Llueve
Llueve
Y llueve.
La autopista
No deja pasar el agua.
El papel del cartel publicitario
Deja al frío fuera de mi cuerpo.
Los días ya no tiene nombre
Las fechas ya no importan,
El futuro llegó
Y se alejó hace rato.
Mi familia duerme a mi lado
También con un papel
De cartel publicitario.
La pava enegracida se calienta
Sobre el brasero. Unas medialunas
Se ablandan con el fuego. Un porro
Se arma y se prende en el brasero.
Ya no importa el futuro
Importa el ahora.
Mientras tanto la lluvia sigue cayendo
Cayendo
Cayendo.
Mientras el humo se disipa
El sueño narcótico al que me aferro
Me hace sentir que estoy
En el mejor lugar del mundo:
Y es que estoy en el mejor lugar
Del mundo:
La autopista no deja pasar la lluvia
El papel del cartel publicitario
No deja pasar el frío,
El brasero calienta la pava
Y el fuego prende el porro
Y el porro enciende
El sueño narcótico
Que me dice que estoy
En el mejor lugar del mundo
Mientras la lluvia
Sigue cayendo
Sigue cayendo
Sigue cayendo.
jueves, 31 de enero de 2019
Llueve
Llueve
Y llueve.
La autopista
No deja pasar el agua.
El papel del cartel publicitario
Deja al frío fuera de mi cuerpo.
Los días ya no tiene nombre
Las fechas ya no importan,
El futuro llegó
Y se alejó hace rato.
Mi familia duerme a mi lado
También con un papel
De cartel publicitario.
La pava enegracida se calienta
Sobre el brasero. Unas medialunas
Se ablandan con el fuego. Un porro
Se arma y se prende en el brasero.
Ya no importa el futuro
Importa el ahora.
Mientras tanto la lluvia sigue cayendo
Cayendo
Cayendo.
Mientras el humo se disipa
El sueño narcótico al que me aferro
Me hace sentir que estoy
En el mejor lugar del mundo:
Y es que estoy en el mejor lugar
Del mundo:
La autopista no deja pasar la lluvia
El papel del cartel publicitario
No deja pasar el frío,
El brasero calienta la pava
Y el fuego prende el porro
Y el porro enciende
El sueño narcótico
Que me dice que estoy
En el mejor lugar del mundo
Mientras la lluvia
Sigue cayendo
Sigue cayendo
Sigue cayendo.
Llueve
Y llueve.
La autopista
No deja pasar el agua.
El papel del cartel publicitario
Deja al frío fuera de mi cuerpo.
Los días ya no tiene nombre
Las fechas ya no importan,
El futuro llegó
Y se alejó hace rato.
Mi familia duerme a mi lado
También con un papel
De cartel publicitario.
La pava enegracida se calienta
Sobre el brasero. Unas medialunas
Se ablandan con el fuego. Un porro
Se arma y se prende en el brasero.
Ya no importa el futuro
Importa el ahora.
Mientras tanto la lluvia sigue cayendo
Cayendo
Cayendo.
Mientras el humo se disipa
El sueño narcótico al que me aferro
Me hace sentir que estoy
En el mejor lugar del mundo:
Y es que estoy en el mejor lugar
Del mundo:
La autopista no deja pasar la lluvia
El papel del cartel publicitario
No deja pasar el frío,
El brasero calienta la pava
Y el fuego prende el porro
Y el porro enciende
El sueño narcótico
Que me dice que estoy
En el mejor lugar del mundo
Mientras la lluvia
Sigue cayendo
Sigue cayendo
Sigue cayendo.
Rodolfo
Rodolfo prepara una canasta
Para llevar tortillas a sus hermanos.
Camina entre el sol abrasador de Tucumán
Y los surcos de algodón.
Los copos lo saludan
Hablan con él, y él les sonríe.
Rodolfo es un niño
Llegó al mundo
Un 7 de agosto de 1929
Su madre Eulogia
Y su Padre Fernando
También se encuentran
En los surcos
En los delicados copos de algodón;
Ellos también esperan
Un pedazo de tortilla
Para poder seguir la joranada.
Rodofo camina con la canasta
A cada uno le deja una tortilla
También les convida agua de un bidón.
Rodoldo disfruta del atardecer
En el campo.
Está sentado en la canasta
Observando el vuelo de una mariposa.
Detrás de la mariposa ve a sus hermanos
Y sus padres ir a su encuentro.
La jornada ha finalizado.
Su padre lo alza en brazos
Todos caminan hacia
La declinación del día.
Rodolfo es feliz, inocente,
Todavía no sabe que Teresa será su esposa
No sabe que tendrá 7 hijos
Y 16 nietos;
No sabe que Teresa lo cuidará
A él y sus hijos desde la Luz.
Rodolfo Fortunato Vázquez
Es mi abuelo
Pero él todavía no lo sabe.
Sabe que debe descansar con su familia
Para volver al otro día.
Rodolfo
Camina
Camina
Entre los surcos de algodón
Con su canasta
Dejando tortillas a sus hermanos.
Para llevar tortillas a sus hermanos.
Camina entre el sol abrasador de Tucumán
Y los surcos de algodón.
Los copos lo saludan
Hablan con él, y él les sonríe.
Rodolfo es un niño
Llegó al mundo
Un 7 de agosto de 1929
Su madre Eulogia
Y su Padre Fernando
También se encuentran
En los surcos
En los delicados copos de algodón;
Ellos también esperan
Un pedazo de tortilla
Para poder seguir la joranada.
Rodofo camina con la canasta
A cada uno le deja una tortilla
También les convida agua de un bidón.
Rodoldo disfruta del atardecer
En el campo.
Está sentado en la canasta
Observando el vuelo de una mariposa.
Detrás de la mariposa ve a sus hermanos
Y sus padres ir a su encuentro.
La jornada ha finalizado.
Su padre lo alza en brazos
Todos caminan hacia
La declinación del día.
Rodolfo es feliz, inocente,
Todavía no sabe que Teresa será su esposa
No sabe que tendrá 7 hijos
Y 16 nietos;
No sabe que Teresa lo cuidará
A él y sus hijos desde la Luz.
Rodolfo Fortunato Vázquez
Es mi abuelo
Pero él todavía no lo sabe.
Sabe que debe descansar con su familia
Para volver al otro día.
Rodolfo
Camina
Camina
Entre los surcos de algodón
Con su canasta
Dejando tortillas a sus hermanos.
Rodolfo
Rodolfo prepara una canasta
Para llevar tortillas a sus hermanos.
Camina entre el sol abrasador de Tucumán
Y los surcos de algodón.
Los copos lo saludan
Hablan con él, y él les sonríe.
Rodolfo es un niño
Llegó al mundo
Un 7 de agosto de 1929
Su madre Eulogia
Y su Padre Fernando
También se encuentran
En los surcos
En los delicados copos de algodón;
Ellos también esperan
Un pedazo de tortilla
Para poder seguir la joranada.
Rodofo camina con la canasta
A cada uno le deja una tortilla
También les convida agua de un bidón.
Rodoldo disfruta del atardecer
En el campo.
Está sentado en la canasta
Observando el vuelo de una mariposa.
Detrás de la mariposa ve a sus hermanos
Y sus padres ir a su encuentro.
La jornada ha finalizado.
Su padre lo alza en brazos
Todos caminan hacia
La declinación del día.
Rodolfo es feliz, inocente,
Todavía no sabe que Teresa será su esposa
No sabe que tendrá 7 hijos
Y 16 nietos;
No sabe que Teresa lo cuidará
A él y sus hijos desde la Luz.
Rodolfo Fortunato Vázquez
Es mi abuelo
Pero él todavía no lo sabe.
Sabe que debe descansar con su familia
Para volver al otro día.
Rodolfo
Camina
Camina
Entre los surcos de algodón
Con su canasta
Dejando tortillas a sus hermanos.
Para llevar tortillas a sus hermanos.
Camina entre el sol abrasador de Tucumán
Y los surcos de algodón.
Los copos lo saludan
Hablan con él, y él les sonríe.
Rodolfo es un niño
Llegó al mundo
Un 7 de agosto de 1929
Su madre Eulogia
Y su Padre Fernando
También se encuentran
En los surcos
En los delicados copos de algodón;
Ellos también esperan
Un pedazo de tortilla
Para poder seguir la joranada.
Rodofo camina con la canasta
A cada uno le deja una tortilla
También les convida agua de un bidón.
Rodoldo disfruta del atardecer
En el campo.
Está sentado en la canasta
Observando el vuelo de una mariposa.
Detrás de la mariposa ve a sus hermanos
Y sus padres ir a su encuentro.
La jornada ha finalizado.
Su padre lo alza en brazos
Todos caminan hacia
La declinación del día.
Rodolfo es feliz, inocente,
Todavía no sabe que Teresa será su esposa
No sabe que tendrá 7 hijos
Y 16 nietos;
No sabe que Teresa lo cuidará
A él y sus hijos desde la Luz.
Rodolfo Fortunato Vázquez
Es mi abuelo
Pero él todavía no lo sabe.
Sabe que debe descansar con su familia
Para volver al otro día.
Rodolfo
Camina
Camina
Entre los surcos de algodón
Con su canasta
Dejando tortillas a sus hermanos.
Es
Como ver a mi tío muerto
En su cama,
Con su brazo desangrado
Por propia voluntad.
Es
Como un amanecer
En Calafate
O
Un atardecer en Cabo Polonio.
Es
Como la garganta anestesiada
Bloqueada
Que no deja pasar las palabras
Y estas se amontonan
Mueren de asfixia
Se pudren
Y comienzan a pudrir el esternón.
Es
Como el camino del Diablo
Que encontré a los 7 años
En un paraje de Puerto Deseado
La cara del Adversario
Y una cinta roja
Todas dispuestas cada 7 metros.
Es
Como el día de ayer
Pero con más frío.
Es
Como una celda
Y sus barrotes
Y sus habitantes
Y uno de esos habitantes
Soy yo.
Es
Como un descarga
De humo pesado
Desgarrando el sistema nervioso
Y el poco amor que me queda.
Es
Como el recuerdo de mi tío
Llevándome a las librerías de usados;
Miro en su brazo
Y no lo tiene cortado.
Es
Como la primera cucharada
De dulce de leche,
La primera vez que descubrí
El sexo,
La primera vez
Que me masturbé,
La primera vez que me emborraché
La primera vez que no me emborraché
Después de tomar 30 cervezas,
La primera vez que amé,
La primera vez que odié.
Es
Como la primera vez
Que empecé a desandar todo
Este camino.
Es
Como una catábasis.
Es
Como una anábasis.
Mis ejércitos de alucinaciones
Han esperado todos estos años.
Yo mismo he diseñado
Sus armaduras
Sus nombres
Sus máscaras
Sus amores
Sus resentimientos.
