domingo, 7 de agosto de 2016

El camino de la ética



 A la edad de 19 años el príncipe se acercó  a su padre, el rey, y le habló de esta manera:
_ Padre, debo dejar el reino por un tiempo, le he hecho una promesa al bufón antes de morir. Prometí ir hasta su país  y llevar su traje de arlequín a su familia y brindar un banquete en su honor. Desde que él ha dejado este mundo esta promesa no me deja descansar por las noches.
  Su padre, el rey, comprendió la magnitud de la angustia que aquejaba a su querido hijo. Trato de buscar las palabras adecuadas y expresarlas con amor. Miró a sus ojos y le habló de esta manera:
_Hijo mío, entiendo el conflicto que esta atormentando tu corazón por las noches. Si ese es tu deseo y el propósito de tu misión, no hay fuerza o riquezas que yo pueda interponer delante del camino que tú ya has empezando a recorrer.
  Dicho esto, lo bendijo con un beso en la frente y le deseo lo mejor antes de partir. Por un tiempo el rey se sintió triste, pero sabía que esta misión era necesaria para su hijo.
***
Sinestesia: figura retórica que consiste en atribuir una sensación a un sentido distinto del que le correspondería en realidad. Percepción distorsionada del tiempo y disolución del ego.
Política: Actividad del conjunto de ciudadanos que participa en los asuntos de un  estado, una ciudad, una autonomía, etc, con su voto, sus peticiones, sus protestas o de otra forma.
***
   El día se hizo pesado en el campo. Luego de descolar alrededor de 100 bolsas de cebollas, ahora resta cargarlas en el camión. Así son los días en Hilario Ascasubi, trabajar todo el día por poca plata, volver y calmar los dolores articulares con vino. Volvemos arriba de la cebolla viendo el majestuoso espectáculo de la luna dorada e imponente saliendo, pareciera, desde la misma tierra. Entre risas y humo de marihuana el día se sienta a morir. Tengo 21 años y me siento invencible.
***
   Antes de adentrarse en el bosque, el joven príncipe miró por última vez hacia las diminutas formas que representaban su reino. Respiró profundamente y no reparó en la opresión que su pecho sentía. Ya estaba determinada la decisión de su tarea. Debía cumplir con su promesa.
***
"¿Qué oyes, Walt Whitman?
Oigo el canto del obrero y la canción de la aldeana,
Oigo a lo lejos los gritos de los niños y de los animales en la aurora,
Oigo el tumulto clamoroso de los australianos persiguiendo potros salvajes,
Oigo los bailes y las castañuelas españolas al son del rabel y de la guitarra, bajo la sombra de los castaños,
Oigo los continuos rumores del Támesis."
Canto del poeta, Walt Whitman
***
Arquitectura poética
   El hombre ético lo percibe, lo siente, lo traduce; el bello rumor que se encuentra debajo del asfalto, de las frías líneas rectas, de la absurda simetría ciudadana. Lector ¿has encontrado en la naturaleza un metro de línea recta o una forma perfectamente simétrica? El hombre ético se pregunta esto y trata de descubrir las melódicas metáforas de la ciudad. Observa lector las antiguas molduras de los edificios antiguos y compararlas con las modernas y comprenderás lo que este cronista trata de decirte. En algunas molduras antiguas están esas historias a la espera que el hombre ético las descubra. Las molduras del hotel Muñiz, las barracas laneras del barrio Noroeste, el Puente Negro, la municipalidad, los túneles que conectan al Colegio María Auxiliadora con el Colegio Don Bosco, el cementerio indio de la calle Moreno son algunos ejemplos que este cronista trae para que puedas comprender lo que  es la ansiedad del hombre ético por las melodías arquitectónicas .
***
   La presentación de "La Argentinidad Al Palo" fue una locura. Después del recital en Estudiantes, la siguiente parada fue la cantina del club Napostá. El exceso de alcohol y Artanes era evidente. Pasé de una fiesta privada a la cocina de mi casa mientras mi madre me regañaba  otra vez. En otra secuencia me encuentro discutiendo con el juez del Tribunal de Familia, luego estoy en la sala de desintoxicación del hospital Penna. Dormí una semana de corrido. Ya no hace falta chaleco de fuerza y electroshock, la Carbamazepina hace ese trabajo. Meses de sueños más lúcidos que la misma realidad, deambulando por los pasillos a la espera de la siguiente dosis; aquí conocí los valles de sangre transparente.
***
Malabarismo: ejercicio de equilibrio y habilidad que se hace lanzando al aire y recogiendo diversos objetos o manteniéndolos en equilibrio inestable. Solución inteligente y hábil a cuestiones de gran dificultad y complicación.
Fig. Arte de manejar conceptos para deslumbrar al oyente o al lector para vencer dificultades y problemas.
***
"Una fuerza precisa arrastra a mi lenguaje hacia el mal que puedo hacerme a mí mismo: el régimen motor de mi discurso es el piñón libre: el lenguaje actúa como bola de nieve, sin ningún pensamiento táctico de la realidad. Trato de hacerme daño, me expulso a mí mismo de mi paraíso, afanándome en suscitar en mí las imágenes (de celos, de abandono, de humillación) que pueden herirme; y la herida abierta, la mantengo, la alimento con otras imágenes, hasta que otra herida viene a producir un efecto de diversión"
Fragmentos de un discurso amoroso, Roland Barthes
***
Kafkiano: dicho de una situación, absurda, angustiosa.
***
    En ese pueblo el príncipe fue encarcelado. Nadie creyó en su historia, nadie creyó en su misión ¿Cómo un príncipe puede abandonar su reino para ir hacia el país de los bufones? Alguien que se dice príncipe y lleva consigo un traje de arlequín no puede ser más que un loco. Y esa fue su condena, la de un loco.
***
 El color de la música
   ¡Escuchad, escuchad lector! ¿Qué, qué he de escuchar cronista? El color de la música ¿Dónde hay que escuchar, o ver ese espectáculo cronista? Ahí, en vuestro alrededor se está manifestando. No lo veo, o no lo escucho cronista. Aquieta tu mente y tu corazón lector  y podrás sentirlo. El hombre ético ya lo ha hecho y está fundido con estas voluptuosidades, armando y desarmando a su antojo ¡Sí! Si, lo oigo cronista, que bello espectáculo, que bellas canciones. Lo ves lector, ahí hay canciones, ese edificio es una escala, en el semáforo hay una triada de acordes, algunos son de quintas justas, otros atonales, esa vereda de baldosas negras y blancas forman compases, la otra un pentagrama. Eso es silencio cronista ¿Qué debemos hacer con ello? Traedlo aquí con vosotros, que es tan  importante y bello como todo lo demás para poder disfrutar de todo aquello. ¿Y esas personas cronista? ¿Por qué están así? Dejadles, solo están desafinadas ¡Gracias! ¡Gracias cronista!
***
   Toda la prensa nacional se hizo presente en la inauguración de Villa Bullrich. Ahí estábamos el Chaqueño y yo recibiendo a  los periodistas al costado de la Avenida del Libertador. Dos drogadictos y un rancho hecho de palos y alfombras: qué fácil es llamar la atención en este país. Salgo al aire por la radio y Rolando Hanglin me pregunta si quiero volver a Bahía Blanca. La respuesta es negativa, ya que en la calle tengo todo lo que necesito. Aquí terminaban los excesos de azúcar y las miles de horas de Family Game frente al televisor.
