La noche respira
Sobre el traqueteo
De los trenes.
El tren que me llevo
A un laberinto de murciélagos
Es el mismo
Que me trajo a casa.
La respiración de la noche
Guarda la memoria
De las miles de noches
En las que me(moría)
Al abrigo de los brazos
Ardientes de la intemperie.
Ya no guardo secretos
Puedo ver en el manto nocturno
Y no sentir miedo
Tampoco en el manto obscuro
De mi habitación
Ni en el manto obscuro
E insondable
De mi inconsciencia.
La noche respira
Los trenes traquetean:
Hubo un tiempo en que me divertía
Jugar entre vagones ferrosos, oxidados
Abandonados.
Hubo otro tiempo en que volvía
De la escuela por las vías.
Hubo otro tiempo en que desgarraba
Mi sistema nervioso
Con pasta base de cocaína
En las vías de Avellaneda.
Hubo otro tiempo en que dejé
Todas esas vías
Y me dediqué a contar sus historias:
Una noche que respira
Un tren que traquetea
Un Reybufón que ha podido
Reconstruir su sistema nervioso.
"Ahí escucho el tren",
Finalmente estoy despierto
Respirando sobre el garrapateo
De la lapicera sobre la hoja.
sábado, 23 de marzo de 2019
La noche respira
Sobre el traqueteo
De los trenes.
El tren que me llevo
A un laberinto de murciélagos
Es el mismo
Que me trajo a casa.
La respiración de la noche
Guarda la memoria
De las miles de noches
En las que me(moría)
Al abrigo de los brazos
Ardientes de la intemperie.
Ya no guardo secretos
Puedo ver en el manto nocturno
Y no sentir miedo
Tampoco en el manto obscuro
De mi habitación
Ni en el manto obscuro
E insondable
De mi inconsciencia.
La noche respira
Los trenes traquetean:
Hubo un tiempo en que me divertía
Jugar entre vagones ferrosos, oxidados
Abandonados.
Hubo otro tiempo en que volvía
De la escuela por las vías.
Hubo otro tiempo en que desgarraba
Mi sistema nervioso
Con pasta base de cocaína
En las vías de Avellaneda.
Hubo otro tiempo en que dejé
Todas esas vías
Y me dediqué a contar sus historias:
Una noche que respira
Un tren que traquetea
Un Reybufón que ha podido
Reconstruir su sistema nervioso.
"Ahí escucho el tren",
Finalmente estoy despierto
Respirando sobre el garrapateo
De la lapicera sobre la hoja.
Sobre el traqueteo
De los trenes.
El tren que me llevo
A un laberinto de murciélagos
Es el mismo
Que me trajo a casa.
La respiración de la noche
Guarda la memoria
De las miles de noches
En las que me(moría)
Al abrigo de los brazos
Ardientes de la intemperie.
Ya no guardo secretos
Puedo ver en el manto nocturno
Y no sentir miedo
Tampoco en el manto obscuro
De mi habitación
Ni en el manto obscuro
E insondable
De mi inconsciencia.
La noche respira
Los trenes traquetean:
Hubo un tiempo en que me divertía
Jugar entre vagones ferrosos, oxidados
Abandonados.
Hubo otro tiempo en que volvía
De la escuela por las vías.
Hubo otro tiempo en que desgarraba
Mi sistema nervioso
Con pasta base de cocaína
En las vías de Avellaneda.
Hubo otro tiempo en que dejé
Todas esas vías
Y me dediqué a contar sus historias:
Una noche que respira
Un tren que traquetea
Un Reybufón que ha podido
Reconstruir su sistema nervioso.
"Ahí escucho el tren",
Finalmente estoy despierto
Respirando sobre el garrapateo
De la lapicera sobre la hoja.
domingo, 17 de marzo de 2019
La última estrella
La última luz lunar
La última vez que desgarré
Mis pulmones
La última vez que deseé
Llegar hasta aquí
Para escribir este poema.
La primera vez que desperté
De ese primer sueño
Allá por 1981:
¿Cuánto tiempo pasó?
¿Cuántos sueños tuve?
El tiempo se escapa
De mis manos
Como arena intranquila.
La poesía es el intento
Por retenerla.
La poesía es mi intento de andar
En bicicleta sin rueditas
Y caer en cada intento;
También ese humo desgarrador
Del espíritu.
Mientras tanto sigo tratando
De recordar mi primer sueño
En en este mundo;
La primera vez
Que vi la última estrella
La primera vez
Que vi la última luz lunar.
La última luz lunar
La última vez que desgarré
Mis pulmones
La última vez que deseé
Llegar hasta aquí
Para escribir este poema.
La primera vez que desperté
De ese primer sueño
Allá por 1981:
¿Cuánto tiempo pasó?
¿Cuántos sueños tuve?
El tiempo se escapa
De mis manos
Como arena intranquila.
La poesía es el intento
Por retenerla.
La poesía es mi intento de andar
En bicicleta sin rueditas
Y caer en cada intento;
También ese humo desgarrador
Del espíritu.
Mientras tanto sigo tratando
De recordar mi primer sueño
En en este mundo;
La primera vez
Que vi la última estrella
La primera vez
Que vi la última luz lunar.
La última estrella
La última luz lunar
La última vez que desgarré
Mis pulmones
La última vez que deseé
Llegar hasta aquí
Para escribir este poema.
La primera vez que desperté
De ese primer sueño
Allá por 1981:
¿Cuánto tiempo pasó?
¿Cuántos sueños tuve?
El tiempo se escapa
De mis manos
Como arena intranquila.
La poesía es el intento
Por retenerla.
La poesía es mi intento de andar
En bicicleta sin rueditas
Y caer en cada intento;
También ese humo desgarrador
Del espíritu.
Mientras tanto sigo tratando
De recordar mi primer sueño
En en este mundo;
La primera vez
Que vi la última estrella
La primera vez
Que vi la última luz lunar.
La última luz lunar
La última vez que desgarré
Mis pulmones
La última vez que deseé
Llegar hasta aquí
Para escribir este poema.
La primera vez que desperté
De ese primer sueño
Allá por 1981:
¿Cuánto tiempo pasó?
¿Cuántos sueños tuve?
El tiempo se escapa
De mis manos
Como arena intranquila.
La poesía es el intento
Por retenerla.
La poesía es mi intento de andar
En bicicleta sin rueditas
Y caer en cada intento;
También ese humo desgarrador
Del espíritu.
Mientras tanto sigo tratando
De recordar mi primer sueño
En en este mundo;
La primera vez
Que vi la última estrella
La primera vez
Que vi la última luz lunar.
lunes, 11 de marzo de 2019
A.T.R ( o La uberización del lenguaje)
La ola que empezó a levantarme en el 93, y que la cresta alcanzó su punto máximo entre el 99 y el 2005; ya en el 2009 estaba dejándome derrotado en la orilla de un mar de frustraciones. Pero antes debía pasar por la Unidad 44, alcaidía de Batán, para terminar mi tesis filosófica-poética. Era febrero del 2009. Habíamos salido de Buenos Aires en tren con el Yona y Chaqueño con una buena cantidad de porro. La idea era pasar unos días de joda en La feliz. El viaje no tuvo complicaciones. Al llegar a Mar del Plata nos dispusimos a caminar por La Luro rumbo a La Bristol. Mientras nos armábamos un faso para la caminata un pinta nos pidió una seca. El pinta recibió una seca y ya nunca más se despegaría de nosotros. Pasamos todo el día fumando y escabiando. Pero para el Yona y el Chaqueño si no robaban nada no había diversión. Hubo un par de intentos de escruches en un par de casas, romper una par de vidrios de autos para sacar valores y nada más. Llegó la noche y había que buscar refugio. Encontramos una casa a medio construir por la Martínez de Hoz, cruzando la rotando del puerto. Pasó la noche.
En la mañana dejamos la casa y nos fuimos para la costa a fumar los mañaneros reglamentarios. Seguramente habremos comido algo y (eso no hace falta tratar de recordarlo) empinamos unas cuantas cervezas. El Chaqueño y el Yona seguían con la manija del afano. No se iban a detener. En una de las playas cerca del Torreón del Monje, entre las piedras, se hizo la luz (u obscuridad). "¡Quieren bardear de enserio!, les digo al resto levantando una tableta de clonazepam que estaba tirada. Una pastilla terminó adentro de la botella y una dosis para cada uno fue lo siguiente. Clonazepam genérica, de 2 miligramos, mezclado con decenas de litros de cerveza y la yerba poderosísima del Bajo Flores le saca la careta a cualquier coragil. Entre el Yona, el Chaqueño y el otro pinta que también quería sacar chapa, no sé cuantos autos reventaron. Empezó a aparecer la plata, más cervezas, mas pastillas en las cervezas, más porros, gente, locura, perdida de la proporción del tiempo y el espacio, quilombos, corridas, creo que peleamos con alguien y, finalmente, el grupo se disolvió. Yo me quedé con el chanta que se nos había pegado en la terminal. Se llamaba Jhonatan y le decíamos Yoni para diferenciarlo del del Yona. Cayó la noche en La feliz. Yo estaba con una bici que no puedo acertar de donde salió. Mi nuevo compañero todavía tenía ganas de seguir bardeando. Fuimos a ver un espectáculo callejero para rastrear algo. Un par de intentos fallidos de abrir mochilas hasta que pinto arrebatar un celular. El Yoni marcó al punto, yo me adelante con la bici, él arrebató, corrió, lo levanté en la bici y salimos disparados por la Peralta Ramos.
Recuerdo ir bajando por esas avenidas con pendientes, a veces pronunciadas, a veces, vertiginosas, como Jhon Travolta en Pulp Fiction después de darse el pico de heroína. El instinto nos hizo volver al refugio de la noche anterior. Había que descansar para vender los sustraído al otro día y seguir acrecentando el botín. Recuerdo que al llegar a la obra en construcción me desmayé en el acto. Y en el acto desperté con alguien que nos tiraba a matar con ladrillos."¡Chorros, hijos de puta!", los adjetivos calificativos de siempre. Esta persona nos acusaba de algo que, supuestamente, habíamos hecho dormidos. Siguieron los gritos las amenazas, nosotros con carpa empezamos a agarrar nuestras mochilas y ver la manera de tomarnos el palo. El que grita se queda con la bici, yo quería salir volando de ahí. Cuando ganamos la salida empezamos a correr lo más que pudimos hasta que nos cercó una patrullero. Fin de las vacaciones salvajes. Borcegos sobre la cara, escopeta en la espalda dispuesta a tirar al menor movimiento y otra causa penal para el prontuario. La cosa fue así (nos enteramos en la taquería): el que nos tiraba con los ladrillos vivía al lado de la obra en construcción. Alguien (que no fuimos nosotros) le barreteó el portón del garage, armó un bagallo de herramientas,las descarta en el patio de la obra en construcción para rescatarlas al otro día. Esa es la única explicación racional-delincuente que se me ocurre. El tipo se levanta, ve el portón violado, va a la obra y nos encuentra fisurando a nosotros. Para el tipo robado no hay muchas explicaciones. Y esto también es la historia de mi vida: estar en el lugar equivocado, el momento equivocado y con la gente equivocada.
Los detalles del proceso, la acusación del damnificado, como evité 6 mese de cumplimiento efectivo no los detallaré acá. Todo eso es parte del ensayo ¿Qué es la justicia? Un día antes del comparendo, recuerdo que era un jueves, y ya estaba todo el pabellón engomado. Serían las 7 de la tarde cuando el servicio penitenciario abrió la celda y arrojó a un chanta con nosotros. Al chabón le dolía todo, le habían dado duro en la taquería. Lo acusan de un calificado con arma de fuego. Él dice que descartó el fierro y que la causa se cae sola porque no se lo encontraron. Cuenta que son tres los de su banda, que andan en una auto y ( acá es donde aparece la magia) es cuando dice los suyo: "A todo ritmo andamos", agitando la mano derecha (recuérdese, es febrero del 2009). Tal cual como dijo, el boga lo sacó a la hora.
Hasta acá la anécdota.
Hace un par de días vi a una chica de la aristocracia bahiense, que trabaja en el senado de la nación, festejar su cumpleaños por las redes. Se ve que los contactos de su familia le permitieron acceder a un cargo público con poco más de 20 años. Lo que me mueve no es el resentimiento social. Lo que necesito para justificar el ensayo es un globo que ella sostenía que formaban las siglas A.T.R (a todo ritmo). La expresión la empecé a escuchar como un débil rumor hace un par de años y recién el año que pasó (2018) se puede decir que se instaló.
Hoy todo es A.T.R: tomar sol en la pileta, tomar una limonada en un country de Bosque alto, hacer trámites en un día de calor o de frío, sacar a pasear al perro, estar encerrado en una maratón de series todo el fin de semana, el carnaval carioca, el trencito, tomar mate con tostadas, estar depresivo o con un ataque de pánico, mil selfies por segundo , mil tweets por segundo, mi historias en Instagram, preparar un final o un pepper, o el balance de la empresa, corderos al asador, sopas de almejas, pollos al disco, correr, andar en bici, estar sentado sin hacer nada y un millón de cosas sirven para decir que se está A.T.R.
¿Qué es ser A.T.R?: es salir de caño todos los días, rastrear bolsos, billeteras; arrastrar jubiladas a la salida del banco, organizar escruches y salideras; partirles las zapatillas a los giles que entran a la villa a comprar droga, a esos mismos giles darles jabón en polvo, veneno para ratas, vidrio molido, harina barata o talco en vez de la droga, volarles la pata de tiro si se retoban o solo por el placer de verles volar la pata, mandarse de entradera a donde pinte (para el aterreista el enemigo sos vos, no el Estado o el gobierno de turno. Recuérdese que los avala la doctrina de Proudom:"El único delito es la propiedad privada". Vos sos el delincuente) y si los ocupantes de la casa se retoban también darles un tiro. Ser aterresita verdadero implica estar reloco todo el día: tomar merca, fumar faso, pasta base, tomarse toda la gama de pastillas psiquiatricas, jalar pegamento nafta o cualquier sustancia volátil como el aguarras, pinturas, esmalte de uñas, y cualquier cosa que logré marear el cerebro; cojerse putos, putas, travas, bisexuales, tri, c.i.s y todas las combinaciones posibles de todas estas formas de aterresimo.
La empresa que hoy lleva adelante la clase media-burguesa y la baja-aristocracia con su lenguaje inclusivo estaría destinada al fracaso. Un docente que promueve el uso del lenguaje inclusivo en que se puede apoyar para corregir las faltas de ortografía de sus alumnos. ¿Es un lenguaje el lenguaje inclusivo o solo un aliviador de conciencia más del capitalismo? ¿Incluye el lenguaje inclusivo? Es paradójico que los que hablan de inclusión son los que más excluyen a los que no adhieren a este ¿lenguaje? Creo que si retomamos en uso del latín incluimos a la mitad del planeta. El problema es que hay que aprender el idioma y eso es algo que este sujeto C.C.C (contemporáneo-capitalista-cristiano) no quiere hacer: hacer esfuerzos.
