sábado, 21 de octubre de 2017

Función privada

   Los sábados a la noche, la reunión familiar se hacía frente al televisor para mirar Función privada. El ciclo conducido por Carlos morelli y Rómulo Berruti se trasmitía por ATC. Cine francés, español y argentino es lo que mi memoria me trae hasta estas lineas. Estas lineas que en realidad son una excusa; que como toda excusa es para justificar o contar otra cosa.

   En los 80´s la regla era un televisor por casa y todos debían ver el mismo programa. En la casa de mi abuela no había problemas con el televisor. Todos mirábamos lo mismo, en el eterno comedor, cargado de nostalgias. La cena preparada por mi abuela, mis tíos conversando, comiendo una picada y un vino Resero pintaban los trazos del comedor mientras se esperaba la película de la semana en el horario central.

   Todos los trazos de ese comedor se completan con la apertura del programa que iniciaba con la canción de Nino Rota, Amancord. La escenografía con Marylin Monroe y los presentadores cinéfilos hacían que los sábados fueran dignos de esas películas que ahora están perdidas en el tiempo y, quizás también, en el espacio. Tengo un recuerdo muy lúcido de una película española que trascurría en un colegio de pupilos. Entre las bromas que se hacían entre compañeros, las que más nos sorprendió, fue el momento en que en el baño, al infortunado se le introducía una zanahoria en el culo mientras los demás reían. Tengo recuerdos muy vagos de haber visto Flash Gordon. Y ahora me voy acercando a la excusa. Carlos y Rómulo, mientras presentaban la película, bebían vino, whisky, cerveza (ellos lo desmienten). Mis tíos Sebastián y Florencio, se divertían al verlos tomar a los conductores. Cada vez que volvían de un corte comercial se notaba el efecto de las bebidas. Cada vez que volvían, se notaba el estado de embriagues de los conductores que avanzaba mientras trascurría la película. Ya casi al final de la película y en especial cuando se despedían los conductores, el estado de borrachera era evidente. Mis tíos se reían a carcajadas. La película quedaba en segundo plano.

   La excusa o justificación es poder recordarlos a ellos dos juntos, riéndose, divirtiéndose como dos buenos hermanos. Una escena que contrarresta con sus peleas y diferencias que tuvieron después. Y esa es la escena que quiero retener de ellos dos.











 

Función privada

   Los sábados a la noche, la reunión familiar se hacía frente al televisor para mirar Función privada. El ciclo conducido por Carlos morelli y Rómulo Berruti se trasmitía por ATC. Cine francés, español y argentino es lo que mi memoria me trae hasta estas lineas. Estas lineas que en realidad son una excusa; que como toda excusa es para justificar o contar otra cosa.
   En los 80´s la regla era un televisor por casa y todos debían ver el mismo programa. En la casa de mi abuela no había problemas con el televisor. Todos mirábamos lo mismo, en el eterno comedor, cargado de nostalgias. La cena preparada por mi abuela, mis tíos conversando, comiendo una picada y un vino Resero pintaban los trazos del comedor mientras se esperaba la película de la semana en el horario central.
   Todos los trazos de ese comedor se completan con la apertura del programa que iniciaba con la canción de Nino Rota, Amancord. La escenografía con Marylin Monroe y los presentadores cinéfilos hacían que los sábados fueran dignos de esas películas que ahora están perdidas en el tiempo y, quizás también, en el espacio. Tengo un recuerdo muy lúcido de una película española que trascurría en un colegio de pupilos. Entre las bromas que se hacían entre compañeros, las que más nos sorprendió, fue el momento en que en el baño, al infortunado se le introducía una zanahoria en el culo mientras los demás reían. Tengo recuerdos muy vagos de haber visto Flash Gordon. Y ahora me voy acercando a la excusa. Carlos y Rómulo, mientras presentaban la película, bebían vino, whisky, cerveza (ellos lo desmienten). Mis tíos Sebastián y Florencio, se divertían al verlos tomar a los conductores. Cada vez que volvían de un corte comercial se notaba el efecto de las bebidas. Cada vez que volvían, se notaba el estado de embriagues de los conductores que avanzaba mientras trascurría la película. Ya casi al final de la película y en especial cuando se despedían los conductores, el estado de borrachera era evidente. Mis tíos se reían a carcajadas. La película quedaba en segundo plano.
   La excusa o justificación es poder recordarlos a ellos dos juntos, riéndose, divirtiéndose como dos buenos hermanos. Una escena que contrarresta con sus peleas y diferencias que tuvieron después. Y esa es la escena que quiero retener de ellos dos.




 

viernes, 20 de octubre de 2017

Una boleta


     Resulta
aburrido delinquir con un único método y una única mercancía. Llega un momento
en que hay que ser creativo para alimentar al mercado de aquellos que también
participan en complicidad con los delincuentes. Los cómplices siempre buscan
abaratar sus costos. Siempre hay que estar atento a las demandas del mercado.
Siempre hay que generar una demanda en el mercado.


   Caminando
por los pasillos del Bajo Flores y de La 31 mientras compraba droga, observé la
cantidad de talleres de herrería que hay en las villas. Recuerdo que me dije a
mí mismo:" Acá hay negocio". Luego de purgar un par de sentencias por
choreo con fierros uno tiene que ampliar el espectro criminal para evitar el
trabajo rutinario de 8 horas bajo patrón. Trabajar ni siquiera es una opción.
Encanar tampoco. En un hipermercado, en la sección ferretería, vi que tenía la
posibilidad de sustraer disco de moladora
sin mucho riesgo y con buenas posibilidades de ganancias. Mi idea era luego
revenderlos en la villa. El negocio me permitiría financiar mi vida ociosa por
un tiempo; hasta que la adrenalina por los robos calificados, poblados en
banda, privación ilegítima de la libertad apareciera furtivamente.


   La tarea
resultó sencilla al principio. Bien empilchado y con un ataché forrado en un
cuero elegante, me presentaba en los hipermercados. Simulaba que tomaba notas y
precios para preparar un presupuesto. Mientras trataba de no levantar
sospechas, iba introduciendo en el ataché los discos de moladora. Unos 20 aquí,
otros 30 allá; en un par de horas de recorrida podía juntar una buena cantidad
de discos que luego revendería a mitad de precio en las villas.


    Todo iba
de maravillas hasta que un empleado descubrió mi negocio. Traté de
desentenderme, hacerme el ofendido; pero no hubo caso. Cuando me quise acordar
el gerente ya había llamado a la policía. Y cuando me quise acordar ya estaba
viajando a la comisaria otra vez. Igualmente no había de que preocuparse. Mi
delito es el hurto y el hurto es excarcelable. Más de 12 horas no iba a
permanecer en la comisaria.


   Pasadas las
12 horas comienzo a preguntar si me van a dar la libertad. No hay motivo alguno
para que me sigan dejando en la comisaria por hurto. El oficial a cargo me dice
que llegaron mis antecedentes y que es muy seguro que me trasladen al penal. La
sangre se me congeló ¿Volver al penal por unos discos de moladora?





-¿Por qué me van a trasladar al penal jefe?


-No sé pibe, creo que es por una boleta.


-¡¿Una boleta?!


-Sí. Ahí en el juzgado te van a decir.





   Durante el
traslado al juzgado me retorcí los sesos tratando de encontrar a quién había
boleteado. Muchos años delinquiendo, muchos socios, muchas droga, hacía que no
pudiera encontrar la causa por la que me estaban trasladando y por la que me
iban a juzgar y condenar. Mi cerebro se estaba friendo; transpirando y no pudiendo encontrar el recuerdo del laburo o del ajuste de cuentas del que ahora haya
saltado la bronca.


