El poema hablaba de
Locura,
De correr por los acantilados
De Mar del Plata, de soñar
Con ser un tucán o
Una mariposa
O un dragón multicolor
Que se funde con el mar
Y la luna, para volver
A formar un tucán o una mariposa
Y así hasta volver a
Correr por los acantilados;
Y ya sin ser Mar del Plata
Podría ser Estocolmo
Shangaí o Pernambuco
Y ya sin ser tucán, mariposa
O dragón multicolor.
Y ya sin ser un poema
Sino el hecho fáctico
De que no se debe aspirar pegamento
En los acantilados de Mar del Plata
No se debe soñar con ser un
Tucán, mariposa o
Dragón multicolor que se funde con el mar
Y la luna para volver a repetir
Hasta el infinito los versos de este
Poema.
No se debe
Porque vas a a despertar
Y lo primero que vas a ver
Son los dos caños de una escopeta
Sobre tu cara
Y un policía en el extremo
Vas a ver eso
Y a tus amigos arrodillados
Con las manos en la cabeza;
Entonces el poema no va a hablar
Locura, va a hablar de
Otra caída en cana
De otra entrada a la comisaría.
jueves, 12 de octubre de 2017
Los acantilados
El poema hablaba de
Locura,
De correr por los acantilados
De Mar del Plata, de soñar
Con ser un tucán o
Una mariposa
O un dragón multicolor
Que se funde con el mar
Y la luna, para volver
A formar un tucán o una mariposa
Y así hasta volver a
Correr por los acantilados;
Y ya sin ser Mar del Plata
Podría ser Estocolmo
Shangaí o Pernambuco
Y ya sin ser tucán, mariposa
O dragón multicolor.
Y ya sin ser un poema
Sino el hecho fáctico
De que no se debe aspirar pegamento
En los acantilados de Mar del Plata
No se debe soñar con ser un
Tucán, mariposa o
Dragón multicolor que se funde con el mar
Y la luna para volver a repetir
Hasta el infinito los versos de este
Poema.
No se debe
Porque vas a a despertar
Y lo primero que vas a ver
Son los dos caños de una escopeta
Sobre tu cara
Y un policía en el extremo
Vas a ver eso
Y a tus amigos arrodillados
Con las manos en la cabeza;
Entonces el poema no va a hablar
Locura, va a hablar de
Otra caída en cana
De otra entrada a la comisaría.
Locura,
De correr por los acantilados
De Mar del Plata, de soñar
Con ser un tucán o
Una mariposa
O un dragón multicolor
Que se funde con el mar
Y la luna, para volver
A formar un tucán o una mariposa
Y así hasta volver a
Correr por los acantilados;
Y ya sin ser Mar del Plata
Podría ser Estocolmo
Shangaí o Pernambuco
Y ya sin ser tucán, mariposa
O dragón multicolor.
Y ya sin ser un poema
Sino el hecho fáctico
De que no se debe aspirar pegamento
En los acantilados de Mar del Plata
No se debe soñar con ser un
Tucán, mariposa o
Dragón multicolor que se funde con el mar
Y la luna para volver a repetir
Hasta el infinito los versos de este
Poema.
No se debe
Porque vas a a despertar
Y lo primero que vas a ver
Son los dos caños de una escopeta
Sobre tu cara
Y un policía en el extremo
Vas a ver eso
Y a tus amigos arrodillados
Con las manos en la cabeza;
Entonces el poema no va a hablar
Locura, va a hablar de
Otra caída en cana
De otra entrada a la comisaría.
miércoles, 11 de octubre de 2017
Leteo
¡Oh humanidad incandescente;
Ven hasta mí y
desollad estas vísceras llenas de ponzoña
Que hacen indescriptible el
dolor en mis articulaciones!
Ven y tratad de que pueda
Dejar este cuerpo
nauseabundo y pestilente;
Sólo para que pueda alcanzar mi propósito...
Que esta
más allá de la lógica y la carne.
¡Ven a despertarme de este letargo!
¡Humanidad!
¡¿Qué es eso que vosotros
Llamaís humanidad?!
Qué es eso:
Yo solo veo simulacros
Fantasmagorías que desfilan por galerías
Diáfanas
Y pretenden garantizarme la realidad
¡La realidad!
Una correntada de bilis caliente
Agria, amarga, se convulsionó
En mis entrañas al oír
Semejante sofisma
Un espectro, al que al correr mi mirada pierde
Toda su entidad en el mundo
Me quiere seducir a toda costa con su dialéctica
De espectro desesperado
Como todos vosotros
Que sosteneís vuestra misera miseria
En la dialéctica.
Humanidad,
Si es que existe algo parecido
Dejad de infestarme con vuestros sofismas
Dejad que la infección en mis articulaciones
Descansen y que mi
Lengua y mi lenguaje se purifiquen
En el Leteo; y es que yo también soy
Un simulacro, una fantasmagoría
Infestado de lenguaje y
Dialécticas ponzoñosas
Que pretende engañarte
A ti lector
No dejeís que te seduzca
Solo corre vuestra mirada de mí
Así la categorías del lenguaje
Dejarán de operar en mí
Y finalmente perderé mi entidad
Finalmente podré descansar.
¡Oh Humanidad!
¡Gracias Humanidad!
Leteo
¡Oh humanidad incandescente;
Ven hasta mí y
desollad estas vísceras llenas de ponzoña
Que hacen indescriptible el
dolor en mis articulaciones!
Ven y tratad de que pueda
Dejar este cuerpo
nauseabundo y pestilente;
Sólo para que pueda alcanzar mi propósito...
Que esta
más allá de la lógica y la carne.
¡Humanidad!
¡¿Qué es eso que vosotros
Llamaís humanidad?!
Qué es eso:
Yo solo veo simulacros
Fantasmagorías que desfilan por galerías
Diáfanas
Y pretenden garantizarme la realidad
¡La realidad!
Una correntada de bilis caliente
Agria, amarga, se convulsionó
En mis entrañas al oír
Semejante sofisma
Un espectro, al que al correr mi mirada pierde
Toda su entidad en el mundo
Me quiere seducir a toda costa con su dialéctica
De espectro desesperado
Como todos vosotros
Que sosteneís vuestra misera miseria
En la dialéctica.
Humanidad,
Si es que existe algo parecido
Dejad de infestarme con vuestros sofismas
Dejad que la infección en mis articulaciones
Descansen y que mi
Lengua y mi lenguaje se purifiquen
En el Leteo; y es que yo también soy
Un simulacro, una fantasmagoría
Infestado de lenguaje y
Dialécticas ponzoñosas
Que pretende engañarte
A ti lector
No dejeís que te seduzca
Solo corre vuestra mirada de mí
Así la categorías del lenguaje
Dejarán de operar en mí
Y finalmente perderé mi entidad
Finalmente podré descansar.
¡Oh Humanidad!
¡Gracias Humanidad!
martes, 10 de octubre de 2017
Tendencia a la destrucción total
Tendencia a la destrucción total
Y a los campos de azúcar
En el patio de casa;
Tendencia a la destrucción y
A la composición de nuevas
Moléculas y versos
Tendencia a destruir el lenguaje
Para descubrir
Mi propio lenguaje;
Tendencia suicida
Melancólica
Misantrópica
Licantrópica y volver siempre
Inexorablemente a la
Tendencia a la destrucción total
De todos los símbolos
De la vigilia
Y los oníricos también;
Mis símbolos personales
familiares o reales.
Ese es mi sueño, mi tendencia
La destrucción de la Destrucción
De la realidad que anida
En la Realidad
Esa que dicta el Rey, la realeza.