Me interesa la opinión de Borges en este asunto. En la Historia del guerrero y la cautiva está la confirmación de mi sospecha. Esos bárbaros que atravesaron selvas y ciénagas para llegar a Italia, esos bárbaros que no sabían que combatían a los romanos, esos bárbaros que profesaban el arrianismo, esos bárbaros de los dioses de la guerra y del trueno, con sus torpes figuras de madera, envueltas en ropa tejida y recargadas de monedas y ajorcas; esos bárbaros que venían de las selvas inextricables del jabaí y del uro; esos bárbaros blancos, animosos, inocentes, crueles, leales a su capitán y a su tribu, no al universo; esos bárbaros que llegaron a Ravena y vieron algo que jamás habían visto. Ven el día y los cipreses y el mármol. Ven un conjunto múltiple y sin desorden, ven una ciudad, un organismo hecho de estatuas, de templos, de jardines, de habitaciones, de gradas, de jarrones de capiteles, de espacios regulares y abiertos. Esos bárbaros que son tocados por una maquinaria compleja y que adivinaron una inteligencia inmortal; y que les bastó ver solo un arco con una incomprensible inscripción en eternas letras romanas; y que bruscamente quedaron ciegos y renovados con esa revelación. Esos bárbaros conversos que se iluminaron, que no fueron traidores, como Drotulft, que se hicieron italianos, lombardos; esos bárbaros Aldiger que con el paso de las generaciones le dieron el linaje a Dante Alighieri y este a la Divina Comedia: esos bárbaros son los que me interesan.
La subversión de la gramática y la cultura no parece producirse desde Roma a los margenes, o desde las clases aristocráticas a las populares. El Imperio Romano avanza y absorbe a las tribus bárbaras. Absorbe su cultura, sus costumbres, sus lenguajes y lo normaliza en su beneficio. Lo mismo está ocurriendo con la expresión A.T.R. Una expresión gestada en los margenes de la sociedad que simboliza esas expresiones que tanto se combaten con fuerzas de seguridad, prejuicios, dispositivos de seguridad y medicaciones psiquiátricas. Una expresión autónoma que se fue ganando lugar en la sociedad sin que nadie lo promueva. Una expresión que dice más sobre los movimientos autárquicos de la lengua y la cultura. Una expresión autónoma que hoy los está incluyendo a casi todos.
La uberización del lenguaje y lenguaje inclusivo son hermanos siameses. El concepto de uberización encaja perfectamente en el argumento. Sujetos que reciben en su domicilio sin moverse, todas su necesidades egocéntricas que el mercado les vende a la fuerza. Cambiarle una letra a las palabras y querer incluir a los dos géneros o toda la gama de géneros-mercancia que hoy están disponibles es uberizar el lenguaje por que no propone cambios éticos en el emisor y/o receptor (no olvidar que ética y estética no se deben escindir).
La uberización ha llegado al lenguaje. En 2029 volveré a este ensayo para ver si el lenguaje inclusivo ha llegado a las villas, a los penales, a los margenes, a la barbarie. Mientras tanto sigo el desfile de la barbarie.
En la mañana dejamos la casa y nos fuimos para la costa a fumar los mañaneros reglamentarios. Seguramente habremos comido algo y (eso no hace falta tratar de recordarlo) empinamos unas cuantas cervezas. El Chaqueño y el Yona seguían con la manija del afano. No se iban a detener. En una de las playas cerca del Torreón del Monje, entre las piedras, se hizo la luz (u obscuridad). "¡Quieren bardear de enserio!, les digo al resto levantando una tableta de clonazepam que estaba tirada. Una pastilla terminó adentro de la botella y una dosis para cada uno fue lo siguiente. Clonazepam genérica, de 2 miligramos, mezclado con decenas de litros de cerveza y la yerba poderosísima del Bajo Flores le saca la careta a cualquier coragil. Entre el Yona, el Chaqueño y el otro pinta que también quería sacar chapa, no sé cuantos autos reventaron. Empezó a aparecer la plata, más cervezas, mas pastillas en las cervezas, más porros, gente, locura, perdida de la proporción del tiempo y el espacio, quilombos, corridas, creo que peleamos con alguien y, finalmente, el grupo se disolvió. Yo me quedé con el chanta que se nos había pegado en la terminal. Se llamaba Jhonatan y le decíamos Yoni para diferenciarlo del del Yona. Cayó la noche en La feliz. Yo estaba con una bici que no puedo acertar de donde salió. Mi nuevo compañero todavía tenía ganas de seguir bardeando. Fuimos a ver un espectáculo callejero para rastrear algo. Un par de intentos fallidos de abrir mochilas hasta que pinto arrebatar un celular. El Yoni marcó al punto, yo me adelante con la bici, él arrebató, corrió, lo levanté en la bici y salimos disparados por la Peralta Ramos.
Recuerdo ir bajando por esas avenidas con pendientes, a veces pronunciadas, a veces, vertiginosas, como Jhon Travolta en Pulp Fiction después de darse el pico de heroína. El instinto nos hizo volver al refugio de la noche anterior. Había que descansar para vender los sustraído al otro día y seguir acrecentando el botín. Recuerdo que al llegar a la obra en construcción me desmayé en el acto. Y en el acto desperté con alguien que nos tiraba a matar con ladrillos."¡Chorros, hijos de puta!", los adjetivos calificativos de siempre. Esta persona nos acusaba de algo que, supuestamente, habíamos hecho dormidos. Siguieron los gritos las amenazas, nosotros con carpa empezamos a agarrar nuestras mochilas y ver la manera de tomarnos el palo. El que grita se queda con la bici, yo quería salir volando de ahí. Cuando ganamos la salida empezamos a correr lo más que pudimos hasta que nos cercó una patrullero. Fin de las vacaciones salvajes. Borcegos sobre la cara, escopeta en la espalda dispuesta a tirar al menor movimiento y otra causa penal para el prontuario. La cosa fue así (nos enteramos en la taquería): el que nos tiraba con los ladrillos vivía al lado de la obra en construcción. Alguien (que no fuimos nosotros) le barreteó el portón del garage, armó un bagallo de herramientas,las descarta en el patio de la obra en construcción para rescatarlas al otro día. Esa es la única explicación racional-delincuente que se me ocurre. El tipo se levanta, ve el portón violado, va a la obra y nos encuentra fisurando a nosotros. Para el tipo robado no hay muchas explicaciones. Y esto también es la historia de mi vida: estar en el lugar equivocado, el momento equivocado y con la gente equivocada.
Los detalles del proceso, la acusación del damnificado, como evité 6 mese de cumplimiento efectivo no los detallaré acá. Todo eso es parte del ensayo ¿Qué es la justicia? Un día antes del comparendo, recuerdo que era un jueves, y ya estaba todo el pabellón engomado. Serían las 7 de la tarde cuando el servicio penitenciario abrió la celda y arrojó a un chanta con nosotros. Al chabón le dolía todo, le habían dado duro en la taquería. Lo acusan de un calificado con arma de fuego. Él dice que descartó el fierro y que la causa se cae sola porque no se lo encontraron. Cuenta que son tres los de su banda, que andan en una auto y ( acá es donde aparece la magia) es cuando dice los suyo: "A todo ritmo andamos", agitando la mano derecha (recuérdese, es febrero del 2009). Tal cual como dijo, el boga lo sacó a la hora.
Hasta acá la anécdota.
Hace un par de días vi a una chica de la aristocracia bahiense, que trabaja en el senado de la nación, festejar su cumpleaños por las redes. Se ve que los contactos de su familia le permitieron acceder a un cargo público con poco más de 20 años. Lo que me mueve no es el resentimiento social. Lo que necesito para justificar el ensayo es un globo que ella sostenía que formaban las siglas A.T.R (a todo ritmo). La expresión la empecé a escuchar como un débil rumor hace un par de años y recién el año que pasó (2018) se puede decir que se instaló.
Hoy todo es A.T.R: tomar sol en la pileta, tomar una limonada en un country de Bosque alto, hacer trámites en un día de calor o de frío, sacar a pasear al perro, estar encerrado en una maratón de series todo el fin de semana, el carnaval carioca, el trencito, tomar mate con tostadas, estar depresivo o con un ataque de pánico, mil selfies por segundo , mil tweets por segundo, mi historias en Instagram, preparar un final o un pepper, o el balance de la empresa, corderos al asador, sopas de almejas, pollos al disco, correr, andar en bici, estar sentado sin hacer nada y un millón de cosas sirven para decir que se está A.T.R.
¿Qué es ser A.T.R?: es salir de caño todos los días, rastrear bolsos, billeteras; arrastrar jubiladas a la salida del banco, organizar escruches y salideras; partirles las zapatillas a los giles que entran a la villa a comprar droga, a esos mismos giles darles jabón en polvo, veneno para ratas, vidrio molido, harina barata o talco en vez de la droga, volarles la pata de tiro si se retoban o solo por el placer de verles volar la pata, mandarse de entradera a donde pinte (para el aterreista el enemigo sos vos, no el Estado o el gobierno de turno. Recuérdese que los avala la doctrina de Proudom:"El único delito es la propiedad privada". Vos sos el delincuente) y si los ocupantes de la casa se retoban también darles un tiro. Ser aterresita verdadero implica estar reloco todo el día: tomar merca, fumar faso, pasta base, tomarse toda la gama de pastillas psiquiatricas, jalar pegamento nafta o cualquier sustancia volátil como el aguarras, pinturas, esmalte de uñas, y cualquier cosa que logré marear el cerebro; cojerse putos, putas, travas, bisexuales, tri, c.i.s y todas las combinaciones posibles de todas estas formas de aterresimo.
La empresa que hoy lleva adelante la clase media-burguesa y la baja-aristocracia con su lenguaje inclusivo estaría destinada al fracaso. Un docente que promueve el uso del lenguaje inclusivo en que se puede apoyar para corregir las faltas de ortografía de sus alumnos. ¿Es un lenguaje el lenguaje inclusivo o solo un aliviador de conciencia más del capitalismo? ¿Incluye el lenguaje inclusivo? Es paradójico que los que hablan de inclusión son los que más excluyen a los que no adhieren a este ¿lenguaje? Creo que si retomamos en uso del latín incluimos a la mitad del planeta. El problema es que hay que aprender el idioma y eso es algo que este sujeto C.C.C (contemporáneo-capitalista-cristiano) no quiere hacer: hacer esfuerzos.
Me interesa la opinión de Borges en este asunto. En la Historia del guerrero y la cautiva está la confirmación de mi sospecha. Esos bárbaros que atravesaron selvas y ciénagas para llegar a Italia, esos bárbaros que no sabían que combatían a los romanos, esos bárbaros que profesaban el arrianismo, esos bárbaros de los dioses de la guerra y del trueno, con sus torpes figuras de madera, envueltas en ropa tejida y recargadas de monedas y ajorcas; esos bárbaros que venían de las selvas inextricables del jabaí y del uro; esos bárbaros blancos, animosos, inocentes, crueles, leales a su capitán y a su tribu, no al universo; esos bárbaros que llegaron a Ravena y vieron algo que jamás habían visto. Ven el día y los cipreses y el mármol. Ven un conjunto múltiple y sin desorden, ven una ciudad, un organismo hecho de estatuas, de templos, de jardines, de habitaciones, de gradas, de jarrones de capiteles, de espacios regulares y abiertos. Esos bárbaros que son tocados por una maquinaria compleja y que adivinaron una inteligencia inmortal; y que les bastó ver solo un arco con una incomprensible inscripción en eternas letras romanas; y que bruscamente quedaron ciegos y renovados con esa revelación. Esos bárbaros conversos que se iluminaron, que no fueron traidores, como Drotulft, que se hicieron italianos, lombardos; esos bárbaros Aldiger que con el paso de las generaciones le dieron el linaje a Dante Alighieri y este a la Divina Comedia: esos bárbaros son los que me interesan.
La subversión de la gramática y la cultura no parece producirse desde Roma a los margenes, o desde las clases aristocráticas a las populares. El Imperio Romano avanza y absorbe a las tribus bárbaras. Absorbe su cultura, sus costumbres, sus lenguajes y lo normaliza en su beneficio. Lo mismo está ocurriendo con la expresión A.T.R. Una expresión gestada en los margenes de la sociedad que simboliza esas expresiones que tanto se combaten con fuerzas de seguridad, prejuicios, dispositivos de seguridad y medicaciones psiquiátricas. Una expresión autónoma que se fue ganando lugar en la sociedad sin que nadie lo promueva. Una expresión que dice más sobre los movimientos autárquicos de la lengua y la cultura. Una expresión autónoma que hoy los está incluyendo a casi todos.
La uberización del lenguaje y lenguaje inclusivo son hermanos siameses. El concepto de uberización encaja perfectamente en el argumento. Sujetos que reciben en su domicilio sin moverse, todas su necesidades egocéntricas que el mercado les vende a la fuerza. Cambiarle una letra a las palabras y querer incluir a los dos géneros o toda la gama de géneros-mercancia que hoy están disponibles es uberizar el lenguaje por que no propone cambios éticos en el emisor y/o receptor (no olvidar que ética y estética no se deben escindir).
La uberización ha llegado al lenguaje. En 2029 volveré a este ensayo para ver si el lenguaje inclusivo ha llegado a las villas, a los penales, a los margenes, a la barbarie. Mientras tanto sigo el desfile de la barbarie.
A.T.R ( o La uberización del lenguaje)
La ola que empezó a levantarme en el 93, y que la cresta alcanzó su punto máximo entre el 99 y el 2005; ya en el 2009 estaba dejándome derrotado en la orilla de un mar de frustraciones. Pero antes debía pasar por la Unidad 44, alcaidía de Batán, para terminar mi tesis filosófica-poética. Era febrero del 2009. Habíamos salido de Buenos Aires en tren con el Yona y Chaqueño con una buena cantidad de porro. La idea era pasar unos días de joda en La feliz. El viaje no tuvo complicaciones. Al llegar a Mar del Plata nos dispusimos a caminar por La Luro rumbo a La Bristol. Mientras nos armábamos un faso para la caminata un pinta nos pidió una seca. El pinta recibió una seca y ya nunca más se despegaría de nosotros. Pasamos todo el día fumando y escabiando. Pero para el Yona y el Chaqueño si no robaban nada no había diversión. Hubo un par de intentos de escruches en un par de casas, romper una par de vidrios de autos para sacar valores y nada más. Llegó la noche y había que buscar refugio. Encontramos una casa a medio construir por la Martínez de Hoz, cruzando la rotando del puerto. Pasó la noche.
En la mañana dejamos la casa y nos fuimos para la costa a fumar los mañaneros reglamentarios. Seguramente habremos comido algo y (eso no hace falta tratar de recordarlo) empinamos unas cuantas cervezas. El Chaqueño y el Yona seguían con la manija del afano. No se iban a detener. En una de las playas cerca del Torreón del Monje, entre las piedras, se hizo la luz (u obscuridad). "¡Quieren bardear de enserio!, les digo al resto levantando una tableta de clonazepam que estaba tirada. Una pastilla terminó adentro de la botella y una dosis para cada uno fue lo siguiente. Clonazepam genérica, de 2 miligramos, mezclado con decenas de litros de cerveza y la yerba poderosísima del Bajo Flores le saca la careta a cualquier coragil. Entre el Yona, el Chaqueño y el otro pinta que también quería sacar chapa, no sé cuantos autos reventaron. Empezó a aparecer la plata, más cervezas, mas pastillas en las cervezas, más porros, gente, locura, perdida de la proporción del tiempo y el espacio, quilombos, corridas, creo que peleamos con alguien y, finalmente, el grupo se disolvió. Yo me quedé con el chanta que se nos había pegado en la terminal. Se llamaba Jhonatan y le decíamos Yoni para diferenciarlo del del Yona. Cayó la noche en La feliz. Yo estaba con una bici que no puedo acertar de donde salió. Mi nuevo compañero todavía tenía ganas de seguir bardeando. Fuimos a ver un espectáculo callejero para rastrear algo. Un par de intentos fallidos de abrir mochilas hasta que pinto arrebatar un celular. El Yoni marcó al punto, yo me adelante con la bici, él arrebató, corrió, lo levanté en la bici y salimos disparados por la Peralta Ramos.