Ahora que la Fiebre pasó
Y el Diablo no me acecha
Ya no necesito acechar a nadie.
Mis ejércitos siguen su marcha
Están volviendo a casa
Después de años de combate.
Están cansados, malheridos
Y algunos llevan el cuerpo
De su compañero a su familia.
El mismo sol que me abrigó
En la infancia
Es el mismo que me abrigó
En la calle
Y el que entraba por la ventana
De la celda
El mismo que estaba presente
El día que enterré a mi madre.
Y es como,
Y es como,
Y vuelvo a empezar todo de vuelta.
Y es como este poema
Que habla de todo
Y nada a la vez,
Como yo
Que soy todo y nada a la vez
Que rompí el cristal del espejo
Y no me encontré ahí.
Voy a dejar de escribir
Si quieren encontrarme
Puede que me encuentren
En estas lineas. Ya he dejado
Suficientes trazos de mi rostro
En este poema.
Como ver a mi tío muerto
En su cama,
Con su brazo desangrado
Por propia voluntad.
Es
Como un amanecer
En Calafate
O
Un atardecer en Cabo Polonio.
Es
Como la garganta anestesiada
Bloqueada
Que no deja pasar las palabras
Y estas se amontonan
Mueren de asfixia
Se pudren
Y comienzan a pudrir el esternón.
Es
Como el camino del Diablo
Que encontré a los 7 años
En un paraje de Puerto Deseado
La cara del Adversario
Y una cinta roja
Todas dispuestas cada 7 metros.
Es
Como el día de ayer
Pero con más frío.
Es
Como una celda
Y sus barrotes
Y sus habitantes
Y uno de esos habitantes
Soy yo.
Es
Como un descarga
De humo pesado
Desgarrando el sistema nervioso
Y el poco amor que me queda.
Es
Como el recuerdo de mi tío
Llevándome a las librerías de usados;
Miro en su brazo
Y no lo tiene cortado.
Es
Como la primera cucharada
De dulce de leche,
La primera vez que descubrí
El sexo,
La primera vez
Que me masturbé,
La primera vez que me emborraché
La primera vez que no me emborraché
Después de tomar 30 cervezas,
La primera vez que amé,
La primera vez que odié.
Es
Como la primera vez
Que empecé a desandar todo
Este camino.
Es
Como una catábasis.
Es
Como una anábasis.
Mis ejércitos de alucinaciones
Han esperado todos estos años.
Yo mismo he diseñado
Sus armaduras
Sus nombres
Sus máscaras
Sus amores
Sus resentimientos.
Ahora que la Fiebre pasó
Y el Diablo no me acecha
Ya no necesito acechar a nadie.
Mis ejércitos siguen su marcha
Están volviendo a casa
Después de años de combate.
Están cansados, malheridos
Y algunos llevan el cuerpo
De su compañero a su familia.
El mismo sol que me abrigó
En la infancia
Es el mismo que me abrigó
En la calle
Y el que entraba por la ventana
De la celda
El mismo que estaba presente
El día que enterré a mi madre.
Y es como,
Y es como,
Y vuelvo a empezar todo de vuelta.
Y es como este poema
Que habla de todo
Y nada a la vez,
Como yo
Que soy todo y nada a la vez
Que rompí el cristal del espejo
Y no me encontré ahí.
Voy a dejar de escribir
Si quieren encontrarme
Puede que me encuentren
En estas lineas. Ya he dejado
Suficientes trazos de mi rostro
En este poema.
Es
Como ver a mi tío muerto
En su cama,
Con su brazo desangrado
Por propia voluntad.
Es
Como un amanecer
En Calafate
O
Un atardecer en Cabo Polonio.
Es
Como la garganta anestesiada
Bloqueada
Que no deja pasar las palabras
Y estas se amontonan
Mueren de asfixia
Se pudren
Y comienzan a pudrir el esternón.
Es
Como el camino del Diablo
Que encontré a los 7 años
En un paraje de Puerto Deseado
La cara del Adversario
Y una cinta roja
Todas dispuestas cada 7 metros.
Es
Como el día de ayer
Pero con más frío.
Es
Como una celda
Y sus barrotes
Y sus habitantes
Y uno de esos habitantes
Soy yo.
Es
Como un descarga
De humo pesado
Desgarrando el sistema nervioso
Y el poco amor que me queda.
Es
Como el recuerdo de mi tío
Llevándome a las librerías de usados;
Miro en su brazo
Y no lo tiene cortado.
Es
Como la primera cucharada
De dulce de leche,
La primera vez que descubrí
El sexo,
La primera vez
Que me masturbé,
La primera vez que me emborraché
La primera vez que no me emborraché
Después de tomar 30 cervezas,
La primera vez que amé,
La primera vez que odié.
Es
Como la primera vez
Que empecé a desandar todo
Este camino.
Es
Como una catábasis.
Es
Como una anábasis.
Mis ejércitos de alucinaciones
Han esperado todos estos años.
Yo mismo he diseñado
Sus armaduras
Sus nombres
Sus máscaras
Sus amores
Sus resentimientos.
Ahora que la Fiebre pasó
Y el Diablo no me acecha
Ya no necesito acechar a nadie.
Mis ejércitos siguen su marcha
Están volviendo a casa
Después de años de combate.
Están cansados, malheridos
Y algunos llevan el cuerpo
De su compañero a su familia.
El mismo sol que me abrigó
En la infancia
Es el mismo que me abrigó
En la calle
Y el que entraba por la ventana
De la celda
El mismo que estaba presente
El día que enterré a mi madre.
Y es como,
Y es como,
Y vuelvo a empezar todo de vuelta.
Y es como este poema
Que habla de todo
Y nada a la vez,
Como yo
Que soy todo y nada a la vez
Que rompí el cristal del espejo
Y no me encontré ahí.
Voy a dejar de escribir
Si quieren encontrarme
Puede que me encuentren
En estas lineas. Ya he dejado
Suficientes trazos de mi rostro
En este poema.
Moscardones
Sobre la mesa de la cocina
Un moscardón
En la alacena
Una pericia psicológica
Le hice el suelo a la casa
Y el hombre bajo la lluvia
No tiene paraguas.
Al final,
Todas la mentiras que elucubré
La mayoría
Ya son verdades.
Y eso no aparece en los tests
Tampoco en la cocina
Y la alacena
Almacena todos los cadáveres
De todas la máscaras
Que me habitaron.
Soy un verdugo sin trabajo
Todos se avivaron
Y me dejaron solo:
Ya no hay pecados que perdonar
O torturas
Para expiarlos.
La gente grita en las calles
Se dieron cuanta de que están
Solos en el mundo:
Nada se puede comunicar
Afuera no hay mundo.
A mí no me pidan nada
Yo solo busco moscardones
En mi cocina
Y en la de mis vecinos.
Si algún día vuelvo a hacer
Los tests psicológicos
No le digan que me enamoré
De ella.
Quizás se de cuenta
Entre tantas mentiras que escribo.
Hoy mi mentira favorita es:
"Ne quid nimis"
(Nada en exceso).
Un moscardón
En la alacena
Una pericia psicológica
Le hice el suelo a la casa
Y el hombre bajo la lluvia
No tiene paraguas.
Al final,
Todas la mentiras que elucubré
La mayoría
Ya son verdades.
Y eso no aparece en los tests
Tampoco en la cocina
Y la alacena
Almacena todos los cadáveres
De todas la máscaras
Que me habitaron.
Soy un verdugo sin trabajo
Todos se avivaron
Y me dejaron solo:
Ya no hay pecados que perdonar
O torturas
Para expiarlos.
La gente grita en las calles
Se dieron cuanta de que están
Solos en el mundo:
Nada se puede comunicar
Afuera no hay mundo.
A mí no me pidan nada
Yo solo busco moscardones
En mi cocina
Y en la de mis vecinos.
Si algún día vuelvo a hacer
Los tests psicológicos
No le digan que me enamoré
De ella.
Quizás se de cuenta
Entre tantas mentiras que escribo.
Hoy mi mentira favorita es:
"Ne quid nimis"
(Nada en exceso).
Moscardones
Sobre la mesa de la cocina
Un moscardón
En la alacena
Una pericia psicológica
Le hice el suelo a la casa
Y el hombre bajo la lluvia
No tiene paraguas.
Al final,
Todas la mentiras que elucubré
La mayoría
Ya son verdades.
Y eso no aparece en los tests
Tampoco en la cocina
Y la alacena
Almacena todos los cadáveres
De todas la máscaras
Que me habitaron.
Soy un verdugo sin trabajo
Todos se avivaron
Y me dejaron solo:
Ya no hay pecados que perdonar
O torturas
Para expiarlos.
La gente grita en las calles
Se dieron cuanta de que están
Solos en el mundo:
Nada se puede comunicar
Afuera no hay mundo.
A mí no me pidan nada
Yo solo busco moscardones
En mi cocina
Y en la de mis vecinos.
Si algún día vuelvo a hacer
Los tests psicológicos
No le digan que me enamoré
De ella.
Quizás se de cuenta
Entre tantas mentiras que escribo.
Hoy mi mentira favorita es:
"Ne quid nimis"
(Nada en exceso).
Un moscardón
En la alacena
Una pericia psicológica
Le hice el suelo a la casa
Y el hombre bajo la lluvia
No tiene paraguas.
Al final,
Todas la mentiras que elucubré
La mayoría
Ya son verdades.
Y eso no aparece en los tests
Tampoco en la cocina
Y la alacena
Almacena todos los cadáveres
De todas la máscaras
Que me habitaron.
Soy un verdugo sin trabajo
Todos se avivaron
Y me dejaron solo:
Ya no hay pecados que perdonar
O torturas
Para expiarlos.
La gente grita en las calles
Se dieron cuanta de que están
Solos en el mundo:
Nada se puede comunicar
Afuera no hay mundo.
A mí no me pidan nada
Yo solo busco moscardones
En mi cocina
Y en la de mis vecinos.
Si algún día vuelvo a hacer
Los tests psicológicos
No le digan que me enamoré
De ella.
Quizás se de cuenta
Entre tantas mentiras que escribo.
Hoy mi mentira favorita es:
"Ne quid nimis"
(Nada en exceso).
La pelota del Ariel es una pelota chica de goma azul, casi mediana; no llega a tener el tamaño de una pelota normal. Atrás de su casa hay un terreno baldío que da a otro terreno desocupado. Los dos terrenos forman una L: un baldío extraño en la manzana.
Primero practicamos tiros libres, luego gambetas. A mí me toca el arco. Yo me preparo y él arranca la corrida. Antes de llegar a mí amaga a patear la pelota a mi derecha. Pero lo que hace es envolver con el pie la pelota en un semicírculo; y cuando yo me tiro a mi derecha, él lleva la pelota para la izquierda y hace el gol. Todos los goles me los hace de la misma manera.