Y es en esa destrucción de lo Real
En la que busco habitar, y con cada verso
Golpeo a la Realidad
Voy derrocando al Rey
Voy llegando a mi hábitat
Voy llegando a la destrucción total.
Y a los campos de azúcar
En el patio de casa;
Tendencia a la destrucción y
A la composición de nuevas
Moléculas y versos
Tendencia a destruir el lenguaje
Para descubrir
Mi propio lenguaje;
Tendencia suicida
Melancólica
Misantrópica
Licantrópica y volver siempre
Inexorablemente a la
Tendencia a la destrucción total
De todos los símbolos
De la vigilia
Y los oníricos también;
Mis símbolos personales
familiares o reales.
Ese es mi sueño, mi tendencia
La destrucción de la Destrucción
De la realidad que anida
En la Realidad
Esa que dicta el Rey, la realeza.
Y es en esa destrucción de lo Real
En la que busco habitar, y con cada verso
Golpeo a la Realidad
Voy derrocando al Rey
Voy llegando a mi hábitat
Voy llegando a la destrucción total.
Tendencia a la destrucción total
Tendencia a la destrucción total
Y a los campos de azúcar
En el patio de casa;
Tendencia a la destrucción y
A la composición de nuevas
Moléculas y versos
Tendencia a destruir el lenguaje
Para descubrir
Mi propio lenguaje;
Tendencia suicida
Melancólica
Misantrópica
Licantrópica y volver siempre
Inexorablemente a la
Tendencia a la destrucción total
De todos los símbolos
De la vigilia
Y los oníricos también;
Mis símbolos personales
familiares o reales.
Ese es mi sueño, mi tendencia
La destrucción de la Destrucción
De la realidad que anida
En la Realidad
Esa que dicta el Rey, la realeza.
Y es en esa destrucción de lo Real
En la que busco habitar, y con cada verso
Golpeo a la Realidad
Voy derrocando al Rey
Voy llegando a mi hábitat
Voy llegando a la destrucción total.
Y a los campos de azúcar
En el patio de casa;
Tendencia a la destrucción y
A la composición de nuevas
Moléculas y versos
Tendencia a destruir el lenguaje
Para descubrir
Mi propio lenguaje;
Tendencia suicida
Melancólica
Misantrópica
Licantrópica y volver siempre
Inexorablemente a la
Tendencia a la destrucción total
De todos los símbolos
De la vigilia
Y los oníricos también;
Mis símbolos personales
familiares o reales.
Ese es mi sueño, mi tendencia
La destrucción de la Destrucción
De la realidad que anida
En la Realidad
Esa que dicta el Rey, la realeza.
Y es en esa destrucción de lo Real
En la que busco habitar, y con cada verso
Golpeo a la Realidad
Voy derrocando al Rey
Voy llegando a mi hábitat
Voy llegando a la destrucción total.
jueves, 5 de octubre de 2017
El objeto está perdido
El baldío
De barriletes y picados
De fútbol.
El baldío que me espera
Y me bautiza, como
En Cartago o Avellaneda
Bajo Flores o Batán...
La procesión es la misma.
Las zanjas de Solano
Con sus renacuajos
(Nosotros le llamábamos
Zapateros) que nos esperan
Para jugar en la esquina
Y más allá, en la sociedad de
Fomento, los más grandes se
Pelean antes de terminar el
Partido, como si la calle fuera
El Coliseo; y las piedras, palos
O alguna navaja, las armas
De los esclavos Romanos.
La procesión es la misma
La camioneta que vende
Pizzas se viene anunciando desde
La paz, con una bocina de carrero.
Hacia allá voy con unas cuantas
Monedas que cambio por una
Porción de muzzarella.
La felicidad cuesta tan poco
En la infancia
Como el trencito que nos pasea
También por unas monedas
La pantera rosa animando
Con música de Los Parchís;
Y mi abuela esperándome.
Mis tíos se ríen de mí
Estoy contento porque
Tengo piojos
Y ellos no
"¡Qué boludo que es este pibe!"
Dicen entre carcajada y
Carcajada.
La procesión sigue estando ahí
El carnaval más divertido
Todos contra todos
Baldes, bombuchas
Y pomos de plástico
Forman el barro del barrio,
Al que siempre vuelvo
Cuando el peso del mundo sobre
Mi cuerpo
Adulto busca un punto de fuga
¿Cómo olvidarse de
Esas imágenes?
De esos palpitares en
Mi pecho, de tanto amor
Puro que tan poco
Cuesta en la infancia.
El inventario es reducido en
La infancia;
El mundo era 2 o 3
Cuadras a lo sumo
El resto aventura.
Ahora que el tiempo ha
Encallecido mi piel
Y mis sentimientos;
Que abarrota cada día
Con más información
Y memorias
A mi delicado cerebro dañado
Cada vez, pareciera
Que son más los objetos
Perdidos que busco.
Pero no me preocupo
Cada vez que escribo sobre ello
Recupero alguno.
Hoy, gracias a este poema,
He recuperado una más.
Hoy he sacado una capa más, a las vastas capas que se han superpuesto a mis sentimientos a lo largo de estos años. Reconozco la mella que ha provocado el dolor y el absurdo del mundo sobre mi lenguaje y luego sobre mis sentimientos; también sobre mi cuerpo.
Desde que me he encontrado con la literatura, y en especial con la poesía, he comprendido que el trabajo de desmonte, desmolde, (o quizás ya en este punto deba templar a mis sentimientos con un nuevo lenguaje) es la empresa más ardua en la que me he embarcado. La reflexión me ha asaltado al tener que leer mi poema y darme cuenta del por qué he escrito que mis sentimientos se han encallecido. Alguien me objeto, al escuchar mi lectura, que mis sentimientos no se han encallecido si estoy escribiendo poesía. Quise hacer liviana y fácil la reflexión; pero no hay nada de fácil o simple en mis reflexiones, en lo que respecta a mis sentimientos y el lo que respecta a mi literatura. En la tarde traté de hacerme un ejercicio para este diario, el cual consiste en registrar mis registros con cada sentimiento desde mi infancia hasta el día de hoy ¿Mis sentimientos hacia el amor fueron siempre los mismos? ¿Mi idea del amor siempre fue la misma? ¿Las veces que amé, amé de la misma manera en cada situación? En este punto debo aclarar que el amor me ha dado satisfacciones y remordimientos en cantidades iguales. Hubo etapas en mi vida en la que llegue a descreer totalmente del amor, lo he rechazado enérgicamente. Pero también comprendí en esa cruzada personal contra el amor, que yo necesitaba del amor, que no podía rechazarlo. Esto lo comprendí cuando enfermé y la medicina no pudo dar con los orígenes, y mucho menos con un tratamiento;para mi mal. Los años de ostracismo me enseñaron que debía volver al amor pero en cantidades más mesuradas, no en las cantidades excesivas con las que siempre reclamé. Y aquí también yacía un error, el de reclamar. Reclamar en vez de dar; pero qué era lo que yo sabía del amor. Hoy creo que muy poco. Solo lo entendí cuando me alejé de él. Comprendí que lo necesito, pero también necesito darlo desinteresadamente en vez de reclamarlo. Necesito amarme a mí honesta y sinceramente (puedo fatigar varios párrafos sobre lo que entendía sobre la honestidad y el sinceramiento, vastas capas hay sobre estos conceptos).
Cuánto podré a estos significados que aprendí (mal en su mayoría, y luego los distorsioné hasta vaciarlos totalmente en los años en que se me vedó la voz) volver a resignificarlos, llegar a una esencia.
