domingo, 22 de mayo de 2016

Otoño


Otoño. Otoño es la estación de la muerte, de la muerte y la resurrección. Hace ya mucho tiempo que la melancolía ha infectado todas las áreas de mi ser y ya no hay vuelta atrás para evacuar la ponzoña que se ha acumulado en mi espíritu convulsionado. Desde la esquina de Juncal y 9 de Julio veo mi decadencia y la decadencia de esta ciudad, ciudad infectada con resentimiento, que traspira ansiedad en su asfalto, que exhala su ponzoña a través de las bocas de tormenta y me cubre con su manto tan denso y oscuro como la profundidad del océano, un océano de fuego que yace bajo mis pies.


Al igual que Lautrémont me pregunto cuál es la profundidad del corazón humano, si es más profundo que el océano, si todavía no dejo de descender en mi propio corazón: ¿Cual de los dos será mas profundo? Y es que desde esta esquina la humanidad se presenta de manera real, sin hipocresía, sin máscaras, solo sus osamentas y sus falsas modestias. De vez en cuando me ofrecen una moneda, otras comida, pero no necesito ni monedas ni comida. Esta enfermedad no requiere de nada externo, no es muy difícil de comprender pero si de explicar. Esta enfermedad que la religión, la medicina ni la psiquiatría pueden tratar. Alguien me habló de Dios, y yo le hablé que ya lo conozco : Él esta enfrente mio con su pipa de pasta base fumando todo el día. Nos preguntamos con Lautrémont cuál es la profundidad del corazón humano.


Todos juntos vamos marchando hacia el abismo, cada cual a su manera, y los condenados al ostracismo espiritual saben de lo que hablo. Ellos soy y yo soy ellos. Buenos Aires es yo y yo soy Buenos aires: ciudad de pobres corazones.


El temblequeo me advierte que es tiempo de otra dosis. Que lejano ha quedado el tiempo de la infancia, el tiempo donde nos divertíamos remontando barriletes y jugando a las escondidas. Hoy en día la diversión es escondernos de la policía al salir de la villa, preparar la pipa y quemar las piedras de pasta base de cocaína. Niño ¿Dónde has quedado niño?


El humo denso y toxico ingresa al sistema nervioso purificando lo que queda de humano, purificando el espíritu y preparando la resurrección. La exhalación que ofrezco al cielo es tributo de la purificación, lo que exhalo es mi propio espíritu ya decantado de su mal, y es que ya he fatigado todos los remedios del planeta. Pero sé que lentamente voy despertando. si, lentamente...Lentamente.


Despertar, resurrección.

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