viernes, 11 de septiembre de 2020

Osamenta

De mi abuela aprendí

El noble oficio de hacer pan

La bella música del guaraní

Entre su dientes negros

Por masticar tabaco en rama.



De su muerte

El exilio para siempre

De ese añorado país

Que es la inocencia de la infancia.



La puedo ver esa última noche

Regando el patio y masticando tabaco.



De la tierra que la acobijó

Por 25 años

Y que limpió sus huesos

Me enseñó que ya no quedaban

Marcas de su vida.



Si fue de Izquierda o Derecha

Si era culta o contrabandeaba

Mercadería entre Paraguay y Formosa;

Si leía antes de dormir la siesta

O en la noche;

Si sabría, ella, esa, su última noche

Que la poesía sería mi destino.



¿Cuántos poemas se inician

Y se agotan en su osamenta?



He aprendido más en los cementerios

Que en las instituciones.








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