***
   Ética: disciplina filosófica que estudia el bien y el mal y sus relaciones con la moral y el comportamiento humano.
***
   Nam-myoho-renge-kyo
   La flor del loto es pura y fragante, inmaculada a pesar del agua fangosa en la que crece. Del mismo modo, la belleza y dignidad de nuestra humanidad se revelan  en medio de los sufrimientos  de la realidad diaria.
***
   Dos bufones viejos y uno joven lo despidieron. Qué alegría, qué felicidad; había cumplido su misión y mucho más que eso. Tantas cosas que lleva consigo atesoradas en su corazón a su reino, y nadie podrá arrebatárselo. Ahora solamente desea encontrarse con sus  padres para compartir la fortuna de sus viajes.
***
   _ ¿Y porteño? ¿Estás cansado?
   _Si, me duele todo.
   _ Ves, esa energía la tenés que usar para trabajar así no volvés más acá.
   El consejo me lo da un tumbero  que purgaba una condena por matar a dos abuelos durante un secuestro extorsivo. Tuve que combatir en el patio del pabellón el día que me dieron la libertad en el penal de Batán. ADVERTENCIA LECTOR: en el camino de la ética se deberá siempre (sin excepciones) separar el mensaje del mensajero.
***
Pequeñas anécdotas sobre las instituciones
   Quizás el lector este ansioso porque se le acerque una definición sobre ética. Con el cronista pensamos que podríamos dar un millón de definiciones, pero todas serian falsas. En cambio elegimos una forma para explicar qué es para nosotros la ética. Para pensar la ética hay que pensar en un monociclo. Piense usted lector si quisiera aprender a andar en monociclo. Piense si antes de empezar a andar tuviera que leer infinidad de manuales, asistir a congresos y conferencias sobre monociclo, mirar videos sobre cómo andar, estudiar las leyes físicas para aprender sobre equilibrio, estudiar sobre las causas primeras del monociclo y las teleológicas, como así también las fundamentaciones del arte de andar en monociclo. Todo esto sería muy beneficioso para el aprendiz; pero nada de esto, absolutamente nada de esto hará  que, usted lector, pueda andar en monociclo. Usted deberá intentar una y otra vez montar sobre el monociclo hasta poder hacer sus primeros metros, deberá  sentir el sentimiento de frustración y fracaso para luego experimentar la plena satisfacción de ejecutar con alegría la tarea. Para completar hay que traer también el consejo que Carl Jung les da a los futuros psicólogos.  A estos, Jung les aconseja que nada podrán aprender en el gabinete de estudio rodeado de gruesos volúmenes. El sabio consejo es que se despidan del gabinete y salgan al mundo con humano corazón para conocer los horrores de los presidios, los manicomios,  los hospitales, los salones de la alta sociedad, los meetings políticos, etc, para volver con verdadera experiencia, verdaderos conocedores del alma humana para ser buen médico de sus pacientes. Por eso con el cronista creemos que aquel que desee comprender la ética deberá permanecer (sin excepciones) al menos un mes en prisión.
   Deberemos estar muy atentos lector en nuestro camino. El cronista me hiso recordar cuando trabajaba para la ciudad de Buenos Aires haciendo veredas. Esta experiencia fue vital para entender como comienza la corrupción y como uno empieza a ser cómplice. La cuestión radicaba en la proporción de materiales a la hora de hacer el pastón. Catorce baldes de arena, dos de cal y una de cemento era lo que se usaba para pegar las baldosas. A la inspección quedaba firme, pero con el transcurrir de algunas lluvias las baldosas en poco tiempo quedan flojas. Esto demuestra que la obra pública está financiada para que se vuelva a hacer otra vez, para inflar los presupuestos de los contratistas, punteros y funcionarios y generar una cadena de complicidades de la que no se puede escapar. Todos ganan menos el obrero.
   En las rutas de Santa Cruz vimos exactamente lo mismo. Inflar presupuestos, pagar coimas a los inspectores, mover máquinas para justificar el gasto de gasoil,etc. Cuando pregunte por qué no nos pagaban las cuatro horas extras que trabajábamos y de las cuales nos pagaban ocho, me quedé sin trabajo. Estos dos ejemplos muestra la injusticia del Estado. Es sabido que si uno comete un delito todo el aparato del estado caerá sobre éste, pero si una empresa les roba a sus empleados el  Estado no hace absolutamente nada. Por eso Chauchesco decía que no había que trabajar para el Estado, por eso decía que iba a creer en los políticos el día que trabajen ad honorem y renuncien a sus fueros.
   Con el cronista creemos que no hay nada más kafkiano que los pasillos de la avenida Paseo Colón en la madrugada. En las épocas en que el consumo de drogas era habitual, un oficial me detuvo en estos pasillos del Bajo Porteño. Ante el dilema de llevarme detenido me pregunta si lo que hago está bien o mal. Mi respuesta fue “bien”, ya que la compro todos los días, a mi mano llega todos los días, y lo acusé al oficial directamente por permitirlo, por hacer mal su trabajo. Aquí había ganado el juicio kafkiano, si en realidad el estado lo está permitiendo. No hay que dejar pasar, me dice el cronista, cuando me pidieron una coima al salir de la villa 31; el oficial no se sentía conforme con los 30 pesos, ya que él desayunaba en Puerto Madero. Lector, si un adicto puede comprar la voluntad de un funcionario ¿Qué queda para el resto?
  Confucio dice que el estudio es importante, que a los treinta años la voluntad esta firme, y con el cronista asentimos al unísono. La experiencia es vital para el hombre ético. Volvamos al ejemple del monociclo, el estudio es importante, pero al final el cuerpo es el encontrará el equilibrio, y en esto el cuerpo es más sabio que la lógica. Entonces lector, ante un dilema ético deberás escuchar a tu cuerpo: la traspiración en las manos, el nudo en el estómago, la ansiedad y lo que deberás conocer de ti mismo es lo que nos mostrará las puertas de la transgresión, y cruzar las puertas de la transgresión siempre lleva, en mayor o menor medida, a la cárcel, a los hospitales y la muerte, y no en ese orden lector.
  No hay que evitar las tribulaciones lector, a pesar de todo siempre se puede volver al justo medio, sentimos el aliento de Confucio y vuelve el ejemplo del monociclo; y en esto el espíritu es más sabio que el cuerpo.
***
   Ya convertido en rey, no dejo de utilizar lo que su padre le había enseñado, y a eso le sumo lo que aprendió en el país de los bufones. En su grupo de asesores participaban también los bufones de la corte, y hasta él mismo de vez en cuando hacía de bufón para la corte y los invitados. Su reino gozaba de prosperidad y armonía. Por las mañanas salía a caminar y visitar a la gente de su reino, comía y bebía con ellos, los escuchaba y dejaba que estos lo aconsejaran. Y fue un gran soberano para su reino porque primero fue su propio soberano. La historia lo conoció como el reybufón.


