lunes, 29 de octubre de 2018

La duda

     Es jueves y mi tía nos visita. Viene con mis primas y Tamara que está en su panza con 3 meses. Hace poco que se  mudó del Rucci a Villa Serra. Mientras merendamos con mis primas ella y mamá toman mate. Dice que hay algo en la casa que no le gusta. Dice que a la noche escucha ruidos. Mamá le dice que no debe ser nada. Cambian de tema y antes de anochecer se retiran.
   En cuestión de un mes la visita de los jueves se convierte en un hábito e informes detallados de lo que ocurre en la casa y durante la madrugada. La casa se manifiesta, eso es lo que no le gusta a mi tía. Aparte porque ella es la única que presencia estas manifestaciones. Ni mi tío ni mis primas escuchan o ven algo. Mi tío cuando opina del asunto dice que está loca.
   Uno de las manifestaciones más recurrentes es la de escuchar el ruido de las ollas en el bajomesada, como cuando uno está buscando algo en particular y remueve todos los utensillos hasta dar con el buscado. En una de esas noches se escucha que la alacena se ha caído y todo se ha desparramado por el piso. Mi tía se levanta y al prender la luz no hay nada en el piso. Abre la alacena y todo está ordenado en su interior. 
   En otra noche escucha ruidos en el comedor. Se levanta y prende la luz del comedor. No hay absolutamente nada. Ahora escucha ruidos en su pieza. Mis primas duermen, no se enteran de nada. Mi tío trabaja en un gomería y viene una vez a la semana a dejar plata. Así que se pasa casi toda una noche yendo y viniendo de la pieza al comedor.
Finalmente se duerme rezando y tomando un crucifijo en su mano pegado a su pecho.
     Los acontecimientos llegan a su punto máximo cuando estando de día y en el comedor mirando la televisión y mis primas sentadas al lado de ella, el modular se mueve unos centímetros. Esta es la primera vez que mis primas presencian las manifestaciones. Sin embargo mi tío sigue insistiendo que está loca.
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     Mi abuela no la está pasando bien en Buenos Aires y se viene a vivir con mamá y conmigo en nuestra casa del barrio Noroeste. Mamá tampoco está pasando un buen momento con su pareja. Al tipo este nuevo esquema no le gusta y deja la casa.
    Mi tía nos dice que nos vayamos a vivir con ella. Así que terminamos viviendo todos juntos en su casa. Mamá decide irse a trabajar al sur y me deja al cuidado de mi abuela y mi tía. Durante este tiempo las manifestaciones parecen haberse detenido. Mi tía cada vez que las recuerda y le comenta a alguien, entre mi tío y mi abuela le dicen que está loca. Pero no se lo dicen en serio. Lo dicen para minimizar la situación, restarle importancia. Mi tía ahora está tranquila, hace mucho que no escucha nada.
      El ruido la despierta. Otra vez se siente el ruido de las ollas en el bajomesada, otra vez se siente las cosas caerse de la alacena, otra vez prender la luz y abrir las puertas y confirmar que todo está ordenado, otra vez rezar y dormir con el crucifijo pegado al pecho.

***

     Yo duermo con mi abuela en el comedor. Hicimos una pequeña habitación en el medio de la sala. Mi tío llega como todas la semanas. Dice que se va a quedar un par de días para hacer unos trámites. En la mesa de la cocina estamos todos. Con mis primas tomamos la leche y los grandes toman mate. Mi tía cuenta lo que estuvo pasando en la noche. Mi abuela es escéptica y mi tío se lo toma a la joda. Mi tía se levanta de la mesa enojada y se mete al baño. El día pasa y la noche también vuelve a pasar. 
    Al otro día, como todas las mañanas, nos encontramos desayunando. Estamos esperando el informe de la noche. Mi tía está seria, no dice nada. Mi tío ceba un mate, se lo pasa a mi abuela y se prende un cigarrillo.
-¿Qué hacía Sebastiana anoche en la cocina arrastrando los pies? Como si se estuviera limpiando-, dice mientras ceba otro mate y se lo pasa a mi tía.
-Yo pensé que eras vos-, le dice mi abuela.
    Se quedan mirando fijo. Todos nos quedamos en silencio. No vuela una mosca.

Mi tía se levanta para ir al baño y mi tío se ceba otro mate. El asunto no se menciona más.



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