Después de merendar en su casa y mirar dibujos animados me voy para mi casa. Intento abrir pero la puerta está cerrada con llave. Toco timbre, golpeo con el puño. No sale nadie. Me canso de esperar. Se está haciendo de noche y el sueño está llegando. Me acomodo abajo de la higuera. No hace frío y el cielo está estrellado. En ningún momento me pregunto por qué no anda nadie por el barrio.
En la mañana me despierta Patoncho, mi vecino. Me pregunta qué hago ahí. Quiero entrar a mi casa, le digo. Me pide que lo acompañe hasta la puerta. La abre. Ya no vive nadie acá, Gastón. El interior es un baldío. Y vos ya no sos un niño, me dice con una sonrisa. Lo miro. Si, Gastón, yo estoy muerto, solo vine a decirte esto. Se va para su casa. Me quedo mirando la higuera y no sé si estoy despierto o si todo esto es un sueño.
Primero practicamos tiros libres, luego gambetas. A mí me toca el arco. Yo me preparo y él arranca la corrida. Antes de llegar a mí amaga a patear la pelota a mi derecha. Pero lo que hace es envolver con el pie la pelota en un semicírculo; y cuando yo me tiro a mi derecha, él lleva la pelota para la izquierda y hace el gol. Todos los goles me los hace de la misma manera.
Después de merendar en su casa y mirar dibujos animados me voy para mi casa. Intento abrir pero la puerta está cerrada con llave. Toco timbre, golpeo con el puño. No sale nadie. Me canso de esperar. Se está haciendo de noche y el sueño está llegando. Me acomodo abajo de la higuera. No hace frío y el cielo está estrellado. En ningún momento me pregunto por qué no anda nadie por el barrio.
En la mañana me despierta Patoncho, mi vecino. Me pregunta qué hago ahí. Quiero entrar a mi casa, le digo. Me pide que lo acompañe hasta la puerta. La abre. Ya no vive nadie acá, Gastón. El interior es un baldío. Y vos ya no sos un niño, me dice con una sonrisa. Lo miro. Si, Gastón, yo estoy muerto, solo vine a decirte esto. Se va para su casa. Me quedo mirando la higuera y no sé si estoy despierto o si todo esto es un sueño.
La pelota del Ariel es una pelota chica de goma azul, casi mediana; no llega a tener el tamaño de una pelota normal. Atrás de su casa hay un terreno baldío que da a otro terreno desocupado. Los dos terrenos forman una L: un baldío extraño en la manzana.
Primero practicamos tiros libres, luego gambetas. A mí me toca el arco. Yo me preparo y él arranca la corrida. Antes de llegar a mí amaga a patear la pelota a mi derecha. Pero lo que hace es envolver con el pie la pelota en un semicírculo; y cuando yo me tiro a mi derecha, él lleva la pelota para la izquierda y hace el gol. Todos los goles me los hace de la misma manera.
Después de merendar en su casa y mirar dibujos animados me voy para mi casa. Intento abrir pero la puerta está cerrada con llave. Toco timbre, golpeo con el puño. No sale nadie. Me canso de esperar. Se está haciendo de noche y el sueño está llegando. Me acomodo abajo de la higuera. No hace frío y el cielo está estrellado. En ningún momento me pregunto por qué no anda nadie por el barrio.
En la mañana me despierta Patoncho, mi vecino. Me pregunta qué hago ahí. Quiero entrar a mi casa, le digo. Me pide que lo acompañe hasta la puerta. La abre. Ya no vive nadie acá, Gastón. El interior es un baldío. Y vos ya no sos un niño, me dice con una sonrisa. Lo miro. Si, Gastón, yo estoy muerto, solo vine a decirte esto. Se va para su casa. Me quedo mirando la higuera y no sé si estoy despierto o si todo esto es un sueño.
Primero practicamos tiros libres, luego gambetas. A mí me toca el arco. Yo me preparo y él arranca la corrida. Antes de llegar a mí amaga a patear la pelota a mi derecha. Pero lo que hace es envolver con el pie la pelota en un semicírculo; y cuando yo me tiro a mi derecha, él lleva la pelota para la izquierda y hace el gol. Todos los goles me los hace de la misma manera.
Después de merendar en su casa y mirar dibujos animados me voy para mi casa. Intento abrir pero la puerta está cerrada con llave. Toco timbre, golpeo con el puño. No sale nadie. Me canso de esperar. Se está haciendo de noche y el sueño está llegando. Me acomodo abajo de la higuera. No hace frío y el cielo está estrellado. En ningún momento me pregunto por qué no anda nadie por el barrio.
En la mañana me despierta Patoncho, mi vecino. Me pregunta qué hago ahí. Quiero entrar a mi casa, le digo. Me pide que lo acompañe hasta la puerta. La abre. Ya no vive nadie acá, Gastón. El interior es un baldío. Y vos ya no sos un niño, me dice con una sonrisa. Lo miro. Si, Gastón, yo estoy muerto, solo vine a decirte esto. Se va para su casa. Me quedo mirando la higuera y no sé si estoy despierto o si todo esto es un sueño.
Oro
Mientras el día
Se deja devorar por la noche
Mientras los vivos colores
De la tarde son arrastrados
Al final de la calle
Mientras los gorriones
Canten sobre la medianera
Mientras una tormenta
Se aproxime
Mientras la luna asome
Tímida sobre los eucaliptus
Mientras no me atrase en el
Préstamo bancario
Mientras empiece a escribir
Esa novela
Mientras se realice el monumento
Funerario a mi madre
Mientras estos versos
Se dejen vivir por este pulso
Mientras viva en la poesía
Y no "de la poesía";
Todo
Absolutamente
Todo esto
Será el único oro
Al que accederé en esta vida.
Se deja devorar por la noche
Mientras los vivos colores
De la tarde son arrastrados
Al final de la calle
Mientras los gorriones
Canten sobre la medianera
Mientras una tormenta
Se aproxime
Mientras la luna asome
Tímida sobre los eucaliptus
Mientras no me atrase en el
Préstamo bancario
Mientras empiece a escribir
Esa novela
Mientras se realice el monumento
Funerario a mi madre
Mientras estos versos
Se dejen vivir por este pulso
Mientras viva en la poesía
Y no "de la poesía";
Todo
Absolutamente
Todo esto
Será el único oro
Al que accederé en esta vida.
Oro
Mientras el día
Se deja devorar por la noche
Mientras los vivos colores
De la tarde son arrastrados
Al final de la calle
Mientras los gorriones
Canten sobre la medianera
Mientras una tormenta
Se aproxime
Mientras la luna asome
Tímida sobre los eucaliptus
Mientras no me atrase en el
Préstamo bancario
Mientras empiece a escribir
Esa novela
Mientras se realice el monumento
Funerario a mi madre
Mientras estos versos
Se dejen vivir por este pulso
Mientras viva en la poesía
Y no "de la poesía";
Todo
Absolutamente
Todo esto
Será el único oro
Al que accederé en esta vida.
Se deja devorar por la noche
Mientras los vivos colores
De la tarde son arrastrados
Al final de la calle
Mientras los gorriones
Canten sobre la medianera
Mientras una tormenta
Se aproxime
Mientras la luna asome
Tímida sobre los eucaliptus
Mientras no me atrase en el
Préstamo bancario
Mientras empiece a escribir
Esa novela
Mientras se realice el monumento
Funerario a mi madre
Mientras estos versos
Se dejen vivir por este pulso
Mientras viva en la poesía
Y no "de la poesía";
Todo
Absolutamente
Todo esto
Será el único oro
Al que accederé en esta vida.
jueves, 24 de enero de 2019
Laguna Ortiz
"Tu amor es mi enfermedad
Soy un envase vacío"
Paloma, Andrés Calamaro
En el 88, luego de que falleciera mi abuela, mamá creyó que lo mejor era mudarnos a Río Gallegos con su hermana, mi tía Felisa. Lo que me gustó y entusiasmó era que íbamos a viajar en avión. Fue una de las experiencias que más recuerdo. El despegue, conocer la cabina de los pilotos, ver la tierra desde el cielo y el aterrizaje fue todo un acontecimiento para mí.
Llegamos en otoño, Río Gallegos me pareció un lugar extraño. Ya habíamos estado un par de veces de paso con una pareja que tenía mamá que era camionero. Pero saber que ahora tendríamos que vivir acá y en casa de mi tía hizo que no me sienta cómodo enseguida.
Apenas llegamos mamá se puso en campaña para buscarme una escuela. Las que estaban en el barrio no tenían vacante. Alrededor tampoco encontró. Pudo conseguirme una vacante en una escuela que estaba del otro lado de la ciudad. Tuvo que pagar una combi que me llevara y trajera de escuela todos los días. Mi tía, mientras mamá me conseguía escuela, me llevó a la casa en donde trabajaba como empleada domestica para que conociera a los chicos que ella cuidaba. Los chicos eran de mi edad, también estaban en quinto grado. No recuerdo qué hicimos ese primer día. Lo que sí recuerdo es que me invitaron a la mañana siguiente a la Laguna Ortiz para andar en trineo. El barrio quedaba casi a las afueras de Río Gallegos. La Laguna Ortiz queda en las afuera de la ciudad. En invierno la laguna se congela y se puede andar sobre el hielo. Lo que mis nuevos amigo llamaban trineo era una tabla con dos tablas cortas puestas de manera perpendicular en los extremos de la tabla. En esas tablas cortas se atornillan dos perfiles T, dejando la parte de abajo de la T que apoye sobre el hielo y haga deslizar la tabla. La parte que apoya sobre el hielo había que afilarla bien para que el deslizar sea amable. Las piernas se apoyan sobre la tabla y la manera de impulsarse es con dos baquetas que llevan un clavo en el extremo. Hay que clavar las baquetas en el hielo e impulsarse hacia adelante. Era como estar hincado de rodillas y moverse para donde uno quisiese. Yo nunca tuve trineo. A mis amigos se los había hecho su padre. Siempre tenía que esperar a que mis amigos me lo prestaran. Hacer un trineo era una tradición familiar en Río Gallegos. Así como a mis amigos se los había hecho el padre; en otras familias la construcción del trineo era una cosa entre hermanos o tíos. La Laguna Ortiz era un lugar para que cada uno mostrara sus trineos. Cada uno trataba de ser original.
Los días en la Laguna eran eternos. Jugar carreras con otros chicos, con otros barrios. Siempre volvíamos a la tarde casi noche y con ganas de volver al otro día. Mis ganas de volver a la laguna se acrecentaron cuando conocí a Florencia. Yo estaba con mis amigos. Ella irrumpió como si nada y se unió a nosotros. Ella era de otro barrio y también pasaba las tardes con nosotros. Yo, sin querer, me enamoré de ella. Iba a la laguna incluso en los días en que mis amigos no querían ir. Lo único que quería era verla. Ella nunca supo que estaba enamorado de ella. En las noches, cuando estaba en la casa de mi tía, en mi cama, pensaba en la manera de declararle mi amor. Todas la noches imaginaba una excusa y una manera de decirle que me gustaba. Todos los días, cuando volvíamos a la tarde y nos despedíamos, siempre me reprochaba no haber podido decirle lo que sentía. El día que terminó el mundial 90 decidí que no iba a pasar otro día. Ya lo tenía decidido.