Escribía hace unos días que mis sentimientos se han encallecido. Cómo nombrar o identificarme con un sentimiento que ha variado en todos estos años con una palabra que está estática en su significado en el tiempo y el espacio. Es en este punto en donde mi espíritu ha sentido alivio al entender que la literatura, y en especial la poesía, está resignificando el lenguaje, mi lenguaje. Y que esta empresa de desmonte se está operando en las profundidades mismas del lenguaje. Así que seguiré atravesando, fatigando los versos, las prosas, hasta su esencia misma; mi esencia.
Diarios del Poeta
De barriletes y picados
De fútbol.
El baldío que me espera
Y me bautiza, como
En Cartago o Avellaneda
Bajo Flores o Batán...
La procesión es la misma.
Las zanjas de Solano
Con sus renacuajos
(Nosotros le llamábamos
Zapateros) que nos esperan
Para jugar en la esquina
Y más allá, en la sociedad de
Fomento, los más grandes se
Pelean antes de terminar el
Partido, como si la calle fuera
El Coliseo; y las piedras, palos
O alguna navaja, las armas
De los esclavos Romanos.
La procesión es la misma
La camioneta que vende
Pizzas se viene anunciando desde
La paz, con una bocina de carrero.
Hacia allá voy con unas cuantas
Monedas que cambio por una
Porción de muzzarella.
La felicidad cuesta tan poco
En la infancia
Como el trencito que nos pasea
También por unas monedas
La pantera rosa animando
Con música de Los Parchís;
Y mi abuela esperándome.
Mis tíos se ríen de mí
Estoy contento porque
Tengo piojos
Y ellos no
"¡Qué boludo que es este pibe!"
Dicen entre carcajada y
Carcajada.
La procesión sigue estando ahí
El carnaval más divertido
Todos contra todos
Baldes, bombuchas
Y pomos de plástico
Forman el barro del barrio,
Al que siempre vuelvo
Cuando el peso del mundo sobre
Mi cuerpo
Adulto busca un punto de fuga
¿Cómo olvidarse de
Esas imágenes?
De esos palpitares en
Mi pecho, de tanto amor
Puro que tan poco
Cuesta en la infancia.
El inventario es reducido en
La infancia;
El mundo era 2 o 3
Cuadras a lo sumo
El resto aventura.
Ahora que el tiempo ha
Encallecido mi piel
Y mis sentimientos;
Que abarrota cada día
Con más información
Y memorias
A mi delicado cerebro dañado
Cada vez, pareciera
Que son más los objetos
Perdidos que busco.
Pero no me preocupo
Cada vez que escribo sobre ello
Recupero alguno.
Hoy, gracias a este poema,
He recuperado una más.
Hoy he sacado una capa más, a las vastas capas que se han superpuesto a mis sentimientos a lo largo de estos años. Reconozco la mella que ha provocado el dolor y el absurdo del mundo sobre mi lenguaje y luego sobre mis sentimientos; también sobre mi cuerpo.
Desde que me he encontrado con la literatura, y en especial con la poesía, he comprendido que el trabajo de desmonte, desmolde, (o quizás ya en este punto deba templar a mis sentimientos con un nuevo lenguaje) es la empresa más ardua en la que me he embarcado. La reflexión me ha asaltado al tener que leer mi poema y darme cuenta del por qué he escrito que mis sentimientos se han encallecido. Alguien me objeto, al escuchar mi lectura, que mis sentimientos no se han encallecido si estoy escribiendo poesía. Quise hacer liviana y fácil la reflexión; pero no hay nada de fácil o simple en mis reflexiones, en lo que respecta a mis sentimientos y el lo que respecta a mi literatura. En la tarde traté de hacerme un ejercicio para este diario, el cual consiste en registrar mis registros con cada sentimiento desde mi infancia hasta el día de hoy ¿Mis sentimientos hacia el amor fueron siempre los mismos? ¿Mi idea del amor siempre fue la misma? ¿Las veces que amé, amé de la misma manera en cada situación? En este punto debo aclarar que el amor me ha dado satisfacciones y remordimientos en cantidades iguales. Hubo etapas en mi vida en la que llegue a descreer totalmente del amor, lo he rechazado enérgicamente. Pero también comprendí en esa cruzada personal contra el amor, que yo necesitaba del amor, que no podía rechazarlo. Esto lo comprendí cuando enfermé y la medicina no pudo dar con los orígenes, y mucho menos con un tratamiento;para mi mal. Los años de ostracismo me enseñaron que debía volver al amor pero en cantidades más mesuradas, no en las cantidades excesivas con las que siempre reclamé. Y aquí también yacía un error, el de reclamar. Reclamar en vez de dar; pero qué era lo que yo sabía del amor. Hoy creo que muy poco. Solo lo entendí cuando me alejé de él. Comprendí que lo necesito, pero también necesito darlo desinteresadamente en vez de reclamarlo. Necesito amarme a mí honesta y sinceramente (puedo fatigar varios párrafos sobre lo que entendía sobre la honestidad y el sinceramiento, vastas capas hay sobre estos conceptos).
Cuánto podré a estos significados que aprendí (mal en su mayoría, y luego los distorsioné hasta vaciarlos totalmente en los años en que se me vedó la voz) volver a resignificarlos, llegar a una esencia.
Escribía hace unos días que mis sentimientos se han encallecido. Cómo nombrar o identificarme con un sentimiento que ha variado en todos estos años con una palabra que está estática en su significado en el tiempo y el espacio. Es en este punto en donde mi espíritu ha sentido alivio al entender que la literatura, y en especial la poesía, está resignificando el lenguaje, mi lenguaje. Y que esta empresa de desmonte se está operando en las profundidades mismas del lenguaje. Así que seguiré atravesando, fatigando los versos, las prosas, hasta su esencia misma; mi esencia.
Diarios del Poeta
El objeto está perdido
El baldío
De barriletes y picados
De fútbol.
El baldío que me espera
Y me bautiza, como
En Cartago o Avellaneda
Bajo Flores o Batán...
La procesión es la misma.
Las zanjas de Solano
Con sus renacuajos
(Nosotros le llamábamos
Zapateros) que nos esperan
Para jugar en la esquina
Y más allá, en la sociedad de
Fomento, los más grandes se
Pelean antes de terminar el
Partido, como si la calle fuera
El Coliseo; y las piedras, palos
O alguna navaja, las armas
De los esclavos Romanos.
La procesión es la misma
La camioneta que vende
Pizzas se viene anunciando desde
La paz, con una bocina de carrero.
Hacia allá voy con unas cuantas
Monedas que cambio por una
Porción de muzzarella.
La felicidad cuesta tan poco
En la infancia
Como el trencito que nos pasea
También por unas monedas
La pantera rosa animando
Con música de Los Parchís;
Y mi abuela esperándome.
Mis tíos se ríen de mí
Estoy contento porque
Tengo piojos
Y ellos no
"¡Qué boludo que es este pibe!"
Dicen entre carcajada y
Carcajada.
La procesión sigue estando ahí
El carnaval más divertido
Todos contra todos
Baldes, bombuchas
Y pomos de plástico
Forman el barro del barrio,
Al que siempre vuelvo
Cuando el peso del mundo sobre
Mi cuerpo
Adulto busca un punto de fuga
¿Cómo olvidarse de
Esas imágenes?
De esos palpitares en
Mi pecho, de tanto amor
Puro que tan poco
Cuesta en la infancia.
El inventario es reducido en
La infancia;
El mundo era 2 o 3
Cuadras a lo sumo
El resto aventura.