Recuerdo ir bajando por esas avenidas con pendientes, a veces pronunciadas, a veces, vertiginosas, como Jhon Travolta en Pulp Fiction después de darse el pico de heroína. El instinto nos hizo volver al refugio de la noche anterior. Había que descansar para vender los sustraído al otro día y seguir acrecentando el botín. Recuerdo que al llegar a la obra en construcción me desmayé en el acto. Y en el acto desperté con alguien que nos tiraba a matar con ladrillos."¡Chorros, hijos de puta!", los adjetivos calificativos de siempre. Esta persona nos acusaba de algo que, supuestamente, habíamos hecho dormidos. Siguieron los gritos las amenazas, nosotros con carpa empezamos a agarrar nuestras mochilas y ver la manera de tomarnos el palo. El que grita se queda con la bici, yo quería salir volando de ahí. Cuando ganamos la salida empezamos a correr lo más que pudimos hasta que nos cercó una patrullero. Fin de las vacaciones salvajes. Borcegos sobre la cara, escopeta en la espalda dispuesta a tirar al menor movimiento y otra causa penal para el prontuario. La cosa fue así (nos enteramos en la taquería): el que nos tiraba con los ladrillos vivía al lado de la obra en construcción. Alguien (que no fuimos nosotros) le barreteó el portón del garage, armó un bagallo de herramientas,las descarta en el patio de la obra en construcción para rescatarlas al otro día. Esa es la única explicación racional-delincuente que se me ocurre. El tipo se levanta, ve el portón violado, va a la obra y nos encuentra fisurando a nosotros. Para el tipo robado no hay muchas explicaciones. Y esto también es la historia de mi vida: estar en el lugar equivocado, el momento equivocado y con la gente equivocada.
Los detalles del proceso, la acusación del damnificado, como evité 6 mese de cumplimiento efectivo no los detallaré acá. Todo eso es parte del ensayo ¿Qué es la justicia? Un día antes del comparendo, recuerdo que era un jueves, y ya estaba todo el pabellón engomado. Serían las 7 de la tarde cuando el servicio penitenciario abrió la celda y arrojó a un chanta con nosotros. Al chabón le dolía todo, le habían dado duro en la taquería. Lo acusan de un calificado con arma de fuego. Él dice que descartó el fierro y que la causa se cae sola porque no se lo encontraron. Cuenta que son tres los de su banda, que andan en una auto y ( acá es donde aparece la magia) es cuando dice los suyo: "A todo ritmo andamos", agitando la mano derecha (recuérdese, es febrero del 2009). Tal cual como dijo, el boga lo sacó a la hora.
Hasta acá la anécdota.
Hace un par de días vi a una chica de la aristocracia bahiense, que trabaja en el senado de la nación, festejar su cumpleaños por las redes. Se ve que los contactos de su familia le permitieron acceder a un cargo público con poco más de 20 años. Lo que me mueve no es el resentimiento social. Lo que necesito para justificar el ensayo es un globo que ella sostenía que formaban las siglas A.T.R (a todo ritmo). La expresión la empecé a escuchar como un débil rumor hace un par de años y recién el año que pasó (2018) se puede decir que se instaló.
Hoy todo es A.T.R: tomar sol en la pileta, tomar una limonada en un country de Bosque alto, hacer trámites en un día de calor o de frío, sacar a pasear al perro, estar encerrado en una maratón de series todo el fin de semana, el carnaval carioca, el trencito, tomar mate con tostadas, estar depresivo o con un ataque de pánico, mil selfies por segundo , mil tweets por segundo, mi historias en Instagram, preparar un final o un pepper, o el balance de la empresa, corderos al asador, sopas de almejas, pollos al disco, correr, andar en bici, estar sentado sin hacer nada y un millón de cosas sirven para decir que se está A.T.R.
¿Qué es ser A.T.R?: es salir de caño todos los días, rastrear bolsos, billeteras; arrastrar jubiladas a la salida del banco, organizar escruches y salideras; partirles las zapatillas a los giles que entran a la villa a comprar droga, a esos mismos giles darles jabón en polvo, veneno para ratas, vidrio molido, harina barata o talco en vez de la droga, volarles la pata de tiro si se retoban o solo por el placer de verles volar la pata, mandarse de entradera a donde pinte (para el aterreista el enemigo sos vos, no el Estado o el gobierno de turno. Recuérdese que los avala la doctrina de Proudom:"El único delito es la propiedad privada". Vos sos el delincuente) y si los ocupantes de la casa se retoban también darles un tiro. Ser aterresita verdadero implica estar reloco todo el día: tomar merca, fumar faso, pasta base, tomarse toda la gama de pastillas psiquiatricas, jalar pegamento nafta o cualquier sustancia volátil como el aguarras, pinturas, esmalte de uñas, y cualquier cosa que logré marear el cerebro; cojerse putos, putas, travas, bisexuales, tri, c.i.s y todas las combinaciones posibles de todas estas formas de aterresimo.
La empresa que hoy lleva adelante la clase media-burguesa y la baja-aristocracia con su lenguaje inclusivo estaría destinada al fracaso. Un docente que promueve el uso del lenguaje inclusivo en que se puede apoyar para corregir las faltas de ortografía de sus alumnos. ¿Es un lenguaje el lenguaje inclusivo o solo un aliviador de conciencia más del capitalismo? ¿Incluye el lenguaje inclusivo? Es paradójico que los que hablan de inclusión son los que más excluyen a los que no adhieren a este ¿lenguaje? Creo que si retomamos en uso del latín incluimos a la mitad del planeta. El problema es que hay que aprender el idioma y eso es algo que este sujeto C.C.C (contemporáneo-capitalista-cristiano) no quiere hacer: hacer esfuerzos.
Me interesa la opinión de Borges en este asunto. En la Historia del guerrero y la cautiva está la confirmación de mi sospecha. Esos bárbaros que atravesaron selvas y ciénagas para llegar a Italia, esos bárbaros que no sabían que combatían a los romanos, esos bárbaros que profesaban el arrianismo, esos bárbaros de los dioses de la guerra y del trueno, con sus torpes figuras de madera, envueltas en ropa tejida y recargadas de monedas y ajorcas; esos bárbaros que venían de las selvas inextricables del jabaí y del uro; esos bárbaros blancos, animosos, inocentes, crueles, leales a su capitán y a su tribu, no al universo; esos bárbaros que llegaron a Ravena y vieron algo que jamás habían visto. Ven el día y los cipreses y el mármol. Ven un conjunto múltiple y sin desorden, ven una ciudad, un organismo hecho de estatuas, de templos, de jardines, de habitaciones, de gradas, de jarrones de capiteles, de espacios regulares y abiertos. Esos bárbaros que son tocados por una maquinaria compleja y que adivinaron una inteligencia inmortal; y que les bastó ver solo un arco con una incomprensible inscripción en eternas letras romanas; y que bruscamente quedaron ciegos y renovados con esa revelación. Esos bárbaros conversos que se iluminaron, que no fueron traidores, como Drotulft, que se hicieron italianos, lombardos; esos bárbaros Aldiger que con el paso de las generaciones le dieron el linaje a Dante Alighieri y este a la Divina Comedia: esos bárbaros son los que me interesan.
La subversión de la gramática y la cultura no parece producirse desde Roma a los margenes, o desde las clases aristocráticas a las populares. El Imperio Romano avanza y absorbe a las tribus bárbaras. Absorbe su cultura, sus costumbres, sus lenguajes y lo normaliza en su beneficio. Lo mismo está ocurriendo con la expresión A.T.R. Una expresión gestada en los margenes de la sociedad que simboliza esas expresiones que tanto se combaten con fuerzas de seguridad, prejuicios, dispositivos de seguridad y medicaciones psiquiátricas. Una expresión autónoma que se fue ganando lugar en la sociedad sin que nadie lo promueva. Una expresión que dice más sobre los movimientos autárquicos de la lengua y la cultura. Una expresión autónoma que hoy los está incluyendo a casi todos.
La uberización del lenguaje y lenguaje inclusivo son hermanos siameses. El concepto de uberización encaja perfectamente en el argumento. Sujetos que reciben en su domicilio sin moverse, todas su necesidades egocéntricas que el mercado les vende a la fuerza. Cambiarle una letra a las palabras y querer incluir a los dos géneros o toda la gama de géneros-mercancia que hoy están disponibles es uberizar el lenguaje por que no propone cambios éticos en el emisor y/o receptor (no olvidar que ética y estética no se deben escindir).
La uberización ha llegado al lenguaje. En 2029 volveré a este ensayo para ver si el lenguaje inclusivo ha llegado a las villas, a los penales, a los margenes, a la barbarie. Mientras tanto sigo el desfile de la barbarie.
En la mañana dejamos la casa y nos fuimos para la costa a fumar los mañaneros reglamentarios. Seguramente habremos comido algo y (eso no hace falta tratar de recordarlo) empinamos unas cuantas cervezas. El Chaqueño y el Yona seguían con la manija del afano. No se iban a detener. En una de las playas cerca del Torreón del Monje, entre las piedras, se hizo la luz (u obscuridad). "¡Quieren bardear de enserio!, les digo al resto levantando una tableta de clonazepam que estaba tirada. Una pastilla terminó adentro de la botella y una dosis para cada uno fue lo siguiente. Clonazepam genérica, de 2 miligramos, mezclado con decenas de litros de cerveza y la yerba poderosísima del Bajo Flores le saca la careta a cualquier coragil. Entre el Yona, el Chaqueño y el otro pinta que también quería sacar chapa, no sé cuantos autos reventaron. Empezó a aparecer la plata, más cervezas, mas pastillas en las cervezas, más porros, gente, locura, perdida de la proporción del tiempo y el espacio, quilombos, corridas, creo que peleamos con alguien y, finalmente, el grupo se disolvió. Yo me quedé con el chanta que se nos había pegado en la terminal. Se llamaba Jhonatan y le decíamos Yoni para diferenciarlo del del Yona. Cayó la noche en La feliz. Yo estaba con una bici que no puedo acertar de donde salió. Mi nuevo compañero todavía tenía ganas de seguir bardeando. Fuimos a ver un espectáculo callejero para rastrear algo. Un par de intentos fallidos de abrir mochilas hasta que pinto arrebatar un celular. El Yoni marcó al punto, yo me adelante con la bici, él arrebató, corrió, lo levanté en la bici y salimos disparados por la Peralta Ramos.
Recuerdo ir bajando por esas avenidas con pendientes, a veces pronunciadas, a veces, vertiginosas, como Jhon Travolta en Pulp Fiction después de darse el pico de heroína. El instinto nos hizo volver al refugio de la noche anterior. Había que descansar para vender los sustraído al otro día y seguir acrecentando el botín. Recuerdo que al llegar a la obra en construcción me desmayé en el acto. Y en el acto desperté con alguien que nos tiraba a matar con ladrillos."¡Chorros, hijos de puta!", los adjetivos calificativos de siempre. Esta persona nos acusaba de algo que, supuestamente, habíamos hecho dormidos. Siguieron los gritos las amenazas, nosotros con carpa empezamos a agarrar nuestras mochilas y ver la manera de tomarnos el palo. El que grita se queda con la bici, yo quería salir volando de ahí. Cuando ganamos la salida empezamos a correr lo más que pudimos hasta que nos cercó una patrullero. Fin de las vacaciones salvajes. Borcegos sobre la cara, escopeta en la espalda dispuesta a tirar al menor movimiento y otra causa penal para el prontuario. La cosa fue así (nos enteramos en la taquería): el que nos tiraba con los ladrillos vivía al lado de la obra en construcción. Alguien (que no fuimos nosotros) le barreteó el portón del garage, armó un bagallo de herramientas,las descarta en el patio de la obra en construcción para rescatarlas al otro día. Esa es la única explicación racional-delincuente que se me ocurre. El tipo se levanta, ve el portón violado, va a la obra y nos encuentra fisurando a nosotros. Para el tipo robado no hay muchas explicaciones. Y esto también es la historia de mi vida: estar en el lugar equivocado, el momento equivocado y con la gente equivocada.
Los detalles del proceso, la acusación del damnificado, como evité 6 mese de cumplimiento efectivo no los detallaré acá. Todo eso es parte del ensayo ¿Qué es la justicia? Un día antes del comparendo, recuerdo que era un jueves, y ya estaba todo el pabellón engomado. Serían las 7 de la tarde cuando el servicio penitenciario abrió la celda y arrojó a un chanta con nosotros. Al chabón le dolía todo, le habían dado duro en la taquería. Lo acusan de un calificado con arma de fuego. Él dice que descartó el fierro y que la causa se cae sola porque no se lo encontraron. Cuenta que son tres los de su banda, que andan en una auto y ( acá es donde aparece la magia) es cuando dice los suyo: "A todo ritmo andamos", agitando la mano derecha (recuérdese, es febrero del 2009). Tal cual como dijo, el boga lo sacó a la hora.
Hasta acá la anécdota.
Hace un par de días vi a una chica de la aristocracia bahiense, que trabaja en el senado de la nación, festejar su cumpleaños por las redes. Se ve que los contactos de su familia le permitieron acceder a un cargo público con poco más de 20 años. Lo que me mueve no es el resentimiento social. Lo que necesito para justificar el ensayo es un globo que ella sostenía que formaban las siglas A.T.R (a todo ritmo). La expresión la empecé a escuchar como un débil rumor hace un par de años y recién el año que pasó (2018) se puede decir que se instaló.
Hoy todo es A.T.R: tomar sol en la pileta, tomar una limonada en un country de Bosque alto, hacer trámites en un día de calor o de frío, sacar a pasear al perro, estar encerrado en una maratón de series todo el fin de semana, el carnaval carioca, el trencito, tomar mate con tostadas, estar depresivo o con un ataque de pánico, mil selfies por segundo , mil tweets por segundo, mi historias en Instagram, preparar un final o un pepper, o el balance de la empresa, corderos al asador, sopas de almejas, pollos al disco, correr, andar en bici, estar sentado sin hacer nada y un millón de cosas sirven para decir que se está A.T.R.
¿Qué es ser A.T.R?: es salir de caño todos los días, rastrear bolsos, billeteras; arrastrar jubiladas a la salida del banco, organizar escruches y salideras; partirles las zapatillas a los giles que entran a la villa a comprar droga, a esos mismos giles darles jabón en polvo, veneno para ratas, vidrio molido, harina barata o talco en vez de la droga, volarles la pata de tiro si se retoban o solo por el placer de verles volar la pata, mandarse de entradera a donde pinte (para el aterreista el enemigo sos vos, no el Estado o el gobierno de turno. Recuérdese que los avala la doctrina de Proudom:"El único delito es la propiedad privada". Vos sos el delincuente) y si los ocupantes de la casa se retoban también darles un tiro. Ser aterresita verdadero implica estar reloco todo el día: tomar merca, fumar faso, pasta base, tomarse toda la gama de pastillas psiquiatricas, jalar pegamento nafta o cualquier sustancia volátil como el aguarras, pinturas, esmalte de uñas, y cualquier cosa que logré marear el cerebro; cojerse putos, putas, travas, bisexuales, tri, c.i.s y todas las combinaciones posibles de todas estas formas de aterresimo.