   Llegamos al juzgado. Me
llevan a una gatera antes de comparecer ante el juez. Otra vez las rejas, las
marrocas apretadas en mis muñecas, otra vez procesado. Me llevan a una sala
donde me toman por décima vez las huellas digitales. Me limpio las manos y me
hacen pasar a la oficina del secretario del juez. Estoy por conocer a la boleta
de la que me quieren hacer cargo. El secretario aparece con una carpeta.
Saluda. Se sienta y me dice que estoy imputado en el asesinato de un fulano que
jamás en mi vida escuché el nombre y tampoco las circunstancias en que lo
mataron. Le digo que jamás he escuchado ese nombre, que hay un error. El
secretario no me da mucha importancia, ya que todos, cuando comparecen dicen
que son inocentes, que ellos no fueron, que hay una confusión, que la causa
está armada. Así que lo entiendo al secretario. Pero no me voy a hacer cargo de
esta boleta. Insisto en que hay una confusión. Vuelvo a preguntar por el lugar
del hecho, trato de ganar tiempo, debe haber una manera para que salga de ésta.
Entonces pregunto la fecha en el que ocurrió este hecho del que me imputan.
Mientras el secretario me dice la fecha del hecho, mi visión se detiene en el
escritorio, en la luz que entra por la ventana, en la partículas que flotan o
caen por el haz de luz, en una mancha de humedad en la pared, en la barbilla
partida del secretario, en un prendedor con símbolos masones que tiene en el
saco, en el anillo de oro que tiene y en el valor  de venta, en la fecha del hecho. Reproduzco
lentamente la fonética de la fecha, los movimientos de la boca del secretario.
Me veo a mí mismo levantando las manos amarrocadas y moviendo mis labios de
manera lenta, arrastrada, como si tuviera la respuesta que me absolvería, pero que
se resiste a salir de mi boca, se resiste a ser dicha Finalmente lo digo en
seco y en forma ordenada, como en realidad transcurre el tiempo. Un movimiento
de la boca, un sonido, una palabra, una idea. Todo seguido.





-Usted me puede explicar cómo maté a esa persona si
yo estuve detenido en el penal de Batán desde enero del 97 hasta julio del 98-,
le digo al secretario mientras me agarro las muñecas por lo apretadas que están
las marrocas.


    Era
imposible que yo haya matado a esa persona. Inmediatamente se corroboró con el
servicio penitenciario de Batán que había sido huésped de esas instalaciones y
no pude haber estado en lugar del crimen del que se me acusaba. La explicación
que me dio el secretario fue sencilla. La hermana del occiso me había
identificado en las fotos del sistema judicial. Solamente eso. Apuntó a la foto
y dijo: "Fue este". Por lo cual había un pedido de captura sobre mí.

    Salí en
libertad desde el juzgado mismo. Pidieron las disculpas pertinentes y me fui
caminando. Nunca más volví a robar discos de moladora.









Una boleta

     Resulta aburrido delinquir con un único método y una única mercancía. Llega un momento en que hay que ser creativo para alimentar al mercado de aquellos que también participan en complicidad con los delincuentes. Los cómplices siempre buscan abaratar sus costos. Siempre hay que estar atento a las demandas del mercado. Siempre hay que generar una demanda en el mercado.
   Caminando por los pasillos del Bajo Flores y de La 31 mientras compraba droga, observé la cantidad de talleres de herrería que hay en las villas. Recuerdo que me dije a mí mismo:" Acá hay negocio". Luego de purgar un par de sentencias por choreo con fierros uno tiene que ampliar el espectro criminal para evitar el trabajo rutinario de 8 horas bajo patrón. Trabajar ni siquiera es una opción. Encanar tampoco. En un hipermercado, en la sección ferretería, vi que tenía la posibilidad de sustraer disco de moladora sin mucho riesgo y con buenas posibilidades de ganancias. Mi idea era luego revenderlos en la villa. El negocio me permitiría financiar mi vida ociosa por un tiempo; hasta que la adrenalina por los robos calificados, poblados en banda, privación ilegítima de la libertad apareciera furtivamente.
   La tarea resultó sencilla al principio. Bien empilchado y con un ataché forrado en un cuero elegante, me presentaba en los hipermercados. Simulaba que tomaba notas y precios para preparar un presupuesto. Mientras trataba de no levantar sospechas, iba introduciendo en el ataché los discos de moladora. Unos 20 aquí, otros 30 allá; en un par de horas de recorrida podía juntar una buena cantidad de discos que luego revendería a mitad de precio en las villas.
    Todo iba de maravillas hasta que un empleado descubrió mi negocio. Traté de desentenderme, hacerme el ofendido; pero no hubo caso. Cuando me quise acordar el gerente ya había llamado a la policía. Y cuando me quise acordar ya estaba viajando a la comisaria otra vez. Igualmente no había de que preocuparse. Mi delito es el hurto y el hurto es excarcelable. Más de 12 horas no iba a permanecer en la comisaria.
   Pasadas las 12 horas comienzo a preguntar si me van a dar la libertad. No hay motivo alguno para que me sigan dejando en la comisaria por hurto. El oficial a cargo me dice que llegaron mis antecedentes y que es muy seguro que me trasladen al penal. La sangre se me congeló ¿Volver al penal por unos discos de moladora?

-¿Por qué me van a trasladar al penal jefe?
-No sé pibe, creo que es por una boleta.
-¡¿Una boleta?!
-Sí. Ahí en el juzgado te van a decir.

   Durante el traslado al juzgado me retorcí los sesos tratando de encontrar a quién había boleteado. Muchos años delinquiendo, muchos socios, muchas droga, hacía que no pudiera encontrar la causa por la que me estaban trasladando y por la que me iban a juzgar y condenar. Mi cerebro se estaba friendo; transpirando y no pudiendo encontrar el recuerdo del laburo o del ajuste de cuentas del que ahora haya saltado la bronca.
   Llegamos al juzgado. Me llevan a una gatera antes de comparecer ante el juez. Otra vez las rejas, las marrocas apretadas en mis muñecas, otra vez procesado. Me llevan a una sala donde me toman por décima vez las huellas digitales. Me limpio las manos y me hacen pasar a la oficina del secretario del juez. Estoy por conocer a la boleta de la que me quieren hacer cargo. El secretario aparece con una carpeta. Saluda. Se sienta y me dice que estoy imputado en el asesinato de un fulano que jamás en mi vida escuché el nombre y tampoco las circunstancias en que lo mataron. Le digo que jamás he escuchado ese nombre, que hay un error. El secretario no me da mucha importancia, ya que todos, cuando comparecen dicen que son inocentes, que ellos no fueron, que hay una confusión, que la causa está armada. Así que lo entiendo al secretario. Pero no me voy a hacer cargo de esta boleta. Insisto en que hay una confusión. Vuelvo a preguntar por el lugar del hecho, trato de ganar tiempo, debe haber una manera para que salga de ésta. Entonces pregunto la fecha en el que ocurrió este hecho del que me imputan. Mientras el secretario me dice la fecha del hecho, mi visión se detiene en el escritorio, en la luz que entra por la ventana, en la partículas que flotan o caen por el haz de luz, en una mancha de humedad en la pared, en la barbilla partida del secretario, en un prendedor con símbolos masones que tiene en el saco, en el anillo de oro que tiene y en el valor  de venta, en la fecha del hecho. Reproduzco lentamente la fonética de la fecha, los movimientos de la boca del secretario. Me veo a mí mismo levantando las manos amarrocadas y moviendo mis labios de manera lenta, arrastrada, como si tuviera la respuesta que me absolvería, pero que se resiste a salir de mi boca, se resiste a ser dicha Finalmente lo digo en seco y en forma ordenada, como en realidad transcurre el tiempo. Un movimiento de la boca, un sonido, una palabra, una idea. Todo seguido.