Gastón Leandro Ezequiel Vázquez         Bahía Blanca    24 de junio de 2016   

Brasas

    Sobrevivía en el fondo del patio unas pequeñas brasas. Se preguntó a que se debía el fuego, pero respuesta no encontró. Luego de un instante de reflexión decidió abandonar la cuestión de las brasas; pero no pudo: el hilo de humo de las brasas no dejaba de abstraerlo. 

    Quiso avanzar hacia las pequeñas brasas que aún quedaban, pero una fuerza invisible lo detenía. Su cuerpo no quería acatar la decisión de su voluntad. 

    Su mente elaboró una jugarreta. Comenzó a retirarse de las brasas, y cuando empezaba a retirarse se volvió bruscamente. Al darse vuelta se vio a sí mismo , y el otro, o se él, lo miraba de manera rígida. Notó que solo podía mover los ojos, ya que su cuerpo carecía de voluntad motora. Bajó la mirada y observó que sus manos y todo su cuerpo eran brasas, y de éstos salían delgados hilos de humo; humo de brasas en el fondo del patio.

Brasas

    Sobrevivía en el fondo del patio unas pequeñas brasas. Se preguntó a que se debía el fuego, pero respuesta no encontró. Luego de un instante de reflexión decidió abandonar la cuestión de las brasas; pero no pudo: el hilo de humo de las brasas no dejaba de abstraerlo. 
    Quiso avanzar hacia las pequeñas brasas que aún quedaban, pero una fuerza invisible lo detenía. Su cuerpo no quería acatar la decisión de su voluntad. 
    Su mente elaboró una jugarreta. Comenzó a retirarse de las brasas, y cuando empezaba a retirarse se volvió bruscamente. Al darse vuelta se vio a sí mismo , y el otro, o se él, lo miraba de manera rígida. Notó que solo podía mover los ojos, ya que su cuerpo carecía de voluntad motora. Bajó la mirada y observó que sus manos y todo su cuerpo eran brasas, y de éstos salían delgados hilos de humo; humo de brasas en el fondo del patio.

Selfie

   El flash de la cámara lo cegó por un instante. Al volver a verse en el espejo sintió a su corazón detenerse. La hoja de la cuchilla entró en su garganta y la sangre brotó con violencia salpicando el espejo, su imagen y la de su verdugo. Se vio a sí mismo por un rato con el puñal en su garganta,con las contracciones de la muerte en su cara hasta que su vida se desvaneció, se desvaneció con el celular en su mano.

Selfie

   El flash de la cámara lo cegó por un instante. Al volver a verse en el espejo sintió a su corazón detenerse. La hoja de la cuchilla entró en su garganta y la sangre brotó con violencia salpicando el espejo, su imagen y la de su verdugo. Se vio a sí mismo por un rato con el puñal en su garganta,con las contracciones de la muerte en su cara hasta que su vida se desvaneció, se desvaneció con el celular en su mano.

Samsara


   El pequeño punto rojo indicaba donde impactaría la bala: justo en el centro de su frente se abriría el canal por donde su espíritu abandonaría su cuerpo. El final de Werther hizo que las lágrimas brotaran de sus ojos y humedezcan el último párrafo de la novela. El nudo en la garganta le devolvía la humanidad a su cuerpo.

   En ese estado se encontraba cuando sintió el crujir del vidrio y no alcanzó a ver que era lo que ocurría. Lo último que sintió fue una picazón en la frente y un calor profundo en la parte trasera de su cabeza.
La bala entró de manera seca y limpia, pero al salir destrozó la parte posterior de su cabeza. Quedó rígido y recostado sobre su silla con la novela en sus mano. Parecía un muñeco de cera representando un grotesco espectáculo, no tan distinto al final de Werther.
   Él nunca se enteró que había muerto. Quedó atrapado en la eternidad de ese instante mientras la rueda de la vida giraba infinitamente.


   "MISTERIOSO CRIMEN EN COUNTRY", se leía en el copete de la noticia. Al finalizar la lectura de la noticia, se recostó en su silla invadido por una angustia que lo atormentó por un instante. El deja vú le otorgó mas misterio a la sensación desconocida para él. Fijó su atención sobre el volumen de Werther, y su angustia se disipó al saber que ya se encontraba cerca del final de la novela. Mientras tomaba la novela en sus manos un pequeño punto rojo se ubicaba en su frente...

Samsara

   El pequeño punto rojo indicaba donde impactaría la bala: justo en el centro de su frente se abriría el canal por donde su espíritu abandonaría su cuerpo. El final de Werther hizo que las lágrimas brotaran de sus ojos y humedezcan el último párrafo de la novela. El nudo en la garganta le devolvía la humanidad a su cuerpo.
   En ese estado se encontraba cuando sintió el crujir del vidrio y no alcanzó a ver que era lo que ocurría. Lo último que sintió fue una picazón en la frente y un calor profundo en la parte trasera de su cabeza.
La bala entró de manera seca y limpia, pero al salir destrozó la parte posterior de su cabeza. Quedó rígido y recostado sobre su silla con la novela en sus mano. Parecía un muñeco de cera representando un grotesco espectáculo, no tan distinto al final de Werther.
   Él nunca se enteró que había muerto. Quedó atrapado en la eternidad de ese instante mientras la rueda de la vida giraba infinitamente.
   "MISTERIOSO CRIMEN EN COUNTRY", se leía en el copete de la noticia. Al finalizar la lectura de la noticia, se recostó en su silla invadido por una angustia que lo atormentó por un instante. El deja vú le otorgó mas misterio a la sensación desconocida para él. Fijó su atención sobre el volumen de Werther, y su angustia se disipó al saber que ya se encontraba cerca del final de la novela. Mientras tomaba la novela en sus manos un pequeño punto rojo se ubicaba en su frente...

domingo, 24 de julio de 2016

Soñar

Instantáneamente se durmió.
Se durmió profundamente. En el sueño se dijo a sí mismo: " gracias a Dios, solamente estaba despierto".

Soñar

Instantáneamente se durmió.
Se durmió profundamente. En el sueño se dijo a sí mismo: " gracias a Dios, solamente estaba despierto".

miércoles, 20 de julio de 2016

LUNES


Atardecer, y ojos de lluvia se asoman;
delicados ojos de lluvia miran desde el cielo,
Cada una busca el lugar donde impactar.
Y llegó el momento:
Desde las nubes se arrojan...
¡Qué belleza caer de esta manera!



El mes es julio, el día es el número 11, quizás sea un lunes lluvioso.


LUNES

Atardecer, y ojos de lluvia se asoman;
delicados ojos de lluvia miran desde el cielo,
Cada una busca el lugar donde impactar.
Y llegó el momento:
Desde las nubes se arrojan...
¡Qué belleza caer de esta manera!
El mes es julio, el día es el número 11, quizás sea un lunes lluvioso.

INVIERNO





Opacos rayos de luz atraviesan la ventana.
El frío del invierno suena desgastado en la piel, sin embargo una llama tenue sobrevive en mi espíritu.
Respirar el frío, abrazarlo en mis pulmones, desearlo, contenerlo, 
¿Sino para qué esperar al invierno?, un invierno que se va desgastando cada año; y cada año pareciera ser más viejo que el anterior,
¿Cuantos inviernos ya han pasado?,
Y no será el último.
Quizás el invierno ya ha muerto, y ese es el frío que se respira:
El frío de su muerte
El frío de su ausencia
Una ausencia que clama por el cadáver del invierno.

INVIERNO


Opacos rayos de luz atraviesan la ventana.
El frío del invierno suena desgastado en la piel, sin embargo una llama tenue sobrevive en mi espíritu.
Respirar el frío, abrazarlo en mis pulmones, desearlo, contenerlo, 
¿Sino para qué esperar al invierno?, un invierno que se va desgastando cada año; y cada año pareciera ser más viejo que el anterior,
¿Cuantos inviernos ya han pasado?,
Y no será el último.
Quizás el invierno ya ha muerto, y ese es el frío que se respira:
El frío de su muerte
El frío de su ausencia
Una ausencia que clama por el cadáver del invierno.

lunes, 27 de junio de 2016

Besos sangrientos


Me siento halagado y confundido a la vez


Reservo mi puñal al ver su mirada,


Ella me mira y confiesa su amor.





Entonces comprendo que no lo puedo hacer: yo


También estoy enamorado.


Nos besamos y dejo caer el puñal en el piso


Ahora somos dos e iremos contra él,


El que me contrato para matarla.