La empresa que hoy lleva adelante la clase media-burguesa y la baja-aristocracia con su lenguaje inclusivo estaría destinada al fracaso. Un docente que promueve el uso del lenguaje inclusivo en que se puede apoyar para corregir las faltas de ortografía de sus alumnos. ¿Es un lenguaje el lenguaje inclusivo o solo un aliviador de conciencia más del capitalismo? ¿Incluye el lenguaje inclusivo? Es paradójico que los que hablan de inclusión son los que más excluyen a los que no adhieren a este ¿lenguaje? Creo que si retomamos en uso del latín incluimos a la mitad del planeta. El problema es que hay que aprender el idioma y eso es algo que este sujeto C.C.C (contemporáneo-capitalista-cristiano) no quiere hacer: hacer esfuerzos.
Me interesa la opinión de Borges en este asunto. En la Historia del guerrero y la cautiva está la confirmación de mi sospecha. Esos bárbaros que atravesaron selvas y ciénagas para llegar a Italia, esos bárbaros que no sabían que combatían a los romanos, esos bárbaros que profesaban el arrianismo, esos bárbaros de los dioses de la guerra y del trueno, con sus torpes figuras de madera, envueltas en ropa tejida y recargadas de monedas y ajorcas; esos bárbaros que venían de las selvas inextricables del jabaí y del uro; esos bárbaros blancos, animosos, inocentes, crueles, leales a su capitán y a su tribu, no al universo; esos bárbaros que llegaron a Ravena y vieron algo que jamás habían visto. Ven el día y los cipreses y el mármol. Ven un conjunto múltiple y sin desorden, ven una ciudad, un organismo hecho de estatuas, de templos, de jardines, de habitaciones, de gradas, de jarrones de capiteles, de espacios regulares y abiertos. Esos bárbaros que son tocados por una maquinaria compleja y que adivinaron una inteligencia inmortal; y que les bastó ver solo un arco con una incomprensible inscripción en eternas letras romanas; y que bruscamente quedaron ciegos y renovados con esa revelación. Esos bárbaros conversos que se iluminaron, que no fueron traidores, como Drotulft, que se hicieron italianos, lombardos; esos bárbaros Aldiger que con el paso de las generaciones le dieron el linaje a Dante Alighieri y este a la Divina Comedia: esos bárbaros son los que me interesan.
La subversión de la gramática y la cultura no parece producirse desde Roma a los margenes, o desde las clases aristocráticas a las populares. El Imperio Romano avanza y absorbe a las tribus bárbaras. Absorbe su cultura, sus costumbres, sus lenguajes y lo normaliza en su beneficio. Lo mismo está ocurriendo con la expresión A.T.R. Una expresión gestada en los margenes de la sociedad que simboliza esas expresiones que tanto se combaten con fuerzas de seguridad, prejuicios, dispositivos de seguridad y medicaciones psiquiátricas. Una expresión autónoma que se fue ganando lugar en la sociedad sin que nadie lo promueva. Una expresión que dice más sobre los movimientos autárquicos de la lengua y la cultura. Una expresión autónoma que hoy los está incluyendo a casi todos.
La uberización del lenguaje y lenguaje inclusivo son hermanos siameses. El concepto de uberización encaja perfectamente en el argumento. Sujetos que reciben en su domicilio sin moverse, todas su necesidades egocéntricas que el mercado les vende a la fuerza. Cambiarle una letra a las palabras y querer incluir a los dos géneros o toda la gama de géneros-mercancia que hoy están disponibles es uberizar el lenguaje por que no propone cambios éticos en el emisor y/o receptor (no olvidar que ética y estética no se deben escindir).
La uberización ha llegado al lenguaje. En 2029 volveré a este ensayo para ver si el lenguaje inclusivo ha llegado a las villas, a los penales, a los margenes, a la barbarie. Mientras tanto sigo el desfile de la barbarie.
Intento escribir un tratado
Sobre el olvido
Y cuando recopilo el material
Descubro que es imposible olvidar.
No logro olvidar
Darme vuelta en la cama
Junto a mamá
Caer al contrapiso gris agrietado
El golpe y el dolor
Gatear en la madrugada
Y mamá que siempre me devolvía
Al calor de las sábanas y su pecho.
Había una perro en la casa de mi abuela
Yunki se llamaba,
Una vez me mordió la nariz.
Tanto son los recuerdos
Que habito y que me habitan.
Viajes, rutas, ciudades
Amaneceres y ocasos:
Todo destinado al olvido
Todo resistido al olvido.
Todavía recuerdo mi primer amor
Ella, mi vecina, de 19 años
Y yo con solo 5. No logro olvidar
Esa sensación.
Mi memoria es vasta
Tanto o más que las profundidades
Del océano. He tratado de suprimir
Registros,
Bombardeándola con los venenos
Mas poderos del planeta.
La mayoría sigue intacta
El resto se recupera gradualmente.
En una las celdas de mi memoria
Se encuentra una noche
En los pasillos de Zavaleta.
Recuerdo las cuchillas ensangrentadas
Perforando la carne
Derramando la sangre. La mirada
Y el aliento del Diablo
En esos cuerpos ensañados
Con el otro cuerpo indefenso.
Recuerdo que también yo
Tuve la mirada y el aliento
Del diablo
Y le agradezco a mi memoria
Que me lo recuerde todos los días.
Hablé de mis primeros recuerdos
Desde el gatear
Mi primer amor
Los cambios de ciudades
La muerte y los funerales
El miedo, el vacío, la desesperación
La locura y la depravación
Volver a casa a servir a mis padres
Acompañar a mi madre
Hasta el último aliento
La plaza de mi barrio y la hamaca
Que me recuerda la inocencia de la niñez.
Intento
Intento escribir
Un tratado sobre el olvido
Pero no logro olvidar.
Quizás cuando olvide
Como se escribe la palabra olvido
Pueda empezar a escribir mi tratado.
Sobre el olvido
Y cuando recopilo el material
Descubro que es imposible olvidar.
No logro olvidar
Darme vuelta en la cama
Junto a mamá
Caer al contrapiso gris agrietado
El golpe y el dolor
Gatear en la madrugada
Y mamá que siempre me devolvía
Al calor de las sábanas y su pecho.
Había una perro en la casa de mi abuela
Yunki se llamaba,
Una vez me mordió la nariz.
Tanto son los recuerdos
Que habito y que me habitan.
Viajes, rutas, ciudades
Amaneceres y ocasos:
Todo destinado al olvido
Todo resistido al olvido.
Todavía recuerdo mi primer amor
Ella, mi vecina, de 19 años
Y yo con solo 5. No logro olvidar
Esa sensación.
Mi memoria es vasta
Tanto o más que las profundidades
Del océano. He tratado de suprimir
Registros,
Bombardeándola con los venenos
Mas poderos del planeta.
La mayoría sigue intacta
El resto se recupera gradualmente.
En una las celdas de mi memoria
Se encuentra una noche
En los pasillos de Zavaleta.
Recuerdo las cuchillas ensangrentadas
Perforando la carne
Derramando la sangre. La mirada
Y el aliento del Diablo
En esos cuerpos ensañados
Con el otro cuerpo indefenso.
Recuerdo que también yo
Tuve la mirada y el aliento
Del diablo
Y le agradezco a mi memoria
Que me lo recuerde todos los días.
Hablé de mis primeros recuerdos
Desde el gatear
Mi primer amor
Los cambios de ciudades
La muerte y los funerales
El miedo, el vacío, la desesperación
La locura y la depravación
Volver a casa a servir a mis padres
Acompañar a mi madre
Hasta el último aliento
La plaza de mi barrio y la hamaca
Que me recuerda la inocencia de la niñez.
Intento
Intento escribir
Un tratado sobre el olvido
Pero no logro olvidar.
Quizás cuando olvide
Como se escribe la palabra olvido
Pueda empezar a escribir mi tratado.
Resuenan las campanas
1, 2, 3, 4 veces
Como una mantra.
"Aquel no es un país
Para viejos"
Pienso, mientras
Reverbera el sonido
Del bronce.
Campanas de la catedral
De aquí o Bizancio
De aquí a Constantinopla
A través del Bósforo
Hacía el Mar Negro.
"Aquel no es un país
Para viejos", dice Yeats;
Todo peola Willian
Todavía no soy viejo
Soy un viajero anacrónico
Que se trasporta hasta
Las tierras de Constantino
Con estas campanas
Que resuenan cerca de mi Humanidad.
Cierro los ojos
Pasillos de aires frescos
Que viajan desde el mediterraneo,
Hay olor a inciensos
Y la luz anaranjada del sol
Camina sobre las embarcaciones turcas.
Quiero vivir eternamente
En esta catedral
Con esta luz y estos inciensos
Que desgarran mi piel.
"Aquel no es un país
Para viejos", vuelve a repetir
Buttler. Este tampoco es un país
Para viejos, niños, niñas
Pobres y gente de piel sepia
O gente que piensa y tiene sentimientos.
Por eso quiero ir para allá
Yeats, aunque sea con el pensamiento
El pensamiento que me ofrecen
Estas campanas de la calle Sarmiento
A eso de las 8
Cuando declina el día.
1, 2, 3, 4 veces
Como una mantra.
"Aquel no es un país
Para viejos"
Pienso, mientras
Reverbera el sonido
Del bronce.
Campanas de la catedral
De aquí o Bizancio
De aquí a Constantinopla
A través del Bósforo
Hacía el Mar Negro.
"Aquel no es un país
Para viejos", dice Yeats;
Todo peola Willian
Todavía no soy viejo
Soy un viajero anacrónico
Que se trasporta hasta
Las tierras de Constantino
Con estas campanas
Que resuenan cerca de mi Humanidad.
Cierro los ojos
Pasillos de aires frescos
Que viajan desde el mediterraneo,
Hay olor a inciensos
Y la luz anaranjada del sol
Camina sobre las embarcaciones turcas.
Quiero vivir eternamente
En esta catedral
Con esta luz y estos inciensos
Que desgarran mi piel.
"Aquel no es un país
Para viejos", vuelve a repetir
Buttler. Este tampoco es un país
Para viejos, niños, niñas
Pobres y gente de piel sepia
O gente que piensa y tiene sentimientos.
Por eso quiero ir para allá
Yeats, aunque sea con el pensamiento
El pensamiento que me ofrecen
Estas campanas de la calle Sarmiento
A eso de las 8
Cuando declina el día.
Resuenan las campanas
1, 2, 3, 4 veces
Como una mantra.
"Aquel no es un país
Para viejos"
Pienso, mientras
Reverbera el sonido
Del bronce.
Campanas de la catedral
De aquí o Bizancio
De aquí a Constantinopla
A través del Bósforo
Hacía el Mar Negro.
"Aquel no es un país
Para viejos", dice Yeats;
Todo peola Willian
Todavía no soy viejo
Soy un viajero anacrónico
Que se trasporta hasta
Las tierras de Constantino
Con estas campanas
Que resuenan cerca de mi Humanidad.
Cierro los ojos
Pasillos de aires frescos
Que viajan desde el mediterraneo,
Hay olor a inciensos
Y la luz anaranjada del sol
Camina sobre las embarcaciones turcas.
Quiero vivir eternamente
En esta catedral
Con esta luz y estos inciensos
Que desgarran mi piel.
"Aquel no es un país
Para viejos", vuelve a repetir
Buttler. Este tampoco es un país
Para viejos, niños, niñas
Pobres y gente de piel sepia
O gente que piensa y tiene sentimientos.
Por eso quiero ir para allá
Yeats, aunque sea con el pensamiento
El pensamiento que me ofrecen
Estas campanas de la calle Sarmiento
A eso de las 8
Cuando declina el día.
"Aquel no es un país
Para viejos"
Pienso, mientras
Reverbera el sonido
Del bronce.
Campanas de la catedral
De aquí o Bizancio
De aquí a Constantinopla
A través del Bósforo
Hacía el Mar Negro.
"Aquel no es un país
Para viejos", dice Yeats;
Todo peola Willian
Todavía no soy viejo
Soy un viajero anacrónico
Que se trasporta hasta
Las tierras de Constantino
Con estas campanas
Que resuenan cerca de mi Humanidad.
Cierro los ojos
Pasillos de aires frescos
Que viajan desde el mediterraneo,
Hay olor a inciensos
Y la luz anaranjada del sol
Camina sobre las embarcaciones turcas.
Quiero vivir eternamente
En esta catedral
Con esta luz y estos inciensos
Que desgarran mi piel.
"Aquel no es un país
Para viejos", vuelve a repetir
Buttler. Este tampoco es un país
Para viejos, niños, niñas
Pobres y gente de piel sepia
O gente que piensa y tiene sentimientos.
Por eso quiero ir para allá
Yeats, aunque sea con el pensamiento
El pensamiento que me ofrecen
Estas campanas de la calle Sarmiento
A eso de las 8
Cuando declina el día.
Intento escribir un tratado
Sobre el olvido
Y cuando recopilo el material
Descubro que es imposible olvidar.
No logro olvidar
Darme vuelta en la cama
Junto a mamá
Caer al contrapiso gris agrietado
El golpe y el dolor
Gatear en la madrugada
Y mamá que siempre me devolvía
Al calor de las sábanas y su pecho.
Había una perro en la casa de mi abuela
Yunki se llamaba,
Una vez me mordió la nariz.
Tanto son los recuerdos
Que habito y que me habitan.
Viajes, rutas, ciudades
Amaneceres y ocasos:
Todo destinado al olvido
Todo resistido al olvido.
Todavía recuerdo mi primer amor
Ella, mi vecina, de 19 años
Y yo con solo 5. No logro olvidar
Esa sensación.
Mi memoria es vasta
Tanto o más que las profundidades
Del océano. He tratado de suprimir
Registros,
Bombardeándola con los venenos
Mas poderos del planeta.
La mayoría sigue intacta
El resto se recupera gradualmente.
En una las celdas de mi memoria
Se encuentra una noche
En los pasillos de Zavaleta.
Recuerdo las cuchillas ensangrentadas
Perforando la carne
Derramando la sangre. La mirada
Y el aliento del Diablo
En esos cuerpos ensañados
Con el otro cuerpo indefenso.
Recuerdo que también yo
Tuve la mirada y el aliento
Del diablo
Y le agradezco a mi memoria
Que me lo recuerde todos los días.
Hablé de mis primeros recuerdos
Desde el gatear
Mi primer amor
Los cambios de ciudades
La muerte y los funerales
El miedo, el vacío, la desesperación
La locura y la depravación
Volver a casa a servir a mis padres
Acompañar a mi madre
Hasta el último aliento
La plaza de mi barrio y la hamaca
Que me recuerda la inocencia de la niñez.
Intento
Intento escribir
Un tratado sobre el olvido
Pero no logro olvidar.
Quizás cuando olvide
Como se escribe la palabra olvido
Pueda empezar a escribir mi tratado.
Sobre el olvido
Y cuando recopilo el material
Descubro que es imposible olvidar.
No logro olvidar
Darme vuelta en la cama
Junto a mamá
Caer al contrapiso gris agrietado
El golpe y el dolor
Gatear en la madrugada
Y mamá que siempre me devolvía
Al calor de las sábanas y su pecho.
Había una perro en la casa de mi abuela
Yunki se llamaba,
Una vez me mordió la nariz.
Tanto son los recuerdos
Que habito y que me habitan.
Viajes, rutas, ciudades
Amaneceres y ocasos:
Todo destinado al olvido
Todo resistido al olvido.
Todavía recuerdo mi primer amor
Ella, mi vecina, de 19 años
Y yo con solo 5. No logro olvidar
Esa sensación.
Mi memoria es vasta
Tanto o más que las profundidades
Del océano. He tratado de suprimir
Registros,
Bombardeándola con los venenos
Mas poderos del planeta.