-Usted me puede explicar cómo maté a esa persona si yo estuve detenido en el penal de Batán desde enero del 97 hasta julio del 98-, le digo al secretario mientras me agarro las muñecas por lo apretadas que están las marrocas.
    Era imposible que yo haya matado a esa persona. Inmediatamente se corroboró con el servicio penitenciario de Batán que había sido huésped de esas instalaciones y no pude haber estado en lugar del crimen del que se me acusaba. La explicación que me dio el secretario fue sencilla. La hermana del occiso me había identificado en las fotos del sistema judicial. Solamente eso. Apuntó a la foto y dijo: "Fue este". Por lo cual había un pedido de captura sobre mí.
    Salí en libertad desde el juzgado mismo. Pidieron las disculpas pertinentes y me fui caminando. Nunca más volví a robar discos de moladora.



Mis manos se funden con la espuma

Del mar

Buscando un efecto sinestésico



Mis cuencos oculares

Se inflaman

Buscan absorber cada detalle

Para mis manuscritos



En lo profundo de esta realidad

Hay algo que no es gramática

Y hacia allí voy. Mis barriletes

Y cantimploras me acompañan

Necesito volar e hidratarme

En el viaje

Un viaje mental

De esos que me gustan a mí

De esos que se funden en el mar

Y que no dejan rastros

Cuando se le pregunta

Por el horario del día

¿Quién se anima a medir el tiempo?

Solo los capitalistas lo hacen

Por eso lo inventaron.



Vuelvo a mis manos

Ya han vuelta a ser manos completas

Ya pueden funcionar como tales

Otra vez,

Ya se pueden dedicar a la escritura

A encadenar los desordenados

Silogismos de mis cerebro dañando;

Ya pueden comenzar con este manuscrito.




Mis manos se funden con la espuma
Del mar
Buscando un efecto sinestésico

Mis cuencos oculares
Se inflaman
Buscan absorber cada detalle
Para mis manuscritos

En lo profundo de esta realidad
Hay algo que no es gramática
Y hacia allí voy. Mis barriletes
Y cantimploras me acompañan
Necesito volar e hidratarme
En el viaje
Un viaje mental
De esos que me gustan a mí
De esos que se funden en el mar
Y que no dejan rastros
Cuando se le pregunta
Por el horario del día
¿Quién se anima a medir el tiempo?
Solo los capitalistas lo hacen
Por eso lo inventaron.

Vuelvo a mis manos
Ya han vuelta a ser manos completas
Ya pueden funcionar como tales
Otra vez,
Ya se pueden dedicar a la escritura
A encadenar los desordenados
Silogismos de mis cerebro dañando;
Ya pueden comenzar con este manuscrito.


jueves, 19 de octubre de 2017

Halley

Mi abuela se levantaba

Temprano, esa mañana

No fue la excepción,

La del 9 de febrero del 86.

Se levantó a colgar la ropa

Lavada en la terraza,

Bajo el cielo de Quilmes.



Mientras ella cuelga la ropa

El cometa Halley hace su aparición;

El vagabundo estelar la saluda

"Buenos días doña Sebastiana"

Seguramente, su mirada melancólica

Lo seguía mientras masticaba

Su tabaco negro;

Y también lo saluda: pero en guaraní

Seguramente, un millón de reflexiones

La atravesaron y la dejaron

Pensando en la mañana fresca

Y lúcida de la terraza.



El cometa pasó

Su estela también.



Dicen  que volverá en el

2062,

Sé que la noche anterior

A su aparición

Deberé lavar ropa

Y en la mañana salir a la terraza

A colgarla.

Saludaré al cometa,

Y le dejaré saludos para mi

Abuela.










Halley

Mi abuela se levantaba
Temprano, esa mañana
No fue la excepción,
La del 9 de febrero del 86.
Se levantó a colgar la ropa
Lavada en la terraza,
Bajo el cielo de Quilmes.

Mientras ella cuelga la ropa
El cometa Halley hace su aparición;
El vagabundo estelar la saluda
"Buenos días doña Sebastiana"
Seguramente, su mirada melancólica
Lo seguía mientras masticaba
Su tabaco negro;
Y también lo saluda: pero en guaraní
Seguramente, un millón de reflexiones
La atravesaron y la dejaron
Pensando en la mañana fresca
Y lúcida de la terraza.

El cometa pasó
Su estela también.

Dicen  que volverá en el
2062,
Sé que la noche anterior
A su aparición
Deberé lavar ropa
Y en la mañana salir a la terraza
A colgarla.
Saludaré al cometa,
Y le dejaré saludos para mi
Abuela.




miércoles, 18 de octubre de 2017

Cada capa de surrealidad

Aclara más la realidad

Cada capa de oscuridad

Es más oscura

Cada capa de lenguaje

Es más absurda

...Y el absurdo,

Es certeza, al igual que los

Gorriones que mueren

En la plaza, al lado de

Las palomas

Que arrullan

Y rezan por el alma eterna de

Los gorriones. Así me sentí hoy.



Estuve inmerso en cosas

Sin nombre;

En el laberinto del lenguaje, y

En buscar la salida. Trepé por

Una de las paredes

Salí del laberinto del lenguaje

Por arriba de éste,

Y me senté a observar todo lo

Que no era lenguaje

Todo lo que el lenguaje llama

Absurdo

O insuficiente

Y fue allí donde escuche los poemas

Más hermosos

Los más obscuros

Los más grotescos

Fue allí donde

Me dispuse a querer escribirlos

Pero aquello no era lenguaje

¿Cómo se escribe un no lenguaje?

Entonces

Fijé mi vista y mi pluma

En los cantos de sirenas agridulces

En las naciones de telgopor

En las 500 hojas de hierbas descoloridas

En artrópodos sigilosos

En la columna que sostiene al universo

Y en la cara que tuve, ante de

Que el mundo fuera creado.



Completé un cuaderno y lo

Arrojé al abismo; bajé por la pared

Del laberinto y preparé una cama

Para dormir o desperar

De este laberinto onírico.



Sé que cuando duerma o despierte

Deberé hacer los mismo

Al completar este cuaderno

Lo arrojaré al abismo

Para que el absurdo me devuelva

Poesía escrita en silencio;

La única manera de escribir un no lenguaje

Un lenguaje del cual soy experto.












Cada capa de surrealidad
Aclara más la realidad
Cada capa de oscuridad
Es más oscura
Cada capa de lenguaje
Es más absurda
...Y el absurdo,
Es certeza, al igual que los
Gorriones que mueren
En la plaza, al lado de
Las palomas
Que arrullan
Y rezan por el alma eterna de
Los gorriones. Así me sentí hoy.

Estuve inmerso en cosas
Sin nombre;
En el laberinto del lenguaje, y
En buscar la salida. Trepé por
Una de las paredes
Salí del laberinto del lenguaje
Por arriba de éste,
Y me senté a observar todo lo
Que no era lenguaje
Todo lo que el lenguaje llama
Absurdo
O insuficiente
Y fue allí donde escuche los poemas
Más hermosos
Los más obscuros
Los más grotescos
Fue allí donde
Me dispuse a querer escribirlos
Pero aquello no era lenguaje
¿Cómo se escribe un no lenguaje?
Entonces
Fijé mi vista y mi pluma
En los cantos de sirenas agridulces
En las naciones de telgopor
En las 500 hojas de hierbas descoloridas
En artrópodos sigilosos
En la columna que sostiene al universo
Y en la cara que tuve, ante de
Que el mundo fuera creado.

Completé un cuaderno y lo
Arrojé al abismo; bajé por la pared
Del laberinto y preparé una cama
Para dormir o desperar
De este laberinto onírico.