Ahora que el tiempo ha
Encallecido mi piel
Y mis sentimientos;
Que abarrota cada día
Con más información
Y memorias
A mi delicado cerebro dañado
Cada vez, pareciera
Que son más los objetos
Perdidos que busco.
Pero no me preocupo
Cada vez que escribo sobre ello
Recupero alguno.
Hoy, gracias a este poema,
He recuperado una más.
Hoy he sacado una capa más, a las vastas capas que se han superpuesto a mis sentimientos a lo largo de estos años. Reconozco la mella que ha provocado el dolor y el absurdo del mundo sobre mi lenguaje y luego sobre mis sentimientos; también sobre mi cuerpo.
Desde que me he encontrado con la literatura, y en especial con la poesía, he comprendido que el trabajo de desmonte, desmolde, (o quizás ya en este punto deba templar a mis sentimientos con un nuevo lenguaje) es la empresa más ardua en la que me he embarcado. La reflexión me ha asaltado al tener que leer mi poema y darme cuenta del por qué he escrito que mis sentimientos se han encallecido. Alguien me objeto, al escuchar mi lectura, que mis sentimientos no se han encallecido si estoy escribiendo poesía. Quise hacer liviana y fácil la reflexión; pero no hay nada de fácil o simple en mis reflexiones, en lo que respecta a mis sentimientos y el lo que respecta a mi literatura. En la tarde traté de hacerme un ejercicio para este diario, el cual consiste en registrar mis registros con cada sentimiento desde mi infancia hasta el día de hoy ¿Mis sentimientos hacia el amor fueron siempre los mismos? ¿Mi idea del amor siempre fue la misma? ¿Las veces que amé, amé de la misma manera en cada situación? En este punto debo aclarar que el amor me ha dado satisfacciones y remordimientos en cantidades iguales. Hubo etapas en mi vida en la que llegue a descreer totalmente del amor, lo he rechazado enérgicamente. Pero también comprendí en esa cruzada personal contra el amor, que yo necesitaba del amor, que no podía rechazarlo. Esto lo comprendí cuando enfermé y la medicina no pudo dar con los orígenes, y mucho menos con un tratamiento;para mi mal. Los años de ostracismo me enseñaron que debía volver al amor pero en cantidades más mesuradas, no en las cantidades excesivas con las que siempre reclamé. Y aquí también yacía un error, el de reclamar. Reclamar en vez de dar; pero qué era lo que yo sabía del amor. Hoy creo que muy poco. Solo lo entendí cuando me alejé de él. Comprendí que lo necesito, pero también necesito darlo desinteresadamente en vez de reclamarlo. Necesito amarme a mí honesta y sinceramente (puedo fatigar varios párrafos sobre lo que entendía sobre la honestidad y el sinceramiento, vastas capas hay sobre estos conceptos).
Cuánto podré a estos significados que aprendí (mal en su mayoría, y luego los distorsioné hasta vaciarlos totalmente en los años en que se me vedó la voz) volver a resignificarlos, llegar a una esencia.
Escribía hace unos días que mis sentimientos se han encallecido. Cómo nombrar o identificarme con un sentimiento que ha variado en todos estos años con una palabra que está estática en su significado en el tiempo y el espacio. Es en este punto en donde mi espíritu ha sentido alivio al entender que la literatura, y en especial la poesía, está resignificando el lenguaje, mi lenguaje. Y que esta empresa de desmonte se está operando en las profundidades mismas del lenguaje. Así que seguiré atravesando, fatigando los versos, las prosas, hasta su esencia misma; mi esencia.
Diarios del Poeta
De barriletes y picados
De fútbol.
El baldío que me espera
Y me bautiza, como
En Cartago o Avellaneda
Bajo Flores o Batán...
La procesión es la misma.
Las zanjas de Solano
Con sus renacuajos
(Nosotros le llamábamos
Zapateros) que nos esperan
Para jugar en la esquina
Y más allá, en la sociedad de
Fomento, los más grandes se
Pelean antes de terminar el
Partido, como si la calle fuera
El Coliseo; y las piedras, palos
O alguna navaja, las armas
De los esclavos Romanos.
La procesión es la misma
La camioneta que vende
Pizzas se viene anunciando desde
La paz, con una bocina de carrero.
Hacia allá voy con unas cuantas
Monedas que cambio por una
Porción de muzzarella.
La felicidad cuesta tan poco
En la infancia
Como el trencito que nos pasea
También por unas monedas
La pantera rosa animando
Con música de Los Parchís;
Y mi abuela esperándome.
Mis tíos se ríen de mí
Estoy contento porque
Tengo piojos
Y ellos no
"¡Qué boludo que es este pibe!"
Dicen entre carcajada y
Carcajada.
La procesión sigue estando ahí
El carnaval más divertido
Todos contra todos
Baldes, bombuchas
Y pomos de plástico
Forman el barro del barrio,
Al que siempre vuelvo
Cuando el peso del mundo sobre
Mi cuerpo
Adulto busca un punto de fuga
¿Cómo olvidarse de
Esas imágenes?
De esos palpitares en
Mi pecho, de tanto amor
Puro que tan poco
Cuesta en la infancia.
El inventario es reducido en
La infancia;
El mundo era 2 o 3
Cuadras a lo sumo
El resto aventura.
Ahora que el tiempo ha
Encallecido mi piel
Y mis sentimientos;
Que abarrota cada día
Con más información
Y memorias
A mi delicado cerebro dañado
Cada vez, pareciera
Que son más los objetos
Perdidos que busco.
Pero no me preocupo
Cada vez que escribo sobre ello
Recupero alguno.
Hoy, gracias a este poema,
He recuperado una más.
Hoy he sacado una capa más, a las vastas capas que se han superpuesto a mis sentimientos a lo largo de estos años. Reconozco la mella que ha provocado el dolor y el absurdo del mundo sobre mi lenguaje y luego sobre mis sentimientos; también sobre mi cuerpo.
Desde que me he encontrado con la literatura, y en especial con la poesía, he comprendido que el trabajo de desmonte, desmolde, (o quizás ya en este punto deba templar a mis sentimientos con un nuevo lenguaje) es la empresa más ardua en la que me he embarcado. La reflexión me ha asaltado al tener que leer mi poema y darme cuenta del por qué he escrito que mis sentimientos se han encallecido. Alguien me objeto, al escuchar mi lectura, que mis sentimientos no se han encallecido si estoy escribiendo poesía. Quise hacer liviana y fácil la reflexión; pero no hay nada de fácil o simple en mis reflexiones, en lo que respecta a mis sentimientos y el lo que respecta a mi literatura. En la tarde traté de hacerme un ejercicio para este diario, el cual consiste en registrar mis registros con cada sentimiento desde mi infancia hasta el día de hoy ¿Mis sentimientos hacia el amor fueron siempre los mismos? ¿Mi idea del amor siempre fue la misma? ¿Las veces que amé, amé de la misma manera en cada situación? En este punto debo aclarar que el amor me ha dado satisfacciones y remordimientos en cantidades iguales. Hubo etapas en mi vida en la que llegue a descreer totalmente del amor, lo he rechazado enérgicamente. Pero también comprendí en esa cruzada personal contra el amor, que yo necesitaba del amor, que no podía rechazarlo. Esto lo comprendí cuando enfermé y la medicina no pudo dar con los orígenes, y mucho menos con un tratamiento;para mi mal. Los años de ostracismo me enseñaron que debía volver al amor pero en cantidades más mesuradas, no en las cantidades excesivas con las que siempre reclamé. Y aquí también yacía un error, el de reclamar. Reclamar en vez de dar; pero qué era lo que yo sabía del amor. Hoy creo que muy poco. Solo lo entendí cuando me alejé de él. Comprendí que lo necesito, pero también necesito darlo desinteresadamente en vez de reclamarlo. Necesito amarme a mí honesta y sinceramente (puedo fatigar varios párrafos sobre lo que entendía sobre la honestidad y el sinceramiento, vastas capas hay sobre estos conceptos).