La mayoría sigue intacta
El resto se recupera gradualmente.
En una las celdas de mi memoria
Se encuentra una noche
En los pasillos de Zavaleta.
Recuerdo las cuchillas ensangrentadas
Perforando la carne
Derramando la sangre. La mirada
Y el aliento del Diablo
En esos cuerpos ensañados
Con el otro cuerpo indefenso.
Recuerdo que también yo
Tuve la mirada y el aliento
Del diablo
Y le agradezco a mi memoria
Que me lo recuerde todos los días.
Hablé de mis primeros recuerdos
Desde el gatear
Mi primer amor
Los cambios de ciudades
La muerte y los funerales
El miedo, el vacío, la desesperación
La locura y la depravación
Volver a casa a servir a mis padres
Acompañar a mi madre
Hasta el último aliento
La plaza de mi barrio y la hamaca
Que me recuerda la inocencia de la niñez.
Intento
Intento escribir
Un tratado sobre el olvido
Pero no logro olvidar.
Quizás cuando olvide
Como se escribe la palabra olvido
Pueda empezar a escribir mi tratado.
lunes, 25 de febrero de 2019
El exilio
No sé cuanto duró mi exilio
En la embajada de Francia
Llegué derrotado y con hambre
Después de varios intentos de golpe
De Estado. Mi suerte había acabado
Y debía pagar por mis culpas
Exiliado dentro de mi propio
País, el que me prometió
Prosperidad, dinero, éxitos
Y drogas de diseño
De buena calidad. Me supe estafado
Confundido, con mucha bronca.
Así que debía planear con detalle mis
Próximos movimientos para no
Volver a morir en el intento.
El fin de mi exilio fue el
16 de abril del 2009
El comienzo es incierto.
Hoy que mi Cerebro Dañado
Intenta reconstruir el pasado con
Los restos de sus escombros neuronales
Que todavía no han recuperado su
Capacidad, la tarea se vuelve agotadora.
Desde la primera fundación de
Buenos Aires, hasta la Conquista
Del desierto, la Década Infame,
La Revolución Libertadora,
La Triple A y
El Corralito, el cuerpo siempre
Fue el mismo: mi cuerpo.
Debía pagar por mis delitos
En nombre de la Revolución
La que nunca llegó
Y con gran serenidad acepté
Correrme a un lado para que
Los verdaderos seres pensantes
Y revolucionarios pudieran
Cambiar las cosas de una vez por
Todas.
Se me negó la Palabra como
Medida cautelar: mis palabras
Siempre fueron letales para el Poder
Siempre fueron peligrosas
Siempre destruyeron todo lo que
Tocaron, por eso operé siempre
En la clandestinidad.
Así que mis operaciones nada tenían
Que ver con la Palabra, tenían que
Ver con símbolos y destruir esos
Símbolos. Pero nuevamente fracasé y
Todo debía volver a empezar,
Cayendo en los círculos infinitos
Del tiempo producido por los
Chalecos farmacológicos
Con los que los psiquiatras mercenarios;
Operadores del Poder que trataban de aniquilar
Mi lenguaje hasta llegar a mi cuerpo.
Y estos santurrones no advirtieron los
Efectos colaterales...
Y la amenaza creció
Y con mas fuerza dentro mío.
Mientras crecía
Me dediqué a ser el contratista
De un país anacrónico, lisérgico
Que me benefició otra vez
Pero en tiempos de democracia.
Pude embolsarme un P.B.I
Para indemnizarme por todas
Las estafas a las que fui sometido
Desde la fundación.
Pero el Poder no se quedó callado
Otra vez entablamos juicios
De Lesa Humanidad
Otra vez el desfile de los cadáveres
Por tribunales
Otra vez los Vuelos de la muerte
Y el Fusilamiento de Aramburu
Otra vez las tumbas al ras de la tierra
Y las fosas de las vías de La 21
Otra vez me vi arrojando a los condenados
A sus sepulcros
Y olvidarlos en la tierra
Negarles su memoria.
El país me hacía rico y poderoso
Con cada cadáver que sepultaba.
Finalmente fui condenado
Y exiliado en la plazoleta
De la embajada de Francia.
Pero antes los psiquiatras
Me exiliaron dentro de mí
Y caí en espirales infinitos
Donde todo ocurría otra vez
Y yo era el verdugo
Y la víctima;
El Montonero
Y el comandante;
El ejecutor y el ejecutado.
Mi cuerpo era Desaparecido
Con mis memorias
Memorias que eran freídas
Con descargas eléctricas
Por militares
Militantes
Y milicos.
Fue en esa plazoleta
En donde veía las marchas
De Derecha e Izquierda
Que supe que la Revolucíon
Era otra estafa:( llegué hasta una parilla
Repleta de chorizos, humo y grasa
Mientras por los altoparlantes
Se mencionaba al pueblo, a los desclasados
Por el sistema, a los pobres. Y yo, y mi amigo
Con nuestras bolsas negras sobre nuestros
Hombros nos decimos:¡Por fin,
Hemos llegado a nuestro lugar
Con nuestros compañeros
Estamos en casa, vamos a poder comer!)
(Pero no. El estudiante marxista
Que atiende la parrila no logra reconocer
A un pobre real de un pobre de fotocopia
Y nos niega el símbolo, el pan
Con el chorizo caliente, nos dice que
Somos negros de mierda, vagos
Y nos hecha. Dejamos la plaza.
El estudiante agrega:¡Yo decía negros de mente!
Y esa voz que grita sobre el pueblo
La Revolución
Los compañeros. Revolvemos un canasto
De basura, todavía se escucha a esa voz.
Yo le pregunto a mi amigo:
¿A qué pueblo le hablaran?
Él me dice: el marxismo
Es el opio de la izquierda).
Supe, que el día
Que terminara mi exilio
Debía volver a casa de mis padres
Supe que Izquierda y Derecha
Son hermanas siamesas
Supe que la Verdadera Revolución
Estaba y está en mi cuerpo.
El tren de fugitivos me devolvió
A mi hogar. Llevo la piel pegada
A los huesos y mis resentimientos
Son tantos como los delitos
Que cometí en nombre de la Revolción
Y del Pueblo. Camino por un descampado
Que está antes de llegar a casa
Voy acariciando el pasto seco, amarillo.
Al llegar golpeo la puerta
Me fundo en una abrazo con mamá y papá.
"Y de la única Revolución
De la que hoy me siento parte",
Le digo al entrevistador,
"Es la de cuidar a mi padre
Y honrar la memoria de mi madre."
En la embajada de FranciaLlegué derrotado y con hambre
Después de varios intentos de golpe
De Estado. Mi suerte había acabado
Y debía pagar por mis culpas
Exiliado dentro de mi propio
País, el que me prometió
Prosperidad, dinero, éxitos
Y drogas de diseño
De buena calidad. Me supe estafado
Confundido, con mucha bronca.
Así que debía planear con detalle mis
Próximos movimientos para no
Volver a morir en el intento.
El fin de mi exilio fue el
16 de abril del 2009
El comienzo es incierto.
Hoy que mi Cerebro Dañado
Intenta reconstruir el pasado con
Los restos de sus escombros neuronales
Que todavía no han recuperado su
Capacidad, la tarea se vuelve agotadora.
Desde la primera fundación de
Buenos Aires, hasta la Conquista
Del desierto, la Década Infame,
La Revolución Libertadora,
La Triple A y
El Corralito, el cuerpo siempre
Fue el mismo: mi cuerpo.
Debía pagar por mis delitos
En nombre de la Revolución
La que nunca llegó
Y con gran serenidad acepté
Correrme a un lado para que
Los verdaderos seres pensantes
Y revolucionarios pudieran
Cambiar las cosas de una vez por
Todas.
Se me negó la Palabra como
Medida cautelar: mis palabras
Siempre fueron letales para el Poder
Siempre fueron peligrosas
Siempre destruyeron todo lo que
Tocaron, por eso operé siempre
En la clandestinidad.
Así que mis operaciones nada tenían
Que ver con la Palabra, tenían que
Ver con símbolos y destruir esos
Símbolos. Pero nuevamente fracasé y
Todo debía volver a empezar,
Cayendo en los círculos infinitos
Del tiempo producido por los
Chalecos farmacológicos
Con los que los psiquiatras mercenarios;
Operadores del Poder que trataban de aniquilar
Mi lenguaje hasta llegar a mi cuerpo.
Y estos santurrones no advirtieron los
Efectos colaterales...
Y la amenaza creció
Y con mas fuerza dentro mío.
Mientras crecía
Me dediqué a ser el contratista
De un país anacrónico, lisérgico
Que me benefició otra vez
Pero en tiempos de democracia.
Pude embolsarme un P.B.I
Para indemnizarme por todas
Las estafas a las que fui sometido
Desde la fundación.
Pero el Poder no se quedó callado
Otra vez entablamos juicios
De Lesa Humanidad
Otra vez el desfile de los cadáveres
Por tribunales
Otra vez los Vuelos de la muerte
Y el Fusilamiento de Aramburu
Otra vez las tumbas al ras de la tierra
Y las fosas de las vías de La 21
Otra vez me vi arrojando a los condenados
A sus sepulcros
Y olvidarlos en la tierra
Negarles su memoria.
El país me hacía rico y poderoso
Con cada cadáver que sepultaba.
Finalmente fui condenado
Y exiliado en la plazoleta
De la embajada de Francia.
Pero antes los psiquiatras
Me exiliaron dentro de mí
Y caí en espirales infinitos
Donde todo ocurría otra vez
Y yo era el verdugo
Y la víctima;
El Montonero
Y el comandante;
El ejecutor y el ejecutado.
Mi cuerpo era Desaparecido
Con mis memorias
Memorias que eran freídas
Con descargas eléctricas
Por militares
Militantes
Y milicos.
Fue en esa plazoleta
En donde veía las marchas
De Derecha e Izquierda
Que supe que la Revolucíon
Era otra estafa:( llegué hasta una parilla
Repleta de chorizos, humo y grasa
Mientras por los altoparlantes
Se mencionaba al pueblo, a los desclasados
Por el sistema, a los pobres. Y yo, y mi amigo
Con nuestras bolsas negras sobre nuestros
Hombros nos decimos:¡Por fin,
Hemos llegado a nuestro lugar
Con nuestros compañeros
Estamos en casa, vamos a poder comer!)
(Pero no. El estudiante marxista
Que atiende la parrila no logra reconocer
A un pobre real de un pobre de fotocopia
Y nos niega el símbolo, el pan
Con el chorizo caliente, nos dice que
Somos negros de mierda, vagos
Y nos hecha. Dejamos la plaza.
El estudiante agrega:¡Yo decía negros de mente!
Y esa voz que grita sobre el pueblo
La Revolución
Los compañeros. Revolvemos un canasto
De basura, todavía se escucha a esa voz.
Yo le pregunto a mi amigo:
¿A qué pueblo le hablaran?
Él me dice: el marxismo
Es el opio de la izquierda).
Supe, que el día
Que terminara mi exilio
Debía volver a casa de mis padres
Supe que Izquierda y Derecha
Son hermanas siamesas
Supe que la Verdadera Revolución
Estaba y está en mi cuerpo.
El tren de fugitivos me devolvió
A mi hogar. Llevo la piel pegada
A los huesos y mis resentimientos
Son tantos como los delitos
Que cometí en nombre de la Revolción
Y del Pueblo. Camino por un descampado
Que está antes de llegar a casa
Voy acariciando el pasto seco, amarillo.
Al llegar golpeo la puerta
Me fundo en una abrazo con mamá y papá.
"Y de la única Revolución
De la que hoy me siento parte",
Le digo al entrevistador,
"Es la de cuidar a mi padre
Y honrar la memoria de mi madre."
El exilio
No sé cuanto duró mi exilio
En la embajada de Francia
Llegué derrotado y con hambre
Después de varios intentos de golpe
De Estado. Mi suerte había acabado
Y debía pagar por mis culpas
Exiliado dentro de mi propio
País, el que me prometió
Prosperidad, dinero, éxitos
Y drogas de diseño
De buena calidad. Me supe estafado
Confundido, con mucha bronca.
Así que debía planear con detalle mis
Próximos movimientos para no
Volver a morir en el intento.
El fin de mi exilio fue el
16 de abril del 2009
El comienzo es incierto.
Hoy que mi Cerebro Dañado
Intenta reconstruir el pasado con
Los restos de sus escombros neuronales
Que todavía no han recuperado su
Capacidad, la tarea se vuelve agotadora.
Desde la primera fundación de
Buenos Aires, hasta la Conquista
Del desierto, la Década Infame,
La Revolución Libertadora,
La Triple A y
El Corralito, el cuerpo siempre
Fue el mismo: mi cuerpo.
Debía pagar por mis delitos
En nombre de la Revolución
La que nunca llegó
Y con gran serenidad acepté
Correrme a un lado para que
Los verdaderos seres pensantes
Y revolucionarios pudieran
Cambiar las cosas de una vez por
Todas.
Se me negó la Palabra como
Medida cautelar: mis palabras
Siempre fueron letales para el Poder
Siempre fueron peligrosas
Siempre destruyeron todo lo que
Tocaron, por eso operé siempre
En la clandestinidad.
Así que mis operaciones nada tenían
Que ver con la Palabra, tenían que
Ver con símbolos y destruir esos
Símbolos. Pero nuevamente fracasé y
Todo debía volver a empezar,
Cayendo en los círculos infinitos
Del tiempo producido por los
Chalecos farmacológicos
Con los que los psiquiatras mercenarios;
Operadores del Poder que trataban de aniquilar
Mi lenguaje hasta llegar a mi cuerpo.
Y estos santurrones no advirtieron los
Efectos colaterales...
Y la amenaza creció
Y con mas fuerza dentro mío.
Mientras crecía
Me dediqué a ser el contratista
De un país anacrónico, lisérgico
Que me benefició otra vez
Pero en tiempos de democracia.
Pude embolsarme un P.B.I
Para indemnizarme por todas
Las estafas a las que fui sometido
Desde la fundación.
Pero el Poder no se quedó callado
Otra vez entablamos juicios
De Lesa Humanidad
Otra vez el desfile de los cadáveres
Por tribunales
Otra vez los Vuelos de la muerte
Y el Fusilamiento de Aramburu
Otra vez las tumbas al ras de la tierra
Y las fosas de las vías de La 21
Otra vez me vi arrojando a los condenados
A sus sepulcros
Y olvidarlos en la tierra
Negarles su memoria.
El país me hacía rico y poderoso
Con cada cadáver que sepultaba.
Finalmente fui condenado
Y exiliado en la plazoleta
De la embajada de Francia.
Pero antes los psiquiatras
Me exiliaron dentro de mí
Y caí en espirales infinitos
Donde todo ocurría otra vez
Y yo era el verdugo
Y la víctima;
El Montonero
Y el comandante;
El ejecutor y el ejecutado.
Mi cuerpo era Desaparecido
Con mis memorias
Memorias que eran freídas
Con descargas eléctricas
Por militares
Militantes
Y milicos.
Fue en esa plazoleta
En donde veía las marchas
De Derecha e Izquierda
Que supe que la Revolucíon
Era otra estafa:( llegué hasta una parilla
Repleta de chorizos, humo y grasa
Mientras por los altoparlantes
Se mencionaba al pueblo, a los desclasados
Por el sistema, a los pobres. Y yo, y mi amigo
Con nuestras bolsas negras sobre nuestros
Hombros nos decimos:¡Por fin,
Hemos llegado a nuestro lugar
Con nuestros compañeros
Estamos en casa, vamos a poder comer!)