Sé que cuando duerma o despierte
Deberé hacer los mismo
Al completar este cuaderno
Lo arrojaré al abismo
Para que el absurdo me devuelva
Poesía escrita en silencio;
La única manera de escribir un no lenguaje
Un lenguaje del cual soy experto.





martes, 17 de octubre de 2017

Y ese día

La tristeza esperó

La dejé esperando en la plaza

Del barrio;

Porque la tristeza y la rabia

Son hermanas siamesas, y si

La rabia me sorprende

También lo hará la tristeza.



La dejé pensativa

Ensimismada. Si me reclamó

Algo, no la oí

Si la escuche no la

Entendí, si corrió detrás mio

No me encontró.



Puede ser que algún día me encuentre

Lo que ella no sabe

Es que la voy a encontrar

Cuando mi deseo por escribir

Sobre la tristeza me lo pida

Y no al revés;

Ya que la tristeza me ha agotado

En su afán por escribir sus versos

Sobre mí,

Me ha sacado toda la tinta posible

Ella y la rabia

Ellas son hermanas siamesas



Por eso decidí

Dejarla en el banco de la plaza

Yo decidí perderme en la multitud

Y generar la habilidad para

Disfrazarme entre la gente.



Necesito disfrazarme entre la gente

Que la tristeza no me encuentre

Si ella me encuentra

Me encuentra la rabia

Es que ellas son hermanas siamesas

Y ya no que queda resto

Para alimentar sus poesías.












Y ese día
La tristeza esperó
La dejé esperando en la plaza
Del barrio;
Porque la tristeza y la rabia
Son hermanas siamesas, y si
La rabia me sorprende
También lo hará la tristeza.

La dejé pensativa
Ensimismada. Si me reclamó
Algo, no la oí
Si la escuche no la
Entendí, si corrió detrás mio
No me encontró.

Puede ser que algún día me encuentre
Lo que ella no sabe
Es que la voy a encontrar
Cuando mi deseo por escribir
Sobre la tristeza me lo pida
Y no al revés;
Ya que la tristeza me ha agotado
En su afán por escribir sus versos
Sobre mí,
Me ha sacado toda la tinta posible
Ella y la rabia
Ellas son hermanas siamesas

Por eso decidí
Dejarla en el banco de la plaza
Yo decidí perderme en la multitud
Y generar la habilidad para
Disfrazarme entre la gente.

Necesito disfrazarme entre la gente
Que la tristeza no me encuentre
Si ella me encuentra
Me encuentra la rabia
Es que ellas son hermanas siamesas
Y ya no que queda resto
Para alimentar sus poesías.





sábado, 14 de octubre de 2017

La Lucila (o familia)

    Retiro. Cabecera del ramal Mitre. Es sábado a la mañana y los  andenes todavía están vacíos. No hay empleados en los molinetes, así que paso directamente y me ahorro el verso que traía preparado. Mi cerebro y mi sistema nervioso están a punto de colapsar. Una nueva noche agitada me ha vomitado o abortado en el mejor de los casos. Mucho alcohol: vino, cerveza, caña. Mucho faso y algunos pipazos de base me han intoxicado hasta la saturación.

   Me recuesto en uno de los postes esperando a la formación que viene desde Tigre. El estómago se me retuerce pero ya no tengo nada para de devolver. Entre las luces de la mañana se ve llegar a la diminuta formación que va creciendo a cada segundo. Y a medida que va creciendo, desde el suelo del andén, burbujas multicolores brotan y estallan en las chapas formando una fina lluvia lisérgica. La formación llega, me siento y apoyo mi cabeza en el vidrio para dormir un rato hasta La Lucila.

   El destino es Martinez, estación La Lucila, donde funciona los sábado a la mañana uno de los tantos comedores de Cáritas. Se pueden distinguir fácilmente quienes son los que  van para el comedor. Van subiendo en cada estación. Mochilas, bolsas de consorcio, caras curtidas por el alcohol, drogas, la intemperie y la soledad se pueden advertir en los semblantes. Mientras tanto todo me da vueltas. La acidez sube por mi garganta.

   Ya en destino, los que van rumbo al comedor en vez de salir por los molinetes del frente de la estación, lo hacen por la parte de atrás, por un agujero en el alambrado que da a la calle. Esto es todo un símbolo. Esta es la puerta trasera del mundo. Por ese agujero del mundo se manejan los malparidos, fracasados o explotados por el sistema. Por ahí pasan los adictos, alcohólicos, aspiradores de pegamento, travas, gays, cartoneros, limpiavidrios. Todos, hombres y mujeres, niños hasta ancianos.

   La instalación del comedor es agradable. A las 9 se desayuna en abundancia. Café con leche y facturas comienzan a recuperar a los cuerpos que se encuentran en el comedor. Luego vienen los baños y el ropero para cambiar las ropas, algunas gastadas o rotas, otras demasiado sucias para volverse a lavar. Mientras algunos se bañan otros juegan al ping pong en el amplio patio de la residencia. Bajo el alero el cura corta el pelo con una maquina eléctrica. Aprovecho y me corto al ras, que dure un par de meses. Me llaman para el baño. Con un buen desayuno y una ducha caliente siento que he vuelto a vivir. La mañana ya va declinando a mediodía y se empieza a sentir el olor a comida. Si no es guiso, seguro que es una salsa para fideos.

    Antes de almorzar el cura nos reúne en el patio. Nos recuerda que al otro día se festeja el día de la madre, el día de la familia. Nos dice que somos una familia callejera los que siempre nos reunimos ahí y en otros lugares. Pero a lo que realmente apunta es a que todos venimos de familias; que no nos olvidemos de ellos, que ellos no se han olvidado de nosotros; como padres algunos, otros hijos, como yo. El sermón me conmueve. Hace cuánto que no veo o llamo a mi madre. Me pregunto cómo llegue hasta acá y cuánto tiempo paso desde que me fui de casa. Me digo a mí mismo que voy a llamar a mamá para saludarla.

    El almuerzo me recupera totalmente. Dos platos de fideos con bolognesa y de postre: helado.

Al salir el cura me bendice y me da una bolsa con golosinas, alfajores, caramelos y chupetines. Siento como si hubiera terminado un cumpleaños y me dan al souvenir a la salida.

   Ese día, no sé de qué año, permanece lúcido en mi memoria. Ese día empecé a volver a casa.












La Lucila (o familia)