Era de mañana. Los nervios me tenían paralizado. Quería ir a buscarla, pero saber que me tenía que enfrentar al momento de la declaración me daba pánico. Finalmente no fui a buscarla. Me dije que iría a la tarde. Trate de dormir la siesta pero la ansiedad no me dejaba. A las 5 me levanté, tomé la leche y fui hasta su casa. Después de tocar el timbre la puerta de su casa se abrió. La madre lloraba. Me abrazó y no podía entender lo que me decía. Florencia había salido en la mañana con su trineo. Mientras andaba en su trineo el hielo de la laguna se quebró. Ella cayó en el agua congelada y se ahogó.
Es julio. Me miro al espejo. Me afeito. Ya estoy listo. Reviso que no me falte nada, en especial el boleto. Tengo 2 horas para llegar al aeropuerto y embarcar.
Pasaron 30 años desde ese primer vuelo en avión con mamá. Llego a Río Gallegos a las 11. La ciudad no me dice nada. No encuentro ningún tipo de sentimiento. En el aeropuerto tomo un taxi que me lleve a algún hotel de la avenida Roca. Hace frío y quizás caiga nieve. Mi tía ya no vive en la ciudad. Ya ni me acuerdo de los nombres de mis amigos. Estoy solo. Me quedo en el lobby del hotel toda la tarde. Salgo a la noche a comer por ahí cerca. La apatía no me deja conectar no nadie. Desde que llegue solo intercambié palabra con el taxista y con la recepcionista del hotel. Después de comer camino por el frío seco y cortante de Río Gallegos. Comienzan a caer unos copos de nieve. Vuelvo al hotel, quiero descansar, quiero llegar a mañana.
Finalmente no nevó. Miro la avenida Roca desde el lobby mientras desayuno. La ciudad parece un poco más animada que ayer. El desayuno me levanta el ánimo, las noticias del diario me devuelvan la apatía y mal humor. Salgo a la calle a buscar un taxi. Encuentro uno enseguida. Le indico la Laguna Ortiz, pero primero pido pasar por una florería. Compro rosas y jazmines. Voy ensimismado en el asiento trasero del taxi con mi ramos de flores. Si el taxista intentó entablar conversación nunca me enteré. Solo le hablé cuando llegamos. Pagué y ni siquiera lo saludé.
La laguna está congelada como ese invierno. Camino. Hay bastante gente divirtiéndose. Están los clásicos trineos, gente que anda en patín, algunos usan los canastos de plástico duro, esos en los que se vende los pollos. La laguna está alegre, inocente. Sigo caminando. Busco un lugar en donde estar solo y tranquilo. Encuentro una piedra en donde sentarme. Me quedó ahí, dejando que el tiempo se gaste, así como la melancolía me ha desgastado todos estos años. Pasan por mi memoria todos esas tardes en las que disfrute sobre este hielo. Mis amigos, la tarde en la que Florencia se juntó con nosotros y nunca se separó, especialmente, de mí. Las vueltas volviendo al barrio, su sonrisa al despedirse, lo enamorado que estaba de ella. La tarde que golpeé por última vez su casa.
Son las 6 de la tarde. La noche comienza a devorarse al día. Me paro frente a la laguna. Le converso con el pensamiento. Me quedo un rato más como si escuchara la respuesta de la laguna. Tomo el ramo de flores y lo dejo al borde de la laguna. Comienzo a caminar y escucho: "Gastón". Es su voz. Un escalofrío me corta la espalda en dos mientras siento como algo me toma de la mano. No quiero darme vuelta.
Laguna Ortiz
"Tu amor es mi enfermedad
Soy un envase vacío"
Paloma, Andrés Calamaro
En el 88, luego de que falleciera mi abuela, mamá creyó que lo mejor era mudarnos a Río Gallegos con su hermana, mi tía Felisa. Lo que me gustó y entusiasmó era que íbamos a viajar en avión. Fue una de las experiencias que más recuerdo. El despegue, conocer la cabina de los pilotos, ver la tierra desde el cielo y el aterrizaje fue todo un acontecimiento para mí.
Llegamos en otoño, Río Gallegos me pareció un lugar extraño. Ya habíamos estado un par de veces de paso con una pareja que tenía mamá que era camionero. Pero saber que ahora tendríamos que vivir acá y en casa de mi tía hizo que no me sienta cómodo enseguida.
Apenas llegamos mamá se puso en campaña para buscarme una escuela. Las que estaban en el barrio no tenían vacante. Alrededor tampoco encontró. Pudo conseguirme una vacante en una escuela que estaba del otro lado de la ciudad. Tuvo que pagar una combi que me llevara y trajera de escuela todos los días. Mi tía, mientras mamá me conseguía escuela, me llevó a la casa en donde trabajaba como empleada domestica para que conociera a los chicos que ella cuidaba. Los chicos eran de mi edad, también estaban en quinto grado. No recuerdo qué hicimos ese primer día. Lo que sí recuerdo es que me invitaron a la mañana siguiente a la Laguna Ortiz para andar en trineo. El barrio quedaba casi a las afueras de Río Gallegos. La Laguna Ortiz queda en las afuera de la ciudad. En invierno la laguna se congela y se puede andar sobre el hielo. Lo que mis nuevos amigo llamaban trineo era una tabla con dos tablas cortas puestas de manera perpendicular en los extremos de la tabla. En esas tablas cortas se atornillan dos perfiles T, dejando la parte de abajo de la T que apoye sobre el hielo y haga deslizar la tabla. La parte que apoya sobre el hielo había que afilarla bien para que el deslizar sea amable. Las piernas se apoyan sobre la tabla y la manera de impulsarse es con dos baquetas que llevan un clavo en el extremo. Hay que clavar las baquetas en el hielo e impulsarse hacia adelante. Era como estar hincado de rodillas y moverse para donde uno quisiese. Yo nunca tuve trineo. A mis amigos se los había hecho su padre. Siempre tenía que esperar a que mis amigos me lo prestaran. Hacer un trineo era una tradición familiar en Río Gallegos. Así como a mis amigos se los había hecho el padre; en otras familias la construcción del trineo era una cosa entre hermanos o tíos. La Laguna Ortiz era un lugar para que cada uno mostrara sus trineos. Cada uno trataba de ser original.
Los días en la Laguna eran eternos. Jugar carreras con otros chicos, con otros barrios. Siempre volvíamos a la tarde casi noche y con ganas de volver al otro día. Mis ganas de volver a la laguna se acrecentaron cuando conocí a Florencia. Yo estaba con mis amigos. Ella irrumpió como si nada y se unió a nosotros. Ella era de otro barrio y también pasaba las tardes con nosotros. Yo, sin querer, me enamoré de ella. Iba a la laguna incluso en los días en que mis amigos no querían ir. Lo único que quería era verla. Ella nunca supo que estaba enamorado de ella. En las noches, cuando estaba en la casa de mi tía, en mi cama, pensaba en la manera de declararle mi amor. Todas la noches imaginaba una excusa y una manera de decirle que me gustaba. Todos los días, cuando volvíamos a la tarde y nos despedíamos, siempre me reprochaba no haber podido decirle lo que sentía. El día que terminó el mundial 90 decidí que no iba a pasar otro día. Ya lo tenía decidido.
Era de mañana. Los nervios me tenían paralizado. Quería ir a buscarla, pero saber que me tenía que enfrentar al momento de la declaración me daba pánico. Finalmente no fui a buscarla. Me dije que iría a la tarde. Trate de dormir la siesta pero la ansiedad no me dejaba. A las 5 me levanté, tomé la leche y fui hasta su casa. Después de tocar el timbre la puerta de su casa se abrió. La madre lloraba. Me abrazó y no podía entender lo que me decía. Florencia había salido en la mañana con su trineo. Mientras andaba en su trineo el hielo de la laguna se quebró. Ella cayó en el agua congelada y se ahogó.
Es julio. Me miro al espejo. Me afeito. Ya estoy listo. Reviso que no me falte nada, en especial el boleto. Tengo 2 horas para llegar al aeropuerto y embarcar.
Pasaron 30 años desde ese primer vuelo en avión con mamá. Llego a Río Gallegos a las 11. La ciudad no me dice nada. No encuentro ningún tipo de sentimiento. En el aeropuerto tomo un taxi que me lleve a algún hotel de la avenida Roca. Hace frío y quizás caiga nieve. Mi tía ya no vive en la ciudad. Ya ni me acuerdo de los nombres de mis amigos. Estoy solo. Me quedo en el lobby del hotel toda la tarde. Salgo a la noche a comer por ahí cerca. La apatía no me deja conectar no nadie. Desde que llegue solo intercambié palabra con el taxista y con la recepcionista del hotel. Después de comer camino por el frío seco y cortante de Río Gallegos. Comienzan a caer unos copos de nieve. Vuelvo al hotel, quiero descansar, quiero llegar a mañana.
Finalmente no nevó. Miro la avenida Roca desde el lobby mientras desayuno. La ciudad parece un poco más animada que ayer. El desayuno me levanta el ánimo, las noticias del diario me devuelvan la apatía y mal humor. Salgo a la calle a buscar un taxi. Encuentro uno enseguida. Le indico la Laguna Ortiz, pero primero pido pasar por una florería. Compro rosas y jazmines. Voy ensimismado en el asiento trasero del taxi con mi ramos de flores. Si el taxista intentó entablar conversación nunca me enteré. Solo le hablé cuando llegamos. Pagué y ni siquiera lo saludé.
La laguna está congelada como ese invierno. Camino. Hay bastante gente divirtiéndose. Están los clásicos trineos, gente que anda en patín, algunos usan los canastos de plástico duro, esos en los que se vende los pollos. La laguna está alegre, inocente. Sigo caminando. Busco un lugar en donde estar solo y tranquilo. Encuentro una piedra en donde sentarme. Me quedó ahí, dejando que el tiempo se gaste, así como la melancolía me ha desgastado todos estos años. Pasan por mi memoria todos esas tardes en las que disfrute sobre este hielo. Mis amigos, la tarde en la que Florencia se juntó con nosotros y nunca se separó, especialmente, de mí. Las vueltas volviendo al barrio, su sonrisa al despedirse, lo enamorado que estaba de ella. La tarde que golpeé por última vez su casa.
