jueves, 14 de septiembre de 2017

Pollo

Siente el llamado en todo su ser
Su cuerpo desborda de lucidez
Donde posa su mirada
Ese algo revela su
Infinitud. Al tomar el
Control del vehículo
Siente que el miedo se ha disipado
Y que es la primer vez en su
Vida que se dirije a un destino.
Su destino, su camino, la carretera
No es lo que nosotros veremos
No es el lugar donde impactará
El auto con su cuerpo
No
No es nada de eso
Nosotros no tendremos acceso
A su destino: porque es su destino
De él solo, nada más.
No tendremos acceso a ese llamado
Que lo guía, a esa bruma inocente
Y delicada que lo arropa y lo consuela
En su dolor espiritual. Que lo lleva antes
De cruzar el umbral, a los recuerdos
De su infancia, a la canchita del barrio
Los paseos en bicicleta, el amor de su madre
Y la confianza de su padre y su hermana;
También a sus amigos.
Como dije, no tendremos acceso
A su sonrisa al cruzar el umbral
Y la verdadera sensación de libertad
Cuando se haya desprendido de él mismo.

El valle lo recibe y se deja descansar
Ya no hay nada de que
Preocuparse.
La eternidad es la morada.

Cierto día malabareaba
En la avenida Alem
Atrás de la Casa Rosada;
Al terminar mi rutina y pasar por los
Autos escuché su voz
Me gritaba desde un colectivo
Ahí, él, su sonrisa, sus rastas
Su campera de gabardina azul
Y con sus dos dedos pulgares
En alto alentaban mi acto y el rumbo
De mi vida en esos días confusos.
Grabé a fuego su sonrisa
Entendí, tiempo después, que esa sonrisa
Significa que estaba, y está bien
Que no me preocupe y que yo también
Tengo que seguir con mi camino, y
Que le cuente a su madre de su
Sonrisa y su serenidad.

En las noches cuando me invade su
Recuerdo, busco una estrella
La que más brille
Y el brillo de esa estrella
Me devuelve su sonrisa  y
Su mirada.




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