    Retiro. Cabecera del ramal Mitre. Es sábado a la mañana y los  andenes todavía están vacíos. No hay empleados en los molinetes, así que paso directamente y me ahorro el verso que traía preparado. Mi cerebro y mi sistema nervioso están a punto de colapsar. Una nueva noche agitada me ha vomitado o abortado en el mejor de los casos. Mucho alcohol: vino, cerveza, caña. Mucho faso y algunos pipazos de base me han intoxicado hasta la saturación.
   Me recuesto en uno de los postes esperando a la formación que viene desde Tigre. El estómago se me retuerce pero ya no tengo nada para de devolver. Entre las luces de la mañana se ve llegar a la diminuta formación que va creciendo a cada segundo. Y a medida que va creciendo, desde el suelo del andén, burbujas multicolores brotan y estallan en las chapas formando una fina lluvia lisérgica. La formación llega, me siento y apoyo mi cabeza en el vidrio para dormir un rato hasta La Lucila.
   El destino es Martinez, estación La Lucila, donde funciona los sábado a la mañana uno de los tantos comedores de Cáritas. Se pueden distinguir fácilmente quienes son los que  van para el comedor. Van subiendo en cada estación. Mochilas, bolsas de consorcio, caras curtidas por el alcohol, drogas, la intemperie y la soledad se pueden advertir en los semblantes. Mientras tanto todo me da vueltas. La acidez sube por mi garganta.
   Ya en destino, los que van rumbo al comedor en vez de salir por los molinetes del frente de la estación, lo hacen por la parte de atrás, por un agujero en el alambrado que da a la calle. Esto es todo un símbolo. Esta es la puerta trasera del mundo. Por ese agujero del mundo se manejan los malparidos, fracasados o explotados por el sistema. Por ahí pasan los adictos, alcohólicos, aspiradores de pegamento, travas, gays, cartoneros, limpiavidrios. Todos, hombres y mujeres, niños hasta ancianos.
   La instalación del comedor es agradable. A las 9 se desayuna en abundancia. Café con leche y facturas comienzan a recuperar a los cuerpos que se encuentran en el comedor. Luego vienen los baños y el ropero para cambiar las ropas, algunas gastadas o rotas, otras demasiado sucias para volverse a lavar. Mientras algunos se bañan otros juegan al ping pong en el amplio patio de la residencia. Bajo el alero el cura corta el pelo con una maquina eléctrica. Aprovecho y me corto al ras, que dure un par de meses. Me llaman para el baño. Con un buen desayuno y una ducha caliente siento que he vuelto a vivir. La mañana ya va declinando a mediodía y se empieza a sentir el olor a comida. Si no es guiso, seguro que es una salsa para fideos.
    Antes de almorzar el cura nos reúne en el patio. Nos recuerda que al otro día se festeja el día de la madre, el día de la familia. Nos dice que somos una familia callejera los que siempre nos reunimos ahí y en otros lugares. Pero a lo que realmente apunta es a que todos venimos de familias; que no nos olvidemos de ellos, que ellos no se han olvidado de nosotros; como padres algunos, otros hijos, como yo. El sermón me conmueve. Hace cuánto que no veo o llamo a mi madre. Me pregunto cómo llegue hasta acá y cuánto tiempo paso desde que me fui de casa. Me digo a mí mismo que voy a llamar a mamá para saludarla.
    El almuerzo me recupera totalmente. Dos platos de fideos con bolognesa y de postre: helado.
Al salir el cura me bendice y me da una bolsa con golosinas, alfajores, caramelos y chupetines. Siento como si hubiera terminado un cumpleaños y me dan al souvenir a la salida.
   Ese día, no sé de qué año, permanece lúcido en mi memoria. Ese día empecé a volver a casa.





jueves, 12 de octubre de 2017

Los acantilados

El poema hablaba de

Locura,

De correr por los acantilados

De Mar del Plata, de soñar

Con ser un tucán o

Una mariposa

O un dragón multicolor

Que se funde con el mar

Y la luna, para volver

A formar un tucán o una mariposa

Y así hasta volver a

Correr por los acantilados;

Y ya sin ser Mar del Plata

Podría ser Estocolmo

Shangaí o Pernambuco

Y ya sin ser tucán, mariposa

O dragón multicolor.

Y ya sin ser un poema

Sino el hecho fáctico

De que no se debe aspirar pegamento

En los acantilados de Mar del Plata

No se debe soñar con ser un

Tucán, mariposa o

Dragón multicolor que se funde con el mar

Y la luna para volver a repetir

Hasta el infinito los versos de este

Poema.

No se debe

Porque vas a a despertar

Y lo primero que vas a ver

Son los dos caños de una escopeta

Sobre tu cara

Y un policía en el extremo

Vas a ver eso

Y a tus amigos arrodillados

Con las manos en la cabeza;

Entonces el poema no va a hablar

Locura, va a hablar de

Otra caída en cana

De otra entrada a la comisaría.












Los acantilados

El poema hablaba de
Locura,
De correr por los acantilados
De Mar del Plata, de soñar
Con ser un tucán o
Una mariposa
O un dragón multicolor
Que se funde con el mar
Y la luna, para volver
A formar un tucán o una mariposa
Y así hasta volver a
Correr por los acantilados;
Y ya sin ser Mar del Plata
Podría ser Estocolmo
Shangaí o Pernambuco
Y ya sin ser tucán, mariposa
O dragón multicolor.
Y ya sin ser un poema
Sino el hecho fáctico
De que no se debe aspirar pegamento
En los acantilados de Mar del Plata
No se debe soñar con ser un
Tucán, mariposa o
Dragón multicolor que se funde con el mar
Y la luna para volver a repetir
Hasta el infinito los versos de este
Poema.
No se debe
Porque vas a a despertar
Y lo primero que vas a ver
Son los dos caños de una escopeta
Sobre tu cara
Y un policía en el extremo
Vas a ver eso
Y a tus amigos arrodillados
Con las manos en la cabeza;
Entonces el poema no va a hablar
Locura, va a hablar de
Otra caída en cana
De otra entrada a la comisaría.





miércoles, 11 de octubre de 2017

Leteo


¡Oh humanidad incandescente;


Ven hasta mí y 
desollad estas vísceras llenas de ponzoña


Que hacen indescriptible el
dolor en mis articulaciones!





Ven y tratad de que pueda


Dejar este cuerpo
nauseabundo y pestilente;


Sólo para que pueda alcanzar mi propósito...


Que esta
más allá de la lógica y la carne.




¡Ven a despertarme de este letargo!

¡Humanidad!

¡¿Qué es eso que vosotros

Llamaís humanidad?!

Qué es eso:

Yo solo veo simulacros

Fantasmagorías que desfilan por galerías

Diáfanas 

Y pretenden garantizarme la realidad

¡La realidad!

Una correntada de bilis caliente

Agria, amarga, se convulsionó

En mis entrañas al oír 

Semejante sofisma

Un espectro, al que al correr mi mirada pierde 

Toda su entidad en el mundo

Me quiere seducir a toda costa con su dialéctica 

De espectro desesperado

Como todos vosotros

Que sosteneís vuestra misera miseria 

En la dialéctica.



Humanidad,

Si es que existe algo parecido

Dejad de infestarme con vuestros sofismas

Dejad que la infección en mis articulaciones 

Descansen y que mi

Lengua y mi lenguaje se purifiquen 

En el Leteo; y es que yo también soy 

Un simulacro, una fantasmagoría

Infestado de lenguaje y 

Dialécticas ponzoñosas 

Que pretende engañarte 

A ti lector

No dejeís que te seduzca 

Solo corre vuestra mirada de mí

Así la categorías del lenguaje 

Dejarán de operar en mí



Y finalmente perderé mi entidad

Finalmente podré descansar.



¡Oh Humanidad!

¡Gracias Humanidad!










Leteo

¡Oh humanidad incandescente;
Ven hasta mí y  desollad estas vísceras llenas de ponzoña
Que hacen indescriptible el dolor en mis articulaciones!

Ven y tratad de que pueda
Dejar este cuerpo nauseabundo y pestilente;
Sólo para que pueda alcanzar mi propósito...
Que esta más allá de la lógica y la carne.

¡Ven a despertarme de este letargo!
¡Humanidad!
¡¿Qué es eso que vosotros
Llamaís humanidad?!
Qué es eso:
Yo solo veo simulacros
Fantasmagorías que desfilan por galerías
Diáfanas 
Y pretenden garantizarme la realidad
¡La realidad!
Una correntada de bilis caliente
Agria, amarga, se convulsionó
En mis entrañas al oír 
Semejante sofisma
Un espectro, al que al correr mi mirada pierde 
Toda su entidad en el mundo
Me quiere seducir a toda costa con su dialéctica 
De espectro desesperado
Como todos vosotros
Que sosteneís vuestra misera miseria 
En la dialéctica.