Son las 6 de la tarde. La noche comienza a devorarse al día. Me paro frente a la laguna. Le converso con el pensamiento. Me quedo un rato más como si escuchara la respuesta de la laguna. Tomo el ramo de flores y lo dejo al borde de la laguna. Comienzo a caminar y escucho: "Gastón". Es su voz. Un escalofrío me corta la espalda en dos mientras siento como algo me toma de la mano. No quiero darme vuelta.
miércoles, 23 de enero de 2019
Ángel del Docke
"Ángel del Docke, sé que en algún lado te voy a encontrar
Tu cara a veces brilla en esta oscuridad."
Ángel del Docke, La mancha de Rolando
Lavo los platos y no puedo dejar de pensar. Esta fecha es la peor de todo el año. Ni navidad, ni años nuevo ni siquiera su cumpleaños. Quisiera borrarme el recuerdo si pudiera. Quisiera no ha
haber estado. Quisiera haber muerto antes. Quisiera que él no hay muerto en mis brazos con un aguja clavada. Desde que desperté que lo estoy recordando. Mi hermano era un héroe. Si habrá sobrevivido a tiros y puñaladas; incluso a ese accidente de auto del que no se sabía si iba a volver a caminar. Pero no. Hace 4 años que no lo tengo conmigo, rancheando en la esquina, yendo a bailar, tomar gilada semanas enteras, cojernos a todas las minas que se nos cruzaban. Ya no está; y sí, a veces pienso en prepararme un buen pico de merca piola y pasar para el otro patio, o tomar la 9 mm y volarme la gorra. El día recién comienza y no sé como voy a hacer para terminarlo sin bardear o irme a comprar una bolsa. Lo único que me detiene son estos 9 meses limpios que tengo, y que no sé como logré estar tanto tiempo sin falopa. Desde ese porro que fumanos con mi hermano cuando tenía 8 años que no paré nunca. No sé si pueda aguantar hoy. Me gustaría poder llegar a una reunión.
El encargado me dice que deje los platos y vaya a llevar un pedido. Por lo menos voy a salir un rato a caminar y sentir la luz del día. Salgo a la calle. Estoy hirviendo de angustia y dolor. La verdad que podría tomarme una bolsita para no sentir. Me arrepiento de pensarlo y más rabia me da. Voy apretando los dientes y ya me está doliendo la mandíbula de tanta tensión. Antes de llegar a la dirección me sale al cruce un peruano. "Causa, causa,¿qué andas buscando causa?, ¿altos o bajos?". La cara descolocada que llevo lo apabura al peruano. Lo bardéo. El peruano dice que no pasa nada. Me dice que siga. Lo vuelvo a mirar con cara de 3,8. Llego a la dirección del pedido. Entrego y me voy enseguida para el laburo. No quiero cruzarme a nadie más, y mucho menos a los tranzas.
De la bacha pase a la cocina y ahora estoy haciendo los postres. El repostero se retobó con el encargado y dejó todo en banda. Falta que se vaya el parrillero y ahí sí, colapso definitivamente. Menos mal que sé como sacar los postres. Esta si me las voy a cobrar con mi jefe. Otra vez el recuerdo, otra vez la tortura; otra vez lo estoy teniendo a mi hermano en brazos, muriendo por un pico de merca con ketalar. En estos 9 meses no he dejado de torturarme con ese evento. ¿Por qué no lo lleve al hospital?, ¿por qué no pedí ayuda a los vecinos?, ¿por qué no le corte la mano en la base del dedo pulgar para saber si se estaba deshidratando y para que la presión le baje?, ¿por qué no le di azúcar con agua para reanimarlo?, ¿lo dejé morir?, ¿yo quería que se muriera?. El encargado me grita para que vaya a la caja a cobrar mientras él sale a buscar mercadería. No sé si llegue a la reunión. No sé si llegue a terminar el día sin levantar la primera.
Termina mi turno. Me cambio y ya tomé la decisión. Estoy temblando, tengo nauseas. Vomito en el baño antes de salir. Paso por el salón y ni siquiera saludo al encargado. Estoy enajenado. Paso por el cajero y saco toda la plata. Que se vaya todo a la mierda. Agarro la avenida y camino sin parar. Estoy traspirando por el calor y la desesperación. Voy a ir a lo del tranza que está pasado el puente. Me enteré por los pibes del barrio que está tirando merca piola el zatrán ese. Si está buena la voy a cocinar. Ya está todo planeado. Tengo arcadas. Quiero vomitar pero no tengo nada en el estómago. Me retuerzo un par de veces. Me recompongo y sigo caminando casi al trote. Se me ocurre tomar un taxi para llegar más rápido pero me siento incapaz de hacer esa maniobra. Algo me dice que tengo ir caminando. Cada vez camino más rápido, cada vez son más las ganas de reventarme la cabeza, de apagarla, de callar sus voces y que no me torture más con sus imágenes y recuerdos. Todavía faltan 10 cuadras para llegar al puente y cinco más para llegar a lo del chanta. Por la calle no andan autos. Voy caminando por el medio de la calle como si eso acortara la distancia. Alguien me grita:"¡Lalo,Lalo!". Me doy vuelta, no sé quien es. Sigo caminando por el medio de la calle. "Aguanta Lalo, ¿a dónde vas así?". "Voy a levantar la primera loco",le digo sin siquiera mirarlo. ¡¿"Qué es eso Lalo?!, esperame, no te acordás de mí". "Me voy a drogar loco", y por primera vez lo miro bien. Se me acerca. "En serio no te acordás de mí, soy el hermano del Chavi". Lo único que me hace bajar es el nombre del Chavi. El Chavi es uno de los personajes legendarios del barrio. Ahora está en cana y tiene para un par de años más. De este guacho no me acuerdo. Bah, de tantas cosas no me acuerdo. Tengo años en blanco. El pibe me dice que baje. Se debe notar que estoy desencajado. Me dice de tomar un remis para llegar al barrio. Pobre pibe, me quiere ayudar y yo solo quiero tomarme medio kilo de falopa. Le hago caso, cuando llegue a lo del tranza me bajo. Vamos hasta una agencia de remises. El pibe es cliente de ahí. Yo me quedo afuera para que no se persigan. Subimos al auto. Por un momento pienso que el pibe es puto y me quiere levantar. Estoy pensando giladas. El pibe me dice que sabe que estoy haciendo un tratamiento. "No bardees Lalo". Habla y habla y yo estoy en otra. Me vuelve a preguntar si me acuerdo de él. Le digo que no. " No te acordás esa vez que el Edu estaba reloco y me estaba verdugueando y me pegó un par de cachetadas, y vos le dijiste que a los pibitos no había que verduguearlos porque crecían resentidos después. Capáz que no te acordás porque yo era chico y vos siempre andabas reloco. Pero me defendiste, le diste un par de viajes al Edu y lo echaste. Yo me acuerdo de eso Lalo. No me lo voy a olvidar nunca". Recordé toda la secuencia, toda la noche incluso. No sé como pasó, que me acordara de toda esa noche con total lucidez. Es verdad, el pibe era chico. Pasan los años y no me estoy dando cuenta. Me rescato que hace un rato estaba yendo a buscar falopa y ahora estoy en un taxi con este pibe que es re sano y me quiere ayudar a llegar a mi casa. Pienso en el "por qué" de todo esto mientras lo escucho al pibe. Recuerdo las experiencias que escucho en las reuniones que hablan de Dios, de un Poder superior, la Voluntad de un poder superior y un montón de cosas en las que no creo. Yo no creo en nada. El pibe sigue hablando, le pregunta algo al remisero, conversan entre ellos y yo me siento aliviado.
Pasamos el puente, pasamos por lo del tranza, estamos llegando al barrio y la manija ya se me pasó. Me siento bien. Es extraño. Pienso en que mañana voy a poder ir a laburar, que no voy a tener que mentirle a mi mujer por la plata, que no voy a andar de joda semanas y semanas sin parar, que no voy a caer en cana y todo eso a lo que estoy acostumbrado.
El remis frena en la puerta de mi casa, el pibe vive a dos cuadras más allá. Le quiero dejar algo de plata pero el pibe dice que no, que lo paga él. "Todo bien con vos Lalo, anda a tu casa a descansar. Nos vemos loco". Cierro la puerta del auto y me quedo parado en la vereda mirándolo. El pibe baja la ventanilla:"Viste que los pibitos crecen", dice mientras el remis se aleja.
Meto las llaves en la puerta. Quiero entrar y abrazar a mi mujer y a mi hija. Quiero cenar con ellas, mirar la televisión, descansar y mañana ir a laburar otra vez. Todo esto lo pienso mientras giro la llave. La puerta se abre y antes de entrar miro por donde se perdió el remis:"¿Quién me mandó a este pibe?".
Ángel del Docke
"Ángel del Docke, sé que en algún lado te voy a encontrar
Tu cara a veces brilla en esta oscuridad."
Tu cara a veces brilla en esta oscuridad."
Ángel del Docke, La mancha de Rolando
Lavo los platos y no puedo dejar de pensar. Esta fecha es la peor de todo el año. Ni navidad, ni años nuevo ni siquiera su cumpleaños. Quisiera borrarme el recuerdo si pudiera. Quisiera no ha
haber estado. Quisiera haber muerto antes. Quisiera que él no hay muerto en mis brazos con un aguja clavada. Desde que desperté que lo estoy recordando. Mi hermano era un héroe. Si habrá sobrevivido a tiros y puñaladas; incluso a ese accidente de auto del que no se sabía si iba a volver a caminar. Pero no. Hace 4 años que no lo tengo conmigo, rancheando en la esquina, yendo a bailar, tomar gilada semanas enteras, cojernos a todas las minas que se nos cruzaban. Ya no está; y sí, a veces pienso en prepararme un buen pico de merca piola y pasar para el otro patio, o tomar la 9 mm y volarme la gorra. El día recién comienza y no sé como voy a hacer para terminarlo sin bardear o irme a comprar una bolsa. Lo único que me detiene son estos 9 meses limpios que tengo, y que no sé como logré estar tanto tiempo sin falopa. Desde ese porro que fumanos con mi hermano cuando tenía 8 años que no paré nunca. No sé si pueda aguantar hoy. Me gustaría poder llegar a una reunión.
El encargado me dice que deje los platos y vaya a llevar un pedido. Por lo menos voy a salir un rato a caminar y sentir la luz del día. Salgo a la calle. Estoy hirviendo de angustia y dolor. La verdad que podría tomarme una bolsita para no sentir. Me arrepiento de pensarlo y más rabia me da. Voy apretando los dientes y ya me está doliendo la mandíbula de tanta tensión. Antes de llegar a la dirección me sale al cruce un peruano. "Causa, causa,¿qué andas buscando causa?, ¿altos o bajos?". La cara descolocada que llevo lo apabura al peruano. Lo bardéo. El peruano dice que no pasa nada. Me dice que siga. Lo vuelvo a mirar con cara de 3,8. Llego a la dirección del pedido. Entrego y me voy enseguida para el laburo. No quiero cruzarme a nadie más, y mucho menos a los tranzas.
