada.


   Solo resta
alimentarse y seguir camino. La muerte tiene planes para todos nosotros. Nos
espía en cada esquina y en cada hueco en donde nos refugiamos, quizás hasta nos
proteja del frio. Yo, solamente, espero un nuevo amanecer.


   


















   

Güerrin

    Una fila de perdedores, de desclasados se amontonan en la medianoche de la calle Corrientes. Frente a las marquesinas, frente a otra sociedad que los mira de reojo y repugnancia como si ellos jamás pudieran llegar a esa condición. De a poco, ellos, van llegando con sus bolsas y mochilas, sus únicas pertenencias terrenales. Ellos ya han perdido todo, o se lo han sacado todo. Basta con sentarse a su lado y escucharlos para conocer sus historias. Esas historias pesan sobre sus espaldas. Solo hay que verlos caminar o ver en donde duermen para darse cuenta como pesan esas historias. Solo hay que verlos ahora, parados, esperando en la fila.
    La fila nocturna se forma al costado de la pizzería Güerrin. Los transeúntes desprevenidos creerán que la fila es en respuesta sobre algún empleo que ha solicitado la prestigiosa pizzería porteña. La razón por la cual todas las noches estos perdedores, con sus pesadas historias que les dobla la espalda, que han perdido la capacidad de soñar, que el sistema los ha explotado hasta dejarlos sin capacidad de supervivencia, que ya no tienen ningún deseo de dignidad, es por un par de porciones de pizzas con una o dos empanadas envueltas en un pedazo de papel.
    Ahí me encuentro yo, en la fila, entre los perdedores, los desclasados, esperando mi porción para poder continuar sobreviviendo una noche más en el riguroso y cortante frio de la noche. Durmiendo en el subte, esperando a que Constitución empiece a operar para dormir sentado ida y vuelta hasta Alejandro Korn. También podría dormir en el hueco del edificio de la calle Paraná si es que encuentro alguna alfombra para poder envolverme y soportar la helada.
   Solo resta alimentarse y seguir camino. La muerte tiene planes para todos nosotros. Nos espía en cada esquina y en cada hueco en donde nos refugiamos, quizás hasta nos proteja del frio. Yo, solamente, espero un nuevo amanecer.
   





   

lunes, 3 de julio de 2017

Monzón





 Es 8 de Noviembre del 70


Faltan 10 años para


Que nazca.


Monzón noqueó a
Benvenuti


Como la primera vez


Que lo hizo con su


Padre


¿Se habrá enterado
Monzón que todos los hombres que enfrentó fueron su


Padre?





El mundo siempre ha
estado


En guerra


Siempre estamos en
guerra


Noqueado o noqueador


Oprimido u opresor


¿Cuánto tiempo se puede
pelear


En una guerra?





Dejé los campos de
Camboya


Y me fui a vivir


Con mis padres;


Papá me esperaba en la
puerta


Y detrás de él


Apareció mamá.


Basta de guerras, me
dije


A mí mismo


Y me rendí.





Resulta extraño


Haber escrito esto


10 años antes de 


Haber nacido.












Monzón


 Es 8 de Noviembre del 70
Faltan 10 años para
Que nazca.
Monzón noqueó a Benvenuti
Como la primera vez
Que lo hizo con su
Padre
¿Se habrá enterado Monzón que todos los hombres que enfrentó fueron su
Padre?

El mundo siempre ha estado
En guerra
Siempre estamos en guerra
Noqueado o noqueador
Oprimido u opresor
¿Cuánto tiempo se puede pelear
En una guerra?

Dejé los campos de Camboya
Y me fui a vivir
Con mis padres;
Papá me esperaba en la puerta
Y detrás de él
Apareció mamá.
Basta de guerras, me dije
A mí mismo
Y me rendí.

Resulta extraño
Haber escrito esto
10 años antes de 
Haber nacido.



11


Las gárgolas sonríen a


Través de sus dientes
sudorosos;


Las palomas quieren
imitarlas


Pero no pueden dejar




De moverse.  

11

Las gárgolas sonríen a
Través de sus dientes sudorosos;
Las palomas quieren imitarlas
Pero no pueden dejar

De moverse.  

domingo, 2 de julio de 2017

10


Rómulo y Remo


Maman de la loba,


Su madre


La columna sostiene a
los tres


En la altura.


Abajo,


Los autos giran
alrededor


Del parque


Sin cesar.

10

Rómulo y Remo
Maman de la loba,
Su madre
La columna sostiene a los tres
En la altura.
Abajo,
Los autos giran alrededor
Del parque
Sin cesar.

16 años

 Me dijeron  Que tenía una condición  Física, mental y espiritual. Que era una alergia del cuerpo Una obsesión de la mente Un lugar oscuro d...