(Pero no. El estudiante marxista
Que atiende la parrila no logra reconocer
A un pobre real de un pobre de fotocopia
Y nos niega el símbolo, el pan
Con el chorizo caliente, nos dice que
Somos negros de mierda, vagos
Y nos hecha. Dejamos la plaza.
El estudiante agrega:¡Yo decía negros de mente!
Y esa voz que grita sobre el pueblo
La Revolución
Los compañeros. Revolvemos un canasto
De basura, todavía se escucha a esa voz.
Yo le pregunto a mi amigo:
¿A qué pueblo le hablaran?
Él me dice: el marxismo
Es el opio de la izquierda).
Supe, que el día
Que terminara mi exilio
Debía volver a casa de mis padres
Supe que Izquierda y Derecha
Son hermanas siamesas
Supe que la Verdadera Revolución
Estaba y está en mi cuerpo.
El tren de fugitivos me devolvió
A mi hogar. Llevo la piel pegada
A los huesos y mis resentimientos
Son tantos como los delitos
Que cometí en nombre de la Revolción
Y del Pueblo. Camino por un descampado
Que está antes de llegar a casa
Voy acariciando el pasto seco, amarillo.
Al llegar golpeo la puerta
Me fundo en una abrazo con mamá y papá.
"Y de la única Revolución
De la que hoy me siento parte",
Le digo al entrevistador,
"Es la de cuidar a mi padre
Y honrar la memoria de mi madre."
En la embajada de FranciaLlegué derrotado y con hambre
Después de varios intentos de golpe
De Estado. Mi suerte había acabado
Y debía pagar por mis culpas
Exiliado dentro de mi propio
País, el que me prometió
Prosperidad, dinero, éxitos
Y drogas de diseño
De buena calidad. Me supe estafado
Confundido, con mucha bronca.
Así que debía planear con detalle mis
Próximos movimientos para no
Volver a morir en el intento.
El fin de mi exilio fue el
16 de abril del 2009
El comienzo es incierto.
Hoy que mi Cerebro Dañado
Intenta reconstruir el pasado con
Los restos de sus escombros neuronales
Que todavía no han recuperado su
Capacidad, la tarea se vuelve agotadora.
Desde la primera fundación de
Buenos Aires, hasta la Conquista
Del desierto, la Década Infame,
La Revolución Libertadora,
La Triple A y
El Corralito, el cuerpo siempre
Fue el mismo: mi cuerpo.
Debía pagar por mis delitos
En nombre de la Revolución
La que nunca llegó
Y con gran serenidad acepté
Correrme a un lado para que
Los verdaderos seres pensantes
Y revolucionarios pudieran
Cambiar las cosas de una vez por
Todas.
Se me negó la Palabra como
Medida cautelar: mis palabras
Siempre fueron letales para el Poder
Siempre fueron peligrosas
Siempre destruyeron todo lo que
Tocaron, por eso operé siempre
En la clandestinidad.
Así que mis operaciones nada tenían
Que ver con la Palabra, tenían que
Ver con símbolos y destruir esos
Símbolos. Pero nuevamente fracasé y
Todo debía volver a empezar,
Cayendo en los círculos infinitos
Del tiempo producido por los
Chalecos farmacológicos
Con los que los psiquiatras mercenarios;
Operadores del Poder que trataban de aniquilar
Mi lenguaje hasta llegar a mi cuerpo.
Y estos santurrones no advirtieron los
Efectos colaterales...
Y la amenaza creció
Y con mas fuerza dentro mío.
Mientras crecía
Me dediqué a ser el contratista
De un país anacrónico, lisérgico
Que me benefició otra vez
Pero en tiempos de democracia.
Pude embolsarme un P.B.I
Para indemnizarme por todas
Las estafas a las que fui sometido
Desde la fundación.
Pero el Poder no se quedó callado
Otra vez entablamos juicios
De Lesa Humanidad
Otra vez el desfile de los cadáveres
Por tribunales
Otra vez los Vuelos de la muerte
Y el Fusilamiento de Aramburu
Otra vez las tumbas al ras de la tierra
Y las fosas de las vías de La 21
Otra vez me vi arrojando a los condenados
A sus sepulcros
Y olvidarlos en la tierra
Negarles su memoria.
El país me hacía rico y poderoso
Con cada cadáver que sepultaba.
Finalmente fui condenado
Y exiliado en la plazoleta
De la embajada de Francia.
Pero antes los psiquiatras
Me exiliaron dentro de mí
Y caí en espirales infinitos
Donde todo ocurría otra vez
Y yo era el verdugo
Y la víctima;
El Montonero
Y el comandante;
El ejecutor y el ejecutado.
Mi cuerpo era Desaparecido
Con mis memorias
Memorias que eran freídas
Con descargas eléctricas
Por militares
Militantes
Y milicos.
Fue en esa plazoleta
En donde veía las marchas
De Derecha e Izquierda
Que supe que la Revolucíon
Era otra estafa:( llegué hasta una parilla
Repleta de chorizos, humo y grasa
Mientras por los altoparlantes
Se mencionaba al pueblo, a los desclasados
Por el sistema, a los pobres. Y yo, y mi amigo
Con nuestras bolsas negras sobre nuestros
Hombros nos decimos:¡Por fin,
Hemos llegado a nuestro lugar
Con nuestros compañeros
Estamos en casa, vamos a poder comer!)
(Pero no. El estudiante marxista
Que atiende la parrila no logra reconocer
A un pobre real de un pobre de fotocopia
Y nos niega el símbolo, el pan
Con el chorizo caliente, nos dice que
Somos negros de mierda, vagos
Y nos hecha. Dejamos la plaza.
El estudiante agrega:¡Yo decía negros de mente!
Y esa voz que grita sobre el pueblo
La Revolución
Los compañeros. Revolvemos un canasto
De basura, todavía se escucha a esa voz.
Yo le pregunto a mi amigo:
¿A qué pueblo le hablaran?
Él me dice: el marxismo
Es el opio de la izquierda).
Supe, que el día
Que terminara mi exilio
Debía volver a casa de mis padres
Supe que Izquierda y Derecha
Son hermanas siamesas
Supe que la Verdadera Revolución
Estaba y está en mi cuerpo.
El tren de fugitivos me devolvió
A mi hogar. Llevo la piel pegada
A los huesos y mis resentimientos
Son tantos como los delitos
Que cometí en nombre de la Revolción
Y del Pueblo. Camino por un descampado
Que está antes de llegar a casa
Voy acariciando el pasto seco, amarillo.
Al llegar golpeo la puerta
Me fundo en una abrazo con mamá y papá.
"Y de la única Revolución
De la que hoy me siento parte",
Le digo al entrevistador,
"Es la de cuidar a mi padre
Y honrar la memoria de mi madre."
miércoles, 20 de febrero de 2019
Escribo porque:
Ahora que al día
Le corresponde el sol
Y a la noche la luna
Que mi pulso es firme
Y ya no temblequea por
La abstinencia
Que la fiebre ha pasado
Me gustaría decir
Una o dos verdades:
Escribo porque
Puedo
Quiero
Y me gusta.
Escribo porque un día
Supe que debía contar
Mi historia y la de mi familia;
Porque si no todo esto se
Perderá en el tiempo.
Escribo porque la muerte
Me ha indultado
Pero de a un día a la vez.
Escribo porque un pájaro
Se posó en el alero de casa
Y su canto inflamó mi espíritu
Dejándome como un farsante
Al tratar de ser poeta.
Escribo por las instituciones
Que me formaron para el fracaso
Y fracasaron en su intento.
Escribo por mis amigos
Que ya no están
Y nos los pude abrazar
Y decirles que los quería.
Escribo por mis hermanos nonatos
Para que el error de mi madre
No me consuma y pueda
Redimir sus nombres
Que están anexados a mí.
Escribo para que la melancolía
Que alimento el cáncer de mamá
No alimente mi enfermedad.
Escribo porque es mi pasión.
Escribo para burlarme de las dictaduras
De Derecha e Izquierda.
Escribo porque un día supe
Que escribir era Realmente
Lo que me gustaba.
Escribo cuando me siento bien
Cuando me siento mal
Cuando estoy aburrido
Cuando el día declina
Cuando amanece
Cuando hay un funeral
O una corrida cambiaria.
Escribo por ese amor
Que ya dejé de buscar
Y por ese amor que me está buscando.
Escribo porque alguna vez
Anduve perdido sin familia
Ni patria, recorriendo calles
Tristes, tarros de basura
E inhalando la esencia
De la muerte en cada esquina.
Escribo porque en mi vida
Todo es exceso;
Incluyendo el lenguaje.
Escribo por mi tío
Que murió desangrándose
El brazo izquierdo
Pensando que yo moriría
En calle de sobredosis
O h.i.v. Escribo por que él
Me enseñó el hábito de la lectura
Y el de los libros usados.
Escribo por la sencilla razón de escribir, ya sea en un café, en el piso de la universidad, en la sala de un hospital velando por alguien o porque mi visión psicótica de la realidad me estimula a hacerlo. Escribo por que la ansiedad ya no es mi enemiga, y puedo ordenar mis pensamientos a través de las palabras, para purgar las memorias que se van acumulando. Escribo, a veces, sin ton ni son. Escribo para ordenarme, redimirme y crear una versión un poco más mejorada de mí. Escribo por que este río perenne que me atraviesa no se desborde. Escribo para que no se abarroten las palabras en mi garganta y me cierren el pecho y la muerte me juegue una mala pasada. Escribo porque hoy viví 24 horas más.
"Escribo porque algo me duele",
Dice la novela de una gran amigo mío.
Escribo para que todo esto tenga sentido
Y si escribiendo llego a la vejez
Pueda decir algún día:
"Porque escribí estoy vivo".
Le corresponde el sol
Y a la noche la luna
Que mi pulso es firme
Y ya no temblequea por
La abstinencia
Que la fiebre ha pasado
Me gustaría decir
Una o dos verdades:
Escribo porque
Puedo
Quiero
Y me gusta.
Escribo porque un día
Supe que debía contar
Mi historia y la de mi familia;
Porque si no todo esto se
Perderá en el tiempo.
Escribo porque la muerte
Me ha indultado
Pero de a un día a la vez.
Escribo porque un pájaro
Se posó en el alero de casa
Y su canto inflamó mi espíritu
Dejándome como un farsante
Al tratar de ser poeta.
Escribo por las instituciones
Que me formaron para el fracaso
Y fracasaron en su intento.
Escribo por mis amigos
Que ya no están
Y nos los pude abrazar
Y decirles que los quería.
Escribo por mis hermanos nonatos
Para que el error de mi madre
No me consuma y pueda
Redimir sus nombres
Que están anexados a mí.
Escribo para que la melancolía
Que alimento el cáncer de mamá
No alimente mi enfermedad.
Escribo porque es mi pasión.
Escribo para burlarme de las dictaduras
De Derecha e Izquierda.
Escribo porque un día supe
Que escribir era Realmente
Lo que me gustaba.
Escribo cuando me siento bien
Cuando me siento mal
Cuando estoy aburrido
Cuando el día declina
Cuando amanece
Cuando hay un funeral
O una corrida cambiaria.
Escribo por ese amor
Que ya dejé de buscar
Y por ese amor que me está buscando.
Escribo porque alguna vez
Anduve perdido sin familia
Ni patria, recorriendo calles
Tristes, tarros de basura
E inhalando la esencia
De la muerte en cada esquina.
Escribo porque en mi vida
Todo es exceso;
Incluyendo el lenguaje.
Escribo por mi tío
Que murió desangrándose
El brazo izquierdo
Pensando que yo moriría
En calle de sobredosis
O h.i.v. Escribo por que él
Me enseñó el hábito de la lectura
Y el de los libros usados.
Escribo por la sencilla razón de escribir, ya sea en un café, en el piso de la universidad, en la sala de un hospital velando por alguien o porque mi visión psicótica de la realidad me estimula a hacerlo. Escribo por que la ansiedad ya no es mi enemiga, y puedo ordenar mis pensamientos a través de las palabras, para purgar las memorias que se van acumulando. Escribo, a veces, sin ton ni son. Escribo para ordenarme, redimirme y crear una versión un poco más mejorada de mí. Escribo por que este río perenne que me atraviesa no se desborde. Escribo para que no se abarroten las palabras en mi garganta y me cierren el pecho y la muerte me juegue una mala pasada. Escribo porque hoy viví 24 horas más.
"Escribo porque algo me duele",
Dice la novela de una gran amigo mío.
Escribo para que todo esto tenga sentido
Y si escribiendo llego a la vejez
Pueda decir algún día:
"Porque escribí estoy vivo".
Escribo porque:
Ahora que al día
Le corresponde el sol
Y a la noche la luna
Que mi pulso es firme
Y ya no temblequea por
La abstinencia
Que la fiebre ha pasado
Me gustaría decir
Una o dos verdades:
Escribo porque
Puedo
Quiero
Y me gusta.
Escribo porque un día
Supe que debía contar
Mi historia y la de mi familia;
Porque si no todo esto se
Perderá en el tiempo.
Escribo porque la muerte
Me ha indultado
Pero de a un día a la vez.
Escribo porque un pájaro
Se posó en el alero de casa
Y su canto inflamó mi espíritu
Dejándome como un farsante
Al tratar de ser poeta.
Escribo por las instituciones
Que me formaron para el fracaso
Y fracasaron en su intento.
Escribo por mis amigos
Que ya no están
Y nos los pude abrazar
Y decirles que los quería.
Escribo por mis hermanos nonatos
Para que el error de mi madre
No me consuma y pueda
Redimir sus nombres
Que están anexados a mí.
Escribo para que la melancolía
Que alimento el cáncer de mamá
No alimente mi enfermedad.
Escribo porque es mi pasión.
Escribo para burlarme de las dictaduras
De Derecha e Izquierda.
Escribo porque un día supe
Que escribir era Realmente
Lo que me gustaba.
Escribo cuando me siento bien
Cuando me siento mal
Cuando estoy aburrido
Cuando el día declina
Cuando amanece
Cuando hay un funeral
O una corrida cambiaria.
Escribo por ese amor
Que ya dejé de buscar
Y por ese amor que me está buscando.
Escribo porque alguna vez
Anduve perdido sin familia
Ni patria, recorriendo calles
Tristes, tarros de basura
E inhalando la esencia
De la muerte en cada esquina.
Escribo porque en mi vida
Todo es exceso;
Incluyendo el lenguaje.
Escribo por mi tío
Que murió desangrándose
El brazo izquierdo
Pensando que yo moriría
En calle de sobredosis
O h.i.v. Escribo por que él
Me enseñó el hábito de la lectura
Y el de los libros usados.
Escribo por la sencilla razón de escribir, ya sea en un café, en el piso de la universidad, en la sala de un hospital velando por alguien o porque mi visión psicótica de la realidad me estimula a hacerlo. Escribo por que la ansiedad ya no es mi enemiga, y puedo ordenar mis pensamientos a través de las palabras, para purgar las memorias que se van acumulando. Escribo, a veces, sin ton ni son. Escribo para ordenarme, redimirme y crear una versión un poco más mejorada de mí. Escribo por que este río perenne que me atraviesa no se desborde. Escribo para que no se abarroten las palabras en mi garganta y me cierren el pecho y la muerte me juegue una mala pasada. Escribo porque hoy viví 24 horas más.
"Escribo porque algo me duele",
Dice la novela de una gran amigo mío.