Cuánto podré a estos significados que aprendí (mal en su mayoría, y luego los distorsioné hasta vaciarlos totalmente en los años en que se me vedó la voz) volver a resignificarlos, llegar a una esencia.
Escribía hace unos días que mis sentimientos se han encallecido. Cómo nombrar o identificarme con un sentimiento que ha variado en todos estos años con una palabra que está estática en su significado en el tiempo y el espacio. Es en este punto en donde mi espíritu ha sentido alivio al entender que la literatura, y en especial la poesía, está resignificando el lenguaje, mi lenguaje. Y que esta empresa de desmonte se está operando en las profundidades mismas del lenguaje. Así que seguiré atravesando, fatigando los versos, las prosas, hasta su esencia misma; mi esencia.
Diarios del Poeta
miércoles, 4 de octubre de 2017
El lenguaje siempre llega tarde
Iba a decirte que te amo
Pero recordé
Que el lenguaje siempre
Llega tarde;
Y es muy seguro que
En ese momento
En el que te lo diga
Me arrepienta
Porque el lenguaje siempre
Llega tarde;
Y luego deba decirte que
Me arrepentí
Que soy un patán
Que todavía no me rescato
De que no debo confiar
En el lenguaje
Porque siempre llega tarde
Que lo uso porque soy un cobarde
No confío en el silencio
Todavía no me rescaté de que
Mi cuerpo expresa mejor que yo
Mis sentimientos. Por eso estoy
Acá con vos, en este momento
Y en este momento te amo
Después no lo sé.
Así que seguiré besándote en estas
Tranquilas playas del sur de Italia
Seguiré mirándote
Seguiré tomado de tu mano
Seguiré amándote por lo que resta
De este momento;
Y no busques que te diga que te amo
Porque el lenguaje siempre
Llega tarde.
Pero recordé
Que el lenguaje siempre
Llega tarde;
Y es muy seguro que
En ese momento
En el que te lo diga
Me arrepienta
Porque el lenguaje siempre
Llega tarde;
Y luego deba decirte que
Me arrepentí
Que soy un patán
Que todavía no me rescato
De que no debo confiar
En el lenguaje
Porque siempre llega tarde
Que lo uso porque soy un cobarde
No confío en el silencio
Todavía no me rescaté de que
Mi cuerpo expresa mejor que yo
Mis sentimientos. Por eso estoy
Acá con vos, en este momento
Y en este momento te amo
Después no lo sé.
Así que seguiré besándote en estas
Tranquilas playas del sur de Italia
Seguiré mirándote
Seguiré tomado de tu mano
Seguiré amándote por lo que resta
De este momento;
Y no busques que te diga que te amo
Porque el lenguaje siempre
Llega tarde.
El lenguaje siempre llega tarde
Iba a decirte que te amo
Pero recordé
Que el lenguaje siempre
Llega tarde;
Y es muy seguro que
En ese momento
En el que te lo diga
Me arrepienta
Porque el lenguaje siempre
Llega tarde;
Y luego deba decirte que
Me arrepentí
Que soy un patán
Que todavía no me rescato
De que no debo confiar
En el lenguaje
Porque siempre llega tarde
Que lo uso porque soy un cobarde
No confío en el silencio
Todavía no me rescaté de que
Mi cuerpo expresa mejor que yo
Mis sentimientos. Por eso estoy
Acá con vos, en este momento
Y en este momento te amo
Después no lo sé.
Así que seguiré besándote en estas
Tranquilas playas del sur de Italia
Seguiré mirándote
Seguiré tomado de tu mano
Seguiré amándote por lo que resta
De este momento;
Y no busques que te diga que te amo
Porque el lenguaje siempre
Llega tarde.
Pero recordé
Que el lenguaje siempre
Llega tarde;
Y es muy seguro que
En ese momento
En el que te lo diga
Me arrepienta
Porque el lenguaje siempre
Llega tarde;
Y luego deba decirte que
Me arrepentí
Que soy un patán
Que todavía no me rescato
De que no debo confiar
En el lenguaje
Porque siempre llega tarde
Que lo uso porque soy un cobarde
No confío en el silencio
Todavía no me rescaté de que
Mi cuerpo expresa mejor que yo
Mis sentimientos. Por eso estoy
Acá con vos, en este momento
Y en este momento te amo
Después no lo sé.
Así que seguiré besándote en estas
Tranquilas playas del sur de Italia
Seguiré mirándote
Seguiré tomado de tu mano
Seguiré amándote por lo que resta
De este momento;
Y no busques que te diga que te amo
Porque el lenguaje siempre
Llega tarde.
lunes, 2 de octubre de 2017
Romance
Un tatuaje tuyo,
Que me recuerda nuestra
Última noche de amor
Nuestros últimos besos
Yo me desgarraba por tu boca
Sabía, ya, que era nuestra
Despedida
Y yo no me quería despedir
Me imaginaba loco
Sin el consuelo de tus besos
De tu magia
De tu dulceamargo veneno
¡No sé vivir la vida
Sin veneno! Gritaba por las calles
Y mis amigos no comprendían
Qué era lo que me pasaba;
Trataron de ayudarme
De contenerme
Pero yo no me quería despedir de
Ella. Golpeé mi cabeza
Quizás contra una reja o algún fierro
No lo sé;
Sé que un cirujano tatuó mis
Once puntos sobre mi ceja derecha
En el hospital Fernández.
Y hoy, cuando miro en el espejo
Y veo nuestro tatuaje
El que me recuerda mi
Romance con el vodka, comprendo
Que hay amores
Flamables
Tóxicos y
Mortales
Y mi tatuaje me le recuerda
Todos los días.
Que me recuerda nuestra
Última noche de amor
Nuestros últimos besos
Yo me desgarraba por tu boca
Sabía, ya, que era nuestra
Despedida
Y yo no me quería despedir
Me imaginaba loco
Sin el consuelo de tus besos
De tu magia
De tu dulceamargo veneno
¡No sé vivir la vida
Sin veneno! Gritaba por las calles
Y mis amigos no comprendían
Qué era lo que me pasaba;
Trataron de ayudarme
De contenerme
Pero yo no me quería despedir de
Ella. Golpeé mi cabeza
Quizás contra una reja o algún fierro
No lo sé;
Sé que un cirujano tatuó mis
Once puntos sobre mi ceja derecha
En el hospital Fernández.
Y hoy, cuando miro en el espejo
Y veo nuestro tatuaje
El que me recuerda mi
Romance con el vodka, comprendo
Que hay amores
Flamables
Tóxicos y
Mortales
Y mi tatuaje me le recuerda
Todos los días.
Romance
Un tatuaje tuyo,
Que me recuerda nuestra
Última noche de amor
Nuestros últimos besos
Yo me desgarraba por tu boca
Sabía, ya, que era nuestra
Despedida
Y yo no me quería despedir
Me imaginaba loco
Sin el consuelo de tus besos
De tu magia
De tu dulceamargo veneno
¡No sé vivir la vida
Sin veneno! Gritaba por las calles
Y mis amigos no comprendían
Qué era lo que me pasaba;
Trataron de ayudarme
De contenerme
Pero yo no me quería despedir de
Ella. Golpeé mi cabeza
Quizás contra una reja o algún fierro
No lo sé;
Sé que un cirujano tatuó mis
Once puntos sobre mi ceja derecha
En el hospital Fernández.
