lunes, 14 de noviembre de 2016

Heidegger

Valles de fuego transparente


Desde lo alto, desde las sospechosas cumbres


Bajan con intensidad suave...


Estas ráfagas de aburrimiento tenue


(Yo) me encuentro inmerso,


Aburrido, hastiado


Me observo (a mí mismo), antes de ser y de  poder comprenderlo





En mi osamenta libre de carne y razón


Veo a la Nada en el espacio vacío de mis huesos


Veo a las ráfagas de aburrimiento atravesarme





Angustia; temple de ánimo


Todo lo nivela


Todo lo atraviesa





En uno de los flancos violentos del valle


Lo veo, a él, y donde mora


Magnificente, oscuro, místico


Me susurra el misterio;


Como el delicado sonido de un arroyo haciéndose paso entre rocas sin nombre





Me dejo caer y arrastrarme


Por la bruma violácea del aburrimiento


Angustia...Angustia...Angustia...Temple de ánimo








Abismo, cuerda, salto

Y más allá...más allá



Vapor de la irrealidad

Asomando y escondiéndose a la vez.














"La noche en que Eróstrato quemó el templo de Éfeso vino al mundo Alejandro, rey de Macedonia"











   Me susurraste el misterio y el propósito de la filosofía  a través de un poema  que escuche en el vientre de mi madre. Vos ya te estabas despidiendo de este mundo material para volver a iniciar nuevamente el eterno retorno; retomar el estado anterior, el estado optimo, el de la pre comprensión, el estado en el cual las cosas se muestran tal como son. Todo esto lo descubrí en mi niñez, sobre las escrituras de las que hablaba mi padre con devoción y del cual yo también sentí la llama ardiente del espíritu inundar mi corazón ansioso de sabiduría. Descubrí tu voz en mi adolescencia (supe que era tu voz, esa voz que escuché por primera vez en el vientre de mi madre)  cuando leí  la voz del anti profeta en tu monumental obra.

     Entonces la sospecha se apropió de  mi pensamiento y  mi lenguaje. Emprendí mi aventura espiritual en la antigua Grecia, posteriormente en las obras de El filósofo y luego me apasioné con la vida y los textos de Tomás de Aquino y San Agustin. Todos ellos buscadores de ese misterio que va arastrandose y escapándose en cada época; y yo soy uno más buscando el misterio de ese susurro en la caída de una sola palabra. Avanzada ya mi búsqueda me encontré en un dilema, y comprendí que yo también debía iniciar mi camino circular y eterno por los valles de fuego transparente de la filosofía.


  Quizás confundí el espíritu político de mi época  en el que me tocó vivir con el espíritu de Dióniso. Así que pagaré por esta decisión por el resto de mi vida y por el resto de lo que pueda llegar a juzgarme la historia; pero sé perfectamente  que podré enmendarme a mí mismo y a mi pensamiento en la sucesivas e infinitas vueltas en las que me encuentre  reescribiendo esta humilde reflexión. Por eso en la cumbre de mi  vitalidad preferí callar y no dar explicaciones. Empecé a comprender la Nada y el poder del Silencio también, en la tranquilidad del oscuro bosque donde me conecto con la esencia, si es que puede llamarse esencia, del mundo.

   Ahora, tu, lector, has sentido el llamado del misterio y sientes que tu también tienes que embarcarte en esta aventura espiritual que se nos escapa constantemente pero sabes que está allí, al acecho, sin nombres y a la espera de llenar infinitas páginas de volúmenes incompletos, los míos inclusive. Así que no desesperes lector, nosotros estaremos allí para auxiliarte en los momentos en los que sientas que el significado de las cosas se te escapen de ti mismo. La ventaja de viajar en una rueda es que siempre se vuelve al mismo lugar.




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