De la bacha pase a la cocina y ahora estoy haciendo los postres. El repostero se retobó con el encargado y dejó todo en banda. Falta que se vaya el parrillero y ahí sí, colapso definitivamente. Menos mal que sé como sacar los postres. Esta si me las voy a cobrar con mi jefe. Otra vez el recuerdo, otra vez la tortura; otra vez lo estoy teniendo a mi hermano en brazos, muriendo por un pico de merca con ketalar. En estos 9 meses no he dejado de torturarme con ese evento. ¿Por qué no lo lleve al hospital?, ¿por qué no pedí ayuda a los vecinos?, ¿por qué no le corte la mano en la base del dedo pulgar para saber si se estaba deshidratando y para que la presión le baje?, ¿por qué no le di azúcar con agua para reanimarlo?, ¿lo dejé morir?, ¿yo quería que se muriera?. El encargado me grita para que vaya a la caja a cobrar mientras él sale a buscar mercadería. No sé si llegue a la reunión. No sé si llegue a terminar el día sin levantar la primera.
Termina mi turno. Me cambio y ya tomé la decisión. Estoy temblando, tengo nauseas. Vomito en el baño antes de salir. Paso por el salón y ni siquiera saludo al encargado. Estoy enajenado. Paso por el cajero y saco toda la plata. Que se vaya todo a la mierda. Agarro la avenida y camino sin parar. Estoy traspirando por el calor y la desesperación. Voy a ir a lo del tranza que está pasado el puente. Me enteré por los pibes del barrio que está tirando merca piola el zatrán ese. Si está buena la voy a cocinar. Ya está todo planeado. Tengo arcadas. Quiero vomitar pero no tengo nada en el estómago. Me retuerzo un par de veces. Me recompongo y sigo caminando casi al trote. Se me ocurre tomar un taxi para llegar más rápido pero me siento incapaz de hacer esa maniobra. Algo me dice que tengo ir caminando. Cada vez camino más rápido, cada vez son más las ganas de reventarme la cabeza, de apagarla, de callar sus voces y que no me torture más con sus imágenes y recuerdos. Todavía faltan 10 cuadras para llegar al puente y cinco más para llegar a lo del chanta. Por la calle no andan autos. Voy caminando por el medio de la calle como si eso acortara la distancia. Alguien me grita:"¡Lalo,Lalo!". Me doy vuelta, no sé quien es. Sigo caminando por el medio de la calle. "Aguanta Lalo, ¿a dónde vas así?". "Voy a levantar la primera loco",le digo sin siquiera mirarlo. ¡¿"Qué es eso Lalo?!, esperame, no te acordás de mí". "Me voy a drogar loco", y por primera vez lo miro bien. Se me acerca. "En serio no te acordás de mí, soy el hermano del Chavi". Lo único que me hace bajar es el nombre del Chavi. El Chavi es uno de los personajes legendarios del barrio. Ahora está en cana y tiene para un par de años más. De este guacho no me acuerdo. Bah, de tantas cosas no me acuerdo. Tengo años en blanco. El pibe me dice que baje. Se debe notar que estoy desencajado. Me dice de tomar un remis para llegar al barrio. Pobre pibe, me quiere ayudar y yo solo quiero tomarme medio kilo de falopa. Le hago caso, cuando llegue a lo del tranza me bajo. Vamos hasta una agencia de remises. El pibe es cliente de ahí. Yo me quedo afuera para que no se persigan. Subimos al auto. Por un momento pienso que el pibe es puto y me quiere levantar. Estoy pensando giladas. El pibe me dice que sabe que estoy haciendo un tratamiento. "No bardees Lalo". Habla y habla y yo estoy en otra. Me vuelve a preguntar si me acuerdo de él. Le digo que no. " No te acordás esa vez que el Edu estaba reloco y me estaba verdugueando y me pegó un par de cachetadas, y vos le dijiste que a los pibitos no había que verduguearlos porque crecían resentidos después. Capáz que no te acordás porque yo era chico y vos siempre andabas reloco. Pero me defendiste, le diste un par de viajes al Edu y lo echaste. Yo me acuerdo de eso Lalo. No me lo voy a olvidar nunca". Recordé toda la secuencia, toda la noche incluso. No sé como pasó, que me acordara de toda esa noche con total lucidez. Es verdad, el pibe era chico. Pasan los años y no me estoy dando cuenta. Me rescato que hace un rato estaba yendo a buscar falopa y ahora estoy en un taxi con este pibe que es re sano y me quiere ayudar a llegar a mi casa. Pienso en el "por qué" de todo esto mientras lo escucho al pibe. Recuerdo las experiencias que escucho en las reuniones que hablan de Dios, de un Poder superior, la Voluntad de un poder superior y un montón de cosas en las que no creo. Yo no creo en nada. El pibe sigue hablando, le pregunta algo al remisero, conversan entre ellos y yo me siento aliviado.
Pasamos el puente, pasamos por lo del tranza, estamos llegando al barrio y la manija ya se me pasó. Me siento bien. Es extraño. Pienso en que mañana voy a poder ir a laburar, que no voy a tener que mentirle a mi mujer por la plata, que no voy a andar de joda semanas y semanas sin parar, que no voy a caer en cana y todo eso a lo que estoy acostumbrado.
El remis frena en la puerta de mi casa, el pibe vive a dos cuadras más allá. Le quiero dejar algo de plata pero el pibe dice que no, que lo paga él. "Todo bien con vos Lalo, anda a tu casa a descansar. Nos vemos loco". Cierro la puerta del auto y me quedo parado en la vereda mirándolo. El pibe baja la ventanilla:"Viste que los pibitos crecen", dice mientras el remis se aleja.
Meto las llaves en la puerta. Quiero entrar y abrazar a mi mujer y a mi hija. Quiero cenar con ellas, mirar la televisión, descansar y mañana ir a laburar otra vez. Todo esto lo pienso mientras giro la llave. La puerta se abre y antes de entrar miro por donde se perdió el remis:"¿Quién me mandó a este pibe?".
Astillas de la infancia
Enrollo el hilo sobre el trompo
El trompo gira sobre su eje
Sobre la terraza de hormigón
Que mi abuelo hizo borracho.
Solano descansa en su verano del 84
Mi abuela descansa en la siesta
Luego de leer la Reader´s digest
Mi abuelo descansa en
Cristiana sepultura.
El trompo sigue girando
Los barriletes en el aire
Un avión anuncia la llegada
Del circo
Mi mamá aborta a otro
De mis hermanos en Río Gallegos.
Pienso en mi tío
Que me explica lo que es
Un Año Luz;
Pienso en esos 300.000 kms/seg
Que recorre la luz.
Pienso en las veces que mi madre
Ya ha interrumpido la luz en su cuerpo
Pienso desde la terraza
En cruzar la calle para ir al campito
A ver remontar los barriletes
Pero tengo miedo.
Imágenes
Imágenes
Recuerdos
Astillas de la infancia:
""Con esas astillas de la infancia
deberíamos hacer el fuego que nos oriente"
Dice Luis Sagasti en una novela.
Mi sendero ya está allanado;
Lenguas de fuego
Mojonan mi trayecto.
Mis nombres alimentan
A las lenguas
Y el atardecer se parece
Al de 1984.
El niño que fui
Camina a mi lado.
El hombre que soy y seré
Me lleva de la mano.
El trompo gira sobre su eje
Sobre la terraza de hormigón
Que mi abuelo hizo borracho.
Solano descansa en su verano del 84
Mi abuela descansa en la siesta
Luego de leer la Reader´s digest
Mi abuelo descansa en
Cristiana sepultura.
El trompo sigue girando
Los barriletes en el aire
Un avión anuncia la llegada
Del circo
Mi mamá aborta a otro
De mis hermanos en Río Gallegos.
Pienso en mi tío
Que me explica lo que es
Un Año Luz;
Pienso en esos 300.000 kms/seg
Que recorre la luz.
Pienso en las veces que mi madre
Ya ha interrumpido la luz en su cuerpo
Pienso desde la terraza
En cruzar la calle para ir al campito
A ver remontar los barriletes
Pero tengo miedo.
Imágenes
Imágenes
Recuerdos
Astillas de la infancia:
""Con esas astillas de la infancia
deberíamos hacer el fuego que nos oriente"
Dice Luis Sagasti en una novela.
Mi sendero ya está allanado;
Lenguas de fuego
Mojonan mi trayecto.
Mis nombres alimentan
A las lenguas
Y el atardecer se parece
Al de 1984.
El niño que fui
Camina a mi lado.
El hombre que soy y seré
Me lleva de la mano.
Astillas de la infancia
Enrollo el hilo sobre el trompo
El trompo gira sobre su eje
Sobre la terraza de hormigón
Que mi abuelo hizo borracho.
Solano descansa en su verano del 84
Mi abuela descansa en la siesta
Luego de leer la Reader´s digest
Mi abuelo descansa en
Cristiana sepultura.
El trompo sigue girando
Los barriletes en el aire
Un avión anuncia la llegada
Del circo
Mi mamá aborta a otro
De mis hermanos en Río Gallegos.
Pienso en mi tío
Que me explica lo que es
Un Año Luz;
Pienso en esos 300.000 kms/seg
Que recorre la luz.
Pienso en las veces que mi madre
Ya ha interrumpido la luz en su cuerpo
Pienso desde la terraza
En cruzar la calle para ir al campito
A ver remontar los barriletes
Pero tengo miedo.
Imágenes
Imágenes
Recuerdos
Astillas de la infancia:
""Con esas astillas de la infancia
deberíamos hacer el fuego que nos oriente"
El trompo gira sobre su eje
Sobre la terraza de hormigón
Que mi abuelo hizo borracho.
Solano descansa en su verano del 84
Mi abuela descansa en la siesta
Luego de leer la Reader´s digest
Mi abuelo descansa en
Cristiana sepultura.
El trompo sigue girando
Los barriletes en el aire
Un avión anuncia la llegada
Del circo
Mi mamá aborta a otro
De mis hermanos en Río Gallegos.
Pienso en mi tío
Que me explica lo que es
Un Año Luz;
Pienso en esos 300.000 kms/seg
Que recorre la luz.
Pienso en las veces que mi madre
Ya ha interrumpido la luz en su cuerpo
Pienso desde la terraza
En cruzar la calle para ir al campito
A ver remontar los barriletes
Pero tengo miedo.
Imágenes
Imágenes
Recuerdos
Astillas de la infancia:
""Con esas astillas de la infancia
deberíamos hacer el fuego que nos oriente"
Dice Luis Sagasti en una novela.
Mi sendero ya está allanado;
Lenguas de fuego
Mojonan mi trayecto.
Mis nombres alimentan
A las lenguas
Y el atardecer se parece
Al de 1984.
El niño que fui
Camina a mi lado.