Y hoy, cuando miro en el espejo
Y veo nuestro tatuaje
El que me recuerda mi
Romance con el vodka, comprendo
Que hay amores
Flamables
Tóxicos y
Mortales
Y mi tatuaje me le recuerda
Todos los días.
Que me recuerda nuestra
Última noche de amor
Nuestros últimos besos
Yo me desgarraba por tu boca
Sabía, ya, que era nuestra
Despedida
Y yo no me quería despedir
Me imaginaba loco
Sin el consuelo de tus besos
De tu magia
De tu dulceamargo veneno
¡No sé vivir la vida
Sin veneno! Gritaba por las calles
Y mis amigos no comprendían
Qué era lo que me pasaba;
Trataron de ayudarme
De contenerme
Pero yo no me quería despedir de
Ella. Golpeé mi cabeza
Quizás contra una reja o algún fierro
No lo sé;
Sé que un cirujano tatuó mis
Once puntos sobre mi ceja derecha
En el hospital Fernández.
Y hoy, cuando miro en el espejo
Y veo nuestro tatuaje
El que me recuerda mi
Romance con el vodka, comprendo
Que hay amores
Flamables
Tóxicos y
Mortales
Y mi tatuaje me le recuerda
Todos los días.
Eterno retorno (o antítesis)
Siempre quise escapar, huir del mundo; ya sea mirando televisión, jugando en la terraza de la casa de mi abuela, mintiendo en la escuela a mis compañeros. Siempre viviendo en una fantasía y negando la realidad. Pero yo no sabía en ese momento qué era la realidad.
Desde los 11 años comencé a planear mi huida. Fantaseaba con vivir en Buenos Aires, vivir en la calle, ser un chico de la calle; y algún día, después de muchos años, volvería con mi familia.
A mis 8 años fallece mi abuela en la cama, al lado mio. Yo compartía la cama con ella en la casa de mi tía. Tuvo un ataque de presión y despidió mucha sangre por la boca y la nariz. Mi espalada fue manchada con su sangre. A partir de ese momento la muerte comenzó a vagar por mis reflexiones y comencé a ser consciente de la finitud de la vida, de mi vida. Por las noches tocaba mi pecho y me preguntaba cómo sería morir, cómo sería el momento de la transición, el de la asfixia, el de las penumbras arrastrarme a los brazos de la muerte.
Toda la adolescencia la atravesé sintiendo la angustia de no comprenderme a mí mismo y mucho menos al mundo, a la familia, a la sociedad, a las instituciones. Pero en ese momento el lenguaje me estaba vedado. Sentimientos confusos, inclasificables, mucha agonía, ganas de morir y la incomprensión de un entorno al que también le estaba vedado el lenguaje, hacían que mi sentimiento de fuga creciera cada día más.
Cuando terminé la escuela secundaria y conocí los narcóticos tuve el suficiente valor para irme de casa. Me fui de casa, del mundo, de la realidad, de mí mismo hasta los lugares más obscuros, solitarios y miserables de mi existencia. Llegué a no reconocerme. Tampoco el camino para volver. Tampoco sabía si podría volver o sí debía volver a encontrarme.
Descubrí el Eterno Retorno a mis 26 años. Iba caminando por Cerrito, al costado de la avenida 9 de Julio. Ahí estaba yo cumpliendo o viviendo mi fantasía de la niñez 15 años después. Después de haber sido preparado por la escuela técnica para que construyera edificios de hasta 4 pisos, yo habitaba en las calles, fuera de esos edificios, fuera de la sociedad, fuera de las instituciones; ahí estaba yo haciendo mi antítesis.
Me veo caminando descalzo, con una bolsa negra de residuos, llevando una frazada para dormir en donde el sueño lo solicite. En ese momento comprendí (en el buen sentido) que toda mi vida, hasta ese momento, me había preparado para llegar a ese momento. Un momento que se repite ciclicamente.
Un momento entre otros tantos momentos para los que también me voy preparando.
En algunos de esos momentos hay un salto, y es para esos saltos para los que me preparo Ahora, en este momento.
Desde los 11 años comencé a planear mi huida. Fantaseaba con vivir en Buenos Aires, vivir en la calle, ser un chico de la calle; y algún día, después de muchos años, volvería con mi familia.
A mis 8 años fallece mi abuela en la cama, al lado mio. Yo compartía la cama con ella en la casa de mi tía. Tuvo un ataque de presión y despidió mucha sangre por la boca y la nariz. Mi espalada fue manchada con su sangre. A partir de ese momento la muerte comenzó a vagar por mis reflexiones y comencé a ser consciente de la finitud de la vida, de mi vida. Por las noches tocaba mi pecho y me preguntaba cómo sería morir, cómo sería el momento de la transición, el de la asfixia, el de las penumbras arrastrarme a los brazos de la muerte.
Toda la adolescencia la atravesé sintiendo la angustia de no comprenderme a mí mismo y mucho menos al mundo, a la familia, a la sociedad, a las instituciones. Pero en ese momento el lenguaje me estaba vedado. Sentimientos confusos, inclasificables, mucha agonía, ganas de morir y la incomprensión de un entorno al que también le estaba vedado el lenguaje, hacían que mi sentimiento de fuga creciera cada día más.
Cuando terminé la escuela secundaria y conocí los narcóticos tuve el suficiente valor para irme de casa. Me fui de casa, del mundo, de la realidad, de mí mismo hasta los lugares más obscuros, solitarios y miserables de mi existencia. Llegué a no reconocerme. Tampoco el camino para volver. Tampoco sabía si podría volver o sí debía volver a encontrarme.
Descubrí el Eterno Retorno a mis 26 años. Iba caminando por Cerrito, al costado de la avenida 9 de Julio. Ahí estaba yo cumpliendo o viviendo mi fantasía de la niñez 15 años después. Después de haber sido preparado por la escuela técnica para que construyera edificios de hasta 4 pisos, yo habitaba en las calles, fuera de esos edificios, fuera de la sociedad, fuera de las instituciones; ahí estaba yo haciendo mi antítesis.
Me veo caminando descalzo, con una bolsa negra de residuos, llevando una frazada para dormir en donde el sueño lo solicite. En ese momento comprendí (en el buen sentido) que toda mi vida, hasta ese momento, me había preparado para llegar a ese momento. Un momento que se repite ciclicamente.
Un momento entre otros tantos momentos para los que también me voy preparando.
En algunos de esos momentos hay un salto, y es para esos saltos para los que me preparo Ahora, en este momento.
Eterno retorno (o antítesis)
Siempre quise escapar, huir del mundo; ya sea mirando televisión, jugando en la terraza de la casa de mi abuela, mintiendo en la escuela a mis compañeros. Siempre viviendo en una fantasía y negando la realidad. Pero yo no sabía en ese momento qué era la realidad.
Desde los 11 años comencé a planear mi huida. Fantaseaba con vivir en Buenos Aires, vivir en la calle, ser un chico de la calle; y algún día, después de muchos años, volvería con mi familia.
A mis 8 años fallece mi abuela en la cama, al lado mio. Yo compartía la cama con ella en la casa de mi tía. Tuvo un ataque de presión y despidió mucha sangre por la boca y la nariz. Mi espalada fue manchada con su sangre. A partir de ese momento la muerte comenzó a vagar por mis reflexiones y comencé a ser consciente de la finitud de la vida, de mi vida. Por las noches tocaba mi pecho y me preguntaba cómo sería morir, cómo sería el momento de la transición, el de la asfixia, el de las penumbras arrastrarme a los brazos de la muerte.