Frente a su cama nos presentamos, como


Una pesadilla lúcida,


Él descubre mi traición, nuestra traición; ya que


Estamos los dos confrontándolo, tomados


De la mano, y cada


Uno lleva un puñal bendecido en la otra.





Él se incorpora bruscamente por efecto


De nuestra conspiración;


Mi estocada en el hígado es solamente para dejarlo


Sin defensa;


Las restantes (fueron más de 200) las ejecutó


Ella: una por cada dolor que recordó en ese
momento,


Y no fueron suficientes.


(Yo), solamente observo el festín sangriento de
pasión...


Desencadenado por el amor gangrenado,


Por el amor descuidado,


Por el amor,


Por la ausencia de amor.








(Ella), retuvo su mirada


Mientras introducía la hoja 

Una y otra vez en su


Cuerpo, hasta que él ya


No pudo ver, ni respirar, ni sentir más dolor.





Recién ahí comprendimos que éramos libres.





Con paños de seda juntamos


Su sangre del piso, y el resto


De su sangre la drenamos de


Su cuerpo sin pasión.





En la bañera nos purificamos con su sangre


Sangre sin vida,


Nos besamos e hicimos el amor.


Sobre la cama dejamos


Las pruebas y firmamos una confesión.




No existe justicia en este mundo para juzgarnos;


No,


No existe...










Café Florida   
16/06/2016    16:03    Bahía Blanca























Besos sangrientos

Me siento halagado y confundido a la vez
Reservo mi puñal al ver su mirada,
Ella me mira y confiesa su amor.

Entonces comprendo que no lo puedo hacer: yo
También estoy enamorado.
Nos besamos y dejo caer el puñal en el piso
Ahora somos dos e iremos contra él,
El que me contrato para matarla.

Frente a su cama nos presentamos, como
Una pesadilla lúcida,
Él descubre mi traición, nuestra traición; ya que
Estamos los dos confrontándolo, tomados
De la mano, y cada
Uno lleva un puñal bendecido en la otra.

Él se incorpora bruscamente por efecto
De nuestra conspiración;
Mi estocada en el hígado es solamente para dejarlo
Sin defensa;
Las restantes (fueron más de 200) las ejecutó
Ella: una por cada dolor que recordó en ese momento,
Y no fueron suficientes.
(Yo), solamente observo el festín sangriento de pasión...
Desencadenado por el amor gangrenado,
Por el amor descuidado,
Por el amor,
Por la ausencia de amor.


(Ella), retuvo su mirada
Mientras introducía la hoja 
Una y otra vez en su
Cuerpo, hasta que él ya
No pudo ver, ni respirar, ni sentir más dolor.

Recién ahí comprendimos que éramos libres.

Con paños de seda juntamos
Su sangre del piso, y el resto
De su sangre la drenamos de
Su cuerpo sin pasión.

En la bañera nos purificamos con su sangre
Sangre sin vida,
Nos besamos e hicimos el amor.
Sobre la cama dejamos
Las pruebas y firmamos una confesión.

No existe justicia en este mundo para juzgarnos;
No,
No existe...



Café Florida    16/06/2016    16:03    Bahía Blanca







Pequeño cuento de amor


Mesa de libros en oferta,
Ella revisa la sección novelas;
Yo filosofía e historia.
Sin intención veo la portada que ella tiene en su mano.
Sin intención denuncio la portada del libro que tengo en mi mano; y ella también me está mirando.
Caminando entre nubes nos acercamos mutuamente,
Cada uno con su libro en su mano.
Dos segundos de silencio y observación y al unísono decimos:"si".
¿Por qué dijimos "si"?
Porque nuestros ojos se preguntaron:"¿Querés casarte conmigo?."








Q bar Bahía blanca puede ser (quizás) 2016


Pequeño cuento de amor

Mesa de libros en oferta,
Ella revisa la sección novelas;
Yo filosofía e historia.
Sin intención veo la portada que ella tiene en su mano.
Sin intención denuncio la portada del libro que tengo en mi mano; y ella también me está mirando.
Caminando entre nubes nos acercamos mutuamente,
Cada uno con su libro en su mano.
Dos segundos de silencio y observación y al unísono decimos:"si".
¿Por qué dijimos "si"?
Porque nuestros ojos se preguntaron:"¿Querés casarte conmigo?."



Q bar Bahía blanca puede ser (quizás) 2016

Mudanza


Despierto con una certeza: una dirección.


Llamo a un flete y preparo la mudanza.

Ha llegado el flete.
Cargamos las cosas.
Indico la dirección.
Llego y toco timbre.
Ella me atiende:
_Hola.
_Hola, anoche soñé con vos.
_Si, yo también. Estaba haciendo lugar para tus cosas. Pasa y ayudame ¿cómo te llamás?
_ Gastón ¿vos?
_......



Q Bar El diario dice Bahía Blanca, también dice 2016


Mudanza

Despierto con una certeza: una dirección.
Llamo a un flete y preparo la mudanza.
Ha llegado el flete.
Cargamos las cosas.
Indico la dirección.
Llego y toco timbre.
Ella me atiende:
_Hola.
_Hola, anoche soñé con vos.
_Si, yo también. Estaba haciendo lugar para tus cosas. Pasa y ayudame ¿cómo te llamás?
_ Gastón ¿vos?
_......
Q Bar El diario dice Bahía Blanca, también dice 2016

VIVIR JUNTOS





Hace 10 años que vivimos juntos
Hace 10 años que despertamos juntos
Todos los días desayunamos juntos
Nunca nos preguntamos los nombres, ni de donde veníamos, ni a donde vamos después de desayunar.
De noche la rutina es la misma;
Si nuestras miradas y sonrisas se cruzan, es para acordar una noche de amor intimo.
Sé que es amor
¿Por qué?
Porque en el tranvía la extraño
En el trabajo la extraño
Al volver del trabajo la extraño

Somos la pareja más feliz del mundo.





El diario no especifica ni fecha ni lugar.

VIVIR JUNTOS

Hace 10 años que vivimos juntos
Hace 10 años que despertamos juntos
Todos los días desayunamos juntos
Nunca nos preguntamos los nombres, ni de donde veníamos, ni a donde vamos después de desayunar.
De noche la rutina es la misma;
Si nuestras miradas y sonrisas se cruzan, es para acordar una noche de amor intimo.
Sé que es amor
¿Por qué?
Porque en el tranvía la extraño
En el trabajo la extraño
Al volver del trabajo la extraño

Somos la pareja más feliz del mundo.

El diario no especifica ni fecha ni lugar.

domingo, 12 de junio de 2016





Karma


                                                                                                             


                                                                                    ¿Can
you show me where it hurts?


                                                                               Comfortably numb, Pink Floyd











    La tarde es gris, de un gris añejado por la
melancolía y potenciado por la desesperación. En el vidrio de la ventana la
lluvia se arrastra con un poco más de ánimo que mi estado de ánimo. Hoy están
dadas todas las condiciones. Quisiera poder llorar para desahogarme un poco,
pero si pudiera lograr llorar llenaría todos los cuencos vacíos del planeta. Y
es esta incapacidad, la de no poder llorar y expresar mis sentimientos, la que
ha atormentado mi espíritu y obsesionado mi mente con un único pensamiento, un
pensamiento lícito e irreversible. Hace un poco más de una hora que estoy en la
silla mecedora balanceándome y repitiendo una y otra vez el contenido de mi
decisión, una decisión irrevocable: suicidio. Hoy es el día perfecto para morir
desangrado.


