domingo, 13 de septiembre de 2020





Sentí vergüenza ajena

Al ver como te humillba

Y luego el latigazo de su mano

Sobre tu cara

Y las lágrimas que quemaban.



Sentí vergüenza

Por esos hombres que compraban

El sexo de mamá y luego también

Lastimaban su cara y ahí

Supe que las lágrimas quemaban.



Sentí vergüenza porque la espiaba

Por la cerradura y veía de donde

Salía el dinero para comer, el alquiler

Y la escuela.



Sentí vergüenza porque también humillé

Y mis manos lastimaron más que un látigo

Y sus lágrimas quemaron mucho más

Sus trostros;

Y también compré sus sexos, y seguramente

Un niño espiaba del otro lado de la cerradura

Y vió de donde su madre sacaba el dinero

Para el alquiler, la comida, la escuela.



Sentí vergüenza porque siempre te equivocás

Y dejás que te sigan quemando

La cara con latigazos

Con lágrimas. Ya tenés

Que darte cuenta: no vas a cambiar

A tu papá. Ellos no van a cambiar.



Siento vergüenza porque te alimentás del dolor

Y el amor te parece una cursilería, una gilada.



Pero yo ya no tengo vergüenza

Ya no uso mi mano como un látigo

Ni compro sus sexos;

El amor no es una cursilería o una gilada.



Yo ya no tengo vergüenza,

Solo ajena, al verme reflejado

En ese hombre que lastima,

Que no sabe, y quizás nunca supo,

Expresar sus emociones.



Una cachetada o lo que no se puede decir.



Ojalá que mi decir no lastime ni humille

Que mi vergüenza ahora sea por decir lo que siento.












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