Toda la adolescencia la atravesé sintiendo la angustia de no comprenderme a mí mismo y mucho menos al mundo, a la familia, a la sociedad, a las instituciones. Pero en ese momento el lenguaje me estaba vedado. Sentimientos confusos, inclasificables, mucha agonía, ganas de morir y la incomprensión de un entorno al que también le estaba vedado el lenguaje, hacían que mi sentimiento de fuga creciera cada día más.
Cuando terminé la escuela secundaria y conocí los narcóticos tuve el suficiente valor para irme de casa. Me fui de casa, del mundo, de la realidad, de mí mismo hasta los lugares más obscuros, solitarios y miserables de mi existencia. Llegué a no reconocerme. Tampoco el camino para volver. Tampoco sabía si podría volver o sí debía volver a encontrarme.
Descubrí el Eterno Retorno a mis 26 años. Iba caminando por Cerrito, al costado de la avenida 9 de Julio. Ahí estaba yo cumpliendo o viviendo mi fantasía de la niñez 15 años después. Después de haber sido preparado por la escuela técnica para que construyera edificios de hasta 4 pisos, yo habitaba en las calles, fuera de esos edificios, fuera de la sociedad, fuera de las instituciones; ahí estaba yo haciendo mi antítesis.
Me veo caminando descalzo, con una bolsa negra de residuos, llevando una frazada para dormir en donde el sueño lo solicite. En ese momento comprendí (en el buen sentido) que toda mi vida, hasta ese momento, me había preparado para llegar a ese momento. Un momento que se repite ciclicamente.
Un momento entre otros tantos momentos para los que también me voy preparando.
En algunos de esos momentos hay un salto, y es para esos saltos para los que me preparo Ahora, en este momento.
Desde los 11 años comencé a planear mi huida. Fantaseaba con vivir en Buenos Aires, vivir en la calle, ser un chico de la calle; y algún día, después de muchos años, volvería con mi familia.
A mis 8 años fallece mi abuela en la cama, al lado mio. Yo compartía la cama con ella en la casa de mi tía. Tuvo un ataque de presión y despidió mucha sangre por la boca y la nariz. Mi espalada fue manchada con su sangre. A partir de ese momento la muerte comenzó a vagar por mis reflexiones y comencé a ser consciente de la finitud de la vida, de mi vida. Por las noches tocaba mi pecho y me preguntaba cómo sería morir, cómo sería el momento de la transición, el de la asfixia, el de las penumbras arrastrarme a los brazos de la muerte.
Toda la adolescencia la atravesé sintiendo la angustia de no comprenderme a mí mismo y mucho menos al mundo, a la familia, a la sociedad, a las instituciones. Pero en ese momento el lenguaje me estaba vedado. Sentimientos confusos, inclasificables, mucha agonía, ganas de morir y la incomprensión de un entorno al que también le estaba vedado el lenguaje, hacían que mi sentimiento de fuga creciera cada día más.
Cuando terminé la escuela secundaria y conocí los narcóticos tuve el suficiente valor para irme de casa. Me fui de casa, del mundo, de la realidad, de mí mismo hasta los lugares más obscuros, solitarios y miserables de mi existencia. Llegué a no reconocerme. Tampoco el camino para volver. Tampoco sabía si podría volver o sí debía volver a encontrarme.
Descubrí el Eterno Retorno a mis 26 años. Iba caminando por Cerrito, al costado de la avenida 9 de Julio. Ahí estaba yo cumpliendo o viviendo mi fantasía de la niñez 15 años después. Después de haber sido preparado por la escuela técnica para que construyera edificios de hasta 4 pisos, yo habitaba en las calles, fuera de esos edificios, fuera de la sociedad, fuera de las instituciones; ahí estaba yo haciendo mi antítesis.
Me veo caminando descalzo, con una bolsa negra de residuos, llevando una frazada para dormir en donde el sueño lo solicite. En ese momento comprendí (en el buen sentido) que toda mi vida, hasta ese momento, me había preparado para llegar a ese momento. Un momento que se repite ciclicamente.
Un momento entre otros tantos momentos para los que también me voy preparando.
En algunos de esos momentos hay un salto, y es para esos saltos para los que me preparo Ahora, en este momento.
domingo, 1 de octubre de 2017
Sugarblind
La primera cucharada de azúcar es
Insuficiente
La segunda es la
Cantidad justa
La tercera es la de
La ansiedad
La cuarta;
La cuarta es la de
La adicción.
Insuficiente
La segunda es la
Cantidad justa
La tercera es la de
La ansiedad
La cuarta;
La cuarta es la de
La adicción.
Sugarblind
La primera cucharada de azúcar es
Insuficiente
La segunda es la
Cantidad justa
La tercera es la de
La ansiedad
La cuarta;
La cuarta es la de
La adicción.
Insuficiente
La segunda es la
Cantidad justa
La tercera es la de
La ansiedad
La cuarta;
La cuarta es la de
La adicción.
sábado, 30 de septiembre de 2017
Lengua materna
Añacocuarapeguaré
Una de las primeras palabras
En guaraní
De mi lengua materna
En boca de mi abuela.
Añacocuarapeguaré es un insulto
Algo así como hijo de puta
O hijo del diablo.
Añacocuarapeguaré
La música de la palabra
Deja a un lado
Al insulto
Deja de lado la ausencia
De mi abuela; es más
La trae de vuelta
A toda mi abuela
Toda Sebastiana Acosta
Comienza y se agota
En esa palabra:
Añacocuarapeguaré
La palabra más bella
La de más ritmo
La más simpática,
(Si hasta pareciera que salta
De una lado para otro como
Un mandril en el día de su
Cumpleaños),
La de más quiebres fonéticos
La de más sentidos emotivos
Y sentimentales, porque la pronunciaba
Ella y ella era pronunciada por
La palabra, una palabra también
Adquirida en su lengua materna
En el paraguay.
Cada vez que la pronuncio
La pronuncio a ella
A su tabaco masticado
A sus fideos con manteca
A sus milanesas con rebozador
A su cable trenzado
Con el que me obligaba a ir al jardín
A los paseos por la feria de Solano
A las chipás de la feria
Todo eso y mucho más
Cabe en una palabra:
Añacocuarapeguaré
La que también me comienza
Y también me agota.
Una de las primeras palabras
En guaraní
De mi lengua materna
En boca de mi abuela.
Añacocuarapeguaré es un insulto
Algo así como hijo de puta
O hijo del diablo.
Añacocuarapeguaré
La música de la palabra
Deja a un lado
Al insulto
Deja de lado la ausencia
De mi abuela; es más
La trae de vuelta
A toda mi abuela
Toda Sebastiana Acosta
Comienza y se agota
En esa palabra:
Añacocuarapeguaré
La palabra más bella
La de más ritmo
La más simpática,
(Si hasta pareciera que salta
De una lado para otro como
Un mandril en el día de su
Cumpleaños),
La de más quiebres fonéticos
La de más sentidos emotivos
Y sentimentales, porque la pronunciaba
Ella y ella era pronunciada por
La palabra, una palabra también
Adquirida en su lengua materna
En el paraguay.
Cada vez que la pronuncio
La pronuncio a ella
A su tabaco masticado
A sus fideos con manteca
A sus milanesas con rebozador
A su cable trenzado
Con el que me obligaba a ir al jardín
A los paseos por la feria de Solano
A las chipás de la feria
Todo eso y mucho más
Cabe en una palabra:
Añacocuarapeguaré
La que también me comienza
Y también me agota.
Lengua materna
Añacocuarapeguaré
Una de las primeras palabras
En guaraní
De mi lengua materna
En boca de mi abuela.