   
Ya es la vez veintena que suena “Only Happy When It Rains” de Garbage en
la ventana de Youtube. Desde 1996 me pregunto qué es lo que la hace feliz a
Shirley Manson en los días de lluvia, seguramente es una ironía, como mi propia
existencia en este momento. Una existencia que se arrastra lánguida y dolorosa,
como las gotas de lluvia, que al impactar sobre el vidrio se deslizan a
una  muerte perfecta sobre la superficie
del alfeizar. Pero la respuesta a esa pregunta ya no importa, si importa la
canción, la canción con la que me voy a despedir de este mundo. Ya está
decidido: al acabar la canción al fin podré llorar, llorar sangre, y será la
primera y última vez que lo haga.


  
Miro por última vez  hacia la
ventana y trato de retener todos los detalles posibles antes de partir. Ya
tengo el elemento para realizar el corte, está sobre la mesa, al lado de mi
notebook. Cierro los ojos y respiro profundo. Trato de escuchar mi corazón,
trato, trato de escucharlo y poder encontrar alguna razón valida para declinar
mi decisión. Al finalizar la canción mi mano se dirige hacia el elemento
punzo-cortante, pero antes de llegar a éste veo una notificación en Facebook y
una intriga sospechosa me detiene. La aplicación "Un Día Como Hoy" me
recuerda todo lo que hice en años anteriores. Dejo suspendida mi decisión por
un momento hasta ver los recuerdos que me preparó Facebook. Videos, estados,
acontecimientos y fotos que he compartido en años anteriores y hoy vuelven a mí
como si algo de eso pudiera convencerme para que no introduzca la delgada hoja
afilada en mi antebrazo. Al ir recorriendo la pantalla me detengo en una foto:
la foto en la que estoy con mi abuela, mi abuelo y mi madre. Yo contaría con
unos dos años en esa foto. Mi abuela me tiene en sus brazos y detrás se
encuentra mi abuelo. Por un momento pienso en mi infancia, lo feliz que fui y
los momentos que viví, en especial con mi abuela. Por un momento estos
recuerdos pueblan mi confuso ser. Pienso en mi abuelo y trato de buscar los
recuerdos que tengo de él para poder traerlo conmigo por un instante en este
momento difícil. Me doy cuenta que tengo un solo recuerdo vivo de él, y es el
de estar en la azotea de nuestra casa en San Francisco Solano donde él está
preparando un pastón de albañilería.


   
Mi abuelo se llamaba Francisco Franco, como el dictador español. Las
crónicas de mi madre y mis tíos me hicieron llegar una descripción, que como
toda descripción no llega a representar en su totalidad al hombre que fue, y es
esta descripción lo único que conservo de él, sumada a la imagen en la azotea
con el pastón de albañilería; imagen que tengo grabada a fuego en mi memoria
como un tatuaje que me recuerda ciertos arquetipos de mi identidad. Francisco
Franco era maestro mayor de obras (como yo), era adicto al alcohol (como yo),
filósofo etílico (como yo, a su último hijo intentó llamarlo Sócrates, el
nombre de un gran filósofo le decía a mi abuela), y tantas cosas que no llego a
traducir pero siento, siento una gran herencia al observar su mirada en la
foto.


  
Cierro la ventana de Youtube, estoy harto de escuchar Garbage, estoy
harto de no poder cumplir con mi decisión (no es la primera vez que lo
intento), estoy harto de vivir, estoy harto de estar harto. Vuelvo a recostarme
sobre la silla mecedora con los ojos cerrados: estoy exhausto. Por un momento,
casi eterno, percibo que mi mente ha quedado en silencio, un silencio extraño,
ya que hace años que no puedo lograr callar las voces obsesivas de mi cabeza,
mucho menos la voz del mundo, y éste también se ha callado. Si, silencio,
silencio perfecto. La armonía del mundo es perfecta. La siento, no la puedo
describir pero la siento. De repente vuelve la voz del mundo, lenta y
gradualmente; los sonidos del exterior empiezan a llegar como las olas del mar
en un día calmo. La garúa fina, los latidos de mi corazón, el tic tac del
reloj, el sonido de la leña quemándose en la salamandra arrojando chasquidos
hipnóticos, le devuelven la belleza al mundo. Estos susurros los percibo de
manera acompasada, engranajes sonoros, como si cada uno supiera cuanto debe
durar  para darle paso al siguiente.


   
Catatónico me encuentro abstraído dentro de este vals de sensaciones
internas. Es cuando vuelve a mí la imagen de mi abuelo, como si fuera una
diapositiva, vuelvo a estar ahí, con él, puedo recordar todo, como era el día,
la temperatura, la golosina que le compré en el kiosco, el tono de su voz,
recuerdo absolutamente todo. De repente la imagen se empieza concentrar en su
mirada y como si me introdujera en un túnel tengo acceso a su vida, sus
pensamientos, sus emociones, todos sus recuerdos. Puedo ver su vida en el
Paraguay, siempre bebiendo, siempre trabajando en albañilería, siempre fuera de
su casa. Siento el vértigo de la revelación al ver su amistad con un alemán que
ha escapado de la guerra. Es este alemán el que le transmite sus conocimientos
de filosofía. Textos de Platón, Hegel, Heidegger y Nietzsche puedo captar
rápidamente en la biblioteca del alemán. También soy testigo de las noches de
borracheras mezclada con filosofía, peleas, prostíbulos, cantinas. Lo veo, a mi
abuelo, balancearse de un lado para el otro con una botella en la mano
diciendo:" yo soy Francisco Franco, maestro mayor de obra". Pero lo
mas importante es que puedo sentir su dolor, mi dolor, nuestro dolor, nuestra
angustia existencial que nada del mundo puede ni pudo curar; ni siquiera
océanos enteros de alcohol.


   
Ahora la imagen testigo me lleva hasta su padre, mi bisabuelo, Eduardo
Franco. Un español ilustrado, anarquista, pasional como pocos. Ha llegado en
barco desde el viejo continente escapando por razones políticas. Llega al
Brasil por el puerto de Rio Grande do sul. Puedo ver la travesía en carretas
por territorio brasilero hasta llegar al Paraguay. En una estadía cerca de las
tolderías guaraní, Eduardo Franco se enamora de una aborigen. Nunca más volverá
a España. El nombre de esta aborigen no se me revela, si se revela su vida en
las tolderías junto a mi bisabuelo, si se revela todo el linaje de la sangre
guaraní, pero de manera emotiva, no recibo imágenes, solo el calor  y el dolor de la raza guaraní; toda la
sabiduría que ellos toman de la tierra y que nosotros hemos olvidado. Siento la
mixtura de la sangre bramar, siento a la sangre gritar, siento esa energía
incontenible que no he podido controlar en mi vida y ahora me confronta para
que de una vez por todas pueda cumplir con su propósito.


  
Como si fuera una galeria de acontecimientos, la imagen me lleva al otro
lado del océano, precisamente a una campiña entre la frontera española y
francesa. Veo, y siento, una vida rural y tranquila en Andorra. El idioma
vasco, con algo de catalán, francés y portugués me resultan familiares como mi
infancia. Al dirigir mi mirada hacia Lisboa reconozco una vida en el mar al
servicio de la corona portuguesa, pero de manera poco legible, al igual que los
años trabajando como artesano en la construcción de una capilla en las afueras
de Oporto. De un salto brusco paso a lo que rápidamente percibo como una
batalla. En efecto es una batalla: es la toma del castillo de Alcocer por el
Cid Ruy Díaz, el Cid Campeador. Lo puedo ver magnánimo blandiendo su espada y
derribando moros en cada estocada. Pero los acontecimientos no me ponen del
lado español sino del lado de los moros. Comprendo que mi linaje viene del otro
lado del mar Mediterráneo. Ahora, la intuición me dicta que estoy en Córdoba,
observando el río Guadalquivir y añorando el oriente desde una habitación
plagada de libros y manuscritos en árabe sobre traducciones de Aristóteles.
Siento que el propósito en estos días es comprender el significado de las
palabras tragedia y comedia. Transpolar estos términos al ámbito
del islam es lo que consume mis días en esta vida. Me observo en un espejo de
metal. Veo mi cara con turbante y una fulminación sin combustión me desaparece,
también desaparece la habitación y los manuscritos y el Guadalquivir.