Humanidad,
Si es que existe algo parecido
Dejad de infestarme con vuestros sofismas
Dejad que la infección en mis articulaciones 
Descansen y que mi
Lengua y mi lenguaje se purifiquen 
En el Leteo; y es que yo también soy 
Un simulacro, una fantasmagoría
Infestado de lenguaje y 
Dialécticas ponzoñosas 
Que pretende engañarte 
A ti lector
No dejeís que te seduzca 
Solo corre vuestra mirada de mí
Así la categorías del lenguaje 
Dejarán de operar en mí

Y finalmente perderé mi entidad
Finalmente podré descansar.

¡Oh Humanidad!
¡Gracias Humanidad!




martes, 10 de octubre de 2017

Tendencia a la destrucción total

Tendencia a la destrucción total

Y a los campos de azúcar

En el patio de casa;

Tendencia a la destrucción y

A la composición de nuevas

Moléculas y versos

Tendencia a destruir el lenguaje

Para descubrir

Mi propio lenguaje;

Tendencia suicida

Melancólica

Misantrópica

Licantrópica y volver siempre

Inexorablemente a la

Tendencia a la destrucción total

De todos los símbolos

De la vigilia

Y los oníricos también;

Mis símbolos personales

familiares o reales.

Ese es mi sueño, mi tendencia

La destrucción de la Destrucción

De la realidad que anida

En la Realidad

Esa que dicta el Rey, la realeza.

Y es en esa destrucción de lo Real

En la que busco habitar, y con cada verso

Golpeo a la Realidad

Voy derrocando al Rey

Voy llegando a mi hábitat

Voy llegando a la destrucción total.
















Tendencia a la destrucción total

Tendencia a la destrucción total
Y a los campos de azúcar
En el patio de casa;
Tendencia a la destrucción y
A la composición de nuevas
Moléculas y versos
Tendencia a destruir el lenguaje
Para descubrir
Mi propio lenguaje;
Tendencia suicida
Melancólica
Misantrópica
Licantrópica y volver siempre
Inexorablemente a la
Tendencia a la destrucción total
De todos los símbolos
De la vigilia
Y los oníricos también;
Mis símbolos personales
familiares o reales.
Ese es mi sueño, mi tendencia
La destrucción de la Destrucción
De la realidad que anida
En la Realidad
Esa que dicta el Rey, la realeza.
Y es en esa destrucción de lo Real
En la que busco habitar, y con cada verso
Golpeo a la Realidad
Voy derrocando al Rey
Voy llegando a mi hábitat
Voy llegando a la destrucción total.








jueves, 5 de octubre de 2017

El objeto está perdido

El baldío

De barriletes y picados

De fútbol.

El baldío que me espera

Y me bautiza, como

En Cartago o Avellaneda

Bajo Flores o Batán...

La procesión es la misma.



Las zanjas de Solano

Con sus renacuajos

(Nosotros le llamábamos

Zapateros) que nos esperan

Para jugar en la esquina

Y más allá, en la sociedad de

Fomento, los más grandes se

Pelean antes de terminar el

Partido, como si la calle fuera

El Coliseo; y las piedras, palos

O alguna navaja, las armas

De los esclavos Romanos.



La procesión es la misma

La camioneta que vende

Pizzas se viene anunciando desde

La paz, con una bocina de carrero.

Hacia allá voy con unas cuantas

Monedas que cambio por una

Porción de muzzarella.

La felicidad cuesta tan poco

En la infancia



Como el trencito que nos pasea

También por unas monedas

La pantera rosa animando

Con música de Los Parchís;

Y mi abuela esperándome.



Mis tíos se ríen de mí

Estoy contento porque

Tengo piojos

Y ellos no

"¡Qué boludo que es este pibe!"

Dicen entre carcajada y

Carcajada.



La procesión sigue estando ahí

El carnaval más divertido

Todos contra todos

Baldes, bombuchas

Y pomos de plástico

Forman el barro del barrio,

Al que siempre vuelvo

Cuando el peso del mundo sobre

Mi cuerpo

Adulto busca un punto de fuga

¿Cómo olvidarse de

Esas imágenes?

De esos palpitares en

Mi pecho, de tanto amor

Puro que tan poco

Cuesta en la infancia.



El inventario es reducido en

La infancia;

El mundo era 2 o 3

Cuadras a lo sumo

El resto aventura.



Ahora que el tiempo ha

Encallecido mi piel

Y mis sentimientos;

Que abarrota cada día

Con más información

Y memorias

A mi delicado cerebro dañado

Cada vez, pareciera

Que son más los objetos

Perdidos que busco.

Pero no me preocupo

Cada vez que escribo sobre ello

Recupero alguno.



Hoy, gracias a este poema,

He recuperado una más.





    Hoy he sacado una capa más, a las vastas capas que se han superpuesto a mis sentimientos a lo largo de estos años. Reconozco la mella que ha provocado el dolor y el absurdo del mundo sobre mi lenguaje y luego sobre mis sentimientos; también sobre mi cuerpo. 

   Desde que me he encontrado con la literatura, y en especial con la poesía, he comprendido que el trabajo de desmonte, desmolde, (o quizás ya en este punto deba templar a mis sentimientos con un nuevo lenguaje) es la empresa más ardua en la que me he embarcado. La reflexión me ha asaltado al tener que leer mi poema y darme cuenta del por qué he escrito que mis sentimientos se han encallecido. Alguien me objeto, al escuchar mi lectura, que mis sentimientos no se han encallecido si estoy escribiendo poesía. Quise hacer liviana y fácil la reflexión; pero no hay nada de fácil o simple en mis reflexiones, en lo que respecta a mis sentimientos y el lo que respecta a mi literatura. En la tarde traté de hacerme un ejercicio para este diario, el cual consiste en registrar mis registros con cada sentimiento desde mi infancia hasta el día de hoy ¿Mis sentimientos hacia el amor fueron siempre los mismos? ¿Mi idea del amor siempre fue la misma? ¿Las veces que amé, amé de la misma manera en cada situación? En este punto debo aclarar que el amor me ha dado satisfacciones y remordimientos en cantidades iguales. Hubo etapas en mi vida en la que llegue a descreer totalmente del amor, lo he rechazado enérgicamente. Pero también comprendí en esa cruzada personal contra el amor, que yo necesitaba del amor, que no podía rechazarlo. Esto lo comprendí cuando enfermé y la medicina no pudo dar con los orígenes, y mucho menos con un tratamiento;para mi mal. Los años de ostracismo me enseñaron que debía volver al amor pero en cantidades más mesuradas, no en las cantidades  excesivas con las que siempre reclamé. Y aquí también yacía un error, el de reclamar. Reclamar en vez de dar; pero qué era lo que yo sabía del amor. Hoy creo que muy poco. Solo lo entendí cuando me alejé de él. Comprendí que lo necesito, pero también necesito darlo desinteresadamente en vez de reclamarlo. Necesito amarme a mí honesta y sinceramente (puedo fatigar varios párrafos sobre lo que entendía sobre la honestidad y el sinceramiento, vastas capas hay sobre estos conceptos).

   Cuánto podré a estos significados que aprendí (mal en su mayoría, y luego los distorsioné hasta vaciarlos totalmente en los años en que se me vedó la voz) volver a resignificarlos, llegar a una esencia. 

   Escribía hace unos días que mis sentimientos se han encallecido. Cómo nombrar o identificarme con un sentimiento que ha variado en todos estos años con una palabra que está estática en su significado en el tiempo y el espacio. Es en este punto en donde mi espíritu ha sentido alivio al entender que la literatura, y en especial la poesía, está resignificando el lenguaje, mi lenguaje. Y que esta empresa de desmonte se está operando en las profundidades mismas del lenguaje. Así que seguiré atravesando, fatigando los versos, las prosas, hasta su esencia misma; mi esencia. 





Diarios del Poeta










El objeto está perdido

El baldío
De barriletes y picados
De fútbol.
El baldío que me espera
Y me bautiza, como
En Cartago o Avellaneda
Bajo Flores o Batán...
La procesión es la misma.