El hombre que soy y seré
Me lleva de la mano.
domingo, 20 de enero de 2019
La farola
"El diablo anda suelto entre todos los locos"
Comprendes Mendez, Control Machete
El tren llegó a Constitución a las 10. De Solano hasta Mármol fui juntando un poco de cartón y algo de cobre. Los viernes son los mejores días para cartonear. La mayoría de la obras,y la gente que hace limpieza en sus casas, piden los volquetes para el fin de semana. Los tesoros urbanos esperan en las chapas golpeadas. Cobre y aluminio, o bronce es lo que marca la diferencia entre 50 kilos de cartón y un kilo de cobre. Hoy me siento con suerte. Sé que algo voy a encontrar.
Siempre sigo la misma rutina. Bajo por Brasil hasta Defensa y luego atravieso San Telmo, Monserrat, San Nicolás y, finalmente Retiro.
A la medianoche ya tengo el carro casi completo. Ya es momento de ir a vender a los peruanos. Retiro está tranquila. La acción está en otro lado. Agarro por Carlos Mujica. Ya hay unos cuantos cartoneros llegando al depósito. Otros, se ve que ya vendieron y fueron hasta la 31 a comprar base. El olor a la pasta quemada me revuelve el estómago. Hoy no tengo ganas de fumar, tengo ganas de hacer plata. Estuve 10 días de corrido fumando base en los Eucaliptus y no quiero saber nada de dureza. Solo escabiar y fumar porro. Me traje una buena piedra para pasar la noche. Eso y birra es todo lo que se necesita para caminar la madrugada de Buenos Aires buscando valores.
Descargo el cartón. La peruana lo pesa y me da un vale para que los cobre en la ventanilla. Por una ventanita paso el vale y una mano morocha me pasa la plata. Nada mal para el primer viaje de la madrugada. Los que vendieron antes que yo están repartiéndose la plata. Son tres. Uno se va a quedar a cuidar el carro y los otros dos van a ir hasta la villa a comprar pasta base. Los escucho mientras me armo un porro, un buen porro. Hace como 3 horas que no fumo. Fumé en el furgón con los pintas y la locura me alcanzó hasta acá. Le doy mecha a la historieta y tiro el carro casi vacío para el lado de la avenida. Estaciono el carro afuera de la panchería. Hay música santafesina al palo. Antes de entrar apago el porro y lo dejo en la bolsa en la que estoy juntando latas de aluminio. Me siento en la barra y pido una cerveza. No se hace esperar mucho. Llega totalmente fría. Todo lo que un trabajador callejero necesita. El primer vaso me lo tomo casi de un saque. El segundo lo disfruto. Hay dos bolivianos que están borrachos. Se ve que tienen plata. Hay una mina con ellos. Los tiene de punto a los bolitas. Es una paraguaya y los está laburando lindo. La paraguaya es merquera, de eso no hay duda. Ella controla toda la situación. Los tiene como quiere. Yo sigo disfrutando de la cerveza y el efecto narcótico de la marihuana. Si no tuviera que laburar me quedaría a escabiar. Pero no, es mejor hacer plata. Buena plata y después gastarla bien y de corrido. Termino la birra. Salgo a la calle. Prendo la tuca que me quedó y vuelvo a tirar el carro. Ahora tomo dirección hacia Barrio Norte, Recoleta o Palermo. Intuyo que por esos lados voy encontrar algo.
Subo por Juncal luego Avenida Las Heras. Hay algo de cartón, bastante latas de aluminio, papel blanco y poco cobre por ahora. Cables de alguna obra que hay que quemar cuando llegue al barrio.
Armo otro porro. La madrugada se pone densa. Conozco esa sensación. El humo del porro también se pone denso. No sé en que calle estoy. Sé que en algún punto deje Las Heras y ahora estoy perdido. No es la primera vez que me pasa. No sé para donde ir. Voy caminando por una calle de adoquines. Las pocas luces las apagan los arboles viejos y altos. Esos arboles que forman un túnel lúgubre. Estoy perdido, no me importa, ya voy encontrar alguna avenida que me devuelva el sentido. Hay una farola en la esquina. Debajo hay unas cuantas bolsas de basura. Me tomo el tiempo para revisarlas bien. Nada bueno, solo un par de relojes viejos que quizás pueda vender en la semana en la calle Libertad. Sigo perdido. Miro para los cuatro lados y no sé para donde ir. Sigo en la dirección que venía. Dos, tres, cuatro cuadras y llego a un volquete. Está lleno. Veo perfiles de durlock y otras chapas más. Busco en mi bolsillo mi imán para asegurarme de que sea chapa o aluminio.¡Sí!, el imán no pega, es aluminio. Sabía que iba a encontrar algo bueno. Empiezo a separar los perfiles de durlock del aluminio. Ya tengo el carro completo. Inmediatamente tendría que volver a Retiro para vender esto, siempre y cuando me oriente nuevamente. Voy a tratar de no fumar por un par de horas. Cada pedazo de aluminio que saco me pone más contento. Que bueno es trabajar en la calle. Acomodo bien la carga con una soga. Ahora a caminar y buscar alguna referencia que me acerque a Retiro.
Estas calles poco iluminadas y con arboles altos y viejos no se terminan más. Al llegar a la próxima esquina giro a la derecha. La calle parece la misma. Camino y camino y encima no encuentro nada. Hago dos cuadras más y vuelvo a girar. Pierdo la cuenta, no sé cuantas veces giré. Llego a una farola, hay unas cuantas bolsas de basura. Las reviso, y mientras las reviso me doy cuenta de que son las bolsas en las que encontré los relojes. Estoy caminando en círculos. Me apoyo en el carro, no sé que hacer. Dije que no iba a fumar pero que se pudra todo. Armo otro porro. Me quedo fumando un rato largo, me siento en el piso. Es infernal la locura que tengo. También me doy cuenta del cansancio que tengo. Salí de Quilmes a las 6 de la tarde y no paré de caminar desde entonces. Quizás debería acostarme a dormir por ahí y esperar a que amanezca. Creo que con lo que tengo de aluminio ya salvé
la jornada. Los párpados se me cierran. Cabeceo una, dos veces y escucho un llanto. Me despabilo enseguida. Mis sentidos se agudizan. Si, es un llanto. No es de perro, ni de gato. Es un llanto: es de bebé. Pero... ¿De un bebé que está en la calle?, ¿habrá alguna familia durmiendo por ahí y no los he visto? El llanto sigue, se intensifica. Voy a buscar de donde viene, ¿será de una casa? No sé. Salgo del radio de luz de la farola, camino 10 metros. Hay otra pila de bolsas de basura, el llanto está ahí, entre las bolsas o adentro. Tengo miedo. Tanteo las bolsas con precaución. En una se confirma mi sospecha: hay un bebé adentro. La tomo con cuidado y la llevo a la luz de la farola. Abro con suma delicadeza.
El bebé está lleno de sangre. Todavía tiene el cordón umbilical. Los ojos los tiene pegados. Se ve que hace un rato nació. No me animo a levantarlo. Miro para todos lados para ver si hay alguien cerca que me ayude a llevar al bebé al hospital, pero no hay nadie, absolutamente nadie anda en la calle; ni siquiera autos. Finalmente me decido y lo tomo. Lo levanto para inspeccionarlo mejor en la luz de la farola. Trato de arroparlo en mis brazos. Ahora está tranquilo. Mueve sus manos y pies. Abre un poco la boca y veo que tiene dientes, dientes grandes.
-Mirá vos che, tenés dientes-, le digo acariciándole una de sus mejilla rosadas.
Sus ojos se abren de golpe con una mirada siniestra
-Y también hablo-, dice con una voz seca y rugosa.
Lo solté y no me importó si se lastimaba o se moría a consecuencia de la caída. Corrí desesperadamente, no sé cuanto tiempo. Corrí, corrí y cada vez que miraba para atrás más pánico me corroía el cuerpo. Llegué con las primeras luces del amanecer a Libertador. A medida que amanecía el miedo se iba yendo. Ya con el día totalmente declarado, bajé por Libertador hasta Retiro. No volví por el carro y por el aluminio. Nunca más volví a cartonear de noche.
La farola
"El diablo anda suelto entre todos los locos"
Comprendes Mendez, Control Machete
El tren llegó a Constitución a las 10. De Solano hasta Mármol fui juntando un poco de cartón y algo de cobre. Los viernes son los mejores días para cartonear. La mayoría de la obras,y la gente que hace limpieza en sus casas, piden los volquetes para el fin de semana. Los tesoros urbanos esperan en las chapas golpeadas. Cobre y aluminio, o bronce es lo que marca la diferencia entre 50 kilos de cartón y un kilo de cobre. Hoy me siento con suerte. Sé que algo voy a encontrar.
Siempre sigo la misma rutina. Bajo por Brasil hasta Defensa y luego atravieso San Telmo, Monserrat, San Nicolás y, finalmente Retiro.
A la medianoche ya tengo el carro casi completo. Ya es momento de ir a vender a los peruanos. Retiro está tranquila. La acción está en otro lado. Agarro por Carlos Mujica. Ya hay unos cuantos cartoneros llegando al depósito. Otros, se ve que ya vendieron y fueron hasta la 31 a comprar base. El olor a la pasta quemada me revuelve el estómago. Hoy no tengo ganas de fumar, tengo ganas de hacer plata. Estuve 10 días de corrido fumando base en los Eucaliptus y no quiero saber nada de dureza. Solo escabiar y fumar porro. Me traje una buena piedra para pasar la noche. Eso y birra es todo lo que se necesita para caminar la madrugada de Buenos Aires buscando valores.
Descargo el cartón. La peruana lo pesa y me da un vale para que los cobre en la ventanilla. Por una ventanita paso el vale y una mano morocha me pasa la plata. Nada mal para el primer viaje de la madrugada. Los que vendieron antes que yo están repartiéndose la plata. Son tres. Uno se va a quedar a cuidar el carro y los otros dos van a ir hasta la villa a comprar pasta base. Los escucho mientras me armo un porro, un buen porro. Hace como 3 horas que no fumo. Fumé en el furgón con los pintas y la locura me alcanzó hasta acá. Le doy mecha a la historieta y tiro el carro casi vacío para el lado de la avenida. Estaciono el carro afuera de la panchería. Hay música santafesina al palo. Antes de entrar apago el porro y lo dejo en la bolsa en la que estoy juntando latas de aluminio. Me siento en la barra y pido una cerveza. No se hace esperar mucho. Llega totalmente fría. Todo lo que un trabajador callejero necesita. El primer vaso me lo tomo casi de un saque. El segundo lo disfruto. Hay dos bolivianos que están borrachos. Se ve que tienen plata. Hay una mina con ellos. Los tiene de punto a los bolitas. Es una paraguaya y los está laburando lindo. La paraguaya es merquera, de eso no hay duda. Ella controla toda la situación. Los tiene como quiere. Yo sigo disfrutando de la cerveza y el efecto narcótico de la marihuana. Si no tuviera que laburar me quedaría a escabiar. Pero no, es mejor hacer plata. Buena plata y después gastarla bien y de corrido. Termino la birra. Salgo a la calle. Prendo la tuca que me quedó y vuelvo a tirar el carro. Ahora tomo dirección hacia Barrio Norte, Recoleta o Palermo. Intuyo que por esos lados voy encontrar algo.