   
Una visión aérea, como el vuelo de un pájaro, me lleva sobre la costa
ibérica desde Málaga, pasando por Marbella, Gibraltar y Tánger, y a cada lugar
un recuerdo le pertenece. En Orán combatí a dos leones hasta darles muerte, en
Argelia fui escriba, en Túnez alquimista, en Alejandría vi arder la biblioteca,
carpintero en tierra santa; los bajeles de Darío me llevan hasta la costa de
Maratón para que una flecha, con más razón que pasión, me lacere. Infinitas
caravanas me llevan por los océanos de fuego de Siria, Iraq e Irán. Cuevas
desconocidas me albergan en las montañas de Afganistán. El valle del Indo me
prepara para la purificación espiritual. Preparado, ahora, de frente al Ganges,
me encuentro meditando. Mirando (sin usar lo ojos), sintiendo (sin usar los
sentidos),  el bello espectáculo que se
encuentra del otro lado del velo. Y en todas las personas donde poso mi mirada
puedo ver la infinita serie de acontecimientos; las veces que nacieron y
murieron, todo lo que fueron y serán, al igual que yo, que soy todos y todos
soy yo. Veo mi vida atravesada como si fuera una malla, donde todo confluye y
donde todo es posible, y como ráfagas de imágenes recuerdo todos los lugares
donde nací, todos lo cementerios que habité; todos lo idiomas que hablé, todas
las vidas en donde callé; todas las prisiones donde estuve, todas las veces que
juzgué; todos los hijos que fui, todos los padres que me toco ser; las naciones
que defendí y los oficios que ejercí; todos los animales y espíritus también.
Comprendo que he sido todas las cosas: la pluma del escritor y el látigo del
verdugo; los clavos del redentor y la chispa del primer fuego; los escudos y
lanzas y la flecha de Paris, al igual que el talón de Aquiles; las naves de
Erik el Rojo, como así también las fenicias. No hubo lugar donde no haya estado:
desde la estepa rusa hasta la Patagónica, desde el Kilimanjaro hasta el Gran
Cañón del Colorado, desde las Islas Galápagos hasta la Gran Muralla China.


   
Sin abrir los ojos el mundo se aleja de mí,  y observo como todo este cumulo cabe dentro
de una partícula, una partícula misteriosa y silenciosa, que atraviesa la
infinitud del infinito espacio hasta llegar a valles de sangre transparente
donde elefantes sin forma se purifican en sigilosas lluvias de cerámica; estos
me miran y desaparecen dejando estelas multicolores que queman los mil y un
nombres que tuve. Del otro lado de un portal secreto convergen tornados de
almas con millones de rostros sin cara, y en cada cara hay un millón de
rostros. Las historias de nubes antiguas se proyectan sobre campos de algodón
muerto, en una sucesión ininteligible, sin comienzo ni fin, y sin historias;
tampoco nubes. Cayendo sobre una escalera sin peldaños, el anfiteatro se
materializa solamente para mostrarme que todas estas voluptuosidades son
arrastradas por el pincel de un demiurgo ebrio de locura; que al salpicar el
paño lo derrite y las gotas del paño derretido forman infinitos universos. Es
entonces cuando la partícula se lleva consigo misma a toda esta madeja de
abstracciones; es entonces cuando soy consciente de la soledad de esta
partícula que viaja por toda la vastedad universal conocida, y mucho más por la
no conocida. Soy consciente que la soledad y la melancolía de esta partícula que no
se asemeja en nada, en comparación a mi melancolía. Soy consciente, al igual que
la partícula, que tengo un propósito. Lo comprendo porque siento la serenidad
de esta partícula misteriosa, silenciosa e infinita que viaja solamente para
cumplir con su destino; y siento que yo también tengo que cumplir con un
propósito, un destino.


    La
partícula, ahora, se ha detenido. Es que ya no hay espacio que recorrer ni
tiempo que fatigar. Solo le queda un trabajo que realizar: alumbrar una escena,
una última escena. En la escena hay un niño con una rosa en su mano, en uno de
los pétalos de la rosa hay una gota de rocío. Comprendo, sin asombro, que el
niño soy yo, también soy la rosa con su pétalo; y también soy la gota de rocío.


    
Con violencia delicada me despierta el ringtone de "Papa Don´t Take
No Mess", de James Brown. Tardo un par de segundos en rehabilitarme, y
cuando dispongo de fuerzas y voluntad para comprender otra vez donde estoy,
atiendo. En la pantalla del teléfono se lee Guillermina Franco, mi madre. El contenido de la
conversación es siempre la misma, no es lo mismo mi estado anímico. Una
eclosión de sentimientos benévolos fluyen dentro de mí; mi madre también lo
percibe. Me pregunta si estoy bien, y contesto afirmativamente de manera
sincera, no solo para cumplir con una formalidad cordial, no sin sentir el
verdadero sentido de la palabra "bien" y no sin sentirme
realmente  "bien". Mientras
conversamos noto como el cielo se empieza a despejar y los rayos solares
empiezan a bañar la habitación lentamente. Noto como mi corazón se inflama de
inocente alegría. Noto en el espejo que se encuentra del otro lado de la
habitación que estoy sonriendo mientras hablo con mi madre.Esto si que es una
novedad. Le digo que la quiero mucho y que al anochecer iré a comer con ella.
Nos despedimos. Siento que algo ha cambiado, que soy otro. Vuelvo a recostarme
plácidamente sobre la mecedora analizando sin mucho rigor los pocos
pensamientos que percibo. Me quedo en silencio un par de minutos. Al querer
levantarme me doy cuenta que no dispongo de fuerzas y un pánico aterrador me
consume instantáneamente, no solamente eso, sino que otra vez se ha callado el
mundo, y eso multiplica el pánico. Por un segundo, quizás dos, la pesadilla
parece real. Pero al silencio mudo sobrevive el tic tac del reloj, y entre cada
compás una bella melodía angelical se empieza a filtrar, y la bella melodía me
envuelve con un manto que puedo ver al verme en el espejo; el manto me eleva
hacia la esquina superior de la habitación donde me espera una voz, y la voz me
dicta: "10, 9, 8, lentamente empezás a despertar. 7, 6, 5, cada vez estás
más despierto. Empezá a respirar profundamente. 4, 3, 2, regresando cada vez
más, cada vez más despierto, mové un poco los dedos de tus manos. 1, abrí tus
ojos”.








