lunes, 5 de abril de 2021

Posfacio sin deudas

 

     Tomé la expresión "galería de los ases" del tango de  Edmundo Rivero El conventillo. La expresión completa es "la galería de los ases del choreo". La galería de los ases es la carpeta en donde se encontraban las fotos de los reos con sus respectivos prontuarios. No se puede andar mucho tiempo entre delincuentes sin delinquir y sin pagar las culpas. Pasé casi una década esquivándole a los grillos. Finalmente en 2009 tuve un pequeño prólogo de lo que me esperaría en la tumba si seguía bardeando. El lugar fue la alcaldía de la unidad 20 de Mar del Plata. No llegué a ser un reo pesado como se dice en la jerga. Pero este paso me permitió estar en la verdadera galería de los ases del choreo. Por qué menciono todo esto. Recuerdo que estando en la gatera, antes de que nos consigan cama a cada uno en el hotel, había entre nosotros un personaje misterioso. Hablaba entre dientes, tenía varias caídas, conocía el movimiento adentro y afuera, tenía parlamento. A él fue el primero que se lo llevaron para las celdas. Antes de que se lo llevaran se volvió hacia nosotros (éramos unos pares que caíamos por primera vez) y dijo: "no se coman ningún fantasma, ustedes saben quienes son". Hasta el día de hoy esto me sigue resonando.

   Considero fantasma a cualquier representación de segundo o tercer grado. Quizás esto les sirva a aquellos que les gusta desperdiciar los domingos para elegir ser representados por representaciones de segundo o tercer grado (Esto no es una pipa: Ensayo Sobre Magritte, Michel Foucault). Pero ese no es mi negocio, mi negocio es el "negocio de las palabras" (Anne Sexton). Lo que quiero rescatar de esa expresión en plural "ustedes saben quienes son", es el singular; saber yo quién soy. Y saber, porque es importante a la hora de entrar a un círculo nuevo. Esta lección no era para la tumba únicamente: era una lección para el resto de la vida.

   Jacobo Fijman decía que estamos en el mundo pero con los ojos en la noche. Flor hablaba de resonancias, ecos, trazos; a veces nítidos, a veces vagos, a veces firmes y gruesos. No me equivoco si digo que todavía estoy como cuando era chico y mi abuela se juntaba con la gente de su comunidad los sábados en la mañana y se la pasaban hablando en guaraní. Quizás esa sea mi resonancia, mi verdadera lengua materna que trato de ir descifrando de a poco entre estas palabras, ecos, resonancias, trazos que pretenden formar un rostro, que pretende decirme quién soy.



Gastón Reybufón





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