Escribo para que todo esto tenga sentido
Y si escribiendo llego a la vejez
Pueda decir algún día:
"Porque escribí estoy vivo".
Le corresponde el sol
Y a la noche la luna
Que mi pulso es firme
Y ya no temblequea por
La abstinencia
Que la fiebre ha pasado
Me gustaría decir
Una o dos verdades:
Escribo porque
Puedo
Quiero
Y me gusta.
Escribo porque un día
Supe que debía contar
Mi historia y la de mi familia;
Porque si no todo esto se
Perderá en el tiempo.
Escribo porque la muerte
Me ha indultado
Pero de a un día a la vez.
Escribo porque un pájaro
Se posó en el alero de casa
Y su canto inflamó mi espíritu
Dejándome como un farsante
Al tratar de ser poeta.
Escribo por las instituciones
Que me formaron para el fracaso
Y fracasaron en su intento.
Escribo por mis amigos
Que ya no están
Y nos los pude abrazar
Y decirles que los quería.
Escribo por mis hermanos nonatos
Para que el error de mi madre
No me consuma y pueda
Redimir sus nombres
Que están anexados a mí.
Escribo para que la melancolía
Que alimento el cáncer de mamá
No alimente mi enfermedad.
Escribo porque es mi pasión.
Escribo para burlarme de las dictaduras
De Derecha e Izquierda.
Escribo porque un día supe
Que escribir era Realmente
Lo que me gustaba.
Escribo cuando me siento bien
Cuando me siento mal
Cuando estoy aburrido
Cuando el día declina
Cuando amanece
Cuando hay un funeral
O una corrida cambiaria.
Escribo por ese amor
Que ya dejé de buscar
Y por ese amor que me está buscando.
Escribo porque alguna vez
Anduve perdido sin familia
Ni patria, recorriendo calles
Tristes, tarros de basura
E inhalando la esencia
De la muerte en cada esquina.
Escribo porque en mi vida
Todo es exceso;
Incluyendo el lenguaje.
Escribo por mi tío
Que murió desangrándose
El brazo izquierdo
Pensando que yo moriría
En calle de sobredosis
O h.i.v. Escribo por que él
Me enseñó el hábito de la lectura
Y el de los libros usados.
Escribo por la sencilla razón de escribir, ya sea en un café, en el piso de la universidad, en la sala de un hospital velando por alguien o porque mi visión psicótica de la realidad me estimula a hacerlo. Escribo por que la ansiedad ya no es mi enemiga, y puedo ordenar mis pensamientos a través de las palabras, para purgar las memorias que se van acumulando. Escribo, a veces, sin ton ni son. Escribo para ordenarme, redimirme y crear una versión un poco más mejorada de mí. Escribo por que este río perenne que me atraviesa no se desborde. Escribo para que no se abarroten las palabras en mi garganta y me cierren el pecho y la muerte me juegue una mala pasada. Escribo porque hoy viví 24 horas más.
"Escribo porque algo me duele",
Dice la novela de una gran amigo mío.
Escribo para que todo esto tenga sentido
Y si escribiendo llego a la vejez
Pueda decir algún día:
"Porque escribí estoy vivo".
lunes, 18 de febrero de 2019
Virgen de Itatí
Graciela despierta en la madrugada. Prende el velador para mirar a su bebé. Está agitado y tiene mucha fiebre; le cuesta respirar. Se levanta, se pone las ojotas y se dirige a la pieza de su madre. La toca suavemente y le habla despacio para no asustarla. Su madre despierta, la mira extrañada. Le dice que su bebé está agitado y tiene mucha fiebre. Su madre le dice que vaya a avisarle a su marido. Le vuelve a reprochar y hacerle acordar que haberse casado con ese vago y borracho fue un error. Graciela no tiene ganas de pelear, solo le preocupa la salud de su bebé. Se viste, se abriga y sale a buscar a su marido, que seguro está tomando en la casa del padre.
El frío es cortante y hay neblina. Tiene que caminar dos cuadras para llegar a donde está su marido encerrado, tomando hace unos días. Lo último que supo de él, es que lo habían hechado de la fábrica de vidrio. Que cobró la indemnización y no aportó nada para ella y su bebé. Ahora solo quiere que la acompañe al hospital.
En la esquina hay un par de vagos, la conocen, no le dicen nada. Ellos siguen escabiando al pie de un fuego que hicieron para estar mas cómodos en el frío. Ella ni siquiera los mira. Solo quiere encontrar a su marido y llevar al bebé al hospital. Llega a la casa de su suegro. Golpea las manos, se siente música desde adentro de la casa.
Su suegro sale a recibirla, está totalmente borracho. La mira con desprecio, con repugnancia. "Qué querés paraguaya", le dice y luego escupe al suelo. Ella le pregunta por Rodolfo, le dice que el bebé está enfermo y hay que llevarlo al hospital. El suegro le dice que Rodolfo está ocupado y que no va a ir a ningún lado, menos con una paraguaya como ella. Graciela comienza a llorar, le pregunta por qué Rodolfo volvió a perder un trabajo."¡No se da cuenta de que ahora tiene un hijo, por qué no sale a dar la cara!". Grita fuerte para que su marido la escuche y salga. Pero no sale. El viejo le dice que se vaya. Ella le dice que tiene que conseguir otro trabajo, que ella no se puede hacer cargo sola del bebé. "¡Rodolfo no necesita trabajar. Mientras yo esté vivo Rodolfo no va trabajar". El vieja la hecha. Desde adentro de la casa los borrachos lo llaman al viejo para que siga la joda. Ella se va llorando. Vuelve a arrepentirse de haberse casado. Vuelve a arrepentirse de no haber escuchado a su madre. Antes de entrar a su casa se limpia las lágrimas.
Su madre tiene al bebé en brazos. No le pregunta nada. Ya sabe lo que pasó, no es el momento de reproches. Sus ojos hinchados y cristalinos lo dicen todo. Su madre la acompaña hasta la parada del colectivo. Antes de subir le da un beso a ella y al bebé.
Por suerte la guardia del Hospital de niños no se encuentra abarrotada como otros días. Espera medía hora y la atienden con su bebé. Un doctor le pregunta por los síntomas. Ella le dice que está muy agitado, que tiene fiebre y le silba el pecho. El doctor lo examina con el estetóscopio. Luego una enfermera se lleva al bebé para otra sala y el doctor sale con ella para el pasillo. El doctor le explica que puede ser un soplo en el corazón, algo congénito, que hay que evaluarlo para ver el grado y si es necesario otro tratamiento, o quizás, cirugía. La conjunción de esas tres palabras, soplo-corazón-cirugía la devastan. Llora frente al doctor, se siente avergonzada y dolida a la vez. El doctor trata de calmarla, le dice que no se adelante, que deje que se hagan los estudios y que si es benigno con el trascurso de los años el soplo desaparecerá. Deja de llorar, el médico la deja. Ella se sienta en un banco. Se siente mal. Lo único que quiere es estar con su bebé y tenerlos en sus brazos. Mira al piso. Cerca de ella hay un papel. Llama su atención. Lo levanta y descubre que es una estampilla de la virgen de Itatí. La toma entre sus dos manos y vuelve a llorar con la imagen de la virgen. Le hace una promesa. Le promete ir a Corrientes si lo que tiene su hijo no es nada grave o puede corregirse con los años. Le promete una y otra vez entre llanto y llanto en la soledad del pasillo. Finalmente se duerme sobre el banco con la estampilla.
La despierta la mano del médico. Se sienta a su lado, está sonriendo. Le dice que el soplo es benigno, que con el tiempo se va a corregir solo, que no hay de que preocuparse por ahora pero se va a tener que quedar con el bebé un día para hacer otras observaciones. Ella sonríe y llora, pero ahora de alegría. "¡Gracias doctor!", le dice ella. El doctor le dice que no hay nada que agradecer. Luego la hacen pasar para estar con el bebé. Ella en ningún momento suelta la estampilla de su mano.
Graciela no pudo cumplir con su promesa de ir a Corrientes para agradecerle a la virgen. El cáncer no se lo permitió. A su hijo cuando creció le contó más de una vez de esa noche y de esa promesa. Ese bebé que ha crecido y que recuerda la promesa que hizo su madre, hoy está a punto de cumplirla.
El frío es cortante y hay neblina. Tiene que caminar dos cuadras para llegar a donde está su marido encerrado, tomando hace unos días. Lo último que supo de él, es que lo habían hechado de la fábrica de vidrio. Que cobró la indemnización y no aportó nada para ella y su bebé. Ahora solo quiere que la acompañe al hospital.
En la esquina hay un par de vagos, la conocen, no le dicen nada. Ellos siguen escabiando al pie de un fuego que hicieron para estar mas cómodos en el frío. Ella ni siquiera los mira. Solo quiere encontrar a su marido y llevar al bebé al hospital. Llega a la casa de su suegro. Golpea las manos, se siente música desde adentro de la casa.
Su suegro sale a recibirla, está totalmente borracho. La mira con desprecio, con repugnancia. "Qué querés paraguaya", le dice y luego escupe al suelo. Ella le pregunta por Rodolfo, le dice que el bebé está enfermo y hay que llevarlo al hospital. El suegro le dice que Rodolfo está ocupado y que no va a ir a ningún lado, menos con una paraguaya como ella. Graciela comienza a llorar, le pregunta por qué Rodolfo volvió a perder un trabajo."¡No se da cuenta de que ahora tiene un hijo, por qué no sale a dar la cara!". Grita fuerte para que su marido la escuche y salga. Pero no sale. El viejo le dice que se vaya. Ella le dice que tiene que conseguir otro trabajo, que ella no se puede hacer cargo sola del bebé. "¡Rodolfo no necesita trabajar. Mientras yo esté vivo Rodolfo no va trabajar". El vieja la hecha. Desde adentro de la casa los borrachos lo llaman al viejo para que siga la joda. Ella se va llorando. Vuelve a arrepentirse de haberse casado. Vuelve a arrepentirse de no haber escuchado a su madre. Antes de entrar a su casa se limpia las lágrimas.
Su madre tiene al bebé en brazos. No le pregunta nada. Ya sabe lo que pasó, no es el momento de reproches. Sus ojos hinchados y cristalinos lo dicen todo. Su madre la acompaña hasta la parada del colectivo. Antes de subir le da un beso a ella y al bebé.
Por suerte la guardia del Hospital de niños no se encuentra abarrotada como otros días. Espera medía hora y la atienden con su bebé. Un doctor le pregunta por los síntomas. Ella le dice que está muy agitado, que tiene fiebre y le silba el pecho. El doctor lo examina con el estetóscopio. Luego una enfermera se lleva al bebé para otra sala y el doctor sale con ella para el pasillo. El doctor le explica que puede ser un soplo en el corazón, algo congénito, que hay que evaluarlo para ver el grado y si es necesario otro tratamiento, o quizás, cirugía. La conjunción de esas tres palabras, soplo-corazón-cirugía la devastan. Llora frente al doctor, se siente avergonzada y dolida a la vez. El doctor trata de calmarla, le dice que no se adelante, que deje que se hagan los estudios y que si es benigno con el trascurso de los años el soplo desaparecerá. Deja de llorar, el médico la deja. Ella se sienta en un banco. Se siente mal. Lo único que quiere es estar con su bebé y tenerlos en sus brazos. Mira al piso. Cerca de ella hay un papel. Llama su atención. Lo levanta y descubre que es una estampilla de la virgen de Itatí. La toma entre sus dos manos y vuelve a llorar con la imagen de la virgen. Le hace una promesa. Le promete ir a Corrientes si lo que tiene su hijo no es nada grave o puede corregirse con los años. Le promete una y otra vez entre llanto y llanto en la soledad del pasillo. Finalmente se duerme sobre el banco con la estampilla.
La despierta la mano del médico. Se sienta a su lado, está sonriendo. Le dice que el soplo es benigno, que con el tiempo se va a corregir solo, que no hay de que preocuparse por ahora pero se va a tener que quedar con el bebé un día para hacer otras observaciones. Ella sonríe y llora, pero ahora de alegría. "¡Gracias doctor!", le dice ella. El doctor le dice que no hay nada que agradecer. Luego la hacen pasar para estar con el bebé. Ella en ningún momento suelta la estampilla de su mano.
Graciela no pudo cumplir con su promesa de ir a Corrientes para agradecerle a la virgen. El cáncer no se lo permitió. A su hijo cuando creció le contó más de una vez de esa noche y de esa promesa. Ese bebé que ha crecido y que recuerda la promesa que hizo su madre, hoy está a punto de cumplirla.
Virgen de Itatí
Graciela despierta en la madrugada. Prende el velador para mirar a su bebé. Está agitado y tiene mucha fiebre; le cuesta respirar. Se levanta, se pone las ojotas y se dirige a la pieza de su madre. La toca suavemente y le habla despacio para no asustarla. Su madre despierta, la mira extrañada. Le dice que su bebé está agitado y tiene mucha fiebre. Su madre le dice que vaya a avisarle a su marido. Le vuelve a reprochar y hacerle acordar que haberse casado con ese vago y borracho fue un error. Graciela no tiene ganas de pelear, solo le preocupa la salud de su bebé. Se viste, se abriga y sale a buscar a su marido, que seguro está tomando en la casa del padre.
El frío es cortante y hay neblina. Tiene que caminar dos cuadras para llegar a donde está su marido encerrado, tomando hace unos días. Lo último que supo de él, es que lo habían hechado de la fábrica de vidrio. Que cobró la indemnización y no aportó nada para ella y su bebé. Ahora solo quiere que la acompañe al hospital.
En la esquina hay un par de vagos, la conocen, no le dicen nada. Ellos siguen escabiando al pie de un fuego que hicieron para estar mas cómodos en el frío. Ella ni siquiera los mira. Solo quiere encontrar a su marido y llevar al bebé al hospital. Llega a la casa de su suegro. Golpea las manos, se siente música desde adentro de la casa.
Su suegro sale a recibirla, está totalmente borracho. La mira con desprecio, con repugnancia. "Qué querés paraguaya", le dice y luego escupe al suelo. Ella le pregunta por Rodolfo, le dice que el bebé está enfermo y hay que llevarlo al hospital. El suegro le dice que Rodolfo está ocupado y que no va a ir a ningún lado, menos con una paraguaya como ella. Graciela comienza a llorar, le pregunta por qué Rodolfo volvió a perder un trabajo."¡No se da cuenta de que ahora tiene un hijo, por qué no sale a dar la cara!". Grita fuerte para que su marido la escuche y salga. Pero no sale. El viejo le dice que se vaya. Ella le dice que tiene que conseguir otro trabajo, que ella no se puede hacer cargo sola del bebé. "¡Rodolfo no necesita trabajar. Mientras yo esté vivo Rodolfo no va trabajar". El vieja la hecha. Desde adentro de la casa los borrachos lo llaman al viejo para que siga la joda. Ella se va llorando. Vuelve a arrepentirse de haberse casado. Vuelve a arrepentirse de no haber escuchado a su madre. Antes de entrar a su casa se limpia las lágrimas.
Su madre tiene al bebé en brazos. No le pregunta nada. Ya sabe lo que pasó, no es el momento de reproches. Sus ojos hinchados y cristalinos lo dicen todo. Su madre la acompaña hasta la parada del colectivo. Antes de subir le da un beso a ella y al bebé.