" A salvo en la luz que me
rodea


Libre del miedo y del dolor


Mi mente subconsciente


Comienza a girar a través del tiempo


Para volver a unir el pasado una vez
mas"





Regression,
Metropolis part 2: Scenes From a Memory        
Dream Theater










Gastón Leandro Ezequiel Vázquez        Jueves 9 de Junio de 2016       21:27


Karma
                                                                                                             
                                                                                    ¿Can you show me where it hurts?
                                                                               Comfortably numb, Pink Floyd



    La tarde es gris, de un gris añejado por la melancolía y potenciado por la desesperación. En el vidrio de la ventana la lluvia se arrastra con un poco más de ánimo que mi estado de ánimo. Hoy están dadas todas las condiciones. Quisiera poder llorar para desahogarme un poco, pero si pudiera lograr llorar llenaría todos los cuencos vacíos del planeta. Y es esta incapacidad, la de no poder llorar y expresar mis sentimientos, la que ha atormentado mi espíritu y obsesionado mi mente con un único pensamiento, un pensamiento lícito e irreversible. Hace un poco más de una hora que estoy en la silla mecedora balanceándome y repitiendo una y otra vez el contenido de mi decisión, una decisión irrevocable: suicidio. Hoy es el día perfecto para morir desangrado.
    Ya es la vez veintena que suena “Only Happy When It Rains” de Garbage en la ventana de Youtube. Desde 1996 me pregunto qué es lo que la hace feliz a Shirley Manson en los días de lluvia, seguramente es una ironía, como mi propia existencia en este momento. Una existencia que se arrastra lánguida y dolorosa, como las gotas de lluvia, que al impactar sobre el vidrio se deslizan a una  muerte perfecta sobre la superficie del alfeizar. Pero la respuesta a esa pregunta ya no importa, si importa la canción, la canción con la que me voy a despedir de este mundo. Ya está decidido: al acabar la canción al fin podré llorar, llorar sangre, y será la primera y última vez que lo haga.
   Miro por última vez  hacia la ventana y trato de retener todos los detalles posibles antes de partir. Ya tengo el elemento para realizar el corte, está sobre la mesa, al lado de mi notebook. Cierro los ojos y respiro profundo. Trato de escuchar mi corazón, trato, trato de escucharlo y poder encontrar alguna razón valida para declinar mi decisión. Al finalizar la canción mi mano se dirige hacia el elemento punzo-cortante, pero antes de llegar a éste veo una notificación en Facebook y una intriga sospechosa me detiene. La aplicación "Un Día Como Hoy" me recuerda todo lo que hice en años anteriores. Dejo suspendida mi decisión por un momento hasta ver los recuerdos que me preparó Facebook. Videos, estados, acontecimientos y fotos que he compartido en años anteriores y hoy vuelven a mí como si algo de eso pudiera convencerme para que no introduzca la delgada hoja afilada en mi antebrazo. Al ir recorriendo la pantalla me detengo en una foto: la foto en la que estoy con mi abuela, mi abuelo y mi madre. Yo contaría con unos dos años en esa foto. Mi abuela me tiene en sus brazos y detrás se encuentra mi abuelo. Por un momento pienso en mi infancia, lo feliz que fui y los momentos que viví, en especial con mi abuela. Por un momento estos recuerdos pueblan mi confuso ser. Pienso en mi abuelo y trato de buscar los recuerdos que tengo de él para poder traerlo conmigo por un instante en este momento difícil. Me doy cuenta que tengo un solo recuerdo vivo de él, y es el de estar en la azotea de nuestra casa en San Francisco Solano donde él está preparando un pastón de albañilería.
    Mi abuelo se llamaba Francisco Franco, como el dictador español. Las crónicas de mi madre y mis tíos me hicieron llegar una descripción, que como toda descripción no llega a representar en su totalidad al hombre que fue, y es esta descripción lo único que conservo de él, sumada a la imagen en la azotea con el pastón de albañilería; imagen que tengo grabada a fuego en mi memoria como un tatuaje que me recuerda ciertos arquetipos de mi identidad. Francisco Franco era maestro mayor de obras (como yo), era adicto al alcohol (como yo), filósofo etílico (como yo, a su último hijo intentó llamarlo Sócrates, el nombre de un gran filósofo le decía a mi abuela), y tantas cosas que no llego a traducir pero siento, siento una gran herencia al observar su mirada en la foto.
   Cierro la ventana de Youtube, estoy harto de escuchar Garbage, estoy harto de no poder cumplir con mi decisión (no es la primera vez que lo intento), estoy harto de vivir, estoy harto de estar harto. Vuelvo a recostarme sobre la silla mecedora con los ojos cerrados: estoy exhausto. Por un momento, casi eterno, percibo que mi mente ha quedado en silencio, un silencio extraño, ya que hace años que no puedo lograr callar las voces obsesivas de mi cabeza, mucho menos la voz del mundo, y éste también se ha callado. Si, silencio, silencio perfecto. La armonía del mundo es perfecta. La siento, no la puedo describir pero la siento. De repente vuelve la voz del mundo, lenta y gradualmente; los sonidos del exterior empiezan a llegar como las olas del mar en un día calmo. La garúa fina, los latidos de mi corazón, el tic tac del reloj, el sonido de la leña quemándose en la salamandra arrojando chasquidos hipnóticos, le devuelven la belleza al mundo. Estos susurros los percibo de manera acompasada, engranajes sonoros, como si cada uno supiera cuanto debe durar  para darle paso al siguiente.
    Catatónico me encuentro abstraído dentro de este vals de sensaciones internas. Es cuando vuelve a mí la imagen de mi abuelo, como si fuera una diapositiva, vuelvo a estar ahí, con él, puedo recordar todo, como era el día, la temperatura, la golosina que le compré en el kiosco, el tono de su voz, recuerdo absolutamente todo. De repente la imagen se empieza concentrar en su mirada y como si me introdujera en un túnel tengo acceso a su vida, sus pensamientos, sus emociones, todos sus recuerdos. Puedo ver su vida en el Paraguay, siempre bebiendo, siempre trabajando en albañilería, siempre fuera de su casa. Siento el vértigo de la revelación al ver su amistad con un alemán que ha escapado de la guerra. Es este alemán el que le transmite sus conocimientos de filosofía. Textos de Platón, Hegel, Heidegger y Nietzsche puedo captar rápidamente en la biblioteca del alemán. También soy testigo de las noches de borracheras mezclada con filosofía, peleas, prostíbulos, cantinas. Lo veo, a mi abuelo, balancearse de un lado para el otro con una botella en la mano diciendo:" yo soy Francisco Franco, maestro mayor de obra". Pero lo mas importante es que puedo sentir su dolor, mi dolor, nuestro dolor, nuestra angustia existencial que nada del mundo puede ni pudo curar; ni siquiera océanos enteros de alcohol.
    Ahora la imagen testigo me lleva hasta su padre, mi bisabuelo, Eduardo Franco. Un español ilustrado, anarquista, pasional como pocos. Ha llegado en barco desde el viejo continente escapando por razones políticas. Llega al Brasil por el puerto de Rio Grande do sul. Puedo ver la travesía en carretas por territorio brasilero hasta llegar al Paraguay. En una estadía cerca de las tolderías guaraní, Eduardo Franco se enamora de una aborigen. Nunca más volverá a España. El nombre de esta aborigen no se me revela, si se revela su vida en las tolderías junto a mi bisabuelo, si se revela todo el linaje de la sangre guaraní, pero de manera emotiva, no recibo imágenes, solo el calor  y el dolor de la raza guaraní; toda la sabiduría que ellos toman de la tierra y que nosotros hemos olvidado. Siento la mixtura de la sangre bramar, siento a la sangre gritar, siento esa energía incontenible que no he podido controlar en mi vida y ahora me confronta para que de una vez por todas pueda cumplir con su propósito.