Las zanjas de Solano
Con sus renacuajos
(Nosotros le llamábamos
Zapateros) que nos esperan
Para jugar en la esquina
Y más allá, en la sociedad de
Fomento, los más grandes se
Pelean antes de terminar el
Partido, como si la calle fuera
El Coliseo; y las piedras, palos
O alguna navaja, las armas
De los esclavos Romanos.

La procesión es la misma
La camioneta que vende
Pizzas se viene anunciando desde
La paz, con una bocina de carrero.
Hacia allá voy con unas cuantas
Monedas que cambio por una
Porción de muzzarella.
La felicidad cuesta tan poco
En la infancia

Como el trencito que nos pasea
También por unas monedas
La pantera rosa animando
Con música de Los Parchís;
Y mi abuela esperándome.

Mis tíos se ríen de mí
Estoy contento porque
Tengo piojos
Y ellos no
"¡Qué boludo que es este pibe!"
Dicen entre carcajada y
Carcajada.

La procesión sigue estando ahí
El carnaval más divertido
Todos contra todos
Baldes, bombuchas
Y pomos de plástico
Forman el barro del barrio,
Al que siempre vuelvo
Cuando el peso del mundo sobre
Mi cuerpo
Adulto busca un punto de fuga
¿Cómo olvidarse de
Esas imágenes?
De esos palpitares en
Mi pecho, de tanto amor
Puro que tan poco
Cuesta en la infancia.

El inventario es reducido en
La infancia;
El mundo era 2 o 3
Cuadras a lo sumo
El resto aventura.

Ahora que el tiempo ha
Encallecido mi piel
Y mis sentimientos;
Que abarrota cada día
Con más información
Y memorias
A mi delicado cerebro dañado
Cada vez, pareciera
Que son más los objetos
Perdidos que busco.
Pero no me preocupo
Cada vez que escribo sobre ello
Recupero alguno.

Hoy, gracias a este poema,
He recuperado una más.


    Hoy he sacado una capa más, a las vastas capas que se han superpuesto a mis sentimientos a lo largo de estos años. Reconozco la mella que ha provocado el dolor y el absurdo del mundo sobre mi lenguaje y luego sobre mis sentimientos; también sobre mi cuerpo. 
   Desde que me he encontrado con la literatura, y en especial con la poesía, he comprendido que el trabajo de desmonte, desmolde, (o quizás ya en este punto deba templar a mis sentimientos con un nuevo lenguaje) es la empresa más ardua en la que me he embarcado. La reflexión me ha asaltado al tener que leer mi poema y darme cuenta del por qué he escrito que mis sentimientos se han encallecido. Alguien me objeto, al escuchar mi lectura, que mis sentimientos no se han encallecido si estoy escribiendo poesía. Quise hacer liviana y fácil la reflexión; pero no hay nada de fácil o simple en mis reflexiones, en lo que respecta a mis sentimientos y el lo que respecta a mi literatura. En la tarde traté de hacerme un ejercicio para este diario, el cual consiste en registrar mis registros con cada sentimiento desde mi infancia hasta el día de hoy ¿Mis sentimientos hacia el amor fueron siempre los mismos? ¿Mi idea del amor siempre fue la misma? ¿Las veces que amé, amé de la misma manera en cada situación? En este punto debo aclarar que el amor me ha dado satisfacciones y remordimientos en cantidades iguales. Hubo etapas en mi vida en la que llegue a descreer totalmente del amor, lo he rechazado enérgicamente. Pero también comprendí en esa cruzada personal contra el amor, que yo necesitaba del amor, que no podía rechazarlo. Esto lo comprendí cuando enfermé y la medicina no pudo dar con los orígenes, y mucho menos con un tratamiento;para mi mal. Los años de ostracismo me enseñaron que debía volver al amor pero en cantidades más mesuradas, no en las cantidades  excesivas con las que siempre reclamé. Y aquí también yacía un error, el de reclamar. Reclamar en vez de dar; pero qué era lo que yo sabía del amor. Hoy creo que muy poco. Solo lo entendí cuando me alejé de él. Comprendí que lo necesito, pero también necesito darlo desinteresadamente en vez de reclamarlo. Necesito amarme a mí honesta y sinceramente (puedo fatigar varios párrafos sobre lo que entendía sobre la honestidad y el sinceramiento, vastas capas hay sobre estos conceptos).
   Cuánto podré a estos significados que aprendí (mal en su mayoría, y luego los distorsioné hasta vaciarlos totalmente en los años en que se me vedó la voz) volver a resignificarlos, llegar a una esencia. 
   Escribía hace unos días que mis sentimientos se han encallecido. Cómo nombrar o identificarme con un sentimiento que ha variado en todos estos años con una palabra que está estática en su significado en el tiempo y el espacio. Es en este punto en donde mi espíritu ha sentido alivio al entender que la literatura, y en especial la poesía, está resignificando el lenguaje, mi lenguaje. Y que esta empresa de desmonte se está operando en las profundidades mismas del lenguaje. Así que seguiré atravesando, fatigando los versos, las prosas, hasta su esencia misma; mi esencia. 


Diarios del Poeta




miércoles, 4 de octubre de 2017

El lenguaje siempre llega tarde

Iba a decirte que te amo

Pero recordé

Que el lenguaje siempre

Llega tarde;

Y es muy seguro que

En ese momento

En el que te lo diga

Me arrepienta

Porque el lenguaje siempre

Llega tarde;

Y luego deba decirte que

Me arrepentí

Que soy un patán

Que todavía no me rescato

De que no debo confiar

En el lenguaje

Porque siempre llega tarde

Que lo uso porque soy un cobarde

No confío en el silencio

Todavía no me rescaté de que

Mi cuerpo expresa mejor que yo

Mis sentimientos. Por eso estoy

Acá con vos, en este momento

Y en este momento te amo

Después no lo sé.

Así que seguiré besándote en estas

Tranquilas playas del sur de Italia

Seguiré mirándote

Seguiré  tomado de tu mano

Seguiré amándote por lo que resta

De este momento;

Y no busques que te diga que te amo

Porque el lenguaje siempre

Llega tarde.










El lenguaje siempre llega tarde

Iba a decirte que te amo
Pero recordé
Que el lenguaje siempre
Llega tarde;
Y es muy seguro que
En ese momento
En el que te lo diga
Me arrepienta
Porque el lenguaje siempre
Llega tarde;
Y luego deba decirte que
Me arrepentí
Que soy un patán
Que todavía no me rescato
De que no debo confiar
En el lenguaje
Porque siempre llega tarde
Que lo uso porque soy un cobarde
No confío en el silencio
Todavía no me rescaté de que
Mi cuerpo expresa mejor que yo
Mis sentimientos. Por eso estoy
Acá con vos, en este momento
Y en este momento te amo
Después no lo sé.
Así que seguiré besándote en estas
Tranquilas playas del sur de Italia
Seguiré mirándote
Seguiré  tomado de tu mano
Seguiré amándote por lo que resta
De este momento;
Y no busques que te diga que te amo
Porque el lenguaje siempre
Llega tarde.




lunes, 2 de octubre de 2017

Romance

Un tatuaje tuyo,

Que me recuerda nuestra

Última noche de amor

Nuestros últimos besos

Yo me desgarraba por tu boca

Sabía, ya, que era nuestra

Despedida

Y yo no me quería despedir

Me imaginaba loco

Sin el consuelo de tus besos

De tu magia

De tu dulceamargo veneno

¡No sé vivir la vida

Sin veneno! Gritaba por las calles

Y mis amigos no comprendían

Qué era lo que me pasaba;

Trataron de ayudarme

De contenerme

Pero yo no me quería despedir de

Ella. Golpeé mi cabeza

Quizás contra una reja o algún fierro

No lo sé;

Sé que un cirujano tatuó mis

Once puntos sobre mi ceja derecha

En el hospital Fernández.