Subo por Juncal luego Avenida Las Heras. Hay algo de cartón, bastante latas de aluminio, papel blanco y poco cobre por ahora. Cables de alguna obra que hay que quemar cuando llegue al barrio.
Armo otro porro. La madrugada se pone densa. Conozco esa sensación. El humo del porro también se pone denso. No sé en que calle estoy. Sé que en algún punto deje Las Heras y ahora estoy perdido. No es la primera vez que me pasa. No sé para donde ir. Voy caminando por una calle de adoquines. Las pocas luces las apagan los arboles viejos y altos. Esos arboles que forman un túnel lúgubre. Estoy perdido, no me importa, ya voy encontrar alguna avenida que me devuelva el sentido. Hay una farola en la esquina. Debajo hay unas cuantas bolsas de basura. Me tomo el tiempo para revisarlas bien. Nada bueno, solo un par de relojes viejos que quizás pueda vender en la semana en la calle Libertad. Sigo perdido. Miro para los cuatro lados y no sé para donde ir. Sigo en la dirección que venía. Dos, tres, cuatro cuadras y llego a un volquete. Está lleno. Veo perfiles de durlock y otras chapas más. Busco en mi bolsillo mi imán para asegurarme de que sea chapa o aluminio.¡Sí!, el imán no pega, es aluminio. Sabía que iba a encontrar algo bueno. Empiezo a separar los perfiles de durlock del aluminio. Ya tengo el carro completo. Inmediatamente tendría que volver a Retiro para vender esto, siempre y cuando me oriente nuevamente. Voy a tratar de no fumar por un par de horas. Cada pedazo de aluminio que saco me pone más contento. Que bueno es trabajar en la calle. Acomodo bien la carga con una soga. Ahora a caminar y buscar alguna referencia que me acerque a Retiro.
Estas calles poco iluminadas y con arboles altos y viejos no se terminan más. Al llegar a la próxima esquina giro a la derecha. La calle parece la misma. Camino y camino y encima no encuentro nada. Hago dos cuadras más y vuelvo a girar. Pierdo la cuenta, no sé cuantas veces giré. Llego a una farola, hay unas cuantas bolsas de basura. Las reviso, y mientras las reviso me doy cuenta de que son las bolsas en las que encontré los relojes. Estoy caminando en círculos. Me apoyo en el carro, no sé que hacer. Dije que no iba a fumar pero que se pudra todo. Armo otro porro. Me quedo fumando un rato largo, me siento en el piso. Es infernal la locura que tengo. También me doy cuenta del cansancio que tengo. Salí de Quilmes a las 6 de la tarde y no paré de caminar desde entonces. Quizás debería acostarme a dormir por ahí y esperar a que amanezca. Creo que con lo que tengo de aluminio ya salvé
la jornada. Los párpados se me cierran. Cabeceo una, dos veces y escucho un llanto. Me despabilo enseguida. Mis sentidos se agudizan. Si, es un llanto. No es de perro, ni de gato. Es un llanto: es de bebé. Pero... ¿De un bebé que está en la calle?, ¿habrá alguna familia durmiendo por ahí y no los he visto? El llanto sigue, se intensifica. Voy a buscar de donde viene, ¿será de una casa? No sé. Salgo del radio de luz de la farola, camino 10 metros. Hay otra pila de bolsas de basura, el llanto está ahí, entre las bolsas o adentro. Tengo miedo. Tanteo las bolsas con precaución. En una se confirma mi sospecha: hay un bebé adentro. La tomo con cuidado y la llevo a la luz de la farola. Abro con suma delicadeza.
El bebé está lleno de sangre. Todavía tiene el cordón umbilical. Los ojos los tiene pegados. Se ve que hace un rato nació. No me animo a levantarlo. Miro para todos lados para ver si hay alguien cerca que me ayude a llevar al bebé al hospital, pero no hay nadie, absolutamente nadie anda en la calle; ni siquiera autos. Finalmente me decido y lo tomo. Lo levanto para inspeccionarlo mejor en la luz de la farola. Trato de arroparlo en mis brazos. Ahora está tranquilo. Mueve sus manos y pies. Abre un poco la boca y veo que tiene dientes, dientes grandes.
-Mirá vos che, tenés dientes-, le digo acariciándole una de sus mejilla rosadas.
Sus ojos se abren de golpe con una mirada siniestra
-Y también hablo-, dice con una voz seca y rugosa.
Lo solté y no me importó si se lastimaba o se moría a consecuencia de la caída. Corrí desesperadamente, no sé cuanto tiempo. Corrí, corrí y cada vez que miraba para atrás más pánico me corroía el cuerpo. Llegué con las primeras luces del amanecer a Libertador. A medida que amanecía el miedo se iba yendo. Ya con el día totalmente declarado, bajé por Libertador hasta Retiro. No volví por el carro y por el aluminio. Nunca más volví a cartonear de noche.
Voy desgastando las palabras
El lenguaje
En una carrera contra el
Tiempo,
Para que la memoria
También se desgaste
Y le pueda dar a todo
Este dolor
En algún punto del tiempo advenidero
Otro adjetivo, quizás un poco
Más feliz, un poco menos opaco
No tan amargo y no tan solitario.
La memoria se desgasta
Y de las tardes en la canchita
Las tardes frente al televisor
La vecina que estaba enamorada
De mí;
Solo van quedan palabras
En mi mente grisacea
Palabras que ya fueron usadas
Y que yo vuelvo a usarlas
Tratando de darles un nuevo
Sentido.
La zanja en donde ensucié
Las botitas topper
Que mamá me compró
Ese día,
En mi memoria
En mi lenguaje
Y con estas palabras gastadas
Sigue siendo la misma zanja
Las mismas botitas
El mismo barro.
Quizás, solo quizás, por ahora
Puedo decir que el miedo
La vergüenza y la culpa
Que sentí ese día
Haya sido erosionado
Por el tiempo y por las capas
De experiencia que se
Han acumulado sobre
Estos huesos fibrosos
Que han metido la pata
Muchas veces más desde esa vez.
Hoy que mi madre ya no está
Recuerdo ese día con una mueca
Cercana a la sonrisa.
Finalmente el tiempo
Está haciendo su trabajo
Y ya elijo adjetivos más felices.
Algún día estas sentencias
Puede que lleguen
A la solemnidad
De un poema decente
Que habla de la memoria
Del paso del tiempo
Y alguna anécdota personal.
Yo todavía sigo embarrándome
Las palabras y esa memoria
No se han desgastado.
El adjetivo que uso
Para cerrar esta serie
Es mas amigable
Que el que pude llegar a usar
Hace 30 años.
Escribo el adjetivo
Luego de la imagen
De mi madre regañándome .
Sé que ella ya no está
Enojada conmigo.
El lenguaje
En una carrera contra el
Tiempo,
Para que la memoria
También se desgaste
Y le pueda dar a todo
Este dolor
En algún punto del tiempo advenidero
Otro adjetivo, quizás un poco
Más feliz, un poco menos opaco
No tan amargo y no tan solitario.
La memoria se desgasta
Y de las tardes en la canchita
Las tardes frente al televisor
La vecina que estaba enamorada
De mí;
Solo van quedan palabras
En mi mente grisacea
Palabras que ya fueron usadas
Y que yo vuelvo a usarlas
Tratando de darles un nuevo
Sentido.
La zanja en donde ensucié
Las botitas topper
Que mamá me compró
Ese día,
En mi memoria
En mi lenguaje
Y con estas palabras gastadas
Sigue siendo la misma zanja
Las mismas botitas
El mismo barro.
Quizás, solo quizás, por ahora
Puedo decir que el miedo
La vergüenza y la culpa
Que sentí ese día
Haya sido erosionado
Por el tiempo y por las capas
De experiencia que se
Han acumulado sobre
Estos huesos fibrosos
Que han metido la pata
Muchas veces más desde esa vez.
Hoy que mi madre ya no está
Recuerdo ese día con una mueca
Cercana a la sonrisa.
Finalmente el tiempo
Está haciendo su trabajo
Y ya elijo adjetivos más felices.
Algún día estas sentencias
Puede que lleguen
A la solemnidad
De un poema decente
Que habla de la memoria
Del paso del tiempo
Y alguna anécdota personal.
Yo todavía sigo embarrándome
Las palabras y esa memoria
No se han desgastado.
El adjetivo que uso
Para cerrar esta serie
Es mas amigable
Que el que pude llegar a usar
Hace 30 años.
Escribo el adjetivo
Luego de la imagen
De mi madre regañándome .
Sé que ella ya no está
Enojada conmigo.
Voy desgastando las palabras
El lenguaje
En una carrera contra el
Tiempo,
Para que la memoria
También se desgaste
Y le pueda dar a todo
Este dolor
En algún punto del tiempo advenidero
Otro adjetivo, quizás un poco
Más feliz, un poco menos opaco
No tan amargo y no tan solitario.
La memoria se desgasta
Y de las tardes en la canchita
Las tardes frente al televisor
La vecina que estaba enamorada
De mí;
Solo van quedan palabras
En mi mente grisacea
Palabras que ya fueron usadas
Y que yo vuelvo a usarlas
Tratando de darles un nuevo
Sentido.
La zanja en donde ensucié
Las botitas topper
Que mamá me compró
Ese día,
En mi memoria
En mi lenguaje
Y con estas palabras gastadas
Sigue siendo la misma zanja
Las mismas botitas
El mismo barro.
Quizás, solo quizás, por ahora
Puedo decir que el miedo
La vergüenza y la culpa
Que sentí ese día
Haya sido erosionado
Por el tiempo y por las capas
De experiencia que se
Han acumulado sobre
Estos huesos fibrosos
Que han metido la pata
Muchas veces más desde esa vez.
Hoy que mi madre ya no está
Recuerdo ese día con una mueca
Cercana a la sonrisa.
Finalmente el tiempo
Está haciendo su trabajo
Y ya elijo adjetivos más felices.
Algún día estas sentencias
Puede que lleguen
A la solemnidad
De un poema decente
Que habla de la memoria
Del paso del tiempo
Y alguna anécdota personal.
Yo todavía sigo embarrándome
Las palabras y esa memoria
No se han desgastado.
El adjetivo que uso
Para cerrar esta serie
Es mas amigable
Que el que pude llegar a usar
Hace 30 años.
Escribo el adjetivo
Luego de la imagen
De mi madre regañándome .
Sé que ella ya no está
Enojada conmigo.
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