   Como si fuera una galeria de acontecimientos, la imagen me lleva al otro lado del océano, precisamente a una campiña entre la frontera española y francesa. Veo, y siento, una vida rural y tranquila en Andorra. El idioma vasco, con algo de catalán, francés y portugués me resultan familiares como mi infancia. Al dirigir mi mirada hacia Lisboa reconozco una vida en el mar al servicio de la corona portuguesa, pero de manera poco legible, al igual que los años trabajando como artesano en la construcción de una capilla en las afueras de Oporto. De un salto brusco paso a lo que rápidamente percibo como una batalla. En efecto es una batalla: es la toma del castillo de Alcocer por el Cid Ruy Díaz, el Cid Campeador. Lo puedo ver magnánimo blandiendo su espada y derribando moros en cada estocada. Pero los acontecimientos no me ponen del lado español sino del lado de los moros. Comprendo que mi linaje viene del otro lado del mar Mediterráneo. Ahora, la intuición me dicta que estoy en Córdoba, observando el río Guadalquivir y añorando el oriente desde una habitación plagada de libros y manuscritos en árabe sobre traducciones de Aristóteles. Siento que el propósito en estos días es comprender el significado de las palabras tragedia y comedia. Transpolar estos términos al ámbito del islam es lo que consume mis días en esta vida. Me observo en un espejo de metal. Veo mi cara con turbante y una fulminación sin combustión me desaparece, también desaparece la habitación y los manuscritos y el Guadalquivir.
    Una visión aérea, como el vuelo de un pájaro, me lleva sobre la costa ibérica desde Málaga, pasando por Marbella, Gibraltar y Tánger, y a cada lugar un recuerdo le pertenece. En Orán combatí a dos leones hasta darles muerte, en Argelia fui escriba, en Túnez alquimista, en Alejandría vi arder la biblioteca, carpintero en tierra santa; los bajeles de Darío me llevan hasta la costa de Maratón para que una flecha, con más razón que pasión, me lacere. Infinitas caravanas me llevan por los océanos de fuego de Siria, Iraq e Irán. Cuevas desconocidas me albergan en las montañas de Afganistán. El valle del Indo me prepara para la purificación espiritual. Preparado, ahora, de frente al Ganges, me encuentro meditando. Mirando (sin usar lo ojos), sintiendo (sin usar los sentidos),  el bello espectáculo que se encuentra del otro lado del velo. Y en todas las personas donde poso mi mirada puedo ver la infinita serie de acontecimientos; las veces que nacieron y murieron, todo lo que fueron y serán, al igual que yo, que soy todos y todos soy yo. Veo mi vida atravesada como si fuera una malla, donde todo confluye y donde todo es posible, y como ráfagas de imágenes recuerdo todos los lugares donde nací, todos lo cementerios que habité; todos lo idiomas que hablé, todas las vidas en donde callé; todas las prisiones donde estuve, todas las veces que juzgué; todos los hijos que fui, todos los padres que me toco ser; las naciones que defendí y los oficios que ejercí; todos los animales y espíritus también. Comprendo que he sido todas las cosas: la pluma del escritor y el látigo del verdugo; los clavos del redentor y la chispa del primer fuego; los escudos y lanzas y la flecha de Paris, al igual que el talón de Aquiles; las naves de Erik el Rojo, como así también las fenicias. No hubo lugar donde no haya estado: desde la estepa rusa hasta la Patagónica, desde el Kilimanjaro hasta el Gran Cañón del Colorado, desde las Islas Galápagos hasta la Gran Muralla China.
    Sin abrir los ojos el mundo se aleja de mí,  y observo como todo este cumulo cabe dentro de una partícula, una partícula misteriosa y silenciosa, que atraviesa la infinitud del infinito espacio hasta llegar a valles de sangre transparente donde elefantes sin forma se purifican en sigilosas lluvias de cerámica; estos me miran y desaparecen dejando estelas multicolores que queman los mil y un nombres que tuve. Del otro lado de un portal secreto convergen tornados de almas con millones de rostros sin cara, y en cada cara hay un millón de rostros. Las historias de nubes antiguas se proyectan sobre campos de algodón muerto, en una sucesión ininteligible, sin comienzo ni fin, y sin historias; tampoco nubes. Cayendo sobre una escalera sin peldaños, el anfiteatro se materializa solamente para mostrarme que todas estas voluptuosidades son arrastradas por el pincel de un demiurgo ebrio de locura; que al salpicar el paño lo derrite y las gotas del paño derretido forman infinitos universos. Es entonces cuando la partícula se lleva consigo misma a toda esta madeja de abstracciones; es entonces cuando soy consciente de la soledad de esta partícula que viaja por toda la vastedad universal conocida, y mucho más por la no conocida. Soy consciente que la soledad y la melancolía de esta partícula que no se asemeja en nada, en comparación a mi melancolía. Soy consciente, al igual que la partícula, que tengo un propósito. Lo comprendo porque siento la serenidad de esta partícula misteriosa, silenciosa e infinita que viaja solamente para cumplir con su destino; y siento que yo también tengo que cumplir con un propósito, un destino.
    La partícula, ahora, se ha detenido. Es que ya no hay espacio que recorrer ni tiempo que fatigar. Solo le queda un trabajo que realizar: alumbrar una escena, una última escena. En la escena hay un niño con una rosa en su mano, en uno de los pétalos de la rosa hay una gota de rocío. Comprendo, sin asombro, que el niño soy yo, también soy la rosa con su pétalo; y también soy la gota de rocío.
     Con violencia delicada me despierta el ringtone de "Papa Don´t Take No Mess", de James Brown. Tardo un par de segundos en rehabilitarme, y cuando dispongo de fuerzas y voluntad para comprender otra vez donde estoy, atiendo. En la pantalla del teléfono se lee Guillermina Franco, mi madre. El contenido de la conversación es siempre la misma, no es lo mismo mi estado anímico. Una eclosión de sentimientos benévolos fluyen dentro de mí; mi madre también lo percibe. Me pregunta si estoy bien, y contesto afirmativamente de manera sincera, no solo para cumplir con una formalidad cordial, no sin sentir el verdadero sentido de la palabra "bien" y no sin sentirme realmente  "bien". Mientras conversamos noto como el cielo se empieza a despejar y los rayos solares empiezan a bañar la habitación lentamente. Noto como mi corazón se inflama de inocente alegría. Noto en el espejo que se encuentra del otro lado de la habitación que estoy sonriendo mientras hablo con mi madre.Esto si que es una novedad. Le digo que la quiero mucho y que al anochecer iré a comer con ella. Nos despedimos. Siento que algo ha cambiado, que soy otro. Vuelvo a recostarme plácidamente sobre la mecedora analizando sin mucho rigor los pocos pensamientos que percibo. Me quedo en silencio un par de minutos. Al querer levantarme me doy cuenta que no dispongo de fuerzas y un pánico aterrador me consume instantáneamente, no solamente eso, sino que otra vez se ha callado el mundo, y eso multiplica el pánico. Por un segundo, quizás dos, la pesadilla parece real. Pero al silencio mudo sobrevive el tic tac del reloj, y entre cada compás una bella melodía angelical se empieza a filtrar, y la bella melodía me envuelve con un manto que puedo ver al verme en el espejo; el manto me eleva hacia la esquina superior de la habitación donde me espera una voz, y la voz me dicta: "10, 9, 8, lentamente empezás a despertar. 7, 6, 5, cada vez estás más despierto. Empezá a respirar profundamente. 4, 3, 2, regresando cada vez más, cada vez más despierto, mové un poco los dedos de tus manos. 1, abrí tus ojos”.


" A salvo en la luz que me rodea
Libre del miedo y del dolor
Mi mente subconsciente
Comienza a girar a través del tiempo
Para volver a unir el pasado una vez mas"

Regression, Metropolis part 2: Scenes From a Memory         Dream Theater



Gastón Leandro Ezequiel Vázquez        Jueves 9 de Junio de 2016       21:27

16 años

 Me dijeron  Que tenía una condición  Física, mental y espiritual. Que era una alergia del cuerpo Una obsesión de la mente Un lugar oscuro d...