Y hoy, cuando miro en el espejo

Y veo nuestro tatuaje

El que me recuerda mi

Romance con el vodka, comprendo

Que hay amores

Flamables

Tóxicos y

Mortales

Y mi tatuaje me le recuerda

Todos los días.












Romance

Un tatuaje tuyo,
Que me recuerda nuestra
Última noche de amor
Nuestros últimos besos
Yo me desgarraba por tu boca
Sabía, ya, que era nuestra
Despedida
Y yo no me quería despedir
Me imaginaba loco
Sin el consuelo de tus besos
De tu magia
De tu dulceamargo veneno
¡No sé vivir la vida
Sin veneno! Gritaba por las calles
Y mis amigos no comprendían
Qué era lo que me pasaba;
Trataron de ayudarme
De contenerme
Pero yo no me quería despedir de
Ella. Golpeé mi cabeza
Quizás contra una reja o algún fierro
No lo sé;
Sé que un cirujano tatuó mis
Once puntos sobre mi ceja derecha
En el hospital Fernández.
Y hoy, cuando miro en el espejo
Y veo nuestro tatuaje
El que me recuerda mi
Romance con el vodka, comprendo
Que hay amores
Flamables
Tóxicos y
Mortales
Y mi tatuaje me le recuerda
Todos los días.





Eterno retorno (o antítesis)

    Siempre quise escapar, huir del mundo; ya sea mirando televisión, jugando en la terraza de la casa de mi abuela, mintiendo en la escuela a mis compañeros. Siempre viviendo en una fantasía y negando la realidad. Pero yo no sabía en ese momento qué era la realidad.

    Desde los 11 años comencé a planear mi huida. Fantaseaba con vivir en Buenos Aires, vivir en la calle, ser un chico de la calle; y algún día, después de muchos años, volvería con mi familia.

    A mis 8 años fallece mi abuela en la cama, al lado mio. Yo compartía la cama con ella en la casa de mi tía. Tuvo un ataque de presión y despidió mucha sangre por la boca y la nariz. Mi espalada fue manchada con su sangre. A partir de ese momento la muerte comenzó a vagar por mis reflexiones y comencé a ser consciente de la finitud de la vida, de mi vida. Por las noches tocaba mi pecho y me preguntaba cómo sería morir, cómo sería el momento de la transición, el de la asfixia, el de las penumbras arrastrarme a los brazos de la muerte.

   Toda la adolescencia la atravesé sintiendo la angustia de no comprenderme a mí mismo y mucho menos al mundo, a la familia, a la sociedad, a las instituciones. Pero en ese momento el lenguaje me estaba vedado. Sentimientos confusos, inclasificables, mucha agonía, ganas de morir y la incomprensión de un entorno al que también le estaba vedado el lenguaje, hacían que mi sentimiento de fuga creciera cada día más.

   Cuando terminé la escuela secundaria y conocí los narcóticos tuve el suficiente valor para irme de casa. Me fui de casa, del mundo, de la realidad, de mí mismo hasta los lugares más obscuros, solitarios y miserables de mi existencia. Llegué a no reconocerme. Tampoco el camino para volver. Tampoco sabía si podría volver o sí debía volver a encontrarme.

   Descubrí el Eterno Retorno a mis 26 años. Iba caminando por Cerrito, al costado de la avenida 9 de Julio. Ahí estaba yo cumpliendo o viviendo mi fantasía de la niñez 15 años después. Después de haber sido preparado por la escuela técnica para que construyera edificios de hasta 4 pisos, yo habitaba en las calles, fuera de esos edificios, fuera de la sociedad, fuera de las instituciones; ahí estaba yo haciendo mi antítesis.

   Me veo caminando descalzo, con una bolsa negra de residuos, llevando una frazada para dormir en donde el sueño lo solicite. En ese momento comprendí (en el buen sentido) que toda mi vida, hasta ese momento, me había preparado para llegar a ese momento. Un momento que se repite ciclicamente.

Un momento entre otros tantos momentos para los que también me voy preparando.

   En algunos de esos momentos hay un salto, y es para esos saltos para los que me preparo Ahora, en este momento.












Eterno retorno (o antítesis)

    Siempre quise escapar, huir del mundo; ya sea mirando televisión, jugando en la terraza de la casa de mi abuela, mintiendo en la escuela a mis compañeros. Siempre viviendo en una fantasía y negando la realidad. Pero yo no sabía en ese momento qué era la realidad.
    Desde los 11 años comencé a planear mi huida. Fantaseaba con vivir en Buenos Aires, vivir en la calle, ser un chico de la calle; y algún día, después de muchos años, volvería con mi familia.
    A mis 8 años fallece mi abuela en la cama, al lado mio. Yo compartía la cama con ella en la casa de mi tía. Tuvo un ataque de presión y despidió mucha sangre por la boca y la nariz. Mi espalada fue manchada con su sangre. A partir de ese momento la muerte comenzó a vagar por mis reflexiones y comencé a ser consciente de la finitud de la vida, de mi vida. Por las noches tocaba mi pecho y me preguntaba cómo sería morir, cómo sería el momento de la transición, el de la asfixia, el de las penumbras arrastrarme a los brazos de la muerte.
   Toda la adolescencia la atravesé sintiendo la angustia de no comprenderme a mí mismo y mucho menos al mundo, a la familia, a la sociedad, a las instituciones. Pero en ese momento el lenguaje me estaba vedado. Sentimientos confusos, inclasificables, mucha agonía, ganas de morir y la incomprensión de un entorno al que también le estaba vedado el lenguaje, hacían que mi sentimiento de fuga creciera cada día más.
   Cuando terminé la escuela secundaria y conocí los narcóticos tuve el suficiente valor para irme de casa. Me fui de casa, del mundo, de la realidad, de mí mismo hasta los lugares más obscuros, solitarios y miserables de mi existencia. Llegué a no reconocerme. Tampoco el camino para volver. Tampoco sabía si podría volver o sí debía volver a encontrarme.
   Descubrí el Eterno Retorno a mis 26 años. Iba caminando por Cerrito, al costado de la avenida 9 de Julio. Ahí estaba yo cumpliendo o viviendo mi fantasía de la niñez 15 años después. Después de haber sido preparado por la escuela técnica para que construyera edificios de hasta 4 pisos, yo habitaba en las calles, fuera de esos edificios, fuera de la sociedad, fuera de las instituciones; ahí estaba yo haciendo mi antítesis.
   Me veo caminando descalzo, con una bolsa negra de residuos, llevando una frazada para dormir en donde el sueño lo solicite. En ese momento comprendí (en el buen sentido) que toda mi vida, hasta ese momento, me había preparado para llegar a ese momento. Un momento que se repite ciclicamente.
Un momento entre otros tantos momentos para los que también me voy preparando.
   En algunos de esos momentos hay un salto, y es para esos saltos para los que me preparo Ahora, en este momento.





domingo, 1 de octubre de 2017

Sugarblind

La primera cucharada de azúcar es

Insuficiente

La segunda es la

Cantidad justa

La tercera es la de

La ansiedad

La cuarta;

La cuarta es la de

La adicción.    








Sugarblind

La primera cucharada de azúcar es
Insuficiente
La segunda es la
Cantidad justa
La tercera es la de
La ansiedad
La cuarta;
La cuarta es la de
La adicción.    



16 años

 Me dijeron  Que tenía una condición  Física, mental y espiritual. Que era una alergia del cuerpo Una obsesión de la mente Un lugar oscuro d...