Por suerte la guardia del Hospital de niños no se encuentra abarrotada como otros días. Espera medía hora y la atienden con su bebé. Un doctor le pregunta por los síntomas. Ella le dice que está muy agitado, que tiene fiebre y le silba el pecho. El doctor lo examina con el estetóscopio. Luego una enfermera se lleva al bebé para otra sala y el doctor sale con ella para el pasillo. El doctor le explica que puede ser un soplo en el corazón, algo congénito, que hay que evaluarlo para ver el grado y si es necesario otro tratamiento, o quizás, cirugía. La conjunción de esas tres palabras, soplo-corazón-cirugía la devastan. Llora frente al doctor, se siente avergonzada y dolida a la vez. El doctor trata de calmarla, le dice que no se adelante, que deje que se hagan los estudios y que si es benigno con el trascurso de los años el soplo desaparecerá. Deja de llorar, el médico la deja. Ella se sienta en un banco. Se siente mal. Lo único que quiere es estar con su bebé y tenerlos en sus brazos. Mira al piso. Cerca de ella hay un papel. Llama su atención. Lo levanta y descubre que es una estampilla de la virgen de Itatí. La toma entre sus dos manos y vuelve a llorar con la imagen de la virgen. Le hace una promesa. Le promete ir a Corrientes si lo que tiene su hijo no es nada grave o puede corregirse con los años. Le promete una y otra vez entre llanto y llanto en la soledad del pasillo. Finalmente se duerme sobre el banco con la estampilla.
La despierta la mano del médico. Se sienta a su lado, está sonriendo. Le dice que el soplo es benigno, que con el tiempo se va a corregir solo, que no hay de que preocuparse por ahora pero se va a tener que quedar con el bebé un día para hacer otras observaciones. Ella sonríe y llora, pero ahora de alegría. "¡Gracias doctor!", le dice ella. El doctor le dice que no hay nada que agradecer. Luego la hacen pasar para estar con el bebé. Ella en ningún momento suelta la estampilla de su mano.
Graciela no pudo cumplir con su promesa de ir a Corrientes para agradecerle a la virgen. El cáncer no se lo permitió. A su hijo cuando creció le contó más de una vez de esa noche y de esa promesa. Ese bebé que ha crecido y que recuerda la promesa que hizo su madre, hoy está a punto de cumplirla.
El frío es cortante y hay neblina. Tiene que caminar dos cuadras para llegar a donde está su marido encerrado, tomando hace unos días. Lo último que supo de él, es que lo habían hechado de la fábrica de vidrio. Que cobró la indemnización y no aportó nada para ella y su bebé. Ahora solo quiere que la acompañe al hospital.
En la esquina hay un par de vagos, la conocen, no le dicen nada. Ellos siguen escabiando al pie de un fuego que hicieron para estar mas cómodos en el frío. Ella ni siquiera los mira. Solo quiere encontrar a su marido y llevar al bebé al hospital. Llega a la casa de su suegro. Golpea las manos, se siente música desde adentro de la casa.
Su suegro sale a recibirla, está totalmente borracho. La mira con desprecio, con repugnancia. "Qué querés paraguaya", le dice y luego escupe al suelo. Ella le pregunta por Rodolfo, le dice que el bebé está enfermo y hay que llevarlo al hospital. El suegro le dice que Rodolfo está ocupado y que no va a ir a ningún lado, menos con una paraguaya como ella. Graciela comienza a llorar, le pregunta por qué Rodolfo volvió a perder un trabajo."¡No se da cuenta de que ahora tiene un hijo, por qué no sale a dar la cara!". Grita fuerte para que su marido la escuche y salga. Pero no sale. El viejo le dice que se vaya. Ella le dice que tiene que conseguir otro trabajo, que ella no se puede hacer cargo sola del bebé. "¡Rodolfo no necesita trabajar. Mientras yo esté vivo Rodolfo no va trabajar". El vieja la hecha. Desde adentro de la casa los borrachos lo llaman al viejo para que siga la joda. Ella se va llorando. Vuelve a arrepentirse de haberse casado. Vuelve a arrepentirse de no haber escuchado a su madre. Antes de entrar a su casa se limpia las lágrimas.
Su madre tiene al bebé en brazos. No le pregunta nada. Ya sabe lo que pasó, no es el momento de reproches. Sus ojos hinchados y cristalinos lo dicen todo. Su madre la acompaña hasta la parada del colectivo. Antes de subir le da un beso a ella y al bebé.
Por suerte la guardia del Hospital de niños no se encuentra abarrotada como otros días. Espera medía hora y la atienden con su bebé. Un doctor le pregunta por los síntomas. Ella le dice que está muy agitado, que tiene fiebre y le silba el pecho. El doctor lo examina con el estetóscopio. Luego una enfermera se lleva al bebé para otra sala y el doctor sale con ella para el pasillo. El doctor le explica que puede ser un soplo en el corazón, algo congénito, que hay que evaluarlo para ver el grado y si es necesario otro tratamiento, o quizás, cirugía. La conjunción de esas tres palabras, soplo-corazón-cirugía la devastan. Llora frente al doctor, se siente avergonzada y dolida a la vez. El doctor trata de calmarla, le dice que no se adelante, que deje que se hagan los estudios y que si es benigno con el trascurso de los años el soplo desaparecerá. Deja de llorar, el médico la deja. Ella se sienta en un banco. Se siente mal. Lo único que quiere es estar con su bebé y tenerlos en sus brazos. Mira al piso. Cerca de ella hay un papel. Llama su atención. Lo levanta y descubre que es una estampilla de la virgen de Itatí. La toma entre sus dos manos y vuelve a llorar con la imagen de la virgen. Le hace una promesa. Le promete ir a Corrientes si lo que tiene su hijo no es nada grave o puede corregirse con los años. Le promete una y otra vez entre llanto y llanto en la soledad del pasillo. Finalmente se duerme sobre el banco con la estampilla.
La despierta la mano del médico. Se sienta a su lado, está sonriendo. Le dice que el soplo es benigno, que con el tiempo se va a corregir solo, que no hay de que preocuparse por ahora pero se va a tener que quedar con el bebé un día para hacer otras observaciones. Ella sonríe y llora, pero ahora de alegría. "¡Gracias doctor!", le dice ella. El doctor le dice que no hay nada que agradecer. Luego la hacen pasar para estar con el bebé. Ella en ningún momento suelta la estampilla de su mano.
Graciela no pudo cumplir con su promesa de ir a Corrientes para agradecerle a la virgen. El cáncer no se lo permitió. A su hijo cuando creció le contó más de una vez de esa noche y de esa promesa. Ese bebé que ha crecido y que recuerda la promesa que hizo su madre, hoy está a punto de cumplirla.
jueves, 14 de febrero de 2019
"Te voy a hacer un puntitos",
Dice el cirujano.
Mientras trata de unir la piel
Que se ha separado en mi
Frente.
Otra vez quise asesinar a mi
Hermano.
Pero él aprendió a defenderse
Y él mismo me ha marcado.
"Te voy a hacer unos puntitos",
Dice el cirujano,
Y veo los estigmas de la crucifixión
En su mano, mientras pasa
La aguja y el hilo por mi piel.
En cada punto estira el hilo
Y le da dos golpecitos.
"Te hice 9 puntos,
Un punto por cada pulgada."
"9 pulgadas tenían
Los clavos que hace mucho
Laceraron mi carne",
Dice el cirujano
Extendiendo las palmas
De sus manos
Y dejando ver las marcas.
"Si te duele la cabeza vení
Enseguida", dice.
"Con esta marca nadie se va atrever
A asesinarte."
Hoy cuando desperté
Y fui al baño, me vi en el espejo
Los 9 puntos siguen intactos.
Pasaron 12 años
Y todavía sigo pensando que todo
Esto fue un sueño.
Dice el cirujano.
Mientras trata de unir la piel
Que se ha separado en mi
Frente.
Otra vez quise asesinar a mi
Hermano.
Pero él aprendió a defenderse
Y él mismo me ha marcado.
"Te voy a hacer unos puntitos",
Dice el cirujano,
Y veo los estigmas de la crucifixión
En su mano, mientras pasa
La aguja y el hilo por mi piel.
En cada punto estira el hilo
Y le da dos golpecitos.
"Te hice 9 puntos,
Un punto por cada pulgada."
"9 pulgadas tenían
Los clavos que hace mucho
Laceraron mi carne",
Dice el cirujano
Extendiendo las palmas
De sus manos
Y dejando ver las marcas.
"Si te duele la cabeza vení
Enseguida", dice.
"Con esta marca nadie se va atrever
A asesinarte."
Hoy cuando desperté
Y fui al baño, me vi en el espejo
Los 9 puntos siguen intactos.
Pasaron 12 años
Y todavía sigo pensando que todo
Esto fue un sueño.
"Te voy a hacer un puntitos",
Dice el cirujano.
Mientras trata de unir la piel
Que se ha separado en mi
Frente.
Otra vez quise asesinar a mi
Hermano.
Pero él aprendió a defenderse
Y él mismo me ha marcado.
"Te voy a hacer unos puntitos",
Dice el cirujano,
Y veo los estigmas de la crucifixión
En su mano, mientras pasa
La aguja y el hilo por mi piel.
En cada punto estira el hilo
Y le da dos golpecitos.
"Te hice 9 puntos,
Un punto por cada pulgada."
"9 pulgadas tenían
Los clavos que hace mucho
Laceraron mi carne",
Dice el cirujano
Extendiendo las palmas
De sus manos
Y dejando ver las marcas.
"Si te duele la cabeza vení
Enseguida", dice.
"Con esta marca nadie se va atrever
A asesinarte."
Hoy cuando desperté
Y fui al baño, me vi en el espejo
Los 9 puntos siguen intactos.
Pasaron 12 años
Y todavía sigo pensando que todo
Esto fue un sueño.
Dice el cirujano.
Mientras trata de unir la piel
Que se ha separado en mi
Frente.
Otra vez quise asesinar a mi
Hermano.
Pero él aprendió a defenderse
Y él mismo me ha marcado.
"Te voy a hacer unos puntitos",
Dice el cirujano,
Y veo los estigmas de la crucifixión
En su mano, mientras pasa
La aguja y el hilo por mi piel.
En cada punto estira el hilo
Y le da dos golpecitos.
"Te hice 9 puntos,
Un punto por cada pulgada."
"9 pulgadas tenían
Los clavos que hace mucho
Laceraron mi carne",
Dice el cirujano
Extendiendo las palmas
De sus manos
Y dejando ver las marcas.
"Si te duele la cabeza vení
Enseguida", dice.
"Con esta marca nadie se va atrever
A asesinarte."
Hoy cuando desperté
Y fui al baño, me vi en el espejo
Los 9 puntos siguen intactos.
Pasaron 12 años
Y todavía sigo pensando que todo
Esto fue un sueño.
Vuelven los colectivos al barrio
Llenos de esperanzas y promesas,
Pero un estómago
No se llena con promesas.
En el almacén no hay crédito
Ya fueron suficientes promesas.
Recuerdo que mis pelotas
De malabares están rellenas con polenta.
Y con sumo cuidado saco el grano
Y los pongo a hervir en la olla.
La polenta sabe bien, seca, con aceite
Y granos de tierra.
Un verdadero manjar para un estómago
Que no espera nada de las promesas
Que se difunden en la plaza.
El día vuelve a empezar
Salgo para la avenida
A buscar un tren.
Un abuelo va para el comedor
Con su tapper. La única comida
Que va a recibir en el día; el resto es
Mate y mate, radio y ver lo
Poco de vida que le queda
En este barrio al que está condenado.
El abuelo llega con su tapper,
Los chicos salen del comedor
Con una fruta.
En el camino El Chino me dice
Que están buscando gente
Para la próxima marcha:"Hay 200 mangos",
Es el gancho al que nadie se resiste.
Lo dejo con su promesa
Yo también voy a buscar mis promesas
Mis esperanzas, en esas monedas
Que me da el semáforo.
Un estómago no se llena con promesas
Me digo,
Mientras lo saludo al abuelo Franco
Que vuelve del comedor con su tupper.
Llenos de esperanzas y promesas,
Pero un estómago
No se llena con promesas.
En el almacén no hay crédito
Ya fueron suficientes promesas.
Recuerdo que mis pelotas
De malabares están rellenas con polenta.
Y con sumo cuidado saco el grano
Y los pongo a hervir en la olla.
La polenta sabe bien, seca, con aceite
Y granos de tierra.
Un verdadero manjar para un estómago
Que no espera nada de las promesas
Que se difunden en la plaza.
El día vuelve a empezar
Salgo para la avenida
A buscar un tren.
Un abuelo va para el comedor
Con su tapper. La única comida
Que va a recibir en el día; el resto es
Mate y mate, radio y ver lo
Poco de vida que le queda
En este barrio al que está condenado.
El abuelo llega con su tapper,
Los chicos salen del comedor
Con una fruta.
En el camino El Chino me dice
Que están buscando gente
Para la próxima marcha:"Hay 200 mangos",
Es el gancho al que nadie se resiste.
Lo dejo con su promesa
Yo también voy a buscar mis promesas
Mis esperanzas, en esas monedas
Que me da el semáforo.
Un estómago no se llena con promesas
Me digo,
Mientras lo saludo al abuelo Franco
Que vuelve del comedor con su tupper.
Vuelven los colectivos al barrio
Llenos de esperanzas y promesas,
Pero un estómago
No se llena con promesas.
En el almacén no hay crédito
Ya fueron suficientes promesas.
Recuerdo que mis pelotas
De malabares están rellenas con polenta.
Y con sumo cuidado saco el grano
Y los pongo a hervir en la olla.
La polenta sabe bien, seca, con aceite
Y granos de tierra.
Un verdadero manjar para un estómago
Que no espera nada de las promesas
Que se difunden en la plaza.
El día vuelve a empezar
Salgo para la avenida
A buscar un tren.
Un abuelo va para el comedor
Con su tapper. La única comida
Que va a recibir en el día; el resto es
Mate y mate, radio y ver lo
Poco de vida que le queda
En este barrio al que está condenado.
El abuelo llega con su tapper,
Los chicos salen del comedor
Con una fruta.
En el camino El Chino me dice
Que están buscando gente
Para la próxima marcha:"Hay 200 mangos",
Es el gancho al que nadie se resiste.
Lo dejo con su promesa
Yo también voy a buscar mis promesas
Mis esperanzas, en esas monedas
Que me da el semáforo.
Un estómago no se llena con promesas
Me digo,
Mientras lo saludo al abuelo Franco
Que vuelve del comedor con su tupper.
Llenos de esperanzas y promesas,
Pero un estómago
No se llena con promesas.
En el almacén no hay crédito
Ya fueron suficientes promesas.
Recuerdo que mis pelotas
De malabares están rellenas con polenta.
Y con sumo cuidado saco el grano
Y los pongo a hervir en la olla.
La polenta sabe bien, seca, con aceite
Y granos de tierra.
Un verdadero manjar para un estómago
Que no espera nada de las promesas
Que se difunden en la plaza.
El día vuelve a empezar
Salgo para la avenida
A buscar un tren.
Un abuelo va para el comedor
Con su tapper. La única comida
Que va a recibir en el día; el resto es
Mate y mate, radio y ver lo
Poco de vida que le queda
En este barrio al que está condenado.
El abuelo llega con su tapper,
Los chicos salen del comedor
Con una fruta.
En el camino El Chino me dice
Que están buscando gente
Para la próxima marcha:"Hay 200 mangos",
Es el gancho al que nadie se resiste.
Lo dejo con su promesa
Yo también voy a buscar mis promesas
Mis esperanzas, en esas monedas
Que me da el semáforo.
Un estómago no se llena con promesas
Me digo,
Mientras lo saludo al abuelo Franco
Que vuelve del comedor con su tupper.
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