Añacocuarapeguaré es un insulto
Algo así como hijo de puta
O hijo del diablo.
Añacocuarapeguaré
La música de la palabra
Deja a un lado
Al insulto
Deja de lado la ausencia
De mi abuela; es más
La trae de vuelta
A toda mi abuela
Toda Sebastiana Acosta
Comienza y se agota
En esa palabra:
Añacocuarapeguaré
La palabra más bella
La de más ritmo
La más simpática,
(Si hasta pareciera que salta
De una lado para otro como
Un mandril en el día de su
Cumpleaños),
La de más quiebres fonéticos
La de más sentidos emotivos
Y sentimentales, porque la pronunciaba
Ella y ella era pronunciada por
La palabra, una palabra también
Adquirida en su lengua materna
En el paraguay.
Cada vez que la pronuncio
La pronuncio a ella
A su tabaco masticado
A sus fideos con manteca
A sus milanesas con rebozador
A su cable trenzado
Con el que me obligaba a ir al jardín
A los paseos por la feria de Solano
A las chipás de la feria
Todo eso y mucho más
Cabe en una palabra:
Añacocuarapeguaré
La que también me comienza
Y también me agota.
Una de las primeras palabras
En guaraní
De mi lengua materna
En boca de mi abuela.
Añacocuarapeguaré es un insulto
Algo así como hijo de puta
O hijo del diablo.
Añacocuarapeguaré
La música de la palabra
Deja a un lado
Al insulto
Deja de lado la ausencia
De mi abuela; es más
La trae de vuelta
A toda mi abuela
Toda Sebastiana Acosta
Comienza y se agota
En esa palabra:
Añacocuarapeguaré
La palabra más bella
La de más ritmo
La más simpática,
(Si hasta pareciera que salta
De una lado para otro como
Un mandril en el día de su
Cumpleaños),
La de más quiebres fonéticos
La de más sentidos emotivos
Y sentimentales, porque la pronunciaba
Ella y ella era pronunciada por
La palabra, una palabra también
Adquirida en su lengua materna
En el paraguay.
Cada vez que la pronuncio
La pronuncio a ella
A su tabaco masticado
A sus fideos con manteca
A sus milanesas con rebozador
A su cable trenzado
Con el que me obligaba a ir al jardín
A los paseos por la feria de Solano
A las chipás de la feria
Todo eso y mucho más
Cabe en una palabra:
Añacocuarapeguaré
La que también me comienza
Y también me agota.
Después de bañarse se maquilla
Dejará de ser madre por lo
Que resta de la noche.
Del otro lado la puerta
La esperan los amantes
Ansiosos de sexo compulsivo
O caricias tiernas
O distraer sus soledades
Con el cuerpo de mamá.
Un último beso limpio en
Mis mejillas y la
Televisión para distraerme.
Por el ojo de la cerradura se filtra
La luz roja del cabaret,
El humo de los cigarrillos
La música, los gritos de
Borrachos arreglando el precio,
Las madres que van y vienen,
Que bailan con los puntos
Que pasan a las habitaciones
Con los puntos
Y entre todos ellos mamá
Una madre vendiendo su sexo
Fingiendo el placer para
Que podamos disfrutar de nuestra
Relación en lo poco que nos
Deja el día,
Después que ella descanse
Y yo vuelva de la escuela.
La noche termina
Y debe volver a ser madre,
Deja su disfraz del otro
Lado de la puerta;
Ya ha cumplido con el dinero
Para que comamos
Yo estudie
Y poder alquilar algo.
Cuando se recuesta a mi lado
Siento el sabor del dentrífico
Que tapa el olor del semen de
Su boca. Pero el dentrífico
No tapa el olor a cigarrillos
Y alcohol.
Todavía no se ha quitado del todo
Su disfraz.
Dejará de ser madre por lo
Que resta de la noche.
Del otro lado la puerta
La esperan los amantes
Ansiosos de sexo compulsivo
O caricias tiernas
O distraer sus soledades
Con el cuerpo de mamá.
Un último beso limpio en
Mis mejillas y la
Televisión para distraerme.
Por el ojo de la cerradura se filtra
La luz roja del cabaret,
El humo de los cigarrillos
La música, los gritos de
Borrachos arreglando el precio,
Las madres que van y vienen,
Que bailan con los puntos
Que pasan a las habitaciones
Con los puntos
Y entre todos ellos mamá
Una madre vendiendo su sexo
Fingiendo el placer para
Que podamos disfrutar de nuestra
Relación en lo poco que nos
Deja el día,
Después que ella descanse
Y yo vuelva de la escuela.
La noche termina
Y debe volver a ser madre,
Deja su disfraz del otro
Lado de la puerta;
Ya ha cumplido con el dinero
Para que comamos
Yo estudie
Y poder alquilar algo.
Cuando se recuesta a mi lado
Siento el sabor del dentrífico
Que tapa el olor del semen de
Su boca. Pero el dentrífico
No tapa el olor a cigarrillos
Y alcohol.
Todavía no se ha quitado del todo
Su disfraz.
Después de bañarse se maquilla
Dejará de ser madre por lo
Que resta de la noche.
Del otro lado la puerta
La esperan los amantes
Ansiosos de sexo compulsivo
O caricias tiernas
O distraer sus soledades
Con el cuerpo de mamá.
Un último beso limpio en
Mis mejillas y la
Televisión para distraerme.
Por el ojo de la cerradura se filtra
La luz roja del cabaret,
El humo de los cigarrillos
La música, los gritos de
Borrachos arreglando el precio,
Las madres que van y vienen,
Que bailan con los puntos
Que pasan a las habitaciones
Con los puntos
Y entre todos ellos mamá
Una madre vendiendo su sexo
Fingiendo el placer para
Que podamos disfrutar de nuestra
Relación en lo poco que nos
Deja el día,
Después que ella descanse
Y yo vuelva de la escuela.
La noche termina
Y debe volver a ser madre,
Deja su disfraz del otro
Lado de la puerta;
Ya ha cumplido con el dinero
Para que comamos
Yo estudie
Y poder alquilar algo.
Cuando se recuesta a mi lado
Siento el sabor del dentrífico
Que tapa el olor del semen de
Su boca. Pero el dentrífico
No tapa el olor a cigarrillos
Y alcohol.
Todavía no se ha quitado del todo
Su disfraz.
Dejará de ser madre por lo
Que resta de la noche.
Del otro lado la puerta
La esperan los amantes
Ansiosos de sexo compulsivo
O caricias tiernas
O distraer sus soledades
Con el cuerpo de mamá.
Un último beso limpio en
Mis mejillas y la
Televisión para distraerme.
Por el ojo de la cerradura se filtra
La luz roja del cabaret,
El humo de los cigarrillos
La música, los gritos de
Borrachos arreglando el precio,
Las madres que van y vienen,
Que bailan con los puntos
Que pasan a las habitaciones
Con los puntos
Y entre todos ellos mamá
Una madre vendiendo su sexo
Fingiendo el placer para
Que podamos disfrutar de nuestra
Relación en lo poco que nos
Deja el día,
Después que ella descanse
Y yo vuelva de la escuela.
La noche termina
Y debe volver a ser madre,
Deja su disfraz del otro
Lado de la puerta;
Ya ha cumplido con el dinero
Para que comamos
Yo estudie
Y poder alquilar algo.
Cuando se recuesta a mi lado
Siento el sabor del dentrífico
Que tapa el olor del semen de
Su boca. Pero el dentrífico
No tapa el olor a cigarrillos
Y alcohol.
Todavía no se ha quitado del todo
Su disfraz.
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